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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 24

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Capítulo 24: Capitulo 24.-Dragon de Plata

La luz de la habitación era débil, proyectada por una lámpara de aceite que colgaba del techo.

Atado a una silla de madera, con las muñecas firmemente sujetas por cuerdas robustas, estaba un hombre.

Su cabeza colgaba hacia un lado, el cabello lleno de sudor y suciedad. Sangre seca manchaba su rostro y ropa, decorada por polvo y los restos de golpes pasados.

Los moretones cubrían su rostro y cuello, algunos recientes, otros no tanto.

Débiles pasos sonaron desde un rincón de la habitación.

—Hagamos esto de nuevo —susurró un hombre—. ¿Dónde están los almacenes de oro de tu padre?

El joven alzó la mirada con dificultad.

Sus ojos, enrojecidos y hundidos, temblaron por un instante. Trago saliva, sintiendo el ardor en su garganta seca.

—N…No lo sé… —respondió en un susurro lleno de cansancio—. Mi padre nunca me ha dicho.

El golpe llegó sin avisar.

Un puño se estrelló contra su estómago, arrancándole el aire. La silla chirrió al desplazarse unos centímetros sobre el suelo de adoquines.

Desde un rincón, recargado contra una pared, uno de los secuestradores chasqueó la lengua con impaciencia.

—Otra vez con la misma mierda de no saber. Deberíamos arrancarle un dedo o dos.

—Aún no es tiempo.

El líder de la banda negó con la cabeza.

—Conseguiremos lo que buscamos siempre y cuando seamos pacientes. Así que esperen.

Extendió sus manos y le sujetó el rostro, obligándolo a levantar la cabeza. Sus uñas se clavaron en su mandíbula, haciendo que el dolor del hombre se mezclara con su miedo.

—Te recomiendo que lo pienses bien —continuó, con su voz más fría—. Yo me considero una persona bastante piadosa, ¿Sabes? Pero los hombres detrás de mí…

Hizo una seña a las sombras en las paredes.

—Ellos no lo son.

—Les juro que no sé nada —repitió.

Negó con la cabeza varias veces, movimientos torpes y desesperados.

—Bueno. Más vale que comiences a reconsiderar lo que sabes y lo que no. A este ritmo, no podré evitar que mis amigos te pongan las manos encima. Y eso… no será bonito.

El hombre dejó que sus palabras llegaran al hombre atado a la silla.

Pike, el hombre atado, volvió a negar desesperadamente.

Sus ojos, marrones, estaban llenos de cansancio.

—Yo de verdad… de verdad no sé nada.

—La misma respuesta no hará que te dejemos en paz. Deberías poder entender eso.

Dejó la cabeza de Pike, alejándose mientras tomaba un paño de la mesa de madera llena de herramientas.

Limpiándose la sangre, señaló la mesa.

—¿Ves esto? —le pregunto—. Esto es lo que te espera si no cooperas conmigo.

Los ojos marrones de Pike se llenaron de miedo.

Siempre había sido considerado el paria de su familia, la vergüenza, la escoria aferrada al dinero de su padre.

Estaba cansado de esa realidad, por eso trato de mejorar, pero todo le había resultado mal.

Hablo de más.

Hablo con quienes no debía.

Y ahora, estaba amarrado a una silla, siendo torturado lentamente para dar una información que desconocía.

‘Padre… sálvame’

…

Mufasa y su escuadrón avanzaron por largas praderas, atravesando valles, bosques y lomas largas.

—Esto no es normal —murmuró Mojima.

Sus ojos recorrieron el pequeño bosque donde acampaban. Tres cuerpos llenos de heridas y sangre adornaron el bosque con un toque sangriento.

El elegante elfo asintió.

No era normal.

Mirò a Mufasa, su pequeño gran amigo que limpiaba su espada. Estaba recostado sobre uno de los cuerpos, respirando pesadamente, su pecho bajando y subiendo.

