Deseos imperfectos - Capítulo 21
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21: Un encuentro en el supermercado 21: Un encuentro en el supermercado —¡No te atrevas a tocar ese pan!
—el fuerte grito de Nora sobresaltó al grupo de compradores que los rodeaba.
Frunció los labios, pero no se molestó en disculparse mientras le arrebataba el pan de la mano a Xiu, diciendo—: ¿No estás cansada de comer esto?
Llevamos toda la semana a base de pan.
—¿Y de quién es la culpa?
—replicó Xiu con una sonrisa socarrona mientras movía las cejas.
Nora resopló malhumorada.
—Concéntrate en la lista de la compra.
Xiu sonrió ante sus berrinches y se giró para revisar los ingredientes del paquete de condimentos que tenía en la mano.
Al ver que no tenía azúcar, lo metió en el carrito y lo empujó hacia adelante.
—Entonces, ¿vas a ir a la excursión de mañana?
—preguntó Nora mientras metía la pasta en el carrito.
—No quiero —respondió Xiu con indiferencia.
—No pongas excusas esta vez.
¿Quién sabe?
A lo mejor te llevas una sorpresa en el viaje —bromeó Nora con picardía.
Xiu negó con la cabeza ante la broma de Nora y no le prestó atención.
—¡Mamá, quiero ese caramelo!
—La atención de Xiu y Nora se desvió hacia un niño pequeño que tiraba de la manga de su madre, quien se lo llevaba arrastras con severidad.
—Los caramelos no son buenos para los dientes.
Te saldrán caries.
Deja de montar una escena aquí.
Esta escena en particular les recordó a ambas chicas a una persona con la que estaban muy familiarizadas.
Xiu miró a Nora y la encontró apartando la vista con culpabilidad.
¡Claro!
Esa persona era la propia Nora, que tenía este tipo de berrinches cuando se trataba de sus hábitos de compra.
Al ver las lágrimas en los ojos del niño, Xiu sacó un caramelo de su bolso y vio cómo los ojos del pequeño se iluminaban.
Pero Xiu lo desenvolvió con parsimonia antes de metérselo en la boca.
Su expresión de satisfacción hizo que el niño berreara aún más lastimosamente.
La madre del niño fulminó a Xiu con la mirada y dijo en voz alta, para que la gente pudiera oírla: —¡Los jóvenes de hoy en día son unos insolentes!
A Xiu no le importó en absoluto.
Pero a otra persona sí.
Justo cuando Nora estaba a punto de entrar en modo de pelea, Xiu levantó la mano para detenerla.
—No tenemos por qué preocuparnos por esos comentarios.
Nora asintió y dio una patada al suelo antes de marcharse a comprar el marisco.
Justo entonces, Xiu oyó a alguien bufar y se giró para ver a Dylan con el ceño fruncido, lanzándole dagas con la mirada.
—¡Lo sabía!
¡No eres buena persona!
¿Cómo puedes ser tan mezquina?
—bramó, furioso desde el momento en que vio a Xiu burlarse de aquel niño pequeño.
Xiu se cruzó de brazos sobre el pecho de una manera imponente, perdiendo por completo la inocencia infantil que había creado el malentendido entre ellos en su primer encuentro.
—¿Por favor, ilumíname…?
¿En qué estoy siendo mezquina?
Sus palabras eran sencillas, pero su voz autoritaria con un matiz afilado le dio a Dylan una sensación extraña.
Pero aun así quiso mantenerse firme e insistió: —¿No te acabas de burlar de ese niño?
¡Por un caramelo!
¿Se puede ser más descarada?
Xiu golpeó con las manos el manillar del carrito, haciendo que Dylan se estremeciera de sorpresa.
Empezó a empujar el carrito hacia él mientras hablaba—.
El caramelo era mío.
¿Por qué no puedo comérmelo?
Con cada paso de ella, Dylan retrocedía un paso.
—Pero…
tu mezquina acción de provocarlo hizo llorar a ese niño —dijo Dylan con firmeza mientras Xiu ponía los ojos en blanco.
Xiu dio la impresión de que iba a empujar el carrito para golpearlo y Dylan, por instinto, intentó esquivarlo, solo para chocar contra un pilar.
Mientras retrocedía tambaleándose, Xiu le puso la zancadilla y Dylan tropezó, cayendo de culo de forma patética.
—¡Uf!
—gimió de dolor.
Xiu se agachó junto a él mientras se frotaba la frente.
—¡Aiyo!
Por esto creo que deberías andar con bastón.
El Tío se está haciendo mayor e incluso necesita gafas ahora.
¿Quieres que te preste las mías?
Dylan la fulminó con la mirada.
—Solo porque eres una chica estoy siendo un caballero, que si no…
Xiu se levantó con facilidad, sin hacer caso de sus palabras, mientras se daba la vuelta para marcharse y dijo por encima del hombro: —Guárdate tu caballerosidad.
