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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 25

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Capítulo 25: Capitulo 25.-Metales

—Estás muy pálido.

—¿De verdad?

Con el monstruo muerto, Pivot se acercó lentamente con su bastón en mano.

Metió su mano en su mochila y le extendió una poción.

—Toma.

—Gracias.

Tomó la poción rápidamente y la bebió de golpe.

—Es curioso.

—¿El que?

—Mi habilidad potenciadora debería causar más daño a mi cuerpo que mi bestificacion, pero extrañamente no causa tanto como esperaba.

Pivot guardó silencio unos segundos, luego habló.

—Puede deberse al tipo de efecto que manejan cada una. Aunque tu habilidad potenciadora puede aplicarse en cualquier parte que desees, decides concentrarla en tu espada, lo que termina mitigando su impacto.

Extendió un dedo y señaló su cuerpo.

—Una bestificacion no cambia explícitamente el cuerpo, pero algunos estudios aseguran que simula un cambio drástico. No es absoluto, pero puedes usarlo como una respuesta rápida.

—Eso… supongo que si.

Una bestificacion, algo totalmente raro y fuera de cuestión en cualquier estudio del mundo moderno.

En diferentes tipo de novelas, los hombre lobo son los más parecidos a un bestificacion al ser directamente una.

—¿Cómo te sientes? —pregunto Pivot.

—He estado peor —respondió Mufasa, encogiéndose de hombros.

—¿De verdad?

Pivot sonrió de lado y extendió un dedo, tocando directamente en una zona donde no tenía armadura.

—¿Puedo tocar aquí? ¿No te duele, verdad? Entonces no hay problema si toco, ¿no?

Mufasa hizo una mueca de dolor, pero no protestó. Su orgullo no lo permitía.

—Para nada. No siento absolutamente nada.

El elegante elfo levantó una ceja.

—Ya veo. Es bueno escuchar eso. Supondré que tus manos y piernas temblorosas son por la inmensa emoción que estás conteniendo ahora mismo.

Se burló.

Bajando la mirada, noto que sus manos temblaban violentamente.

Trato de levantar ambas manos y detener el temblor, pero no pudo.

‘Esto… no es bueno’, pensó.

El dolor abrasador de su pecho era inquietante, inevitable.

Si abandonaba la aventura y bajaba su espada, viviría un poco más. Pero nunca bajaría su espada.

Pensando en su espada, hablo.

—Creo que… necesito una nueva espada.

—Pero te acabamos de regalar una. Y déjame decirlo, esa espada es la mejor espada que un aventurero de nivel 2 puede tener. Tiene una calidad sobresaliente.

—Lo sé. No es por la calidad.

Mufasa suspiro exasperado.

—Creo que el tamaño de la espada se me está quedando un poco corto. Tal vez una espada un poco más larga, y un poco más gruesa no estaría nada mal.

—Estas describiendo un espadón.

Negó con la cabeza.

La idea de un espadón ya había pasado por su cabeza. Al igual que Ottar y Zald, eventualmente tendría que usar una gran espada como arma.

Era su naturaleza, un Alfanje que quedaría como una daga una vez que creciera.

Aunque…

‘Aunque no llegare a crecer tanto’

—Una gran espada no. Creo que modificar mi Alfanje bastará…. Aunque a decir verdad, no se porque me preocupo por esto.

Pivot le dirigió una mirada silenciosa, sin decir nada.

—Como sea. Olvídalo. Era una idea pasajera.

Descartando el tema como si no importara en lo absoluto, hizo un gesto con la mano y comenzó a caminar.

Viendo su espalda, Pivot no pudo evitar que sus ojos cayeran sobre los pies de Mufasa.

Mufasa caminaba, o eso pensaba él.

En realidad, bajo los ojos de Pivot, Mufasa arrastraba miserablemente los pies, fingiendo que no ocurría nada.

Los ojos de Pivot se entrecerraron ligeramente, con un brillo de lastima asomando.

‘Ya llegó a ese punto’

Pivot sabía, al igual que todos en el escuadrón, que el tiempo de Mufasa había llegado a su fin. Ni las pociones ni los tratamientos curaban algo tan fuerte como para manifestar una habilidad tan poderosa.