—Son demasiados monstruos —dijo Mojima, examinando uno de los cuerpos ensangrentados—. No estamos cerca del Norte, no deberían haber demasiados. Tal vez apareció un monstruo mayor.

—Es posible, pero no lo creo. Algo que los desplace desde tan lejos debe ser realmente poderoso.

—¿Será… un nuevo ronquido? —preguntó con cautela, mirando hacia el Norte con una mirada complicada.

Pivot guardó silencio, sopesando la posibilidad de que un ‘ronquido’ hubiera aparecido.

—No puede ser un ronquido. Las familias Zeus y Hera ya se hubieran movilizado. Además, Orario hubiera recibido una alerta sobre algo tan grande.

La pequeña Pallum, recostada sobre uno de los grandes cuerpos, intervino.

Su mirada de acero miraba tranquilamente el cielo, lo poco que podía de entre las ramas y hojas de los árboles.

Cerró ambos ojos.

—Esos idiotas siempre son los primeros en lanzarse al peligro. Cualquier posible resto lo ven como una posibilidad de subir de nivel.

Nadie la contradijo.

Dentro del escuadrón, Poppy era la más veterana de ellos.

La primera, la que recibió su bendición primero antes que todos.

Mufasa escuchó en silencio, mirando en la misma dirección que el Renard veía.

Sabía sobre lo que había en el Norte.

El sello de viento de un espíritu.

La calamidad absoluta sellada.

En un futuro aún lejano, uno de sus ronquidos liberaría un poderoso dragón de los pisos desconocidos, el cual sería usado por León para enseñarle a Bell el Resplandor.

¿Cuántos ronquidos hubo antes?

Desconocidos.

No existía información en la novela.

Giro hacia Poppy, la veterana de su escuadrón.

Por lo poco que sabía de ella, tenía casi 60 años. Una verdadera veterana.

Antes de que todos ellos nacieran, la pequeña Pallum ya luchaba desesperadamente en el calabozo.

Incluso para ser un nivel bajo, el falna grabado en su espalda la ayudaba mucho a mantener su apariencia juvenil.

—Como sea, marchémonos.

Dejando de ver el cielo, la jefa del escuadrón se levantó del monstruo lista para partir de inmediato.

—Como ordene, jefa.

—¿Hum?

Mientras todos recogían sus cosas, la jefa del escuadrón levantó la mirada. Sus ojos, superiores a los de cualquier raza gracias a su sangre de Pallum, notaron algo en la lejanía.

—Qué vista tan interesante —comentó.

Todos siguieron su mirada.

En la lejanía, apenas perceptible, un grupo de monstruos avanzaban en formación.

—¿Están haciendo una formación? ¡Eso es absurdo!

—Eso no es normal.

Rápidamente tomaron su equipo.

Un grupo de monstruos juntos era algo anormal en la superficie, ¿Pero que estuvieran marchando juntos como una tropa bien entrenada? Era algo insólito.

Caminando con una media sonrisa, Poppy habló.

—Parece que encontramos una anomalía —dijo, sus ojos acerados puestos en la gran criatura del centro—. Esa cosa en el centro es un Dragón de Plata.

—¿Es fuerte?

—Lo es. Está clasificado como nivel 4. Pero dado que se encuentra en la superficie, debe ser más débil que uno engendrado en el calabozo. Tal vez en la cima del nivel 3, o un poco superior.

Pivot ajustó su monóculo, observando como los monstruos se acercaban lentamente.

—Se encuentran en nuestro camino. Además, por su dirección parecen acercarse a la aldea más cercana.

—Eso parece.

La mirada acerada de Poppy se detuvo en el gran monstruo plateado, cubierto de escamas plateadas parecidas a placas de acero bien colocadas.

Lentamente, una sonrisa ladeada comenzó a tirar de sus labios.

—Parece un gran desafío. ¿Qué dicen, los matamos?

—Hagámoslo.

El primero en aceptar fue Pivot, el elegante elfo.

