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Deseos imperfectos - Capítulo 22

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22: Reina de las Excusas Baratas 22: Reina de las Excusas Baratas Los sábados son sinónimo de sonrisas y bendiciones.

Con el café como compañero y una sonrisa para alegrar el día: así eran los sábados para Xiu.

Pero…

Pero hoy las cosas estaban a punto de cambiar.

Normalmente, Xiu no salía de la cama hasta cerca del mediodía, pero esa semana tenía que levantarse temprano.

Parecía un zombi mientras deambulaba por la cocina para prepararse un café.

Era justo lo que necesitaba para despertarse.

Con una taza de café humeante en la mano, Xiu se dirigía a su habitación cuando casi chocó con Nora.

—¡Argh!

¡Cielos!

¡Qué susto me has dado!

—exclamó Nora, sobresaltada, y le dio un pellizco a Xiu—.

¿Por qué sigues pareciendo una zombi sonámbula?

Ya son las siete.

Xiu bostezó como respuesta de una manera muy poco femenina.

—¿No puedo faltar solo por esta vez?

—preguntó con voz pastosa.

—¿Y eso por qué?

—preguntó Nora, enarcando una ceja.

—Quiero recuperar horas de sueño —se quejó Xiu.

Nora le tiró de la oreja.

—¡Ay!

¡Ay!

¡Suéltame!

¡Me duele!

—gritó Xiu de dolor mientras intentaba apartar la mano de Nora de un manotazo.

—Dime, mi reina de las excusas baratas, ¿qué reino vas a conquistar en sueños esta vez?

—Las palabras de Nora rezumaban sarcasmo.

Le soltó la oreja, pero no dejó de fulminarla con la mirada.

—Está bien.

¡Está bien!

¡Mi Emperatriz Viuda!

Voy a vestirme ya.

—Xiu se frotó la oreja y entró a toda prisa en su habitación, temerosa de que Nora comenzara de nuevo con su tormento.

«¡Bua, bua, bua!

¡Pobrecita de mí!», pensó con cara de llanto.

Xiu había sido insomne en su vida anterior, y ahora que había redescubierto la bendición de dormir, le costaba horrores abandonar la comodidad de la cama.

Era una tarea agotadora.

Se sentía como una persona hambrienta que por fin encuentra comida.

La única diferencia era que su alimento, ahora, era el sueño.

Solo su corazón sabía cuánto lo anhelaba.

Xiu escogió un conjunto deportivo negro que consistía en una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos que le llegaban por debajo de las rodillas.

Era cómodo para una jornada en el campo de golf.

Lo combinó con unas Converse blancas y una chaqueta del mismo color.

Tras recogerse el pelo en una coleta alta, vio la taza de café abandonada sobre la mesita de noche y suspiró.

—Una preciada taza de pura delicia, desperdiciada así como así.

Tsk —chasqueó la lengua con decepción.

Agarró el bolso, las gafas de sol y el móvil, y salió de la habitación.

Se encontró a Nora esperándola con impaciencia en el salón.

—¿Has cogido las gafas de sol?

—preguntó Nora, midiéndola con la mirada.

Xiu balanceó las gafas justo delante de sus ojos—.

Bien.

¿Y el protector solar?

—Xiu puso los ojos en blanco y le enseñó el bote—.

Muy bien.

¿Y qué hay de…?—
—Lo tengo todo, mamá —la vaciló Xiu con cara de fastidio.

Pero a Nora no le importó en absoluto.

En lugar de eso, Nora le dio un abrazo de oso y le dijo: —Cuídate mucho ahí fuera.

Intenta socializar.

Son tus compañeros de trabajo, no animales.

Estoy segura de que no muerden.

—¿Y si muerden?

—preguntó Xiu de forma retórica.

Nora puso cara de pensativa antes de decir: —Entonces les muerdes tú, pero diez veces más fuerte.

—Xiu se esperaba ese tipo de respuesta infantil de Nora, pero aun así le alegró el día.

—De acuerdo.

Lo haré.

Pero tendrás que pagar mi fianza si acabo en comisaría.

Nora se dio unas palmaditas en el pecho en un gesto tranquilizador.

—¡No te preocupes, hija mía!

¡Para eso estoy yo!

—Xiu negó con la cabeza y se dio la vuelta para marcharse, pero la voz de Nora la detuvo de nuevo.

—¿Ahora qué?

Nora le lanzó las llaves de su coche y dijo: —Llévate mi coche.

—La empresa nos pone el transporte.

—Tú llévate el coche y no discutas.

—Dicho esto, Nora le cerró la puerta en las narices.

Xiu arrastró los pies hasta el ascensor y saludó al ascensorista.

«¡Uf!

Hoy no tengo ningunas ganas de trabajar, solo quiero estar tranquila en casa.

¿Por qué no puedo simplemente aparecer de la nada en mi cama?», se quejó mentalmente de camino a la empresa, donde se reunió con sus compañeros.