‘Su última aventura… Si, probablemente lo sea’

—

—¿Qué dijiste?

—La capitana salió. Nadie sabe a donde fue.

Un par de oscuros ojos observaron en silencio a la elfa que le informaba. Se encontraban en una sala oscura, con un trono hecho de piedras y madera bien lijada.

Sobre su cabello negro, parecido a una cascada de oscuridad, se cernía la corona de una reina.

Osiris no hizo ningún gesto.

—Así que salió… probablemente fue a ese lugar.

A su mente llegó inmediatamente un lejano lugar, una aldea remota, perdida en los confines del desierto.

Una aldea escondida en dunas de arena, con monstruos merodeando sus alrededores. En aquel lugar, solo los más fuertes sobreviven.

Había sido hace décadas.

En aquella aldea marginada llena de gente resistente, Osiris la conoció.

Una pequeña niña valiente y rezongona, con un espíritu y una voluntad asombrosa y contagiosa.

“¡Quiero ser la más fuerte del mundo!”

La pequeña niña gritó a todo pulmón su juramento.

Con su pequeña mano extendida y su pecho inflado con orgullo. Era una niña orgullosa.

Hoy, en medio de su guerra de facciones, no pudo evitar recordar a la pequeña niña. Ahora era la capitana de su familia, la que comandará a toda la alianza de dioses egipcios en la gran batalla.

‘El tiempo sigue transcurriendo…’

Dejó el pensamiento de lado, sin que su rostro mostrara emoción alguna. Permaneció con un rostro indiferente, mirando a la elfa con sus profundos ojos negros.

Dentro de ellos, la oscuridad se retorcía.

—¿Alguna otra noticia? —preguntó, su voz tan oscura y distante como siempre.

La elfa se estremeció con su mirada.

—Tariq volvió a enfrentarse con el glotón de Zeus.

—¿Hubo ganador?

Las orejas de la elfa bajaron ligeramente, algo que su diosa noto al instante.

Como diosa, poder leer a sus dependientes era el pan de cada dia. Algo tan fácil como respirar.

Suspiró para sus adentros.

—Empate de nuevo. Ambos se retiraron.

Osiris no reaccionó.

Que uno de sus dependientes más fuertes, el vicecapitan de su familia, no lograse ganar no era una noticia nueva. Era frustrante, demasiado, pero lo soportó en silencio.

Conocía sobre aquel glotón y su poderosa habilidad. Tariq, la persona con la que tiene rivalidad, conocía mejor que nadie al glotón.

Numerosas veces lucharon, numerosas veces se tuvo que retirar cuando el glotón comenzó a comer cosas y a fortalecerse.

No conocía la función exacta de la habilidad, pero tenía una conclusión clara de cómo funcionaba. Para que su vicecapitan pueda derrotarlo, tendría que enfrentarlo cuando el glotón no tenga comida.

Un escenario difícil.

Los campeones de Zeus y Hera no eran un chiste.

Y aun así los iba a enfrentar, sin miedo alguno.

—Ya veo —dijo, su tono apagado hizo que la elfa inclinara la cabeza.

Su mente regresó a Melty Zahra, la capitana de nivel 7 de su familia.

Con su velocidad, podría recorrer el mundo a su ancha sin que ningún monstruo le presentará un verdadero reto. Aunque había excepciones, como las tres calamidades del mundo y los suspiros del Norte.

Pero conociéndola muy bien, sabía que no rondaría sus territorios.

—…

—¿Lady Osiris?

Osiris abrió la boca para dar su siguiente instrucción, pero se detuvo cuando la palabra estaba a punto de salir.

Cerró la boca y entrecerró los ojos.

Su intuición divina comenzaba a decirle algo.

‘¿Estoy sintiendo el presagio de algo?’

¿Pero qué era? Su mente recorrió cada posible escenario, ninguno que se adecuara a lo que su intuición divina le decía.

De repente, cierta gema moribunda llegó a su mente.

‘Parece que me sorprenderás antes de partir, pequeño león’

– – –

En las profundidades de un bosque, donde las casas fueron construidas respetando el espacio, un hombre de repente abrió los ojos.

Sus ojos llenos de ambición se detuvieron.

