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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 2

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2: Capitulo 2.-Necesito llegar a Orario 2: Capitulo 2.-Necesito llegar a Orario Mans avanzo entre el mar de cadáveres de monstruos, ignorando con indiferencia las extremidades cortadas y la sangre que empapaba la tierra.

Era un luchador veterano, un poco de sangre no agitaría su corazón.

En su hombro cargaba su fiel compañera, un hacha de batalla de hoja gorda.

—La recolección de piedras siempre es un fastidio —pensó con fastidio.

Los cuerpos de los monstruos no desaparecieron pese a morir por armas de acero y materiales diversos, pues solo desaparecerían una vez que les arrancaran su piedra mágica.

Como veterano curtido en numerosas batallas, podía atacar monstruos directo en sus piedras mágicas, pero sus hombres no eran él.

—Hagan recuento de perdida y aseguren las piedras —le ordeno a su segundo al mando.

—Si, capitán.

El hombre asintió solemnemente y se marcho para cumplir su tarea.

Mans, mirando el desastre sangriento, suspiro con cansancio.

—Creo que ya debería retirarme.

Miro el cielo azulado y despejado, al verlo no pudo evitar que una sensación de cansancio invadiera su cuerpo.

Mirando el pacifico cielo, pensó en soltar su hacha allí mismo.

Negó con la cabeza para disipar el pensamiento.

Camino hacia las caravanas con una pequeña cojera.

Había luchado contra un Infant Dragon, un bastardo de cuatro metros que parecía no conocer la derrota.

El Infant Dragon era una maquina de matar novatos en el calabozo.

Pero hace décadas que no era un novato.

Los monstruos en la superficie, lejos del calabozo, eran significativamente al no ser recién nacidos en el calabozo.

Luchar contra el dragón fue un problema, pero se las arreglo con ayuda de su hacha y compañeros.

—¡Apúrense, quiero salir de este lugar de inmediato!

La voz iracunda del gordo comerciante le hizo fruncir las cejas con irritación.

Odiaba al gordo asqueroso de la carroza principal, pero era su empleador y Mans era un profesional en su trabajo.

Miro la segunda caravana, donde un pequeño niño león capto su interés.

Cojeando ligeramente, se acerco.

Allí, sentado sobre el cuerpo de un kobolt, se encontraba el niño.

Tenía la cabeza gacha, con su melena blanca escondiendo aquellos ojos plateados llenos de intensidad.

Por un momento dudo, pensando que tal vez la carnicería era demasiado para su inmadura y joven mente.

Mans, el hombre curtido con los años, se acercó al niño.—Parece que sigues vivo.

La cabeza de Mufasa se levantó lentamente.

Aquellos hermosos ojos plateados chocaron con los experimentados ojos de Mans.

Al verlos, noto que aquella intensidad, esa voluntad en ellos, ahora ardía con más fuerza que cuando le dio el cuchillo.

—Que niño tan interesante —pensó brevemente.

Examinó el cuerpo del niño.

Sus brazos tenían rasguños pocos profundos, nada que debieran tratar con urgencia.

En su hombro, ahora sangriento, había marcas de una mordida profunda.

—Solo rasguños —respondió el niño.

Mans metió su mano a su bolsa de cuero trasera y saco un pequeño frasco con un líquido rojizo.

—Es una poción de baja calidad.

No curara todas tus heridas, pero al menos evitará que esa herida en tu hombro se infecte.

Se acercó al niño y destapó el corcho de la botella.

Con un movimiento practicado muchas veces, dejo caer el líquido sobre la herida en su hombro.

Una sensación fría recorrió el cuerpo de Mufasa.

—Que cosa tan…

—¿Rara?

—Si.

Mufasa examinó su hombro con ojo crítico, buscando las marcas profundas que un kobolt loco le había dejado.

El bastardo había aprovechado el momento perfecto para atacar desde un punto ciego y clavar sus colmillos con fuerza.

Reacciono rápidamente para evitar que le arrancara un trozo de carne, destrozándolo con el cuchillo.

El cuchillo curvo, aquel que uso para matar una docena de monstruos débiles, ahora descansaba sobre el cráneo de un goblin.

Los goblin y los kobolt eran los monstruos mas débiles del mundo, con personas sin falna pudiendo lidiar con facilidad con ellos.

