Descendiente del Caos - Capítulo 633
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Capítulo 633: Bien
La hostilidad de Khan no era racional ni abrumadoramente predominante. Su desesperación seguía gritando. Los años que había pasado sufriendo cada vez que cerraba los ojos aún le suplicaban que obtuviera respuestas. Sin embargo, su ira no era un sentimiento débil. De hecho, parte de los aspectos conflictivos terminaron por alimentarla.
La intensa, insondable y abrumadora desesperación no tenía una sola mente. Una gran parte solo quería respuestas para acabar con la maldición de los Nak. Sin embargo, después de sufrir tanto, otro lado significativo no podía aceptar esa concesión. Khan no era ajeno a los atajos peligrosos, pero sumergirse en el lago se sentía como rendirse.
Eso había dado a luz a sentimientos hostiles, que el Thilku mutado percibió, forzando una reacción por su parte. Khan aún no había hecho nada, pero ese movimiento repentino le vino como anillo al dedo a su ira.
—Supongo que este lago es importante —comentó Khan, sonriendo con suficiencia al Thilku que tenía debajo antes de dirigir su intensa mirada hacia la anciana en la distancia.
La anciana no respondió al principio, pero las flores que la rodeaban y que estaban dentro de su cuerpo finalmente se iluminaron, liberando un zumbido que el cerebro de Khan tradujo.
—Esto es un nodo —dijo la anciana en el idioma de los Nak—. Todos los ríos de la zona tocan estas aguas y esparcen su poder.
—El poder de los Nak —señaló Khan.
—La llamada para unirse a su misión —respondió la anciana—, y la clave para desvelarla.
Khan no era un científico, pero su conocimiento de diferentes aspectos y prácticas que involucraban el maná le permitió hacerse una idea vaga de la situación.
La infección estaba por todas partes, incluso en el aire, pero sus fuentes tenían que estar en algún lugar, y ese lago parecía ser una de ellas. Khan supuso que todo el cuadrante dependía de esas aguas para propagar la enfermedad, y que destruirlo probablemente lo limpiaría de monstruos.
La situación, obviamente, no era tan simple, sobre todo con la intrincada red subterránea de Cegnore. Sin embargo, Khan se centró principalmente en la presencia de los Nak, y ese lago contenía intensos rastros de ellos.
«¿Es la infección más fuerte aquí?», se preguntó Khan. «¿Es la influencia de los Nak más densa en estas aguas?».
La relevancia que se le daba al lago y los sentidos de Khan confirmaron esas suposiciones. Probablemente estaba en el centro de la guarida del enemigo, y destruirla podría salvar a muchos soldados de futuras infecciones. Esa opción se convirtió en una certeza mientras estudiaba las aguas, pero el conflicto persistía.
«¿Debería sumergirme primero?», se preguntó Khan.
La destrucción del lago estaba decidida. Khan solo tenía que decidir qué hacer primero, y las certezas no llegaban. Idealmente, se sumergiría en el lago, obtendría las respuestas que buscaba y lo detonaría todo. Sin embargo, esa podría no ser una opción si perdía la cabeza.
Las dudas anteriores regresaron y se produjo el mismo conflicto interno. La ira y la desesperación luchaban a muerte dentro de la mente de Khan, y ninguna podía cantar victoria sobre la otra. Solo su maná se mantenía parcial, odiando todas esas restricciones y secretismo.
—¿Por qué dudas? —preguntó finalmente la anciana a través del mismo método peculiar para hablar—. ¿Por qué tienes dudas?
Khan podía hablar largo y tendido sobre el tema, pero algo le decía que la anciana no lo entendería. Discutir con alienígenas que ya habían perdido la cabeza no tenía sentido. Sin embargo, interrogarlos podría traer sorpresas agradables.
—Esta misión —exclamó Khan—. ¿Está el maná en peligro?
—Deberías conocer la gravedad de la situación —dijo la anciana—. Si no la conoces, estas aguas te la revelarán.
La anciana le recordó a Khan el miedo de sus pesadillas, pero eso no era suficiente para él. Quería reunir tantas pistas como fuera posible antes de tomar una decisión.
—¿Por qué los Nak no reclutaron a la gente de forma normal? —cuestionó Khan—. Con el universo en juego, muchos se unirían a su llamada.
—No estamos al tanto de esos detalles —replicó la anciana—. Los respetamos.
Khan miró fijamente el agua más allá del Thilku erguido. El lago era atrayente y su curiosidad era difícil de reprimir, pero más preguntas salieron de su boca. —¿Por qué yo?
—Conservas tu mente —declaró la anciana—. Tienes el potencial para alcanzar a los Nak y apoderarte de su legado.
Esa esperada respuesta molestó a Khan, y el Thilku que tenía debajo reaccionó a ese sentimiento. Cruzó sus enormes brazos sobre el pecho y su uniforme se volvió incapaz de ocultar sus abultados músculos.
Después de vivir un tiempo entre los Thilku, Khan se había acostumbrado a ese gesto icónico. El aura del Thilku mutado no mostraba ninguna onda, pero su postura era autoexplicativa.
—Déjame adivinar —anunció Khan, mientras su sonrisa se desvanecía sin eliminar ningún rastro de desafío de su rostro—. No puedo negarme, ¿verdad?
La anciana permaneció en silencio unos segundos más antes de que sus flores se iluminaran para transmitir sus pensamientos. —Debemos extender la misión de los Nak y abrir tu mente a ella.
—Ya veo —profirió Khan—. No me dejarán marchar tan fácilmente, ¿verdad?
