Descendiente del Caos - Capítulo 666
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Capítulo 666: Chamán
Los pensamientos de Khan empezaron a gritar en cuanto regresó a su piso en el Puerto. El repentino acontecimiento político lo obligó a considerar innumerables repercusiones peligrosas, y su mejor consejero no estaba disponible.
Al final, Lord Exr había aceptado los términos de Khan, lo que era una buena noticia, pero también ponía una cuenta atrás sobre su cabeza. Khan planeaba hacer su movimiento después de la boda, lo que le daba poco más de dos meses para prepararse.
«Haré nuevos aliados en la boda», pensó Khan, cruzando el piso vacío para rebuscar en su reserva de alcohol. «Puede que la Princesa Edna también esté allí. La familia Solodrey también podría ir por el compromiso».
Khan no pudo evitar detenerse ante ese último pensamiento. Su cerebro también enmudeció, dejando que una calidez acogedora lo abrumara. Incluso con todos sus miedos, Khan ansiaba ese posible acontecimiento.
Sin embargo, había demasiado en juego para quedarse quieto, y Khan salió rápidamente de su estado de embelesamiento para centrarse en el asunto. Reemplazar a un Embajador no era un asunto fácil, y Khan no estaba seguro de poder hacerlo en silencio.
«Tener éxito no es un problema», consideró Khan, sentándose en un sofá y conectando su teléfono a un escritorio.
El Imperio tenía la ventaja en esos entresijos políticos. Lord Exr solo tenía que dar la orden y el Ejército Global reemplazaría al Embajador Abores por Khan.
Sin embargo, el acontecimiento daría lugar a dos problemas inevitables. El primero implicaba el odio del Embajador Abores y el segundo la incompetencia parcial de Khan.
Khan activó el escritorio, lanzando hologramas al aire. Inicialmente quiso buscar información sobre el Embajador Abores, pero sus dedos se detuvieron antes de que fuera demasiado tarde.
El Ejército Global tenía formas de enterarse de los estudios de Khan. Además, buscaría información clasificada, lo que inevitablemente dejaría rastros. Eso equivalía a advertir al Embajador Abores de que algo se avecinaba.
«Él conoce este mundo mucho mejor que yo», pensó Khan, llevándose la botella a la boca. «Tengo que esperar a la boda».
Por supuesto, Khan consideró medidas más contundentes. Su maná y su nueva postura las preferían, pero la política no era algo que pudiera derrotar con patadas y hechizos. Lo intentaría si estuviera solo, pero ahora otras partes de su vida sufrirían, y no podía permitirlo.
A decir verdad, Khan ya había investigado al Embajador Abores en el pasado, pero su estudio no fue tan exhaustivo como necesitaba. Eso le generó cierto arrepentimiento, pero Khan solo pudo ignorarlo y centrarse en lo que estaba a su alcance.
Los dedos de Khan finalmente tocaron los hologramas y los enviaron a la red para recuperar información específica. No podía investigar al Embajador Abores, pero los temas relacionados con ese campo eran harina de otro costal. Alguien podría sospechar algo, pero de todos modos Khan nunca había ocultado su deseo de convertirse en Embajador.
Los temas relacionados con los Embajadores eran solo la mitad de los proyectos de Khan. Incluso con la educación del Puerto, dos meses no eran suficientes para estar listo para ese puesto. Tenía que compensarlo con otra cosa, que, en su situación, tenía que presentarse en forma de poder personal.
Los hologramas se dividieron en dos pantallas. Una mostraba temas avanzados que exploraban cualquier cosa relacionada con el puesto que Lord Exr quería que Khan tomara. La otra, en cambio, se centraba en las runas Thilku, que era el principal proyecto actual de Khan.
Khan se sumergió en sus estudios, mostrando la determinación y concentración que siempre lo habían diferenciado de los otros descendientes. El mundo a su alrededor desapareció durante muchas horas, pero finalmente llegó cierta inquietud.
Estudiar en un sofá tenía sus límites. Además, Khan ya había estabilizado su primera versión personal de las runas Thilku. Podía llevar ese entrenamiento al siguiente nivel, y sus piernas se movieron por sí solas para perseguir ese objetivo.
Khan salió del piso y tomó el primer taxi para llegar a un distrito lleno de salas de entrenamiento. Obviamente, eligió la mejor de ellas, y una serie de maniquíes de metal pronto formaron una fila ante él.
«Tengo que tener éxito», casi se ordenó Khan. «Debo tener éxito ahora».
Las recientes sesiones de entrenamiento habían vuelto inútiles las directrices. Khan ya no necesitaba un maniquí con las marcas del [Vórtice de Sangre]. Esas líneas se habían vuelto una con su mente, permitiéndole proceder con los experimentos sin perder más tiempo.
Khan abordó el proceso metódicamente, comenzando por el maniquí de más a la izquierda y aplicando sus líneas brillantes a su pecho. Creó una runa ligeramente intrincada antes de presionarla sobre la superficie de metal para activar sus funciones.
La sinfonía se estremeció y Khan corrió hacia atrás. La runa envió maná a la superficie de metal hasta que todo el maniquí detonó, lanzando escombros humeantes por todas partes.
La detonación dañó algunos maniquíes cercanos, pero a Khan no le importó. Su cuenta en el Puerto era básicamente inagotable, así que no le importaba malgastar recursos. En cambio, se centró en el humo gris que dejó la explosión.