—Bai Xiu, ¿has traído coche?

—le preguntó el Gerente Li.

En opinión de Xiu, era la pregunta más estúpida que podía hacerle.

Al fin y al cabo, su coche estaba justo ahí, a la vista de todos.

—Sí —respondió Xiu con pesadez, sintiendo cómo un mal presentimiento se apoderaba de ella.

—Genial.

Deja que los becarios te acompañen.

Será una buena oportunidad para que estrechéis lazos.

—Las palabras del Gerente Li hicieron que Xiu apretara los dientes.

«Después de arruinarme la mañana de sábado perfecta, ¿ahora quieres arruinarme mi momento de espacio personal?», pensó con amargura, pero aun así tuvo que mantener la compostura y decir: —Por supuesto.

Pero sus palabras cayeron como un rayo sobre los nuevos becarios.

Todos palidecieron.

—Gerente Li, deje que la señorita Bai vaya sola.

Yo prefiero ir en el autobús.

—dijo uno de los becarios antes de salir corriendo hacia él.

—A mí también me encanta el autobús —le secundó otro, dejando sola a Bo Jiu.

Al Gerente Li empezó a dolerle la cabeza al ver cómo huían los becarios.

Parecía que, en lugar de ofrecerles ir con Bai Xiu, los hubiera entregado a la mismísima Parca.

—¿Usted también quiere ir con sus amigos, señorita Bo?

—preguntó el Gerente Li, frotándose la frente.

—No.

Iré con la señorita Bai.

Ella también debería tener compañía —afirmó Bo Jiu mientras se dirigía al coche de Xiu y se acomodaba dentro.

Xiu se quedó con el ceño fruncido.

Había tratado a Bo Jiu de la peor manera posible, usándola de chica de los recados durante toda la semana, y aun así, ¿elegía ir con ella?

Aquello no le cuadraba.

Pero Xiu no hizo ningún comentario, subió al coche y se despidió del Gerente Li; por ahora.

El viaje era largo y, ante ellas, se extendía un interminable río negro de asfalto.

Tanto Xiu como Bo Jiu empezaban a aburrirse, pero ninguna se molestó en romper el silencio.

Al menos, no hasta que la curiosidad de Xiu pudo más que ella.

—¿No deberías estar evitándome como si tuviera la peste?

A Bo Jiu le sorprendió un poco que Xiu iniciara la conversación.

Pero al poco, consiguió serenarse y negó con la cabeza.

—¿Por qué iba a hacerlo?

—Si no me falla la memoria, te graduaste con honores en Harvard y, aun así, decidiste volver a tu ciudad para empezar como becaria.

Sin embargo, yo te he tratado como a la chica de los recados.

A estas alturas, ya me habrás apuñalado hasta la muerte en tus sueños.

—La afirmación de Xiu no tenía nada de malo, pero a Bo Jiu le sorprendió que fuera tan directa con sus palabras.

—No es que no quiera odiarla.

Créame, quise hacerlo, pero no pude.

—Esta vez, la sorprendida fue Xiu—.

Al principio, tenía muchas ganas de gritarle y echarle en cara que malgastara mi talento de esa manera.

Pero cuando recuperé la racionalidad, no fui capaz de odiarla.

—Ah, ¿sí?

Me pregunto por qué será —dijo Xiu con una sonrisa quebradiza.

—Usted me dio el puesto más bajo de nuestro departamento, pero me costó un día entero de ampollas darme cuenta de que estar en ese puesto me permitiría conocer el funcionamiento del Departamento de Planificación.

Esta semana no solo he aprendido las preferencias de café de mis superiores y compañeros, también he aprendido sus hábitos de trabajo.

Y lo más importante, he aprendido lo crucial que es nuestro Departamento de Planificación para toda la empresa.

—Las palabras de Bo Jiu divirtieron a Xiu.

—Entonces, no me equivoqué contigo.

De verdad tienes pasión por aprender.

Bo Jiu se sobresaltó.

—¿No era un castigo?

—Si te hubieras pasado toda la semana quejándote de lo injustamente que te trataba, ¡entonces sí que habría sido un castigo!

—Xiu se encogió de hombros con indiferencia—.

Pero tú no eres de las que culpan a los demás de su propia caída.

Eres una luchadora que ha aprendido a sobrevivir a esa caída.

Sinceramente, diría que acabas de aprender la lección más importante de tu carrera.

Bo Jiu no encontraba palabras para describir lo que sentía.

Al final, su perseverancia no había sido en vano.

Todo había merecido la pena.

Ahora, creía ciegamente en las palabras de su primo.

Bai Xiu siempre tenía un motivo oculto tras su lengua viperina.

Los ojos de Bo Jiu brillaron de admiración mientras contemplaba a Xiu.

La mujer que tenía delante no se parecía a ninguna otra que hubiera conocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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