Deseos imperfectos - Capítulo 146
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146: Hormonas alborotadas 146: Hormonas alborotadas A menudo, pasamos por alto las pequeñas bendiciones de la vida mientras intentamos buscar algún milagro.
Por ejemplo, ¿qué mayor bendición podría haber que el hecho de que la sonrisa con la que te acostaste anoche siguiera floreciendo en tu rostro al despertar?
Era raro que Xiu se despertara de tan buen humor un domingo por la mañana.
Pero como hoy tenía planes con Darren, se levantó temprano.
Aunque eran casi las once de la mañana, seguía siendo muy temprano para ser domingo.
Definitivamente, los músculos de su cara no estaban bajo su control, ya que sus labios se habían curvado incontrolablemente formando un arco.
Apartó el edredón, bajó de la cama y caminó hacia las ventanas para descorrer las cortinas.
Sin embargo, justo cuando abrió las gruesas cortinas, abrió los ojos como platos y gritó: —¡¡¡AHHH!!!
Su fuerte grito sobresaltó incluso a Nora, que se cayó de la cama con un golpe sordo.
—¿Qué ha pasado?
¿Qué ocurre?
—.
A Nora le llevó un par de minutos despertarse del todo y, en cuanto lo hizo, se levantó frenéticamente.
Con un bate de béisbol en la mano, Nora entró corriendo en la habitación de Xiu.
—¿Quién es?
Dime, ¿a quién le pego?
Nora miró por la habitación de Xiu con el ceño fruncido, mientras que Xiu también la miraba a ella con extrañeza.
—¿A qué viene el bate de béisbol?
—Ah, es mi arma.
Pensé que había un ladrón o algo así —respondió Nora mientras bostezaba con cansancio—.
Pero ahora que lo pienso, tú nunca gritarías por un ladrón.
De hecho, tú harías gritar al ladrón.
—Ja, ja…
Qué graciosa —dijo Xiu con humor seco.
—No importa.
¿Por qué has gritado?
—preguntó Nora mientras se ponía el bate de béisbol sobre el hombro.
—Mira —señaló Xiu hacia la ventana, y Nora la imitó.
—¿Qué estamos mirando?
—cuestionó Nora con expresión perpleja.
—Mira cómo el cielo se está burlando de mí —dijo Xiu y, al volver la vista hacia el exterior, se sintió angustiada.
Se suponía que iba a ser un buen día soleado de verano, pero…
Las nubes de pesadumbre se cernían en el cielo, oscureciendo no solo el día, sino también el humor de Xiu.
El gris dominaba el cielo, haciendo que la mañana pareciera la noche—.
Se suponía que iba a ser un buen día.
Se suponía que iba a pasar ese buen día con mi novio.
Nora se dejó caer en la cama de Xiu y siguió asintiendo con la cabeza distraídamente mientras Xiu continuaba con sus quejas.
Nora se había acostumbrado bastante a las quejas de Xiu.
Según ella, antes de perder la memoria, Xiu solía quejarse de sus defectos, pero después de perder todos sus recuerdos, Nora nunca oyó a Xiu quejarse de sí misma.
Se había vuelto segura de sí misma de una forma que incluso sorprendió a Nora.
Xiu sacudió a Nora y le preguntó: —¿Por qué tienes tanto sueño?
—No pude dormir mucho anoche —dijo Nora mientras se incorporaba en la cama y miraba a Xiu, que estaba de pie con las manos rodeando su estómago.
—¿No pudiste dormir?
¿Sabes que hay una leyenda japonesa que dice que si no puedes dormir por la noche es porque estás despierta en los sueños de alguien?
—Xiu chocó juguetonamente su hombro con el de Nora y añadió—: Me pregunto quién te mantuvo despierta en sus sueños.
Nora puso los ojos en blanco y dijo con sorna: —¡Eso suena romántico y es una soberana estupidez!
—Xiu se encogió de hombros con indiferencia mientras se abrazaba las rodillas contra el pecho.
Nora le dio una palmada en el hombro y añadió—: Xiu, no te veas tan decaída.
Con este tiempo, solo las actividades al aire libre son imposibles.
Pero todavía podéis salir al cine, a cenar y esas cosas.
Xiu asintió con la cabeza mientras intentaba mostrarse optimista ante la situación y dijo: —Cierto.
Todavía podemos divertirnos.
No pasa absolutamente nada.
De todos modos, me encantan los días de lluvia.
Está perfectamente bien.
No hay ningún problema.
Ninguno en absoluto.
—Lo repitió en su mente como un mantra y funcionó hasta cierto punto para calmar sus nervios.
Pero en cuanto pasó por delante del espejo del armario, acabó gritando de nuevo.
—¿Y ahora qué?
—Nora se despertó sobresaltada una vez más.
Xiu se miró la cara con expresión de horror y giró la cabeza lentamente.
—¡PUM, un grano!
¡PUM, un grano!
¡PUM, un grano!
—Xiu señaló tres granos muy evidentes en su cara.
Arqueó la espalda, incómoda, y dijo—: No creo que este día pueda empeorar más.
Nora encendió las luces de su habitación y miró su pálido rostro.
—¿Qué día es hoy?
—preguntó Nora mientras arqueaba una ceja hacia Xiu.
Ante el recordatorio de Nora, Xiu cogió el móvil y soltó una maldición: —Con razón me han salido granos de la noche a la mañana.
Felicidades a mí, mi día acaba de empeorar.
Nora apretó los labios mientras Xiu corría hacia el baño.
En ese momento, hasta Nora tuvo que admitir que la suerte de Xiu no estaba de su lado.
Primero, el tiempo la abandonó; después, los granos le arruinaron la cara y ahora, su Tía Flo la visitaba justo a tiempo.
Tsk, tsk.
Solo Nora podía imaginarse lo malhumorada que se iba a poner Xiu.
Y tal como esperaba, cuando Xiu salió del baño, su cara era un poema.
Parecía que una nube de pesadumbre se cernía sobre su cabeza.
Se puso otro pijama y se acurrucó de nuevo en la cama mientras refunfuñaba: —La madre naturaleza es la que más me odia.
—Levantó el dedo corazón hacia el cielo y gritó—: ¡Que te jodan!
Nora tosió para disimular la risa.
Se sentó junto a Xiu y le dijo: —Deberías dejar de maldecir tu suerte.
No es para tanto.
Xiu bufó: —Tengo una nueva rima.
¿Quieres oírla?
—Nora no sabía qué esperar, pero asintió como respuesta—.
Allá va: Llueve rojo, al caer en una ola carmesí del infierno.
Entonces, ¿por qué me siento triste?
Debe ser por el tono del tiempo.
¡Con mis hormonas patas arriba, madre naturaleza, quiero joderte!
Nora se echó a reír al ver la cara de Xiu, lo que ensombreció aún más su humor.
—¡Cállate!
—dijo Xiu con una mirada de advertencia.
—Perdón, ya paro —respondió Nora—.
¿Saco tu reserva secreta de chocolate?
—Sí, por favor —respondió Xiu.
Justo en ese momento, el timbre de la puerta captó la atención de ambas y Nora miró a Xiu con complicidad mientras decía: —Creo que es tu novio.
Xiu se acurrucó hecha un ovillo mientras mascullaba: —¡Dile que estoy muerta!
—y se escondió bajo el edredón.
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