Un aventurero, un mísero novato, podría destrozar el cráneo de un kobolt con un buen golpe.

—¿Cómo te llamas niño?

—Mufasa.

Mans noto como el ahora conocido Mufasa dudaba un segundo antes de responder.

Aunque lo noto, decidió no indagar, después de todo no era de su incumbencia cualquier problema pasado del niño.

—¿Perteneces a alguna familia?

Mufasa se quedo en silencio por un momento, procesando la pregunta.

¿Familia?

¿Se refería a los dioses?

—No.

—Ya veo…

Dime, ¿No interesa trabajar para la compañía Vandiarde?

Vandiarde.

Una compañía fundada por un dios, el cual usa a su familia como mano de obra, enviándolos como escolta de gordos ricos como el hombre que actualmente protegían.

—No —el niño se negó rápidamente—.

Quiero ir a Orario y ser un aventurero.

Ahora que su mente y alma parecían haberse unificado en armonía con el cuerpo original, pudo entender el camino que querría recorrer en su nueva vida.

¿Quedarse como un miserable guardia?

Imposible.

—Niño, tus ojos parecen estar ofendiéndome.

—Eh, no, solo pensaba.

Negó con la cabeza.

—Bien.

No puedo ayudarte a llegar a Orario, eso esta fuera de nuestra ruta —el capitán de la guardia de la caravana no insistió en unirlo a su familia.

Extendió su mano y señalo en una dirección—.

Si caminas en esa dirección, en nueve horas deberías poder llegar a las periferias de Orario.

—Ya veo.

En ese momento, mientras pensaba como arreglárselas para poder llegar vivo a la ciudad que actuaba como centro del mundo, un grito lleno de indagación atronó como un rayo.

—¡Mufasa!

¡Como te atreves a dejar al honorable amo y vagar por tu cuenta!

El mayordomo principal se acerco con pasos pesados, pareciendo nervioso mientras pisaba el suelo con fuerza.

Se paro frente a Mufasa, alzando la voz para seguir gritando.

—¡Maldito niño malagradecido!

¡El honorable amo te dio cobijo y tu lo traicionas de una manera tan vil!

Mufasa permaneció en silencio, escuchando con el ceño fruncido.

¿A que jugaba el bastardo?

¿Debería golpearlo en las bolas para aplacarlo?

Pese a estar siendo reprendido, la mirada del mayordomo estaba lejos de mostrar algo parecido al enojo.

En su lugar, parecía tener una extraña mirada.

Dio un paso hacia Mufasa y lo empujo en el pecho con fuerza.

—¡Lárgate!

¡Lárgate y muere en algún hoyo!

¡Hump!

El cuerpo de Mufasa se tambaleo hacia atrás, obligándolo a dar varios pasos para evitar caer de culo.

Equilibro su cuerpo y miro con furia al mayordomo.

Sin dedicarle una segunda mirada, el mayordomo se alejo resoplando de furia.

A los lejos, el gordo reía satisfecho, entrando a su carroza para alardear de su leal mayordomo.

—Vaya…

que regaño —el capitán arrastro las palabras con sarcasmo, se dio la vuelta y levanto la mano en señal de despedida—.

Asegúrate de no morir en el camino.

Con Mans retirándose, Mufasa bajo la cabeza y miro la bolsa que el mayordomo le había metido entre la camisa y el chaleco de sirviente.

Sonrió ligeramente, pero rápidamente borro la sonrisa y mostro una mirada de “furia”.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar en la dirección que Mans le indico.

No hubo despedidas, no tenia sentido hacerlas.

—Solo tengo que ir en linea recta.

No es difícil de hacer.

.

.

.

—¿Dónde estoy?

Sentado en la orilla de un lago, Mufasa permaneció con las piernas cruzadas.

Su mirada, pensativa, permaneció fija en el cielo mientras divagaba en su recorrido.

—Solo camine en línea recta, ¿En que momento me desvié?

Había atado la correa de cuero de la vaina de su cuchillo en su cintura, asegurándose que pudiera desenvainarlo de manera rápida y sin problemas.

Camino en línea recta, tal cual le había dicho Mans.

Pero en el camino algo le había salido mal, en algún punto termino perdido.

Dejo de pensar tanto y limpio su cuchillo en la orilla del lago.