—Alguien ha… matado a mis niños.

Sus palabras, lentas y medidas, transmitían sorpresa.

Por primera vez desde que comenzó su conquista había sido frenado. Alguien lo estaba retando en algún lugar.

No fue una resistencia silenciosa, un resentimiento no dicho. No… esto era diferente. Alguien le acababa de declarar la guerra abiertamente al matar a su niño más fuerte.

Inaceptable.

—Parece que debo someterlo…

Se levantó lentamente, estirando los brazos, sus ojos codiciosos brillando intensamente con sombría resolución.

A la fría luz del atardecer, un hombre sintió la amenaza a su era. Había estado caminando con calma, reclamando lo que por derecho le pertenecía.

Pero eso se acabó.

No toleraría esta ofensa.

Lentamente salió de su cabaña.

Afuera, apareció una cadena de casas semidestruidas. Desde su posición, en la única casa aun decente, el hombre levantó una mano al cielo.

Con la irá acumulándose en sus ojos, se giró hacia los cientos de monstruos que descansaban por toda la aldea, comiendo restos humanos que cosechó.

Uno a uno se fueron levantando, mirando la señal de su amo y señor.

—Mis queridos niños… alguien ha osado retar nuestro reinado.

Como si pudieran entenderlo, los monstruos comenzaron a alborotarse, inquietos y molestos por la decepción de su amo.

En sus ojos, la ira se acumulaba, encendiéndose sin parar.

—Escuchen, niños míos. Han ofendido nuestro reinado, asesinado a sus hermanos, y sobre todo, le han faltado el respeto a mi era.

Extendió una mano hacia adelante.

—Soberanía…

Hubo un resplandor rojo.

—¡Yo, Drago Manodura, declaró a los rebeldes como blasfemos! ¡Levántense, soldados!

La tierra comenzó a temblar a medida que los monstruos comenzaron a agitarse, sedientos de sangre, con la locura y la ira mezclados en sus interiores.

Su estampida soberana comenzó.

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Muy pronto, el sol se escondió y la oscuridad se arremolino en el cielo hasta cubrirlo por completo, con solo una enorme esfera plateada brillante hermosamente.

Descansando en una taberna, varias siluetas descansaron merecidamente sobre las cómodas camas.

Entre ellos, un pálido león tosió un par de veces antes de desplomarse sobre su cama.

‘Está empeorando muy rápidamente’

Mientras se perdía en pensamientos, soportando el dolor incurable en su cuerpo, la puerta fue abierta de una patada.

—Muy bien, arriba todos.

Una pequeña silueta entró con pisadas autoritarias.

Cerró la puerta tras ella.

—Es hora de que sepan el verdadero objetivo de esta misión.

Mojima le miró y enarcó una ceja curiosa.

Todos conocían el objetivo verdadero de la misión. Salvar al hijo del comerciante y regresarlo con su gordo padre para recibir una merecida recompensa.

Sencillo de entender.

—La mision del comerciante es solo una tapadera —dijo Poppy, cruzando los brazos y recorriendo a todos con su mirada—. El verdadero objetivo es robar un cargamento de metales raros que se dirige a Orario.

Si antes encontraban aburridas las palabras de la jefa, ahora todos estaban derechitos y con caras de concentracion.

—¿Robar un cargamento? ¿A quién y por qué?

Yamamoto interrumpió.

Poppy le dirigió una mirada feroz por cuestionar abiertamente su orden.

Aun así respondió.

—Como sabrán, nuestra familia no reporta la capacidad total de combate. Para el gremio y el resto del mundo, no existimos. Por eso, como es natural, no podemos acceder a metales de mejor calidad sin levantar sospechas.

Levantó un dedo.

—Los ejecutivos de la familia necesitan armas de mayor calidad, armas que sólo pueden ser hechas en su mayoría por miembros de alto rango de la familia Hefesto o Goibnu. Dichas familias ya tienen una fuerte relación con las familias Zeus y Hera.

—¿Entonces?

—La familia tiene un trato con un gran herrero. Pero este está vetado de todos los mercados por acciones cuestionables. Aun así, es la mejor opción que tiene la familia.

Todos escucharon en silencio, asimilando la información.

