Descendiente del Caos - Capítulo 670
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Capítulo 670: Maldiciones
La escena sobresaltó a los presentes. El grito chasqueante y el estallido de maná parecían pertenecer a una bestia salvaje más que a un humano. La sola idea de que Khan pudiera emitir tales gritos alteró la forma en que aquellos soldados ordinarios lo percibían.
Anselm era una excepción. Sus estudios habían sido exhaustivos y precisos. Esa habilidad defensiva no lo sobresaltó, pero no dejó de sorprenderle la cantidad de maná liberado y su violencia. Aun así, eso no lo paralizó.
—Debes vincularlo ahora, Señor —reveló Anselm.
Khan miró a Anselm antes de centrarse en el cuchillo. Se lo pasó a la mano izquierda, sujetándolo con fuerza mientras deslizaba la hoja por la palma de su mano derecha. Ese filo romo no cortaba mucho, pero la sangre brotó de todos modos, manchándolo.
Anselm reforzó su postura defensiva. Domar un arma maldita no era tarea fácil, y no estaba claro qué efecto tendría en Khan. Muchas cosas podían salir mal, y proteger a la pareja era su prioridad.
Una presencia extraña se formó en la mente de Khan mientras su sangre se deslizaba por la hoja. Había experimentado algo parecido en Nitis cuando domó a Snow, pero la naturaleza del suceso era completamente distinta ahora.
Un sentimiento codicioso, hambriento y sanguinario se expandió dentro de la mente de Khan. Su intensidad alteró algunos de los pensamientos de Khan, intentando que se hicieran eco de esos rasgos violentos. Khan experimentó la voluntad del cuchillo en su totalidad, y una parte de él empezó a desear imitarla.
Sin embargo, una fuerza aún más intensa no tardó en manifestarse. La voluntad salvaje, violenta e inflexible del elemento caos surgió del fondo de la mente de Khan y atacó a la entidad extraña. Un grito chasqueante también resonó en los oídos de Khan, y le siguió un zumbido.
Se desató una batalla mental que terminó rápidamente. Por muy violenta y sanguinaria que fuera la voluntad del cuchillo, nada podía superar el deseo insondable de destruir del elemento caos. Sus naturalezas estaban en ligas diferentes, y el arma solo pudo retroceder y comportarse.
Un conocimiento instintivo fluyó hacia Khan, llenándolo. No oyó palabras ni órdenes, pero la sensación de consciencia estaba ahí. De alguna manera, podía calibrar las habilidades del cuchillo y entender cómo usarlo.
Khan se quedó mirando el cuchillo antes de levantar la vista. El techo era lo suficientemente alto como para dejar espacio para pruebas, así que envió algo de maná al arma antes de ejecutar un tajo ascendente.
Sucedieron muchas cosas en esa fracción de segundo. El cuchillo absorbió el maná de Khan antes de que más energía envolviera sus filos. Khan había ejecutado una versión débil del Segador Divino tras cargar el arma, lo que resultó en un ataque completamente diferente.
El cuchillo cortó el aire, enviando un tajo etéreo hacia arriba. Un ataque rojo purpúreo voló hacia el techo, seccionando la sinfonía que se interponía en su camino.
Khan se había contenido, calculando el maná necesario para no golpear el techo. Sin embargo, el cuchillo zumbó de repente, y el tajo volador enrojeció, brillando con nueva energía.
Eso no fue todo. Para sorpresa de Khan, el tajo cambió de dirección, curvándose hacia la derecha hasta dar un giro completo. El ataque apuntaba ahora al suelo, ajustando su trayectoria para alcanzar a Rick y a los demás.
La sed de sangre en el cerebro de Khan se encendió mientras el tajo se volvía más rojo y rápido. Estaba a solo un segundo de alcanzar a los presentes, y Anselm ya había empezado a mover su maná para interceptarlo. Pero ocurrió algo diferente.
Antes de que Anselm pudiera moverse, una masa rojo purpúreo se materializó en la trayectoria del tajo y chocó con él. Se produjo una pequeña explosión, pero nada llegó al suelo ni a los presentes. Rick y los demás solo sintieron una ligera brisa.
El maná restante de los ataques se dispersó rápidamente, devolviendo el almacén a la paz anterior. Aun así, Khan y los presentes no podían olvidar lo que había sucedido, y diferentes pensamientos invadieron sus mentes.
A Rick y a Lucille les costó seguir el suceso. Incluso pensar en ello no les daba respuestas. Simplemente no podían entender mucho a su nivel.
Jason estaba conmocionado. Había visto muchos soldados y campos de batalla, así que conocía el valor del arma. Además, Khan podía controlarla y contenerla, lo que ponía de manifiesto lo mucho que había crecido en esos años.
A Anselm le ocurría algo parecido a Jason, pero su mayor comprensión de las técnicas implicadas le produjo una conmoción mayor. No le importaba el cuchillo. Su atención se centraba en Khan y en el hecho de que se le había adelantado con un ataque irrastreable. Esa habilidad parecía demasiado flexible y poderosa para ser real.
Un escalofrío recorrió inevitablemente la espina dorsal de Anselm. Superaba a Khan en cuanto a niveles, pero el resultado de un choque frontal parecía incierto.
Por supuesto, la mera consideración de que Khan pudiera doblegar a un guardia noble un nivel por encima de él parecía absurda. Sin embargo, eso era exactamente lo que pasaba por la mente de Anselm. Lo imposible era real y estaba justo delante de sus ojos.