Detrás de él, un grupo de goblins permanecía inertes, con los ojos sin vida y profundos cortes goteando sangre oscura y repugnante.

—Supongo que seguiré caminando hasta topar con Orario.

¿Qué tan difícil puede ser?

Guardando su cuchillo, reanudo su rumbo sin molestarse en recolectar las piedras mágicas de los monstruos.

No tenia idea de como sacarlas, y sinceramente, no quería mancharse mas de sangre.

El sol pronto comenzó a desaparecer, dejando un cielo anaranjado hermoso que fascino a Mufasa.

Caminando, logro llegar a un pueblo aparentemente en medio de la nada.

Tenia una pequeña muralla de madera, con una gran entrada lo suficientemente grande para que una carroza tirada por caballos entrara.

En la puerta, dos guardias con lanzas miraban aburridos.

El primero, con un rostro somnoliento, lo noto acercarse desde la distancia.

—Bienvenido a Pueblo Bientura —el guardia arrastro las palabras, como si hablar fuera una molestia—.

¿Cuáles son tus intenciones al visitar el pueblo?

—Oh, no vengo a visitar el pueblo.

Estaba buscando Orario y me perdí —sin demora, explico su situación.

Tras terminar su breve explicación, el guardia permaneció quieto.

—¿Orario?…

eso esta algo lejos de aquí —el guardia se rasco la barbilla mientras pensaba—, diría que a unas doce horas hacia el este de aquí.

Mufasa parpadeo, pensando en algo.

¿Dónde queda el este?

—Oye, al menos dile donde queda el este —el guardia a su lado se unió a la conversación tras notar la mirada de Mufasa.

Extendió su mano y señalo con un dedo en una dirección—.

Hacia allá queda el este.

—¿Que?

¡Pero si de allá vengo!

La cabeza de Mufasa se arrugo de ira.

El dedo enguantado del guardia señalaba directamente en la dirección de la que venia.

Había caminado todo el día, hambriento y sediento, solo para que le dijeran que era en la dirección contraria.

Tsk, ¿No pude reencarnarme directamente en Orario?

Reprimió del fuerte deseo de comenzar a maldecir a Mans en voz alta.

—Los monstruos son mas activos durante la noche.

Hay una posada en el pueblo, es barata.

—¿Cómo te llamas?

—Mufasa.

—¿Ese cuchillo es todo el equipo que traes?

—Si.

Mi ropa y el cuchillo es todo lo que tengo —admitió.

—Bien.

Puedes pasar.

—Si…

Bueno, gracias.

Pisoteando con fastidiado, se adentro en el pueblo bajo la mirada de los guardias.

No hizo falta una revisión minuciosa, ambos guardias notaron la clara falta de entrenamiento en su andar.

Dentro del pueblo todo era silencio.

Las habitantes ya habían cerrados sus locales, retirándose a sus hogares tras un largo día de trabajo.

Puertas se cerraron y cortinas también.

Por las calles de piedra, un pequeño niño camino sin rumbo fijo.

—No pregunte donde quedaba la posada —murmuro en voz baja.

Se acerco a la primera persona que vio.

—Disculpe.

—¿Si?

—¿Dónde queda la posada?

—Oh, camina un poco mas hacia allá y la veras.

—Gracias.

Siguió las indicaciones y llego a la posada.

Abrió las puertas y examino el lugar.

Había poca gente en la recepción, solo un recepcionista tras el mostrador y una mujer hablando con él.

Ambos giraron las cabezas al escuchar las puertas de madera crujir por el movimiento.

El hombre, de mirada veloz, examino en un parpadeo la figura del niño león.

—Cuchillo.

Sin equipamiento.

¿Un hombre león?

Eso no es comun—pensó el recepcionista.

Sin que Mufasa lo notara, hizo una seña a la mujer a su lado.

La mujer, sin asentir ni pestañar, se retiro a un banquito en la esquina de la habitación.

Se dejo caer con aburrimiento, moviendo discretamente su mano a la espada en su cintura.

—Bienvenido a la posada El Rincón de Arnold.

¿Gusta pedir una habitación?

El recepcionista tomo un actitud profesional, preguntando un dialogo ensayado con una sonrisa cortes.

