Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 1
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1: Capitulo 1.-Mufasa 1: Capitulo 1.-Mufasa El apenas se deslizaba por el horizonte, tiñendo de naranja los campos agrestes del camino que conducía hacia Orario.
Una caravana avanzaba con calma; cinco carretas cargadas de mercancías y pasajeros, protegidos por un puñado de guardias de nivel bajo y algunos mercenarios contratados.
El crujir de las ruedas de madera y el tintinear de los caballos eran los únicos sonidos que rompían el silencio.
De pronto, ese ritmo monótono se quebró.
Desde la espesura del bosque cercano, surgieron chillidos agudos y guturales, como de bestias hambrientas.
Un par de cuerpos verdes emergieron de la profundidad del bosque, con cuerpos pequeños y rechonchos, con las garras en alto.
Emitieron chillidos agudos, amenazando a toda la caravana con sus ruidos.
Junto a ellos, decenas de monstruos asomaron sus deformados cuerpos.
Cabezas de perro con cuerpos humanoides, humanoides oscuros y lagartos pintorescos.
Los caballos relinchaban con pánico, las mercancías temblaban y los comerciantes comenzaron a gritar órdenes caóticas.
—¡Formen un círculo, protejan los caballos!
—rugió el líder de los guardias, espada en mano.
Avanzó con paso pesado, decapitando de un solo movimiento al primer goblin que se había acercado.
No se detuvo y apuñaló el cráneo de un Kobolt, dejando que su espada fluyera hacia adelante.
—¡Mantengan la línea!
Una docena de personas avanzaron ante la orden, posicionándose como un muro que rodeó la caravana.
Las armas se levantaron, escudos se formaron, miradas nerviosas y endurecidas se mezclaron.
El aire se llenó de tensión.
El olor metálico de las armas desenvainadas chocó con el hedor nauseabundo de los monstruos asesinados por el líder.
Entonces, al ver a los primeros monstruos muertos, los demás monstruos se lanzaron en masa, chillando como animales rabiosos.
Dentro de uno de los carruajes, los pasajeros chillaron llenos de pánicos.
—¡No quiero morir!
—¡Kyaaaa!
—¡Bastardos, más les vale matar a esos monstruos!
—rugió un hombre corpulento, con su gordo cuerpo envuelto en un abrigo lujoso.
Su manteca se movió de un lado a otro mientras despotricaba como un cerdo.
En el carruaje detrás del carruaje principal, donde los trabajadores de los comerciantes viajaban, una pequeña figura asomó la cabeza por la ventana.
—Que cosa mas rara…
—murmuró un figura en voz baja.
—¿Raro?
Los ataques de monstruos es lo más normal en el mundo.
La pequeña figura miró la brutal batalla y regresó al centro del carruaje.
Grandes ojos plateados, con un cabello blanco que recordaba a la melena de un león.
El niño permaneció en silencio, con una expresión ilegible para los demás a bordo.
Un hombre a su lado, con un traje de sirviente, le dio una mirada inquisitiva.
—Mufasa —lo llamó el hombre vestido de sirviente—.
Nuestra prioridad, aparte de mantenernos con vida, es cuidar del señor y su familia.
Kaiser, el “niño” que había asomado la cabeza por la ventana, frunció el ceño cuando escucho que debía arriesgar su vida para proteger la del comerciante gordo.
—¿Proteger a esa morsa?
La simple idea de tener que proteger al hombre regordete le molesto.
Mufasa no era un niño normal.
¡Él era un reencarnado!
Aunque el término transmigrador le quedaba mejor.
Había caído abruptamente en el cuerpo de un pequeño niño llamado Mufasa, un niño perteneciente a la raza de los hombres león.
Una rara raza que era difícil de ver por su aislamiento natural.
Mufasa sacudió la cabeza, provocando que su melena cabello en forma de melena se sacudiera, examinó el exterior con sus ojos plateados y suspiró.
Un día, que se suponía debía ser tranquilo y común como siempre, se convirtió en todo un viaje a través de mundos.
Abrió los ojos solo para descubrir que ahora habitaba el cuerpo de Mufasa.