De repente, Mufasa habló:

—¿No sería mucho más fácil si simplemente usamos intermediarios? Podrían pagarles para que soliciten las armas y luego nos las entreguen.

Poppy negó con lacabeza.

—Ya se intentó. Fue un fracaso. Una casa segura fue descubierta por miembros del gremio. Después de todo, estamos evadiendo grandes cantidades de impuestos.

—¿Y qué pasó? —pregunto Pivot.

—Digamos que todos los que vieron cosas que no debían… desaparecieron.

Una sonrisa oscura apareció en el rostro de la Pallum.

Su sonrisa era inquietante, incómoda de ver.

Mufasa no pudo evitar hacer una mueca al verla.

—No podemos meternos más con el gremio y comenzaran a hacer preguntas incómodas, esto lo harán con aventureros escoltando los para evitar tantas desapariciones.

Se encogió de hombros con indiferencia.

—Es sencillo de entender.

Al cabo de un rato, Mojima habló.

—Entonces… ¿Cuándo lo hacemos?

Poppy lo miró fijamente por unos segundos, sus pensamientos eran totalmente ilegibles.

Entonces, habló:

—Ahora mismo. Tomen sus cosas. Salimos de inmediato.

A la orden de su jefa de escuadrón, todos asintieron y comenzaron a moverse. El descanso había terminado, ahora, debían ir a robar un cargamento de metales.

Mufasa se detuvo en seco, sintiendo como todo el mundo daba vueltas.

No sería fácil, y el fin ya estaba cerca. Aun así, reafirmó su intención de vivir hasta el final.

No moriría postrado en cama.

…

En la cubierta de la noche, con la luna observando el mundo con intensidad. Cinco siluetas se movieron por los tejados, sus botas pisando el suelo y desapareciendo.

—¡Con un carajo, Yamamoto, haces demasiado ruido!

Poppy echó la cabeza hacia atrás y regañó al enano del equipo.

Cubierto por la oscuridad y guiado por la luna, Yamamoto frunció el ceño con justa indignación.

No era su culpa. Estaba cubierto completamente por una armadura de metal de cuerpo completo. Era obvio que haría ruido.

—¿Cómo haremos esto, jefa?

Mojima irrumpió en la conversación.

—¿No es obvio? —preguntó, con una pequeña sonrisa peligrosa asomando—. Entraremos como ninjas y tomaremos todo en silencio.

El Renard abrió los ojos con sorpresa.

—¿De verdad?

—¡Por supuesto que no, idiota! Entraremos a la fuerza, golpeamos a todos los que encontremos y luego nos iremos con el cargamento.

Suspirando, guió a todos a un gran almacén de un solo piso.

El almacen grande, de color rojo y una enorme puerta tapando la entrada. Parado afuera del almacén, un solitario guardia vigilaba los alrededores con aburrimiento.

Sin ser descubiertos, el escuadrón se detuvo a una casa de distancia, observando en silencio al guardia.

—Escuchen.

Les hizo un gesto para que la escucharan.

Extendió su pequeña mano y señaló el almacén.

—Según nuestro informante, habrá numerosos guardias. El cargamento es enorme, así que la familia Hefesto envió a uno de sus ejecutivos para resguardar el cargamento.

—¿Qué nivel es el ejecutivo?

—Nivel 3. El resto en su mayoría son niveles 1 y probablemente uno o dos niveles 2.

Su explicación fue clara y directa.

—Haremos esto. Yo romperé la puerta y haré que todos salgan. Atraere la atención y cuando todos salgan, disparas, Pivot. Luego lanzamos un ataque fugaz. Necesitamos evitar ser vistos por los aldeanos.

Con el plan de marcha, se movieron.

La primera en moverse fue Pivot.

En un instante apareció junto al guardia postrado fuera del almacén.

Su martillo de guerra había desaparecido, en su lugar, una maza ahora era sujetada en cada mano.

La maza trazó un arco brusco antes de chocar contra el pecho del guardia.

Su cuerpo voló hacia atrás.

Ignorando el desastre sangriento, avanzó.

Se paró frente a la puerta, guardo una de sus mazas y sujeto la otra con ambas manos. Respiro hondo y la hizo estallar contra la puerta.

