Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 90
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Capítulo 90: El Astra-Dragón y la Forja de las Estrellas Prohibidas
El amanecer del Capítulo 90 no fue anunciado por el sol, sino por el estruendo de los martillos rúnicos golpeando el mineral inteligente en las llanuras de Ojo de buey. Lo que antes era una aldea de panaderos y campesinos se había transformado, bajo la dirección de Kai, en el astillero más avanzado que el sector de Andrómeda hubiera visto en eones. En el centro del valle, rodeado por andamios de luz sólida y cables de éter que palpitaban con un verde esmeralda, se alzaba el esqueleto de lo que Kai había bautizado como el Astra-Dragón.
No era una nave convencional. No estaba hecha de placas de metal soldadas, sino de una estructura ósea de hierro vivo que el Soberano del Hierro había fundido usando el calor del núcleo planetario. Sobre esos “huesos”, Meilin y las sacerdotisas del jade estaban tejiendo una piel de raíces de la Raíz Madre, creando un casco biomecánico que permitiría a la nave respirar, sentir y, lo más importante, regenerarse en el vacío del espacio.
Kai se encontraba en la pasarela superior, observando la construcción con una intensidad que hacía que el aire a su alrededor vibrara. Su brazo plateado ya no era una carga, sino una herramienta de precisión; con un simple gesto, ajustaba la gravedad de las piezas de varias toneladas para que los obreros pudieran colocarlas con la ligereza de una pluma.
—La integración del motor de vacío está al ochenta por ciento, Kai —dijo Eara, caminando hacia él con un traje de vuelo técnico que resaltaba su origen imperial—. Pero hay un problema. El archivo de memoria de los Escribas indica que para cruzar el Sector de los Olvidados, no basta con combustible de éter. Necesitamos una Singularidad de Voluntad. La nave necesita un piloto que pueda sostener el peso de la realidad mientras el espacio exterior intenta borrarla.
Kai se giró hacia ella. Sus ojos grises, ahora cruzados por vetas de luz esmeralda, reflejaban la nave en construcción.
—Ese piloto seré yo, Eara. El Ancla no se diseñó para estar quieta. Mi propósito siempre fue ser el punto de equilibrio entre lo que existe y lo que el vacío quiere reclamar. El Astra-Dragón no es un transporte; es una extensión de mi propia alma.
—Si te conectas a la nave a ese nivel —advirtió Eara, bajando la voz—, cualquier daño que reciba el casco lo sentirás en tu propia carne. Si la nave se desintegra en el salto hiper-espacial, tu conciencia se dispersará por toda la galaxia. ¿Estás seguro de que quieres apostar tanto?
—En este mundo, nadie ha ganado nada sin apostar su nombre —respondió Kai, volviendo su vista al trabajo—. Mira a esa gente, Eara. Argentinos, españoles, colombianos… todos los que han llegado aquí buscando refugio ahora están construyendo un puente hacia las estrellas. No lo hacen por miedo, lo hacen por esperanza. Mi dolor es un precio pequeño por su futuro.
En la plaza de abajo, Meilin realizaba la ceremonia de Sincronización Vital. Estaba rodeada de los Soberanos de las Mareas y del Aire. Lyraei vertía agua primordial en los conductos de refrigeración de la nave, mientras Vaelen afinaba las velas de éter para que captaran las corrientes de viento solar. La Tierra ya no era un planeta pasivo; era un ser que se estaba armando para proteger a su prole.
—¡Kai! —gritó Meilin desde abajo, agitando los brazos—. ¡La Raíz Madre dice que el corazón está listo! ¡Necesitamos que des la orden de encendido!
Kai saltó desde la pasarela, usando su gravedad para descender lentamente hasta el centro de la plaza. Se acercó al núcleo del Astra-Dragón, una esfera de cristal de diamante que contenía una semilla viva de la Raíz Madre y un fragmento domesticado del parásito solar. Era el matrimonio perfecto entre la vida y la energía pura.
Kai puso su mano plateada sobre el cristal.
—Yo soy Kai de Ojo de buey. Soy el Ancla de la Tierra y el hermano de la Semilla. Pido permiso a la conciencia de este mundo para llevar nuestra luz más allá del horizonte.
El suelo de la plaza rugió. Una onda de energía verde brotó del núcleo, recorriendo cada nervadura de jade y cada viga de hierro de la nave. El Astra-Dragón emitió un sonido que era mitad rugido de bestia y mitad zumbido de motor, y sus escamas de jade se iluminaron con una intensidad que eclipsó la luz del sol.
—Permiso concedido —susurró una voz en la mente de todos los presentes. Gaia había hablado.
Sin embargo, en el momento del encendido, una señal de alarma chirrió en la tableta de Eara.
—¡Kai, detecto una fluctuación! No es de la nave. ¡Es el espacio exterior! Una sonda de reconocimiento de los Escribas de la Luz acaba de aparecer en la órbita lunar. No han esperado a que terminemos. Han enviado un “Inhibidor de Realidad”.
Kai miró hacia el cielo, donde una pequeña mancha blanca empezaba a brillar con una luz maligna. El enemigo no quería una batalla; quería “congelar” el astillero antes de que la nave pudiera despegar.
—No hoy —sentenció Kai.
Se dirigió a la rampa de acceso del Astra-Dragón, que se abrió como las fauces de un dragón acogedor.
—¡Soberanos, a bordo! Eara, Meilin, tomen sus puestos. No vamos a esperar a que la nave esté decorada. Vamos a probar sus alas bajo el fuego enemigo.
El despegue del Astra-Dragón fue un evento que cambió la historia del planeta. La nave no se elevó con cohetes, sino que simplemente decidió que ya no pertenecía a la gravedad del suelo. Se impulsó hacia el cielo en un estallido de luz esmeralda y plateada, dejando tras de sí un rastro de flores de jade que brotaron instantáneamente en el lugar del despegue.
Kai se sentó en el trono de mando, conectando sus nervios a los filamentos de la nave. Sintió la inmensidad del cielo, el frío del vacío y la proximidad de la sonda enemiga. Su visión se expandió, y por primera vez, vio el universo no como un lugar peligroso, sino como un mapa que esperaba ser explorado.
—Próximo destino: El Sector de los Olvidados —ordenó Kai, y su voz fue transmitida por toda la estructura de la nave—. Vamos a ver qué tan pura es esa luz cuando se enfrente al ruido de la Tierra.
El Astra-Dragón rompió la atmósfera, dejando atrás el azul del hogar para adentrarse en el negro infinito. El Capítulo 90 se cerraba con la imagen de la primera nave humana-planetaria cruzando el umbral de las estrellas, marcando el inicio del arco más ambicioso de la serie.
¿Podrá el Astra-Dragón resistir el ataque del Inhibidor de Realidad en su primer vuelo, o el viaje de Kai terminará antes de haber salido siquiera de su sistema solar?
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