Al principio estaba confundido, con su mente distraída durante dos días enteros, pensando que no tenía mucho sentido continuar.
Pero ahora, viendo la horda de monstruos, sintió que algo dentro de él hacía click.
Un ardor le hizo estremecer, recorriendo desde las plantas de sus pies y subiendo por sus piernas, luego a su torso y esparciéndose por sus brazos y cabeza.
¿Servir a ese gordo repugnante?
¡Imposible!
Si no fuera porque no conocía su nuevo mundo más allá de los recuerdos del Mufasa original, se hubiera largado.
Un ardor se propagó por todo su cuerpo, instándolo a salir y buscar su propia aventura en esos monstruos.
—¡Maldita sea!
El gruñido de uno de los mercenarios lo hizo volver a asomar su cabeza.
Al asomar la cabeza, vio la batalla campal de los guardias y mercenarios contra la horda de monstruos de bajo nivel.
Los goblins y los kobolts eran de nivel bajo, pero la cantidad parecía interminable, además de las sombras humanoides que atacaban de manera frenética.
Un enorme simio plateado avanzó como un ariete de batalla, rompiendo la formación y acercándose a la carroza.
Los caballos gritaron de pánico.
El monstruo, tan cerca, levantó sus enormes brazos musculosos y los bajo con una fuerza atronadora.
El cuerpo del caballo se hizo un montón de trozos sangrientos, con huesos expuestos y órganos aplastados.
Un grito lleno de pánico atravesó la carroza.
—¡Muérete, gorila estúpido!
De entre los gritos de pánico y la sangre derramada, uno de los mercenarios avanzó con una lanza.
La punta de la lanza brillo intensamente antes de atravesar la pierna del Silverback.
El enorme monstruo gruñó de dolor, giró su enorme cuerpo y golpeó con fuerza, destrozando la tierra bajo su puño.
El mercenario rodó hacia la derecha, dejando atrás su lanza.
Sin opción, y sin tener su preciada lanza en sus manos, el mercenario no tuvo más opción que desenvainar un par de dagas de su cintura.
—¿Qué esperas, feo?
—se burló el mercenario.
Como si reaccionara a su provocación, el Silverback dejó escapar un rugido espantoso y cargó como un toro.
Su enorme brazo trazó un arco por el aire, acortando la distancia en un parpadeo y amenazando con aplastar al mercenario.
El mercenario bufo, luego esquivó con maestría.
Moviéndose aún tras esquivar, levantó una de sus dagas y asestó un profundo corte en una de las piernas del enorme mono.
Viéndolo ceder sobre su rodilla, quiso lanzarse hacia adelante y acabarlo por completo.
Pero un dolor agudo lo detuvo.
Bajo la cabeza y vio un kobold aferrar su mandíbula con fuerza en su tobillo.
Frunció el ceño.
—Asquerosa rata —gruño mientras lo apuñalaba en su nuca.
Mientras retiraba la hoja ensangrentada, una enorme sombra se superpuso detrás del mercenario, tapando el sol con su enorme cuerpo.
—¡Tu–!
Un asqueroso crujido de huesos se escucho por todo el campo de batalla, atrayendo numerosas miradas y dejando pálidos a los no luchadores.
—¡Savid!
Las enormes manos del Silverback, ahora apretadas en puños y cubiertos de sangre, aplastaron por completo la figura de Savid, el mercenario que lo había herido.
Un pequeño momento basto, donde el kobolt lo distrajo, para que el monstruo lo destrozara.
El enorme Silverback no disfruto la gloria por matar al mercenario.
Una enorme hoja de hacha atravesó el aire desde su punto ciego, destrozando su cráneo de un solo golpe.
La sangre salpico y su cerebro fue destruido por completo por una fuerza explosiva.
—¡Formen una linea!
—rugió el capitán de los guardias tras matar al Silverback Blandió su hacha para destrozar tres goblins en un instante.
Ignoró la sangre derramada y se acercó a la carroza de Mufasa .
—Escuchen.
Me pagaron para que protegiera únicamente la carroza del gordo de adelante.