Las flores empezaron a brillar con más intensidad de nuevo, pero un color cegador apareció de repente sobre el centro del lago, cubriendo aquel resplandor azul. Maná púrpura-rojo se reunió y se condensó en el aire, dando a luz rápidamente a una lanza inestable.
El Thilku no se quedó quieto ante aquella ofensiva. Tan pronto como relacionó la lanza con Khan, se abalanzó hacia arriba, estirando su brazo derecho para atraparlo. Ese gesto fue increíblemente rápido. Ningún guerrero de tercer nivel podría haber esperado esquivarlo, pero Khan no lo necesitaba.
La rápida embestida dejó a Khan atónito, pero por razones especiales. Sabía que el Thilku era rápido, pero eso no solo se aplicaba a su cuerpo. Incluso el maná de su interior fluía con suavidad, haciendo que predecir sus movimientos fuera más difícil.
Aun así, Khan reaccionó a tiempo, ordenando al maná que liberara un temblor que perturbó el equilibrio del Thilku. El alienígena no vaciló, sino que se congeló, interrumpiendo ligeramente su ataque antes de seguir avanzando.
Khan aprovechó esa oportunidad para escapar, pero el Thilku se recuperó rápidamente y dos de sus afiladas uñas le tocaron la pierna izquierda. La sangre brotó a chorros, pero Khan aun así logró retirarse más alto en el aire.
La estabilidad de la lanza cruzó el punto crítico, amenazando con detonar. Sin embargo, la anciana envió poder a sus pies, creando una conexión con los diez alienígenas azules y provocando una reacción en el lago.
Una débil onda de sonido surgió del lago. Sus aguas permanecieron quietas, pero sus efectos fueron inmediatos. Un aura densa que apestaba al poder de los Nak invadió la cámara y reemplazó cualquier influencia externa en la sinfonía.
Khan casi perdió el equilibrio en el aire cuando llegó el aura. Su punto de apoyo se desvaneció solo para ser reemplazado por un tipo diferente de maná, que rápidamente usó para seguir volando.
En cuanto a la lanza, el aura densa la desestabilizó sin provocar ninguna explosión. Cualquier significado interno en ese maná púrpura-rojo se desvaneció, haciendo que la energía se dispersara en el acto.
Los efectos del aura no terminaron ahí. Khan había afectado el entorno durante la conversación, pero su influencia se había desvanecido. El lago había devuelto la zona subterránea a la normalidad, impidiendo que Khan usara las artes Nele.
Khan se percató de esos acontecimientos en pocos segundos, y sus ojos se dirigieron inevitablemente hacia su pierna izquierda. Más de sus pantalones andrajosos habían desaparecido y dos cortes sangrantes habían aparecido en su espinilla.
«Apenas me ha tocado», pensó Khan, asombrado por el puro poderío físico del Thilku mutado. La herida no era profunda, pero eso era obra de tan solo dos uñas.
—¿Por qué te opones a tu deber? —cuestionó la anciana mientras Khan estaba ocupado asimilando la situación.
Khan miró a la anciana, pero permaneció en silencio. No pensó en una razón real. Su decisión de oponerse a ese procedimiento era irracional, casi infantil, y le costaba explicarla.
Sin embargo, mientras su inspección continuaba, el maná de Khan rugió con fuerza, y las palabras finalmente aparecieron en su garganta. —¿Quiénes se creen que son?
El aura natural de Khan se intensificó ante esa simple pregunta, enviando ondas a través de la sinfonía recién purificada. Estaba lívido, pero solo sus ojos mostraban rastros de ese sentimiento.
—Pagué mi precio con sangre y dolor —continuó Khan sin esperar respuesta—. Unas marionetas sin libertad ni dudas no tienen derecho a darme órdenes.
Las ondas se intensificaron, pero el lago liberó otra débil onda de sonido que purificó la sinfonía. Sin embargo, esa aura no pudo afectar la presencia de Khan, que reanudó su influencia sobre la zona tan pronto como se estabilizó.
—Estás eligiendo ignorar tu tarea —comentó la anciana, con la voz desprovista de toda emoción.
—Los Nak deberían haberlo pedido amablemente —resopló Khan—. Ahora, ¿se detendrá la infección en esta zona si destruyo el lago?
Khan juntó las manos y una lanza apareció rápidamente. La empuñó con la mano derecha mientras su cuchillo estaba en la izquierda. Mientras tanto, su influencia continuó afectando la zona, dejándolo listo para la batalla.
—El individuo no es nada ante la totalidad del universo —dijo la anciana como si hubiera entendido las egoístas razones de Khan.
—Que el universo arda —declaró Khan—. Encontraré a los Nak sin jugar según sus reglas.
Khan no esperó más respuestas. Lanzó la lanza hacia el lago, listo para usar su influencia para protegerla de cualquier mecanismo defensivo. Sin embargo, el oponente que se interpuso en su camino no era algo que los Niqols o las artes Nele pudieran derrotar por sí solos.
El Thilku mutado saltó hacia la lanza, cubriendo sus manos con maná púrpura-rojo antes de cerrarlas a su alrededor. El ataque de Khan se desmoronó contra esa abrumadora fuerza física, y la explosión que siguió no pudo escapar de esas palmas apretadas.
El Thilku había contrarrestado la lanza de caos con sus propias manos, pero eso no fue todo. Khan había lanzado su hechizo al centro del lago, y el alienígena cayó hacia él una vez que su impulso se desvaneció. Sin embargo, sus pies no atravesaron la superficie. El agua se había vuelto sólida para la ocasión.
Khan ni siquiera necesitó preguntar. Sabía que era obra de los alienígenas azules, pero el problema persistía. Tenía que superar a un guerrero mutado de cuarto nivel si quería destruir la zona.
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