Su sentido de justicia, aunque deformado a su propio criterio, le impedía abandonar la pobre aldea en el centro del problema.

—Si, estoy dentro —el segundo en aceptar fue Mufasa.

No se consideraba un héroe ideal, pero una ventura era una ventura. Además, estaría protegiendo una aldea llena de civiles. No era un mal plan.

Yamamoto y Mojima asintieron.

—Puede haber elfas en esa aldea.

—Si hay mujeres conejo, es probable que me miren como su príncipe azul cuando las salve.

—Bien. Entonces en marcha.

Aceptando el desafío, se movieron en formación hacia la formación de monstruos.

Acercándose, Mufasa pudo ver mejor al monstruo en el centro de la formación.

Un dragón de cinco metros de altura capaz de aplastar humanos con su garra, con una enorme mandíbula y afilados colmillos, su cuerpo cubierto de escamas de un color plateado.

Solo en apariencia, parecía estar increíblemente blindado blindado.

Cuatro cuernos torcidos coronaron su cabeza, dos en la frente y dos en la mandíbula.

Un enorme monstruo, si, pero también uno que ya había visto.

Explorando en sus viejos recuerdos, Mufasa trato de recordar dónde había visto ese monstruo. Era fugaz, una pequeña imagen que se negaba a ser revelada.

El enorme dragón giró la cabeza, notando los pequeños bocadillos que se entregaban solos.

Su enorme pata se movió, aplastando el suelo y provocando un temblor a su alrededor.

‘¡Lo recuerdo!’

Una imagen en blanco y negro, de manga, aparecio en su mente. El monstruo lo había visto en el manga, no en la novela ni en anime, sino en el manga.

Era el Señor de las Praderas, el monstruo que aniquilaría la tribu de Bete Loga en un futuro. Tras una brutal pelea que duró una noche entera, hasta que Bete Loga lo mató.

Rápidamente alcanzaron la formación de monstruos.

Lo primero que notaron fueron los ojos extrañamente carentes de la locura desenfrenada de los monstruos, todos exactamente iguales.

Un monstruo rugió y cargaría furiosamente en el momento en que detectara a un humano.

Pero estos monstruos eran diferentes, más calmados, como si tuvieran alguna clase de inteligencia.

—Bichos raros.

Poppy fue la primera en entrar a la batalla.

Una gran garra cortó el aire en su dirección. Doblando su cuerpo hacia abajo, esquivó la gran garra y balanceo uno de sus martillos de guerra con fuerza tremenda.

El martillo estalló contra el pecho del monstruo, enviándolo hacia atrás con el pecho completamente hundido, con piel, carne y sangre estallando en su centro.

—El grandote es mío —dijo, recuperando su postura y corriendo de nuevo.

Su martillo zumbó en el aire al cortarlo.

La cabeza de un monstruo explotó cuando fue impactada por el martillo furioso de la pequeña Pallum.

Mojima se deslizó hacia adelante con pasos ágiles, su armadura rebotando junto a sus zancadas.

Estiró su mano a la vaina de su espada y la tomó con fuerza. Con un destello plateado, la extremidad de uno de los monstruos fue cercenada limpiamente.

Sangre chorreo mientras rugía.

El monstruo rugió lleno de ira y dolor, balanceando su otra extremidad con furia.

Antes de llegar, una silueta redonda cubierta de metal se interpuso con un gran escudo.

Yamamoto, haciendo gala de la fuerza de un enano, detuvo la extremidad con gran facilidad, dejando que rebotara inútilmente contra su escudo.

—¿A dónde apuntas? —se burló.

Sorprendido, el monstruo trató de atacar de nuevo, pero la katana de Mojima se movió rápidamente, sin darle espacio para recuperarse.

Una larga línea sangrante apareció en su costado, dejando que sangre y vísceras se derramaran sin cuidado.

Sin detenerse, extendió de nuevo su katana en un arco hermoso.

Su cabeza fue separada sin que lograra conectar un golpe.

