Crónicas del Dragón de Esmeralda - Capítulo 91
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Capítulo 91: El Bautismo del Vacío y la Resonancia Esmeralda
El espacio exterior no era el vacío silencioso que los antiguos libros de astronomía describían. Para Kai, conectado neuronalmente al núcleo del Astra-Dragón, el cosmos era una red vibrante de frecuencias, un tejido de gravedad y luz que pulsaba contra el casco de jade de la nave. Al cruzar la última frontera de la atmósfera terrestre, la sensación de libertad fue embriagadora, pero fue interrumpida bruscamente por una punzada de frío lógico que atravesó su espina dorsal.
—Inhibidor de Realidad activado —anunció Eara desde su consola de mando, sus dedos moviéndose con una velocidad que solo una antigua arquitecta imperial podía alcanzar—. Kai, la sonda de los Escribas está emitiendo una onda de “estancamiento”. Intentan congelar el flujo del éter en nuestros motores. Si no rompemos su frecuencia en los próximos sesenta segundos, nos convertiremos en una estatua de cristal flotando a la deriva.
Kai apretó los controles, que se sentían como tendones vivos bajo sus manos.
—No en mi guardia. Meilin, necesito que la Raíz Madre cante. No una canción de cuna, sino un grito de guerra.
En el corazón de la nave, Meilin cerró los ojos y puso sus palmas sobre el núcleo de diamante.
—¡Despierta, pequeña semilla! ¡Muéstrales que el vacío no tiene raíces!
La respuesta fue instantánea. Las nervaduras de jade que recorrían los pasillos de la nave se iluminaron con un verde incandescente. El Astra-Dragón emitió un rugido sónico que se transmitió a través de la estructura biomecánica, chocando contra la onda invisible del inhibidor. El espacio alrededor de la nave pareció fracturarse, creando chispas de luz esmeralda que devoraban la blancura estéril de la sonda enemiga.
—¡Estamos libres! —gritó Vaelen, sintiendo cómo las velas de éter volvían a hincharse con el viento solar—. Pero la sonda está llamando a refuerzos. Detecto tres firmas de energía de clase “Censor” saliendo de la cara oculta de la Luna.
Kai miró a través del ventanal principal, que no era de vidrio, sino una membrana translúcida que filtraba la radiación. Tres agujas plateadas, idénticas a las que habían asolado el mar de Lyraei, aparecieron en formación de caza. No traían mensajes de paz; traían el peso de un juicio que ya había dictado sentencia.
—Lyraei, prepara el fluido de dispersión —ordenó Kai—. Hierro, quiero que refuerces el espolón de proa. Vamos a enseñarles que un dragón no solo vuela, también muerde.
La batalla en la órbita lunar fue una danza coreografiada por la desesperación y el genio. Las naves Censor dispararon haces de luz coherente que intentaban “des-escribir” el casco del Astra-Dragón. Cada impacto era un dolor físico para Kai; sentía el calor de la luz blanca quemando sus propias escamas plateadas. Pero a diferencia de las naves de metal frío, el Astra-Dragón se curaba. Donde la luz abría una brecha, las raíces de Meilin se entrelazaban instantáneamente, sellando la herida con savia de jade endurecida.
—¡Es mi turno! —rugió Kai.
Activó la Inversión de Realidad a través del brazo plateado que heredó del Rey del Entropía. En lugar de disparar cañones, el Astra-Dragón generó un campo de gravedad distorsionada a su alrededor. Kai maniobró la nave con una agilidad imposible para su tamaño, deslizándose por las grietas del espacio-tiempo.
Apareció repentinamente en el flanco de la primera aguja plateada.
—¡Impacto de Tierra!
El Astra-Dragón no disparó; simplemente “pesó” más de lo que la lógica de los Escribas podía computar. El casco de la nave de luz se dobló bajo la mera presencia gravitatoria de Kai, colapsando hacia adentro como una lata de conserva bajo una prensa hidráulica. La explosión de datos blancos iluminó el vacío, dejando solo fragmentos de luz inerte.
Las otras dos naves intentaron retirarse, pero Kai no les dio tregua.
—Eara, fija las coordenadas del Sector de los Olvidados. Vamos a usar la explosión de sus propios motores para impulsarnos.
—Es una maniobra suicida, Kai —advirtió Eara, aunque ya estaba programando el salto—. Si fallamos el cálculo, terminaremos en el centro de un sol.
—Confía en el panadero —respondió Kai con una sonrisa feroz—. Sabemos exactamente cuándo sacar la masa del horno.
El Astra-Dragón abrió sus alas de éter al máximo, absorbiendo la energía residual de la nave destruida. Meilin canalizó esa potencia hacia el núcleo, convirtiendo la luz blanca de los Escribas en combustible esmeralda. Con un estruendo que sacudió los cimientos de la realidad, la nave se lanzó hacia adelante, convirtiéndose en un rayo de color cian y verde que desapareció de la órbita terrestre en una fracción de segundo.
El salto hiper-espacial no fue un túnel de luces, sino un viaje a través de los recuerdos de Gaia. Kai vio bosques que nunca existieron y océanos que hervían bajo soles púrpuras. Sintió la conexión con otros “Mundos Nodo” que clamaban por ser liberados. El Astra-Dragón no solo viajaba por el espacio; viajaba por la voluntad de la vida de no ser extinguida.
Cuando finalmente salieron del salto, el panorama era desolador. Se encontraban en el límite del Sector de los Olvidados. Frente a ellos no había estrellas brillantes, sino una nebulosa de color violeta profundo que parecía estar “viva”. En su centro, los restos de una civilización colosal flotaban en silencio: estaciones espaciales del tamaño de continentes hechas de un material que recordaba al jade antiguo, pero oscurecido por milenios de abandono.
—Hemos llegado —susurró Meilin, mirando las ruinas con reverencia—. Puedo oírlo, Kai. El latido es muy débil, pero está ahí. Hay algo vivo en este cementerio de estrellas.
—Y no somos los únicos que lo escuchan —añadió Eara, señalando un radar que mostraba múltiples firmas de energía desconocidas rodeando las ruinas—. Parece que el Sector de los Olvidados tiene nuevos dueños. Y no parecen ser de Andrómeda.
Kai se levantó de su trono de mando, sintiendo que su brazo plateado vibraba con una frecuencia de reconocimiento. Estaban lejos de casa, en un lugar donde las leyes de la física eran sugerencias y donde el pasado era un arma. Pero al mirar a Meilin y a sus Soberanos, Kai supo que el ruido de la Tierra era lo suficientemente fuerte como para despertar a cualquier dragón dormido.
—Preparen los equipos de desembarco —ordenó Kai, y su voz resonó en toda la nave—. Vamos a ver qué secretos guardan estos Olvidados. Y si hay alguien atrapado en esa oscuridad, el Ancla de la Tierra ha venido a sacarlos.
¿Qué horrores aguardan en las estaciones de jade oscuro y quiénes son los “nuevos dueños” que han reclamado el Sector de los Olvidados como su territorio de caza?
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