Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 33
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Capítulo 33: La profusión del Útero Maldito
—¿Te parece si damos otra vuelta? —Denji le dijo en voz baja a la pelinegra.
—Espera… —Ella le respondió con el mismo tono—. Quedémonos un poco más, así.
Ambos se sostenían la mano con una firme suavidad que no dejaba lugar a dudas. Él decidió mirarle por el rabillo del ojo, y la dulce sonrisa en el rostro de la chica era una luz incluso superior a la que entraba por los ventanales del acuario. Denji asintió en comprensión silenciosa, manteniéndose junto a ella con aquella paz en sus corazones.
La gente caminó, dejándolos solos por un instante. El atractivo del tanque enfrente suyo fue algo impropio de la jungla de concreto afuera del recinto. Sintió que ella le sacudía un poco la mano, y cuando decidió girar, ella le sonrió, a punto de girarse para continuar. Él sonrió un poco, caminando junto a ella hacia otra sala.
Mientras caminaban y se adentraban a los pasillos finales del tramo, sintieron un poco de frío en el ambiente. La humedad en el aire se volvió ligeramente seca, como una tormenta de invierno. Llegaron a un lugar donde los pasillos lentamente tenían una paulatina regresión a la pureza de la luz blanquecina, como estar bajo el sol entre tanta nieve.
—Este es bueno —Asa le dijo, algo emocionada—. Denji, ¿Alguna vez has visto pingüinos?
—¿Pingüinos? —Denji abrió mucho los ojos, y ambos se acercaron a la atracción con rapidez.
Denji se quedó anonadado ante lo que veía. Un enorme tanque, casi como un zoológico, estaba ante sus ojos. Un espacio abierto donde se podían vislumbrar aquellas aves incapaces de volar, propias del inhóspito y nevado continente sureño. Asa se sintió divertida ante la reacción de Denji, cuyos ojos parecían querer abandonar sus cuencas.
—Dios… —Denji y la gente a su alrededor parecían impresionados, emocionados—. Son de verdad.
—¿Te gustan? —Asa sonrió, emocionada—. Los pingüinos son propios del sur. Son animales bastante sociales, suelen estar en grupos y también…
Denji parpadeó, y su sorpresa se interrumpió en un instante. Asa miró la expresión del chico pasar de la expectación a la mayor de las cautelas. Sus ojos, abiertos y llenos de brillo curioso, se tornaron más analíticos, como los suyos propios al estudiar. Pero Denji se giró hacia el pasillo del que vinieron, y cuando Asa siguió su mirada, notó la anomalía tal y como él lo había hecho.
Un frío mayor al que se avecinaba del área de los pingüinos asoleó el pasillo lleno de gente. Más allá, en el enorme tanque anterior, no había más que un estrecho y largo pasillo lleno de luz blanca. En él, muchos tanques ausentes de agua y con los peces volviéndose pescado ante la ausencia de su líquido vital.
—E-Esto… —Asa sintió una repentina oleada de intención asesina provenir desde cada lado de los pasillos—. La habilidad de Yoru. Debe ser un enemigo.
—Asa, quédate cerca —Denji se colocó enfrente de la chica, manteniéndola pegada al área de los pingüinos, con la demás gente que no entendía lo que sucedía—. Esto es malo.
—La habilidad de Yoru permite sentir la fuerza del enemigo basándose en un sexto sentido. Es el instinto de muerte que Yoru emplea para identificar una amenaza potencial. Si estoy usándola, eso quiere decir que… —Asa miró al pasillo a su izquierda, donde debería estar la salida, pero allí todo era igual que en el derecho—. Estamos siendo atacados por un demonio.
—Un demonio capaz de encerrarnos y cortar nuestras vías de escape. Alargó el pasillo, replicando el espacio en el que nos encontrábamos. No solo eso, sino que modificó el entorno. El agua de los tanques se ha ido, y no tienen vidrio que nos separe. Además, el olor del pescado se intensifica —Denji observaba en silencio, mirando a sus alrededores con cuidado—. Y esta vez no tengo armas para defenderme. Un mal día para no llevar conmigo una daga.
—Cuando estuve frente a Yoshida, su aura me intimidó. No había peleado nunca, ni había confrontado a un demonio. Este es más fuerte que aquel demonio tomate, pero, no parece tan escalofriante —Asa conservó un poco de raciocinio, comenzando a tranquilizarse—. Vamos, Asa. Ya has derrotado a demonios antes, recuerda tu entrenamiento con Yoru. No puedes dejar que esto te consuma.
—Esto… —Un anciano habló, mientras Denji y Asa giraban al unísono, ambos movidos por razones distintas—. ¿Es una mano?