«Joder», maldijo Khan, agachándose en el suelo y pasándose las manos por el pelo. «Tengo que calmarme».
Khan había superado esa fase de los experimentos, así que sabía lo que había hecho mal. Su humor impaciente le había hecho poner demasiado maná en la runa, causando un fallo fatal que condujo a la explosión.
—¡Joder! —gritó Khan, apuntando con la mano a los maniquíes dañados.
La sinfonía alrededor de los maniquíes dañados se agitó, creando múltiples manchas de color rojo purpúreo en el aire que se expandieron antes de detonar. Los maniquíes de entrenamiento solo pudieron desmoronarse bajo ese violento maná, e incluso el suelo amenazó con agrietarse.
Khan se percató de ese último detalle y se sentó. No podía permitirse destruir otra sala de entrenamiento. La Directora Holwen probablemente lo perdonaría de nuevo, pero Khan no quería lidiar con eso.
Aun así, el problema persistía. Khan necesitaba que ese experimento tuviera éxito. No solo quería que su nueva versión del [Vórtice de Sangre] reanudara el entrenamiento a un ritmo más rápido. También deseaba desbloquear ese campo para volverse aún más fuerte y famoso.
—Cuanto más lo quiero —suspiró Khan—, menos cuidadoso soy.
Khan respiró hondo, haciendo todo lo posible por calmarse. Esos experimentos requerían un control absoluto y una mente fría y analítica. Estaba creando algo nuevo, fusionando diferentes artes alienígenas, así que tenía que pensar como un científico.
Pasaron unos minutos en silencio mientras Khan mantenía los ojos cerrados para permanecer dentro de su mente. Repasó el tema, sus pruebas y sus resultados para detectar posibles fallos y enfoques erróneos. Surgieron muchas cosas, pero Khan no pudo atribuir sus fracasos a nada específico.
«Puede ser uno o todos ellos», se dio cuenta Khan.
Para colmo, Khan no podía consultar a nadie. No solo quería mantener sus experimentos en secreto. Los científicos humanos no sabrían qué decir. Era un campo completamente nuevo que abarcaba múltiples artes. Probablemente él era el único experto en el universo que podía diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto.
«Los humanos crearon hechizos en medio de un planeta destruido y sin directrices», recordó Khan. «Tengo recursos infinitos y mis ojos ven el maná. ¿Cómo es posible que esté fallando?».
Por supuesto, Khan sabía que la humanidad pagó un alto precio por ese logro. Los humanos perdieron extremidades y sencillamente morían durante los experimentos relacionados con los hechizos. Aun así, él había destruido más que suficientes maniquíes para igualar ese coste.
El problema no tenía una respuesta precisa. Al menos, Khan no pudo encontrarla mientras reflexionaba en el suelo. Su mente incluso empezó a flaquear, enviando sus pensamientos a la reciente reunión.
«[Chamán Azul] mis cojones», maldijo Khan. «¿Qué sabrán ellos de los chamanes de verdad?».
Hay que admitir que el Imperio se había expandido a lo largo y ancho. Probablemente habían conocido a múltiples especies con expertos que encajaban con esa descripción, pero Khan se sentía cabreado de todos modos. No se parecía en nada a esas figuras sabias. Simplemente había robado una serie de técnicas diferentes y las había mezclado para crear algo que se asemejaba a un arte alienígena.
Khan no pudo evitar recrearse en el tema. Su mente retrocedió unos años, recordándole su primer encuentro con Zalpa. Recordó el olor a sangre, los cadáveres colgantes y los rituales sangrientos. Técnicas pertenecientes a ese mundo incluso descansaban dentro de su pecho, listas para salir a protegerlo.
«Eso es un chamán de verdad —pensó Khan—, no alguien que juega con el maná».
Khan levantó la mirada, y sintió cierto odio al ver los maniquíes de metal. Ni los Niqols ni los Nele abordarían el asunto de esa manera. Probablemente evitarían usar cualquier cosa artificial.
—¡Eso es! —exclamó Khan, y sus ojos se iluminaron.
Khan se puso en pie de un salto y corrió hacia los maniquíes para detenerse ante uno de ellos. Inspeccionó el maniquí, pasando los dedos por sus superficies para sentir su frialdad. Esa cosa estaba muerta. Nunca había estado viva. No se parecía en nada a su cuerpo.
—Lo siento, Monica —suspiró Khan—. Así soy yo.
Idealmente, Khan no haría nada para preocupar a Monica. Sin embargo, eran necesarias medidas duras y peligrosas para lograr lo imposible. Lord Exr quería que se enfrentara a un Embajador, así que tenía que hacer lo que siempre había hecho. Ya se disculparía con Monica más tarde.
Khan retrocedió, enviando los maniquíes hacia las paredes para tener toda la sala para él solo. Cerró los ojos mientras levantaba la mano, y sus dedos comenzaron a dibujar líneas en el maná que flotaba ante él.
Los experimentos anteriores se habían centrado en superficies metálicas, pero Khan tenía algo completamente diferente en mente ahora. Se centró en sí mismo, haciendo los ajustes adecuados mientras daba a luz a la runa. Luego, se la estampó en el pecho sin mostrar ninguna vacilación.
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