Deseos imperfectos - Capítulo 144
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144: Una aventura 144: Una aventura No todo el mundo desea una relación apasionada.
Algunas personas anhelan esas partes inocentes de una relación.
Por ejemplo, tomarse de la mano, los besos en la frente y poder decirle a alguien cuánto lo adoras.
Xiu era una de esas personas que anhelaba esos detalles tan simples pero adorables en una relación.
Esa era una de las razones por las que le encantaba pasar tiempo con Darren.
Él siempre era atento con ella y se había dado cuenta de cuánto le gustaba que le besara la frente con tanta naturalidad a modo de despedida.
—Nora —la llamó Xiu de repente.
Nora musitó una respuesta sin apartar la vista de la carretera—.
¿Por qué te asustan tanto las relaciones serias?
¿Le tienes miedo al amor o a la gente?
Nora miró a Xiu por el rabillo del ojo antes de decir: —Amar a alguien para toda la vida suena increíble, pero… —vaciló antes de continuar—, también da el mismo miedo.
—¿Aterrador?
¿En qué sentido?
—Bebé Xiu, da miedo cuando te das cuenta de que a la gente se le acaba el amor —dijo Nora con un deje de pérdida palpable en su voz.
—No estoy de acuerdo con eso —replicó Xiu sin siquiera pararse a pensar—.
Primero, a la gente no se le acaba el amor, se nos acaba la paciencia.
Segundo, el amor va de tener miedo.
Si la idea de perder a alguien no te caga de miedo, entonces, definitivamente, no estás enamorada.
Nora aparcó el coche en el aparcamiento y dijo:
—Suenas distinta, ¿tiene algo que ver con esto?
—Nora le pasó su móvil a Xiu, en el que se estaba reproduciendo un vídeo.
Xiu abrió la boca, le arrebató el teléfono de la mano y se quedó mirando la escena de antes, cuando estaba tan absorta besando a Darren que ni siquiera se dio cuenta de que su mejor amiga la estaba espiando.
—¡¿Cómo has podido hacer esto?!
—exclamó Xiu—.
¡Esto es una violación de mi intimidad!
Nora se desabrochó el cinturón y, encogiéndose de hombros, dijo: —No se puede considerar privado cuando os estáis enrollando en un aparcamiento público.
Xiu le dio una palmada en el hombro y gritó: —¡Debería darte vergüenza!
—Creo que ya me da —dijo Nora con aire pensativo—.
Las veinticuatro horas, los siete días de la semana.
Xiu puso los ojos en blanco ante la respuesta de Nora antes de bajarse del coche.
—Pero, hablando en serio, ¿no quieres estar locamente enamorada?
—Xiu no pudo evitar preguntar.
—¿Locamente enamorada?
—Nora pulsó el botón del ascensor y dijo—: Creo que ya estoy lo bastante loca.
Así que es como si estuviera a medio camino.
Se puede considerar un progreso, ¿verdad?
—Eres imposible —refunfuñó Xiu, entrando en el ascensor—.
No sé tú, pero siento que quieres más.
O sea, que mereces más de lo que te estás permitiendo.
Nora permaneció en silencio hasta que el ascensor se abrió con un «din» en su planta.
Esa noche, al encontrarse con Dylan, recordó la época en la que ella también estuvo locamente enamorada.
La perturbó, ya que llevaba mucho tiempo enterrando esos sentimientos.
Esa noche, se lo había vuelto a preguntar.
¿Por qué decidió marcharse?
¿Qué habría pasado si hubiera reunido un poco de valor para confesar sus sentimientos?
—Xiu, ¿alguna vez has pensado en cómo sería tu vida si, en un momento dado, hubieras tomado una decisión distinta?
Es decir, ¿crees que toda tu vida podría ser diferente ahora?
Las palabras de Nora, sin que se diera cuenta, le recordaron a Xiu la vez que estuvo sola en su balcón como Chen Xiu.
Si no hubiera decidido saltar aquella noche, ¿cómo habría sido su vida?
Ese era el mayor interrogante de su existencia.
—Nora, ¿recuerdas que una vez me preguntaste dónde me veía dentro de cinco años?
—le preguntó Xiu en respuesta.
Nora frunció el ceño, asintió y dijo: —Sí, y me respondiste que apenas llegas al fin de semana.
Que el plan a cinco años es demasiada complicación para ti, porque intentas vivir cada día al máximo.
Y que eso es más que suficiente para ti.
Xiu sonrió al oír a Nora citarla palabra por palabra.
—Si me lo preguntas otra vez, mi respuesta sigue siendo la misma.
Cuando no pensaba en los remordimientos del pasado ni en los misterios del futuro, estaba ocupada intentando vivir el presente.
No sé qué cambios podría haber traído a mi vida aquella decisión, pero sí sé que ahora, cuando miro atrás, estoy orgullosa de mí misma.
—Nora enarcó las cejas con sorpresa mientras estaban paradas frente a la puerta de su piso, y Xiu añadió—: Porque ahora, cuando miro atrás, me doy cuenta de cuántas batallas silenciosas he ganado.
¿Qué tan mala puede ser una decisión si me ha enseñado a secarme mis propias lágrimas y a darme una palmada en la espalda?
Las palabras de Xiu conmovieron a Nora e hicieron que la incómoda sensación de su interior se disipara.
Nora abrazó a Xiu con fuerza y dijo: —¡Xiu, gracias!
—¿Por qué?
—preguntó Xiu, perpleja.
—Gracias por ser tú —respondió Nora, dándole una palmadita en la cabeza a Xiu.
Luego se giró para abrir la puerta y ambas entraron en el piso.
—¡Cariño, ya estoy en casa!
—exclamó Xiu en voz alta, haciendo que Nora casi diera un salto.
—¡Xiu, idiota!
¿Quién es tu «cariño»?
¿Pero si ni siquiera estás casada?
Xiu le sacó la lengua a Nora y dijo: —¿Es que no lo sabes?
Tengo una aventura con mi cama.
Nora fingió jadear y dijo: —¡Cielos!
¿Estás engañando a Darren?
Xiu se echó el pelo hacia atrás y dijo: —Bueno, puede unirse a nuestro encuentro si quiere.
—Añadió un guiño al final, lo que hizo que Nora se quedara boquiabierta, esta vez de verdadera sorpresa.
Como Nora ya sabía, la mejor relación de Xiu siempre había sido con su cama.
Porque, según Xiu, se olvidaba de todas las preocupaciones en cuanto se tumbaba en ella.
Al fin y al cabo, o se está triste o se está dormido, y Xiu prefería dormir.
La tristeza solo la agotaba.
Pero esa noche, cuando se tumbó en la cama, su mente se desvió hacia Darren.
Su forma de hablar, su forma de sonreír, la forma en que la hacía sentir emocionada y nerviosa al mismo tiempo.
Sus palabras, sus acciones, cada pequeño detalle sobre él daba vueltas en su cabeza.
Con solo él en sus pensamientos, Xiu finalmente se quedó dormida.
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