—Si, una noche, por favor —Mufasa se acerco al recepcionista, saco la bolsa de cuero y miro con cautela al hombre—.

¿Cuánto cuesta la noche?

—Una noche son 150 valis.

Mufasa arrugo ligeramente la nariz.

El no era de ese mundo, ¿Cómo se supone que supiera contar con valis?

Una ceja se levanto silenciosamente en el rostro del recepcionista.

Miro como el niño león parecía perderse en sus memorias, luego asintió y saco las monedas.

—¿Qué le pasa a este niño?

—una pregunta silenciosa apareció en la mente del recepcionista y la mujer.

—La cena y el desayuno vienen incluidos en la tarifa.

Si deseas cenar, por favor pídela sin pena.

Mufasa asintió y tomo las llaves que el recepcionista le dio.

Examino su bolsa de valis.

Con solo pagar la habitación había gastado casi la mitad de lo que el mayordomo le había entregado para su viaje.

Esa noche comió hasta satisfacerse y llenarse.

Sin preocuparse por su futuro, durmió como un bebe.

.

.

.

A la mañana siguiente, los rayos del sol entraron por la ventana de la pequeña habitación de madera, bañando el rostro dormido de Mufasa con una cálida luz.

Se despertó con un gruñido, revolcándose en el colchón en negativa a levantarse.

Se froto los ojos y se levanto de mala gana.

Por primera vez desde que había despertado en ese nuevo mundo, había descansado de verdad.

—Bien…

es hora de continuar —murmuro, ajustando el cinturón de cuero que sostenía la vaina de su cuchillo.

Bajó a la recepción, donde el recepcionista lo esperaba con la misma sonrisa ensayada de la noche anterior.

—¿Durmió bien?

—Sí.

Gracias.

La mujer de la espada no estaba a la vista, pero Mufasa no lo olvidaba.

Había sentido su mirada atenta, de una guerrera, incluso cuando pretendía estar aburrida.

Tomo un buen desayuno y salió al pueblo.

La brisa de la mañana le revolvió la melena blanca mientras observaba a los habitantes abrir sus tiendas y organizar los puestos en la calle.

Se estiro una ultima vez antes de reanudar su andar.

Su estómago estaba lleno, su cuchillo bien sujeto y su objetivo claro: llegar a Orario.

Recordó la dirección que los guardias le habían señalado.

El este.

—Doce horas…

eso es mucho tiempo.

Aquí debería haber transporte.

Vago por el pueblo hasta dar con un establo con caballos.

Se acerco al hombre encargado, el cual atendía a los caballos.

—Señor.

—¿Qué quieres, niño?

—¿Hace viajes a Orario?

El hombre dejo de atender al caballo y lo miro como si fuera un retrasado mental.

Notando su mirada, Mufasa involuntariamente se rasco la nuca con torpeza.

—No hago viajes a Orario.

Solo me dedico a criar caballos para el pueblo.

—¿Y no sabe quien hace viajes?

—¿En el pueblo?

Nadie.

Mufasa se desinflo visiblemente.

—Cada tres días viene un comerciante de Orario, puedes preguntarle a él.

—¿Cuándo llegara?

—En tres días.

¿Tres días?

Solo podre pagar una noche mas en la posada.

No contaba con mucho dinero, y aventurarse a buscar Orario de nuevo podría ser peligroso.

En su camino solo se había topado con goblins, ¿Pero y si aparecía un monstruo mas fuerte?

¿Y si aparecía un dragón como el que mato el guardia de la caravana, Mans?

Esa aberración lo destruiría con solo mirarlo.

Mufasa no era la persona mas lista del mundo, de ninguno de los dos mundos, pero entendía bien sus limitaciones y que camino seguir.

Mientras se habría paso entre las calles del pueblo, vio un tablón de anuncios de madera.

Varias hojas se clavaron como recados, misiones o anuncios del jefe del pueblo.

Examino cada hoja en busca de algún trabajo en el que pudiera participar.

La mayoría de anuncios era simples e inútiles: venta de grano, reparación de techos, advertencia sobre monstruos, etc.

Pero un cartel en particular le pareció interesante.

No era un exterminio de monstruos, pero no seria tan aburrido.

El papel estaba arrugado, hecha con letra apresurada y temblorosa.