Un maestro espadachín, eso era el Renard conocido como Mojima.

Con un solo movimiento cercenó una extremidad, extendió su espada como su fuera una extremidad más y corto todo lo que sus ojos lograron encontrar.

Cerca de ellos, un pequeño niño león avanzó de frente.

Su alfanje trazó un arco desde arriba, bajando la cuchilla con fuerza.

La cuchilla, de un apagado color gris, se encontró contra la extremidad de un monstruo. La extremidad se abrió en dos.

Sangre oscura salpicó el suelo mientras el monstruo se tambaleaba hacia atrás, aturdido y confundido.

Mufasa no le permitió comprender su situación.

Apretó los dientes y avanzó con el cuerpo inclinado hacia adelante, como si su pequeño tamaño no importara. Giró la muñeca y el alfanje regresó con un tajo horizontal.

El tajo busco el cuello del monstruo.

El Alfanje alcanzó carne, pero no fue suficiente para decapitarlo.

Una de las extremidades del monstruo voló por instinto, haciendo un último movimiento por reflejo, al mismo tiempo que la luz de la vida desaparecía de sus ojos.

Mufasa extendió su brazo derecho.

Marcas blancas de cortes aparecieron en su brazal de acero.

Apretando los dientes para no retroceder, se mantuvo firme en su lugar, sin que sus pies cedieran ni un centímetro.

Dentro de él, tras su armadura, sintió un ardor familiar, como si algo comenzará a retorcerse en el momento en que comenzó a hacer un esfuerzo físico.

Ignoro el ardor.

Solo un recordatorio.

Cada combate lo acercaba un poco más al final.

‘Esta será mi última aventura’ pensó, aceptando la realidad.

Con el monstruo muerto, Mufasa extendió su brazo de nuevo, interceptando las garras de un nuevo monstruo.

Nuevas marcas aparecieron.

Otra sombra se acercó a paso veloz, su pesado cuerpo avanzando sin parar.

—Ligth Sylph.

Un rayo de luz se manifestó como un fenómeno mágico, iluminando las sombras y atravesando el aire sin interrupción.

El rayo se expandió frente a los ojos de Mufasa como una sentencia divina del cielo, disparada directamente por un ángel.

Un estallido ensordecedor retumbó alrededor del monstruo, envolviéndolo en una explosión luminosa que fue cubierta rápidamente con un denso humo.

Mufasa dio un paso al costado y cortó con su alfanje.

El alfanje en sus manos cortaron por la mitad al monstruo, acabando así con su vida.

—Parece que los pequeños no serán un problema —dijo Pivot con calma, su bastón apoyado en el suelo.

Otra sombra apareció. Pero fue derrumbada en el instante que apareció.

Un martillo descendió desde un ángulo imposible de ver para el monstruo.

El impacto pulverizó el torso del monstruo frente a Mufasa.

Fragmentos de hueso y carne salieron despedidos mientras el cuerpo colapsaba como una marioneta sin hilos.

Por un breve instante, el prado pareció despejarse de seres vivos.

Ese instante cambió cuando una pequeña figura asomó.

—¿Recuerdan que dije que el grandote era mío? Olvídenlo. Necesitare algo de ayuda si queremos matarlo rápido.

Poppy sacudió su martillo de guerra y dejo que la sangre espesa y oscura salpicara el césped.

Inclinó la cabeza, mirando sus martillos.

—Deberían bastar —murmuró.

Mufasa noto como su capitana, aquella capaz de reprimirlo con un solo movimiento de su martillo, estaba herida.

Una línea de sangre marcó su rostro infantil, su casco faltaba y algunas partes de su armadura habían sido abolladas.

—¡Mojima, encárgate del resto de los pequeños! —ordenó mientras comenzaba a avanzar de nuevo.

Observó al dragón plateado acercarse de nuevo.

—¡Si, jefa!

A la orden, Mojima siguió cortando a los pocos monstruos restantes.