Soy una mujer independiente.
No la necesito de alguien como tú.
Dylan se quedó sin palabras por un momento antes de gritarle a su espalda: —¡Que no te vuelva a encontrar!
—Yo tampoco quiero volver a verte, Tío —respondió Xiu con una sonrisa empalagosamente dulce que a él le dio grima.
Xiu dejó a Dylan en su lamentable estado allí mismo en el suelo y fue a reunirse con Nora en la caja.
Casualmente, la pareja de madre e hijo de antes también estaba justo delante de ellas.
Xiu se giró hacia Nora y le guiñó un ojo mientras empezaba a lamentarse: —¡Ahhh!
Nora, me duele una muela.
Nora ya había captado la indirecta, así que también puso cara de angustia y dijo: —¡Oh, cielos!
Por eso te advertí que dejaras de comer esos caramelos.
Debes de tener caries por todo ese consumo de azúcar.
El niño que estaba delante de ellas las miró abriendo mucho los ojos.
Su madre también miraba a Xiu y a Nora con confusión.
—¿Y ahora qué?
—preguntó Xiu con otro grito de dolor.
—Déjame que te lleve al dentista.
—Nora tomó la mano de Xiu como si estuviera lista para sacarla de allí.
Pero Xiu se resistió como una niña y con los ojos llorosos dijo: —No quiero.
El dentista usará esa aguja grande para pincharme en la boca.
Dolerá mucho.
Además, se me hinchará la cara y todos mis amigos me llamarán fea.
El niño delante de ellas jadeó mientras agarraba con fuerza la mano de su madre.
Su cara parecía horrorizada.
—Mamá, no quiero volver a comer caramelos nunca más.
—Su madre pareció sorprendida mientras miraba a Xiu y a Nora; se sintió un poco culpable por su comentario.
Había juzgado sus intenciones demasiado pronto.
Aunque su forma de transmitir el mensaje era muy peculiar, funcionó muy bien en un niño de cinco años.
Mientras Xiu observaba a la pareja de madre e hijo salir del supermercado, ambas amigas chocaron los puños de forma dramática, como era su costumbre.
—Y como siempre, mi pequeña Xiu’er es la mejor actriz —elogió Nora a Xiu, quien se echó el pelo hacia atrás por encima del hombro, incluso cuando lo llevaba todo recogido en un moño.
—Te lo dije, fui la actriz más increíble en mi vida pasada —respondió Xiu con sinceridad.
—Sí, sí.
Y yo era la soberana de los siete mares.
—Nora obviamente se tomó sus palabras como una broma y le siguió el juego.
Pero Xiu tampoco se echó atrás y respondió: —¡Oh, cielos!
Su Majestad, me ha concedido su amistad…
—Se secó las lágrimas inexistentes y continuó—: Ahora, esta campesina suya puede morir en paz.
—Hacía una reverencia como una dama noble mientras levantaba la vista y se encontraba con la mirada divertida de Nora.
Ambas amigas estallaron en una carcajada feliz sin ninguna consideración por los demás a su alrededor.
Realmente sabían cómo vivir en su propia burbuja.
Quizás por eso ninguna de las dos se dio cuenta de que alguien observaba atentamente sus travesuras.
Con una mirada tierna en sus ojos, Darren no pudo evitar seguir a Xiu desde el momento en que la vio en la caja.
Y ese drama suyo realmente lo tomó por sorpresa.
Tal como había dicho antes, ella realmente sabía cómo cambiar de faceta en un abrir y cerrar de ojos.
Definitivamente estaba entretenido.
—¡Daz, no volvamos a este supermercado nunca más!
—La voz de Dylan rompió la concentración de Darren, quien se giró para ver la cara de pocos amigos de su mejor amigo.
Dylan parecía estar a punto de explotar.
—¿Qué te ha molestado ahora?
—preguntó Darren despreocupadamente mientras se giraba para mirar en dirección a Xiu, pero ya no pudo encontrarla.
Se sintió un poco decepcionado.
—¡Ese pequeño monstruo!
—espetó Dylan entre dientes.
No tuvo ni que explicar nada; Darren ya podía imaginarse de quién estaba hablando.
—¿También te la encontraste aquí?
—Dylan asintió mientras Darren suspiraba—.
Dijiste que no iríamos a esa tienda de conveniencia porque te la encontraste allí.
Luego dejaste de conducir tu Ferrari solo porque te topaste con ella de nuevo por culpa de ese coche.
¿Y ahora tampoco podemos venir a este supermercado?
—Dylan volvió a asentir, pero esta vez, Darren le dio una palmada en la nuca y le dijo—: ¡Espabila ya!
Solo di que no quieres ayudarme a comprar mis cosas de uso diario.
—Lo digo en serio —argumentó Dylan, pero Darren siguió ignorando su comportamiento infantil.
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