En cuanto a Khan, sintió las reacciones de los presentes a través de la sinfonía, pero su atención estaba en el cuchillo. De hecho, tuvo que reprimir una sonrisa de superioridad al inspeccionar el arma. Esa herramienta era letal, lo cual era perfecto para él.
«Puedo cargarlo para lanzar ataques más fuertes», pensó Khan. «Me pregunto cuánto maná podrá soportar».
Khan pensaba en el límite superior del cuchillo debido a su ventaja innata. Tenía maná de sobra, así que los ataques por encima de su nivel eran teóricamente posibles. El único problema era la resistencia del arma.
«Aunque tienes que comportarte —ordenó Khan, golpeando la hoja con los dedos—. Se acabó lo de atacar a los aliados».
El cuchillo pudo entender la orden de Khan a través de la conexión mental, y él también oyó su respuesta. La reticencia del arma a reprimir su sed de sangre era tan clara como el día, y Khan no podía aceptarlo.
«Pórtate bien, mi arma —pensó Khan, sin dejar de golpear la hoja—, y te daré todo el maná y la sangre que quieras».
La promesa no convenció al cuchillo, pero apaciguó temporalmente su sed de sangre. Ese sentimiento seguía ahí, tan intenso como antes, pero más oculto.
«Me vas a dar problemas, ¿verdad?». Khan suspiró. «Bueno, no puedes ser peor que el otro».
Khan, obviamente, pensaba en la nube. Con el cuchillo, ahora tenía dos poderes inestables que podían ir en contra de sus órdenes. Esa falta de control no era ideal para un guerrero, pero podía apañárselas. Khan ya lo había hecho varias veces.
Con el cuchillo asegurado, Khan se sintió obligado a dirigirse a los presentes. Alzó la mirada para encontrarse con las expresiones que la sinfonía ya había descrito, y su atención recayó inevitablemente en Anselm. Entre su incredulidad, el hombre también experimentaba un atisbo de intención de batalla.
—Jack es más fuerte que tú, ¿no es así? —comentó Khan.
Anselm reprimió cualquier reacción, pero Khan pudo ver cómo tragaba saliva de forma contenida. Tenía sentido que la Princesa Edna tuviera mejores guardias. Probablemente todo el mundo lo entendía. Sin embargo, hablar de ello tan abiertamente casi parecía un desafío.
—Mi trabajo no es ser más fuerte que nadie, Señor —respondió Anselm, recurriendo a su entrenamiento para mantener la cortesía—. Mi trabajo es proteger al Príncipe Rick contra cualquier amenaza.
—Lástima que no sea una amenaza —bromeó Khan.
—Al contrario, Señor —declaró Anselm—. Podría ser la mayor amenaza que existe.
—¡Anselm! —gritó Rick—. No le faltes el respeto al Capitán Khan.
—No lo hacía —reveló Khan—. Me estaba elogiando.
Del grupo, solo Jason pudo ver el entendimiento silencioso que se había formado entre Khan y Anselm. Este último realmente lo estaba elogiando, pero nadie podía pronunciar esas palabras exactas. Iban en contra del orden mismo del mundo.
Los nobles eran la cúspide del Ejército Global. Eran sus verdaderos líderes y la cima de la humanidad. En consecuencia, sus descendientes, guardias, bienes y demás debían reflejar su estatus.
Sin embargo, Khan representaba una anomalía. Era tan fuerte que los guardias nobles tenían que reconocerlo, y sus antecedentes dificultaban su reclutamiento.
La afiliación actual de Khan con una familia extremadamente rica convertía su fuerza en un problema mayor. Él solo no era suficiente para crear un desequilibrio de poder, pero su fama podría convertirse en un problema en el futuro, y era difícil predecir qué pasaría después de su evolución.
Por supuesto, todo eso era algo muy a futuro, pero preservar el predominio de los nobles era un esfuerzo diario. Aun así, Anselm no se atrevió a ahondar en el asunto. Tal como estaban las cosas, Khan era amigo de la Familia Rassec.
—Señor —intervino Anselm una vez que el silencio se hizo demasiado pesado—, a riesgo de insultarlo, debo solicitarle que deje el cuchillo. No tiene autorización para portar armas aquí.
—Me lo imaginaba —exclamó Khan, devolviendo el cuchillo a su estante. Tampoco pudo traer su propia arma, así que ese trato no le sorprendió.
—Lo envolveremos y se lo entregaremos una vez que termine la boda —continuó Anselm—. Por ahora, disfrute de la boda, Señor.
—Lo haré —aseguró Khan, y Anselm inclinó la cabeza en señal de respeto antes de retirarse. Pronto, su figura se volvió borrosa hasta desaparecer por completo.
Khan todavía podía sentir al guardia, pero decidió ignorarlo. Estaba contento por el cuchillo, pero era tarde y los días siguientes iban a ser ajetreados. Por mucho que quisiera expresar su gratitud por el regalo, los deberes eran lo primero.
—Gracias por esto, Rick —exclamó Khan—. Ya sé que me ayudará enormemente.
—No hay de qué, Jefe —negó Rick con la cabeza—. Todo esto es posible gracias a ti.
Khan esbozó una sonrisa genuina mientras la pareja intercambiaba miradas cómplices, pero Jason lo distrajo adelantándose para susurrarle al oído.
—Las armas malditas no son juguetes —explicó Jason—. A menudo consumen a los usuarios cuando se abusa de ellas.
—Si ese es el precio a pagar… —comentó Khan.
—Khan —lo llamó Jason, agarrándole del brazo—. No lo dices en serio.
—Siempre hablo en serio sobre las maldiciones —le aseguró Khan—. Son mi vida.
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