Decía: “Se solicita ayuda para recuperar un cuerpo en el bosque cercano” No incluía la recompensa.

Mufasa tomo nota de la ubicación adjunta y partió de inmediato.

Al llegar, encontró una casa de madera, con un hombre sentado en la parte de afuera.

Tenia barba descuidada y ojeras profundas.

El hombre parecía sombría, deprimido y desesperado.

Levanto la mirada y miro a Mufasa.

—Vine por la misión.

La mirada apagada del hombre reacciono por un momento, antes de volver a apagarse de inmediato.

—Eres solo un niño.

—Lo soy —Mufasa no lo negó.

—¿Tienes falna?

—No —negó con la cabeza—.

Pero tengo un cuchillo.

—Un cuchillo no te servirá de nada en ese bosque —la mirada del hombre demostraba clara falta de fe en su pequeña figura.

¿Un niño iria a buscar un cuerpo en un bosque donde incluso un cazador murió?

Por un momento sintió ganas de levantarse y darle una lección al niño.

—Escucha, niño.

Ayer un cazador del pueblo llamado Rulf se adentro en las profundidades del bosque y no regreso.

Registre el lugar, pero solo encontré rastros de sangre y algunas hullas…

demasiado grandes para un animal —el hombre carraspeo antes de continuar—.

Nadie en el pueblo quiere entrar a buscarlo, ni siquiera recuperar lo que quede de su cuerpo.

—¿Por que no querrían?

Un grupo de hombres bien armados pueden derribar a un monstruo de la superficie.

—Porque nadie quiere arriesgar su vida por un cuerpo —respondió con amargura—.

No me importa que sea solo un cuerpo, lo traeré de regreso.

El alcalde quiere el cuerpo, y yo también.

Había algo mas en la historia del hombre, algo mas sentimental.

Mufasa ahora era un hombre bestia, con sentidos mas agudos.

Pero decidió no indagar en cosas que no eran de su incumbencia.

La misión sonaba sencilla desde un punto de vista simple.

Entrar al bosque y buscar un cuerpo.

Nada difícil, ¿no?

Sus instintos le gritaron que no fuera, que permaneciera en la seguridad del pueblo y se mantuviera con vida.

Pero la necesidad de conseguir dinero para poder pagar una noche en la posada opaco su instinto.

—Acepto.

Hablo de repente, interrumpiendo la melancolía del hombre barbudo.

—¿Tu?

Eres solo un niño.

—Pero puedo cargar equipaje.

Además, alguien necesitara cargar el cuerpo mientras otro defiende.

¿Qué dices?

Los profundos ojos llenos de ojeras se clavaron en la pequeña figura del niño.

Con solo mirar su postura supo que no tenia entrenamiento.

El propio hombre no era un guerrero, pero había luchado muchas veces contra monstruos menores en el bosque y en viajes.

—¡Vayamos juntos!

Mientras me pagues iré a donde sea.

Había algo en el niño que parecía hipnótico, instándolo a seguirle la corriente.

Sacudió la cabeza con pesar.

¿Estaba tan desesperado que contrataría a un niño para un misión que podría ser un suicidio?

—Esta bien.

Pero no me culpes si mueres —dijo tras pensarlo.

El hombre barbudo, llamado Rof, se levanto pesadamente y se giro para entrar a su casa.

Pero se detuvo.

—Sobre el dinero…

—Solo dame lo suficiente para quedarme tres días.

Necesito llegar a Orario y el comerciante vendrá en tres días.

—Ya veo —el hombre pensó por un momento antes de continuar—.

En ese caso puedo ayudarte.

Si recuperamos el cuerpo, yo mismo te llevare a Orario mañana.

—¿De verdad?

Rof asintió.

—¡Entonces vayamos ya mismo!

En ese momento una voz serena atrajo la atención.

—No me dejen fuera de la misión.

Una mujer dio un paso adelante.

Ojos verdes y cabello rosa, una verdadera joya para los que buscaran apariencias exóticas.

Se acerco con paso firme, con una mirada segura y valiente.

Usaba ropa sencilla con una pechera de cuero.

—¿Tu también vienes por la misión?

—Por supuesto.

Escuche que hay un monstruo peligroso, me gustaría matarlo.

—Como quieras.

El grupo de tres salió del pueblo con la bendición de los guardias.