—¡Feliz navidad, cabrones!

Con un choque brutal, la puerta estalló en astillas y grandes trozos de madera.

—¡¿Qué fue eso?!

—¡No están atacando!

—¡Muévanse!

Una jauría de gritos sonaron cuando la puerta estalló.

Presas del pánico, solo pudieron girar en una dirección.

Una sombra se volvió un borrón en el momento en que la puerta estalló en pedazos. Sus botas rasparon los adoquines de piedra antes de aparecer sobre Poppy.

Su hacha atravesó la oscuridad de la noche con una velocidad cegadora, pasando tan rápido que el resto del escuadrón tuvo dificultades para seguirlo.

Pero Poppy no era una aventurera cualquiera.

Dentro de los niveles 3, Poppy estaba en la cima de la cadena alimenticia.

Poppy reaccionó con una velocidad sorprendente, digna de una veterana tan curtida como ella.

¡Clang!

Un estruendoso sonido metálico sonó cuando el hacha y su maza chocaron. El aire alrededor de ambas armas estalló y el suelo mostró grietas bajo sus botas.

La fuerza de su choque fue tan inmensa que un aventurero de nivel dos habría sido sometido con ese único intercambio.

—¿Sabes si quiera a que familia estás molestando?

—¿Importa?

Burlándose del ejecutivo de nivel 3 de la familia Hefesto, Poppy mostró una sonrisa de dientes, actuando con desdén hacia el hombre.

No mostró miedo.

El hombre, con barba áspera y ojos acerados, observó a la pequeña atacante.

Retrocediendo, levantó su hacha y cortó de nuevo con ferocidad.

La pequeña Pallum no se quedó atrás.

Cada choque fue brutal, absoluto y lleno de intención asesina. Ninguno logró una ventaja inmediata.

—Fuerza decente, velocidad un poco floja —dijo Poppy tras un breve intercambio que le dijo todo sobre el oponente—. Para ser un ejecutivo de tu familia, eres ciertamente decepcionante.

El hombre apretó los dientes y reanudó su carga.

Pero fue interrumpido por una voz clara y serena.

—¡Lux Spear!

Un rayo de luz iluminó la oscura noche, borrando la oscuridad y las sombras que reinaban. En su lugar, un destello cegador tomó su lugar.

El hombre levantó la cabeza enseguida, con la incredulidad marcando su rostro.

¡BOOOOM!

La explosión resultante envolvió por completo su cuerpo, borrando su figura y dejando al resto de su familia en un tenso silencio.

El viento nocturno barrio con un soplido agradable, fresco, llevándose consigo el humo.

Tras disiparse, un hombre lleno de quemaduras permaneció de pie, con los brazos caídos y el cuerpo ennegrecido.

No emite ningún sonido, pero sus ojos miraban intensamente a Poppy.

—¡Señor Timmel!

Un miembro de la familia Hefesto gritó, preocupado.

Dentro de la familia, la diferencia de poder que había entre cada herrero era significativa. Timmel no era el ejecutivo más poderoso, pero no era precisamente débil.

Verlo en tal estado rompió la moral en un instante.

—¡No se queden parados, ayúdenlo! —grito un enano.

A la orden de uno de los subordinados de Timmel, decenas de aventureros de la familia Hefesto cerraron sus filas de inmediato alrededor de la pequeña Pallum.

—¿Creen que eso puede detenernos? —se burló.

El enano estaba por dar la siguiente indicación, escuchó las palabras de Poppy y se congeló.

Un frío inusual recorrió su espalda.

Intentó moverse para observar su entorno y actuar en consecuencia, pero su cuerpo no le respondió. Como enano, podía resistir la mayoría de ataques que le lanzaran, pero todo tiene un límite.

Vio en cámara lenta como el mundo daba vueltas, su cuerpo parado sobre el suelo.

Lo comprendió de inmediato.

Fue decapitado.

Un Renard con una armadura del Lejano Oriente sostenía una espada extendida detrás de su cuerpo blindado.

Con un movimiento pequeño, empujo el cuerpo y este colapsó sin fuerzas contra el suelo.

El resto de los miembros de la familia Hefesto entraron en pánico.