Asi que no podré garantizar su seguridad —sus palabras provocó que numerosos rostros se volvieran pálidos.
—No…
no importa —la voz del mayordomo tembló visiblemente, apretando los puños y manteniendo una fachada de falsa serenidad—.
La seguridad del amo es lo mas importante- —¡No digas tonterías!
El rostro del líder se giró a la pequeña figura que alzó la voz con irritación.
Su melena blanca se sacudió con su arrebato, con sus ojos plateados mirando con una enorme intensidad.
—¡Ese estúpido gordo puede irse mucho a la mierda!
¡No pienso morir por él!
Cuando su arrebato terminó, el rostro del mayordomo se frunció de manera desagradable.
Mufasa, ignorando la creciente ira del hombre, miro con expectativa al hombre con el hacha.
Al mirar a los monstruos, algo en su pecho le gritaba que se bajara de la carroza y se uniera a la lucha.
Por un momento, sintió que su alma y la del Mufasa original se fusionaron en una armonía perfecta.
El líder de la guardia, notando su mirada llena de expectativa, asintió al comprender algo.
—Bien.
Toma esto y no mueras.
Recargó el mango de su hacha en su hombro y con su mano libre entregó un cuchillo de hoja curva envainado en una guarda de cuero.
Luego, se lo extendió a Mufasa.
Mufasa tomó el cuchillo, sin notar como el hombre le daba la espalda y se lanzaba de nuevo al centro de la formación, donde un monstruo con forma de dragón destrozaba la línea de defensa.
—¡Bastardo!
—su grito de guerra fue lo último que Mufasa escuchó.
Se quedó quieto, desenvainando el cuchillo y quedando absorto en el filo mortal del cuchillo curvo.
—Entonces este es el inicio —pensó sintiendo el peso del arma.
Con el arma en su mano, sintió una inexplicable sensación de empoderamiento.
Algo ardió en su corazón, una voluntad inexplicable para levantarse y avanzar.
¿Se lo estaba imaginando?
¿Ese calor era su imaginación?
No le importo que fuera su imaginación.
Pateó la puerta de la carroza y con un salto salió de ella.
—¡Mufasa!
Nuestro deber es proteger al amo.
—Que se proteja el mismo —Mufasa escupió sin dedicarle una sola mirada.
Avanzó un paso, el pasto manchado de sangre se sacudió.
El cuchillo curvo brillaba débilmente bajo la luz del atardecer, y en sus ojos plateados apareció un brillo extraño.
El aire estaba lleno de chillidos de monstruos siendo asesinados y de rugidos heroicos.
Criaturas verdes, con vientres inflados y ojos llenos de instinto asesino se lanzaron hacia él con garras en alto, atacando en número la carroza.
Mufasa los vio brevemente, notando como los mercenarios y guardias los ignoraban, centrándose únicamente en los monstruos que se acercaban al gordo de la carroza principal.
Bufo con desprecio al mirar hacia atrás, sus ojos plateados chocaron brevemente con el perro del gordo con dinero.
No pensó mucho y se lanzo, decidido a experimentar esa sensación en su corazón.
Miro el primera goblin que le rugía con las garras extendidas, no dudo y extendió su brazo, el filo corto carne con facilidad.
La sangre caliente del monstruo le bañó la mano y salpicó el pasto.
El hedor era insoportable, pero en lugar de sentir asco o un mareo, sintió que su cuerpo vibraba de emoción.
¿Qué era esa sensación que retumbaba en su pecho?
¿Estaba emocionado?
Su cuchillo trazó un segundo corte en el aire, atravesando el pecho de uno de los goblins que se le acercaba.
Torció el cuchillo, dejando que los chillidos del humanoide pequeño y verde se desvanecieron lentamente.
Usó su mano libre y empujó el cuerpo.
Bajo la mirada y vio el antebrazo del brazo que usaba para sostener el cuchillo.
Había un corte, no era profundo, pero si lo suficiente para que sangrara.
—¿En qué momento me corto?