Mufasa, como había dicho, termino siendo el encargado de cargar los suministros.

Se hecho la mochila a la espalda y siguió la espalda de Rof.

—¿Cómo te llamas, pequeñín?

—Mufasa.

—Yo soy Colli Pepper.

La mujer mostro una sonrisa.

—Es raro ver a un hombre león hoy en día.

Mufasa levanto una ceja.

—¿De verdad?

—Si.

Los hombres león suelen vivir aislados en sus territorios, son muy agresivos con quienes entren.

La brisa de la mañana se tornaba más fría a cada paso, y los árboles parecían mirar desde la distancia, retorcidos y oscuros.

Un escalofrío recorrió su espalda.

—Por tu postura puede decir que no tienes nada de entrenamiento.

¿Qué haces exactamente en esta misión?

—Necesito dinero para pagar la posada —se encogió de hombros.

—Jajaja, ya veo.

Es una gran razón.

Los tres caminaron durante media hora hasta que los grandes arboles, con troncos que se alzaban mas de cinco metros, bloqueando por completo el sol.

Los arboles cerraron sus copas hasta convertir el sendero en un túnel.

La luz del sol, que antes los había bañado con su calidez, ahora apenas lograba filtrar su luz por las ramas.

El aire olía a musgo, madera podrida y algo metálico, como sangre derramada mezclada con tierra.

Cada paso del grupo producía crujidos.

Rof caminaba adelante con paso lento y medido, olfateando el aire con la experiencia de quien ha cazado durante décadas.

Colli cerraba la retaguardia, con una mirada tranquila que recorría los arboles.

Mufasa, cargando la mochila, sintió como sus sentidos de bestia se tensaban.

Era casi como si el bosque mismo hubiera notado su presencia.

—¿Qué pasa con este estúpido bosque?

Siento escalofríos desde que entre.

—Manténganse juntos —murmuro Rof haciéndoles un gesto.

Los ojos plateados del niño notaron como Rof dejaba marcas con un cuchillo, marcando el camino de retorno.

El grupo siguió en línea recta de maleza aplastada.

Abriéndose paso entre los arboles, encontraron los primeros rastros: pisadas enormes, profundas, con sangre seca manchando la escena del crimen.

Mufasa, ahora con sentidos muy superiores por ser un hombre bestia, se agacho y olio la sangre.

La fragancia se mezclaba con un olor parecido al que exudaban los goblins, pero mas intenso.

Sus ojos plateados escanearon rápidamente la escena en busca de algo mas que le indicara su camino, pero no pudo encontrar nada.

—La profundidad de esta pisada indica que el monstruo tiene un tamaño considerable.

Por la forma, diría que es un Orc.

—Un Orc…

Mientras sea solo eso, no creo que debamos preocuparnos.

Mufasa escucho en silencio, sin comentar nada.

No conocía los monstruos de su mundo, así que no pudo sacar ninguna conjetura.

Conocerlos en un libro o una pantalla no era lo mismo que conocerlos en la vida real.

Si, conocía el mundo de Danmachi, pero para él era un mundo totalmente desconocido.

Su conocimiento se limitaba a la novela, pero eso bien podría ser considerado nada.

—¿Qué es lo peor que podemos encontrarnos?

—El Dragon Negro de un Ojo.

—¿Que?

La mente de Mufasa se tenso de repente, desbloqueando un recuerdo repentino que había estado ignorando.

El Dragon Negro de un Ojo.

Un monstruo tan colosal y poderoso que bien podía considerarse una desastre natural similar a un terremoto de magnitud 10, o incluso a un bombardeo de misiles.

La leyenda sobre la calamidad oscura y alada era conocida en todo el mundo.

Un escalofrió recorrió su espalda.

Su mente era un caos.

¿No se suponía que ya había armonizado con el Mufasa original?

¿Por que parecía olvidar por momentos que conocía la novela de Danmachi?

—¿Por que aparecería el Dragon Negro en este lugar tan remoto?

—¿Y por que no lo haría?

Mufasa decidió no continuar con la conversación.

Collin era habladora, pero parecía estar burlándose de él.

—Si, claro, seguramente aparecerá.

En el momento en que sus palabras salieron de su boca, una sombra enorme lo cubrió por completo.

.

.

.

Continuara…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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