Con el camino despejado, Poppy ordenó la formación.

Repaso en su mente la información que tenía sobre el Dragón de Plata. No quería que sus subordinados murieran estúpidamente contra el monstruo. Este sería hasta el momento el monstruo más fuerte que enfrentarían.

Piso el suelo con fuerza, lanzándose como una flecha hacia adelante.

Un movimiento llamativo, necesario para atraer la atención inmediata del dragón.

Mientras aceleraba con cada paso, bajo su postura lo suficiente para no perder el equilibrio.

El enorme dragón levantó una de sus extremidades delanteras, apuntando directamente contra la figura que se acercaba sin cuidado.

Luego, la bajo.

Un estruendo resonó cuando la enorme pata del dragón hundió el suelo, destrozando la tierra y levantando una cortina de humo.

Bajo la cabeza, examinando el resultado sangriento.

Al levantar la pata, no había nada que no fuera tierra.

—¡RAAAAAAH!

La pequeña Pallum apareció al instante a su lado, apuntando uno de sus martillos de guerra directo a la extremidad trasera de la gran bestia.

Una gran garra fue destrozada con el brutal impacto.

—¿Qué esperan, idiotas?

Sin detenerse, gritó una maldición.

El equipo se movió de inmediato.

Mufasa dio un paso hacia adelante y rápidamente cargó contra el enorme dragón.

Su sangre hervía de emoción. Algo tan grande, tan fascinante de ver, aunque mortal y asombrosamente poderoso, era increíble.

Tomó su espada con ambas manos, sujetando el mango con todas sus fuerzas.

Pateó el suelo y se impulsó hacia arriba, levantando su alfanje hacia el cielo como si hiciera una clase de juramento.

—¡Jajaja!

Rayos negros crepitaron alrededor de la cuchilla.

Con un corte descendente, corto directo en una de las extremidades desprotegidas del monstruo. Este, absorta en vengarse de la pequeña jefa, giró su enorme cuerpo.

La cuchilla cayó como un trueno. Y pese a su fuerza, solo fue capaz de agrietar un par de escamas.

Retrocediendo, vio la enorme mano, cubierta de garras letales, caer con una fuerza tremenda, habiendo que el suelo vibrará con ese simple movimiento.

Tuvo que levantar uno de sus brazos para cubrir su rostro, evitando los pedazos de tierra que mandaba a volar el dragón.

El dragón apenas y notó el golpe, pero reaccionó.

Una de sus largas y blindadas extremidades se balanceo con una velocidad aterradora.

Mufasa abrió los ojos sorprendido.

En ese momento, actuando como un héroe, apareció una figura completamente blindada.

—¡Haaaaaaaaaah!

Yamamoto aplastó el suelo con sus botas y levantó su gran escudo. Las garras cayeron y golpearon el escudo.

Grandes surcos se formaron cuando sus botas comenzaron a ceder contra la fuerza aplastante.

—¡Bien hecho, Yamamoto! ¡Estoy seguro que alguna mujer Hume quedará impresionada cuando le cuentes tu hazaña!

Mufasa sonrió al ver a su amigo salvarlo de una posible herida mortal.

Aprovechando la distracción del enano, pateó el suelo y avanzó hacia el lado expuesto del monstruo.

Apretó el agarre y atacó.

La cuchilla arrastro varios rayos negros mientras destrozaba escamas duras de costado del dragon.

Dos martillos gemelos terminaron por aplastar la pata del monstruo.

—¡Retrocedan! —grito Yamamoto.

Sin dudarlo, los dos combatientes retrocedieron mientras el dragón trataba de atraparlos.

Su mano voló con fuerza, destrozando el suelo y enviando grandes trozos de tierra.

Los fragmentos de tierra volaron como metralla.

El primero llegó de frente, un bloque irregular de poco tamaño, girando sobre sí mismo como un disco. Mufasa no tuvo tiempo de esquivar.

Clavando los pies en el suelo, hundió las botas en la pradera y alzó el alfanje con ambas manos.