—¿Una mano? —Asa pensó, mirando efectivamente, una mano sobresalir del piso a unos metros del anciano—. ¿Es la habilidad del demonio?
—Manos —Denji revisó nuevamente el entorno, incapaz de discernir entre el comienzo y el final del lugar—. Debe ser una broma. ¿Acaso todos los demonios que he asesinado van a regresar a la vida?
—No se acerque a esa mano —Asa le aconsejó al anciano, la gente a su alrededor hizo caso y se alejaron de la extremidad—. Estamos siendo atacados por un demonios. Modificó el acuario, no parece haber salido, por lo que probablemente estemos en su…
—Expansión de Dominio… —Una voz resonó en los pasillos, distorsionada, andrógina, con matices agudas y chirriantes que hicieron a Asa cubrirse las orejas con una mueca de irritación—. Profusión del Útero Maldito.
—¿Expansión de Dominio? —Denji giró para ver a Asa, quien asentía, con cautela.
—Es una técnica extraña. Parece que engulle a los objetivos y al demonio en una cápsula donde sus habilidades funcionan de formas extrañas, ligadas a sus conceptos. Me enfrenté a una en el colegio.
—Justicia.
—Así es. Las expansiones de dominio son nuevas, no parecen ser cosa de bajo nivel —Asa miró como una repentina oleada de frío llegaba desde ambos lados del pasillo, manchas cubrían la periferia y se aproximaban con una velocidad vertiginosa—. Algo viene, muy rápido.
—¿Qué? —Denji giró a ambos lados, sin ver nada.
—¿No puedes verlo? —Asa empujó a Denji y a la gente dentro de los tanques vacíos.
Asa se tuvo que tapar la nariz, el hedor del marisco era repugnante para sus fosas nasales super sensibles. Denji le miraba con atención, ayudándola a meter a más gente dentro de los tanques, pero manos salieron del piso, agarrándolos de los talones con fuerza.
—¿Más manos? —Denji se zafó de una mano con fuerza, pateando y jalando a la gente—. Demonios…
Denji giró, y las manchas que venían desde ambos lados del pasillo fueron visibles. Denji hizo su mejor esfuerzo al sacar a la gente de las manos que los aprisionaban, pero algunos no corrieron con esa dicha, poniéndose nerviosos y asustados. Denji se metió al estanque con Asa, llevando consigo al anciano. Miró a la gente, y cuando quiso salir a ayudarlos, fue demasiado tarde.
Un estruendo enorme emanó desde el frente, y el sonido de la carne siendo molida, de los huesos triturados, y de la agonía acabándose en un segundo reinaron el espacio infinito del acuario. Denji, Asa y el anciano se pasmaron ante lo acontecido. Paredes negras, con una textura suave como la piel, habían aplastado a la gente en el pasillo.
Lentamente, estas paredes se separaron, dejando caer los restos pulposos y desastrosos de la gente. Asa no pudo aguantarlo y vomitó, mientras el anciano gritaba con horror. Denji mantuvo la compostura, pero miró esta escena con un ceño fruncido, la repentina capacidad de comprimir los cuerpos hasta hacerlos casi bidimensionales era aterradora.
Las paredes se retiraron por donde vinieron, a una velocidad asombrosa. Denji, notando esto, se quedó junto a Asa. La chica vomitaba, sudando, el frío del ambiente era ignorado por la sensación de pavor a la que fue sometida. Había visto muertes, incluso murió una vez, pero en sus diecisiete años de vida, nunca miró una escena tan grotesca como la de ahora.
—Está bien —Denji le masajeó la espalda con comprensión, atento a las afueras de donde se habían escondido—. Vomita todo lo que quieras.
—¡Los aplastó! —El anciano gritó, comenzando a llorar—. ¡Mi esposa! ¡Ella estaba!
—¡Aquí sigo! —La voz de una anciana resonó, mientras el viejo hombre se tocaba el pecho, sus lágrimas parecían tornarse aliviadas—. ¡Algunos alcanzamos a guardarnos dentro de los tanques!
—Es diferente de aquella vez —pensó Denji, serio—. En ese entonces, el demonio nos encerró y mandó manos tras nosotros. Pero ahora, creó paredes que aplastan todo en el interior del pasillo. Además, ¿Expansión de Dominio? Nunca dijo esas palabras.
—Denji… —Asa murmuró, con un asco evidente en su voz.
—Dime —Denji le dirigió una mirada, mientras la chica apretaba el puño.
—Las expansiones de dominio solo se acaban cuando el efecto se activa.
—Esto es diferente —Denji apreció el comentario, y Asa, mirando al suelo, observaba una salpicadura de sangre cerca de su vomito—. El demonio que nos atrapó debe ser el Demonio de la Eternidad.