El segundo más fuerte, un poderoso aventurero de nivel 2, fue asesinado en un instante.

Su fuerza, prueba de su linaje, no importó en lo absoluto.

Mojima no le dedicó una segunda mirada al enano.

Giro la mirada, observando al miembro más cercano. Este se congeló, sus manos temblaron mientras intentaba mantenerse firme.

Levantó su arma y se preparó para luchar. El también era un aventurero de nivel 2, y aunque era un herrero, seguía siendo capaz de luchar.

Pero fue derribado.

Un martillo de guerra impactó de lleno contra su cabeza. En el momento en que se centró demasiado en Mojima, Yamamoto se movió y destrozó la cabeza del herrero.

Su cuerpo voló hacia atrás con la cabeza hecha un desastre.

—¡Maldición! ¡Todos carguen!

Alguien gritó, ordenándoles a los demás herreros cargar.

Una pequeña figura, pequeña pero más alta que la Pallum, avanzó sin cuidado, su Alfanje cortando sin parar.

Miembro tras miembro cayó, uno tras otro.

Donde su espada caía, una extremidad se separaba. Acabo con ellos con gran facilidad, aprovechando la apertura y cortando sin parar.

No mato a ninguno.

No estaba allí para asesinar.

En cuestión de minutos, todos los herreros estaban acabados.

—Bueno, fue más fácil de lo esperado —dijo, alejándose del cuerpo inerte de Timmel. Un hundimiento desesperanzador estaba en su pecho.

En cuestión de minutos, un aventurero de nivel 3, dos aventureros de nivel 2 y una docena de aventureros de nivel 1 fueron derrotados.

¿El factor decisivo? Un mago con la habilidad de desarrollo Mago.

Con Pivot de su lado y teniendo el factor sorpresa a su favor, la victoria estaba asegurada. Ninguno de ellos era un aventurero cualquiera, todos eran de los mejores en sus respectivos niveles.

Mufasa era el más inexperto, pero lo compenso con esfuerzo y habilidades poderosas.

—Tomemos los metales y larguémonos de esta aldea.

Con la orden de Poppy, todos dejaron los cuerpos de lado y entraron al granero.

Mufasa entró en el almacén seguido por Yamamoto.

En el centro del almacén había una carreta cubierta con una gran lona. Con ayuda de Yamamoto, retiraron la lona.

—Vaya… —Yamamoto abrió los ojos y silbo impresionado—. Con razón tenían un aventurero de nivel 3 vigilando.

—¿Qué es?

Mirando los materiales, Mufasa no pudo identificar ninguno. Usaba una espada de metal, claro, pero no conocía nada de los metales del mundo de Danmachi.

Yamamoto extendió su mano y tomó un cristal.

—Hay todo tipo de materiales en esta carreta. Mithril, Seiros, Savia del Árbol de los Mil Años, Aleación Heroica, Valmarth, Damasco, White Wood, Hihiirokane, y mucho más. Y la cantidad no es poco. Con esto, incluso las familias Zeus y Hera juntas podrían abastecer de nuevas armas a todos sus miembros.

Los ojos de Mufasa mostraron asombro.

La carreta era enorme, con varias enormes cajas que contenían diversos materiales. Algunos servían para armaduras, otros para armas y algunos para báculos.

Nunca habían visto tanto material reunido.

—Es una lastima que no podamos tomar nada.

—¿Por qué no? No creo que se den cuenta.

Yamamoto lo volteo a ver, una sonrisa llena de complicidad floreció en su feo rostro.

—No tomen nada.

Poppy entró con pasos pesados, ordenándoles no tomar nada.

—El informante dio una cantidad exacta. Si falta siquiera una pequeña cantidad, nosotros pagaremos las consecuencias.

Mufasa y Yamamoto se desinflaron visiblemente.

—Un pequeño trozo no molestara a nadie —se quejó el enano, sus ojos codiciando los metales.

La Pallum suspiro y luego negó con la cabeza.

—Solo no tomen nada. La carreta es demasiado pesada, así que tú y yo tiraremos de ella.

Señalando al enano con un dedo, explicó el plan del escuadrón.

Refunfuñando, acepto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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