—¡Grrrr!

El impacto se sintió brutal.

El bloque de tierra se estrelló contra la hoja y la empujó hacia atrás, pero Mufasa apretó los dientes y soportó la fuerza.

Sus músculos se tensaron hasta el límite, llevándolo a superarse.

La fuerza del impacto hizo temblar su cuerpo, haciéndolo retroceder. Pero no cayó.

Resistió.

—¡Así se hace, Mufasa! —bramo Yamamoto, cubriendo a Pivot con su gran escudo.

No tuvo tiempo de continuar felicitando.

Un segundo fragmento de tierra, mayor en tamaño, emergió del suelo arrancado por las garras del dragón.

No voló; fue lanzado con fuerza.

Un pedazo de terreno entero, compacto, pesado, como una pared de tierra arrancada de raíz.

Los ojos de Mufasa se abrieron como platos.

Intentó responder, posicionarse y resistir, pero un tirón emitido desde su pecho paralizó su cuerpo y lo dejó expuesto.

”¡No ahora!’

El bloque lo golpeó de lleno, empujando la espada hacia atrás en un instante.

La fuerza detrás del gran fragmento lo levantó del suelo como si fuera una muñeca de trapo y lo lanzó una docena de metros hacia atrás. Su espalda chocó contra la tierra con un sonido seco, el aire escapando de sus pulmones en un jadeo ahogado.

Rodó varias veces hasta detenerse boca arriba.

Su visión se nublo por un segundo, el cielo girando lentamente sobre él, como si él fuera el mundo mismo.

Sintió que el tirón se transformaba en ardor, intenso y doloroso, como si algo se estuviera rompiendo desde adentro.

—Ugh…

Intentó incorporarse.

Levantó la cabeza y vio una mano cubierta de garras acercarse peligrosamente.

El señor de las praderas rugió, un sonido grave y profundo que hizo vibrar el aire.

Movió su enorme cuerpo y avanzó directo contra Mufasa, el único que estaba disponible para devorar.

‘Se acabó…’ pensó, apretando los dientes mientras intentaba ponerse de pie lo más rápido posible.

Pero el tiempo no estuvo a su favor.

La garra descendió con la clara intención de despedazarlo y hacerlo un desastre de carne, sangre y huesos.

Con un único movimiento, borraría su existencia en un rincón apartado del mundo.

Entonces, el cielo se iluminó.

—¡Lux Ruptura!

La voz de Pivot atravesó el aire, serena y clara.

El aire explotó con su voz.

Un estallido de rayos de luz atravesaron el campo de batalla como si fueran lanzas disparadas por ángeles divinos. No fue un solo rayo, sino decenas de ellos, lloviendo con precisión.

La luz impactó contra el costado del dragón.

Una explocion ensordecedora, parecida a un bombardeo de misiles, sacudió al monstruo y lo envió hacia un lado.

Su enorme cuerpo colapsó, haciendo que el mundo temblará fuertemente bajo su peso.

El dragón rugió de dolor y furia, agitando sus extremidades de manera brusca.

—¡No te quedes ahi tirado, idiota! ¡Levántate y lucha!

Poppy fue la primera en rugir.

Sus martillos gemelos ya estaban golpeando de nuevo una de las patas del dragón, destrozando escamas y carne con cada uno de sus golpes.

Apretando los dientes, se levantó.

—¿Estás bien? —preguntó Pivot, sin voltear a verlo.

—No estoy muerto —respondió Mufasa, limpiando la sangre de su cara.

Una sonrisa comenzó a extenderse por sus labios.

Sus ojos plateados, antes aprehensivos, se llenaron de una intensidad insondable.

—Aún no es mi final, supongo.

—Eso parece —añadió el elfo, levantó su báculo y se preparó para recitar un nuevo canto—. No hagas que salvarte sea un desperdicio.

Aunque parecía cruel, su sonrisa lo delataba.