—Eternidad… —Asa miró su reflejo en aquella gota de sangre.
Los ojos ultramarino de Asa eran profundos, brillantes con el reflejo de la luz en aquella gota de sangre. Y cuando se miró en esa gota, la totalidad de su ser se vestía con un carmesí. Era como si Yoru le mirase a través de esa gota, con su gélida y depredadora capacidad de observar a la gente como un arma o un enemigo.
—Lo derroté —Denji dijo, de forma solemne—. Pero, es algo complicado.
—Te ayudaré —Asa dijo, un murmullo que el rubio escuchó perfectamente—. Dime qué necesitas.
—Necesito… —Vacilante, Denji dijo, una renuencia en sus palabras que fue notada por la pelinegra—. Necesito un…
—Entiendo —le interrumpió ella, alzando la mirada, su cara limpia al haberse limpiado con su abrigo, el cual se quitó—. No es necesario que pelees si no quieres.
—¿Asa? —Denji se confundió visiblemente.
—Tú dijiste que pelear no te hacía sentir mejor. A mí tampoco, pero… —Asa se paró, asomándose por el pasillo, logrando ver a las paredes negras aproximarse, en una lejanía asombrosa—. No dejaré que sigas peleando. Esta vez voy a derrotarlo. Solo dime qué hiciste esa vez.
—Espera —Denji se paró, serio—. No vas a ir allí a pelear contra esa cosa.
—No me quedaré aquí, viéndote hacer algo que no quieres —Asa no se oía determinada, sino, vacilante—. Además, creo que estaré bien por mi cuenta. Puedo verlo incluso antes que tú.
—¿Disculpa?
—Logré notar las paredes antes que tú. Mis sentidos parecen estar mejorados por encima de los tuyos. Si puedo verlo, entonces, puedo idear un plan y evitar ser aplastada. Solo necesito que me digas qué hacer.
—Entonces te acompañaré —Denji habló con seriedad, mientras se colocaba cerca de la chica, y cuando ella lo jaló hacia atrás, las paredes chocaron nuevamente—. Si se complica, te ayudaré.
—Entonces andando —Asa dijo, solemne.
—¡Esperen! —El anciano se puso de pie con lentitud—. ¡Ustedes son jovenes!
—No se preocupe —Denji giró, sonriendo con una sonrisa segura—. Trabajamos en Seguridad Pública.
—¿Qué? —El anciano y la gente que los escuchó se sorprendió.
—Pero si son solo unos chicos… —La anciana dijo, suficientemente fuerte para ser escuchada por ambos.
—Derroté al Demonio de la Justicia —Asa habló, silenciando la sala—. Estaremos bien. Tan solo no salgan al pasillo, por nada del mundo.
—Entonces, mucha suerte, jóvenes… —Denji y Asa salieron al pasillo, corriendo hacia donde solía estar la salida.
—Las paredes parecen acercarse en un intervalo de tiempo similar —Denji le dijo a Asa, mientras corrían a un ritmo semejante, con la chica un poco por detrás de él—. Aproximadamente, cada treinta segundos.
—¿Cómo sabes eso?
—Han chocado dos veces, y en esas dos veces fueron un intervalo de tiempo similar —Denji le dijo, mientras mentalmente llevaba la cuenta del tiempo hasta el próximo impacto.
—Se está acercando —Asa le dijo, notando las paredes en la distancia—. Deberemos escondernos en los tanques antes de ser arrastrados por las paredes.
—Debemos llegar hasta el núcleo —Denji dijo, y Asa prestó atención—. La última vez que lo vencí, había un núcleo donde se encontraba su cuerpo real. Es ahí donde debemos dirigirnos. El problema es que, deberemos encontrarlo.
—Eso no será tan difícil —Asa dijo, seria—. Tan solo deberemos el pasillo hasta encontrarlo.
—Si fuera así de fácil —Denji negó—. Es el Demonio de la Eternidad. Este pasillo puede ser infinito.
—El infinito es un número que no se conoce en su cantidad —Asa le dijo, seria—. El infinito representa algo que no podemos cuantificar, pero sigue siendo un número alcanzable. Eterno o no, nada en este mundo puede generar energía de forma infinita en un mismo sistema cerrado. Termodinámica básica.
—No entiendo eso —Denji admitió, sonriendo un poco, con vergüenza—. Pero creeré en tu idea, porque luce inteligente.
—Cree en mí —Asa le sonrió, divertida—. Si salimos de esta, deberás llamarme Sempai todos los días de escuela.
—Si salimos de esta, dejaré que me digas todo lo que sabes sobre vida marina —Denji sonrió, adelantando a Asa que, estando detrás de él, se distrajo por el rubor formándose en sus mejillas.
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