Un goblin chilló a su lado mientras se abalanzaba, abriendo su hocico y mostrando hileras de colmillos.
Su cabeza se acercó peligrosamente al brazo izquierdo.
Pero en ese momento, la mano de Mufasa aterrizó sobre la frente del goblin, deteniendo su ataque de carga.
Extendió su pierna y barrió los pies del goblin.
Su pequeño cuerpo dio un giro gracioso antes de caer pesadamente contra la tierra manchada de rojo.
El goblin, confundido de lo ocurrido, solo pudo ver con confusión como la suela de un zapato aplastaba su cráneo.
Un chasquido horrible sonó cuando su cara se hundió.
Sin perder el tiempo, se movió con un arranque explosivo de sus piernas.
Incluso moviéndose velozmente para la edad de su cuerpo, pudo notar claramente lo lento que era comparado a las personas con bendición.
Así era como lo llamaban: bendición o falna.
Pero él no tenía una.
No duró mucho con ese pensamiento, prefiriendo cortar el cuello de uno de los goblins con un movimiento brusco y torpe, tambaleándose por la falta de experiencia.
La mandíbula de un kobolt se cerró con fuerza sobre su muslo, pero el cuchillo curvo cayó como una guillotina, clavando su hoja en su cabeza y acabando con su vida.
La sangre lo cubrió más, y esa sensación…
esa sensación era extraña, nueva, adictiva.
El ardor que antes lo quemaba por dentro se convirtió en un torrente que corría junto con su respiración.
Su espíritu de lucha despertaba, como si cada gota de sangre derramada encendiera más esa llama.
Algo en su interior cambiaba, no en sus órganos, sino en su espíritu y alma.
Se sintió bien…
más vivo.
Un kobolt se acercó, gruñendo con sus colmillos descubiertos.
Era más alto que un goblin, usando un palo como arma.
La blandió contra su pecho con ferocidad.
Mufasa no retrocedió.
Cuando el palo se acercó, extendió su antebrazo para recibir el impacto, doblo las rodillas y redujo el impacto con sus piernas.
Había leído muchos libros, no sabía usar un arma blanca, pero tenía pequeños conocimientos que podrían ayudar.
Habiendo neutralizado el golpe, con un moretón ya formándose, avanzó.
Su cuchillo dibujó un arco en el aire, luego cortó el pecho del kobolt, tan rápido y despiadado que el kobolt quedó paralizado.
Abrió su pecho y dejó que sus entrañas se regaran como dulces desparramados.
Viendo al monstruo muerto y a los demás guardias y mercenarios luchando con monstruos que estaba seguro que podrían matarlo con un dedo, lo entendió.
No era miedo lo que sentía en su pecho.
Era ansia.
Ansia de poder ser como ellos, de ser alguien poderoso, capaz de aplastar a aquellos monstruos.
Era poder lo que su corazón deseaba.
Su corazón latía como un tambor de guerra.
El rugido de los hombres león que cargaban en los recuerdos del cuerpo que habitaba se mezclaba con la experiencia de su vida pasada.
Por primera vez, se sintió completo.
Su mente y alma se sincronizan por completo, su deseo y el del niño se fusionaron.
Rió, una carcajada grave y feroz que contrastaba con su cuerpo de niño.
Los kobolts dudaron un instante.
Los goblins chirriaron nerviosos.
Y en esa pausa, Mufasa avanzó hacia ellos, cuchillo en mano, como si el destino lo empujara a tallar su camino en ese campo de batalla.
No era un niño indefenso.
No era un pasajero que debía esconderse en una carroza.
Él era Mufasa, y en la sangre de esos monstruos encontró su camino.
Aquel campo de batalla lleno de cadáveres era el inicio de su camino.
.
.
.
Continuara…
No existe un sistema o deseos atrasados.
Tampoco habrá Harem.
El personaje esta pensado para crecer con buenas y malas experiencias.
Eso si, no hare 100 capítulos por nivel, no me da la cabeza para escribir tantas cosas.
Se aceptan sugerencias de magias y habilidades.
No importa que suenen ridículas siempre que se adapten al mundo de Danmachi.
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