Mufasa soltó una breve carcajada, escupiendo tierra y sangre.

Sujetó su alfanje, miró al monstruo y avanzó.

Los rayos negros se manifestaron de nuevo.

‘Esto… es extrañamente divertido’

Era el primer gran monstruo que enfrentaba, el primer monstruo que no podía matar por sí mismo.

La experiencia era novedosa, casi inspiradora.

¿Cómo sería enfrentar a un jefe de piso por sí solo… así como Ottar y Aiz?

Sintió que su sangre hervía de emoción.

Corto de nuevo.

Placas parecidas al acero se rompieron bajo el peso de su espada.

Los rayos negros estallaron como una muestra tangible de su voluntad.

Sus músculos temblaron, ardían, pero él no dejó de moverse.

Le mostró los dientes al monstruo en una desquiciada sonrisa.

—¡Oye, giganton! —rugió, destrozando más escamas, alcanzando la carne—. ¡Aun sigo con vida, no pudiste matarme! ¡Jajaja!

El monstruo bajo la cabeza cuando escucho el rugido del niño, dejando de ver a la verdadera amenaza. Sus ojos llenos de intención asesina se fijaron en el niño león.

Un grave error.

—¿A dónde miras?

Un par de martillos gemelos llovieron desde su costado, estallando contra su cabeza con fuerza violenta.

La enorme cabeza se sacudió, placas, músculos y sangre llovieron tras el fuerte golpe.

Rugió.

Estaba furioso.

Lo estaban abrumando.

Extendió su brazo con la pura intención de mandar a volar la molesta mancha que destrozaba su cuerpo.

No podía concentrarse en un solo punto, sobre todo en el que más daño le hacía.

Poppy cruzó sus martillos y recibió el impacto del brazo, su pequeño cuerpo salió volando decenas de metros hasta estrellarse.

El dragón quiso avanzar hacia ella, pero alguien intervino.

—¡Ruaaaaaaaaaah!

Un enano rabioso, completamente blindado, se estrelló como una bala de cañón. Su cuerpo regordete y lleno de fuerza impactó contra una de las piernas traseras, desestabilizando por un momento.

Mufasa aparecio de nuevo, su cuchilla empoderada cortando los tendones.

Atacando un punto donde las placas habían sido arrancadas por Poppy, logró cortar los tendones del monstruo, haciendo que su enorme cuerpo colapsara.

El suelo tembló y se hundió bajo el peso del monstruo.

Atacó de nuevo, al igual que Yamamoto con su martillo de guerra.

Placa tras placa fue destrozada hasta alcanzar su carne.

Pese a llegar a ella, esta era demasiado dura para atravesarla de un solo golpe.

Aún oponiendo resistencia, trató de levantarse y atacar de nuevo.

Pero fue interrumpido.

Un rayo de luz voló directamente contra su cabeza.

Una explosión envolvió su cabeza, empujando hacia atrás su cuerpo.

Poppy apareció sobre su cabeza tras dar un gran salto. Aprovechó la apertura y atacó en rápida sucesión.

Destrozó sus ojos, dientes y dejó que su cabeza se convirtiera en un desastre.

La combinación de ataques comenzó a abrumar al dragón.

Trató de atacar desde su posición, pero dos atacantes en el suelo no paraban de destrozar sus extremidades.

Una espada con rayos negros cortaba sin parar su carne, escarbando cada vez mas profundo. Mientras tanto, un martillo de guerra no dejaba de golpear sus extremidades cada vez que intentaba moverla.

Finalmente, con un último corte de Mufasa, una de las extremidades se desprendió del cuerpo.

Grandes chorros de sangre oscura acompañaron los rugidos del dragón.

—¡Muere!

Con un rugido, Poppy le dio el golpe final.

El enorme cuerpo del dragón colapsó por completo.

Mufasa respiro pesadamente, trato de calmar el ardor en su pecho. Dolía, pero aun así estaba sonriendo.

Había matado a su primer gran monstruo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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