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Deslealtad - Capítulo 91

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91: Capítulo 26 91: Capítulo 26 Charli
¿Ha sido un sueño?

Mientras la vigilia y el sueño se entremezclaban y el sol de la mañana se colaba entre las persianas, la pregunta flotó en mi mente.

Estiré los brazos y las piernas sobre el colchón, y las suaves sábanas acariciaron mi piel desnuda mientras el nuevo y maravilloso dolorcillo de satisfacción se instalaba en mi interior.

A pesar de que mi mano solo encontró una cama vacía, sabía la respuesta a mi pregunta: había sido real.

Una sonrisa tiró de las comisuras de mis labios mientras las yemas de mis dedos se deslizaban desde mi nuevo collar hasta mis pechos desnudos, trazando círculos alrededor de mis pezones hipersensibles.

Con un gemido de satisfacción, mis manos bajaron más por mi cuerpo desnudo.

Cuando me había ido a dormir, llevaba pijama.

Ahora, ya no.

Mi sonrisa se ensanchó mientras giraba la cabeza para inhalar el aroma masculino y amaderado de la colonia de Nox que perduraba en la fría almohada a mi lado.

Había oído que el olfato era el más fuerte de nuestros sentidos en lo que respecta a los recuerdos y la excitación.

Con los ojos cerrados, la fragancia única me transportó a la suite presidencial de Del Mar y a la primera vez que olí aquel aroma extraordinario.

Me invadió una sensación de calidez al recordar la chaqueta de Nox cuando la puso sobre mis hombros.

No fue un sueño.

Nox había estado aquí, a mi lado, conmigo y dentro de mí.

A pesar de las múltiples copas de vino que había bebido anoche, me había costado conciliar el sueño, angustiada y confundida por lo de Chelsea.

Seguía sin entender por qué se había disculpado, por qué no quería hablar o por qué no podía localizarla después de su llamada.

Tras dar vueltas en la cama, decidí tomarme la pastilla para dormir que Patrick me había ofrecido.

En cuestión de minutos, los párpados empezaron a pesarme y me sumí en un sueño inquieto, hasta que, en algún momento de la noche, un brazo fuerte me atrajo contra un pecho macizo.

Envuelto en el cálido abrazo de Nox, mi mundo volvió a su eje.

Recuerdo haberme girado entre sus brazos y haberme puesto frente a él, tocando su hermoso rostro.

En la oscuridad, sus facciones estaban ocultas, pero bajo las yemas de mis dedos vi sus pómulos prominentes, sus mejillas sin afeitar y su mandíbula cincelada.

No necesitaba ver el azul claro de sus ojos para convencerme de que Nox era real.

Su presencia no solo llenaba el dormitorio y la cama, sino también mi alma.

Con él a mi lado, me había sumido en un sueño más profundo.

La presencia de Nox no había eliminado mi preocupación por mi mejor amiga, pero su sola presencia había aligerado mi carga, permitiéndome compartir mis inquietudes y dormir profundamente.

Ahora, mientras empezaba a mover las sábanas, recordé que no solo habíamos dormido, sino que, de madrugada, cuando Nox se despertó, habíamos hecho bastante más que eso.

Todavía aturdida, me había despertado con mi alarma favorita: el placentero sondeo de la erección matutina de Nox rozándose lentamente contra la parte baja de mi espalda.

Mientras sus grandes dedos se extendían sobre mi vientre, atrayéndome hacia él y bajando, mi centro se contrajo y algo más que mi consciencia se despertó.

También lo hicieron mis deseos lascivos.

En aquellas primeras horas, me perdí en la sensación que era Nox.

Apenas entreabrí los ojos cuando mi pijama desapareció, y él se estiró y me llenó de la forma más deliciosa.

Mientras se movía, mi espalda se arqueó de placer y sus labios encontraron los míos.

Cada inspiración y espiración —cálida y embriagadora mientras nuestros pechos subían y bajaban piel contra piel— le daba a la otra persona el aire esencial para la vida.

Era como si el oxígeno y el dióxido de carbono solo pudieran encontrarse en el otro.

Sin nuestro intercambio de alientos, yo habría dejado de existir.

Por un tiempo, el mundo más allá de nuestra burbuja quedó olvidado.

Todos mis pensamientos estaban consumidos por el hombre que estaba sobre mí, sujetándome, dominando mi mundo y haciéndome el amor.

Su presencia me satisfacía mientras sus palabras me ofrecían consuelo.

Las declaraciones de su amor y las profesiones sobre mi valía llenaron un vacío que el extraño comportamiento de mi amiga había creado.

Después de que Nox comenzara mi mañana con una serie de detonaciones satisfactorias, me besó para despedirse y se disculpó por irse tan temprano.

Lo último que dijo antes de que volviera a quedarme dormida fue que me vería esta noche en nuestro apartamento.

Al recordar la conversación —o su declaración y mi somnolienta aceptación—, sus palabras de despedida pudieron haber sido más bien un mandato, pero no me importó.

Quería volver a nuestro espacio.

No había estado allí desde que lo abandoné la noche que recibí aquella carta.

Aunque eso solo había sido hacía tres días, con todo lo que había pasado, parecía toda una vida.

Todavía no sabía exactamente qué le había pasado a Jocelyn, pero sabía que confiaba en el hombre que me había sorprendido en mi cama mientras dormía.

También creía que Patrick confiaba en él.

De no ser así, sospechaba que mi primo no habría permitido que Nox entrara en mi habitación.

Por muy dominante que pudiera ser Lennox Demetri, Patrick era medio Fitzgerald.

Sabía por experiencia que esa sangre le daba a Pat más que su buena dosis de terquedad.

No fue hasta que me desperté de nuevo, más de una hora después, que me di cuenta de que habíamos hecho el amor en el apartamento de mi primo.

Mis mejillas enrojecieron al imaginarme encontrando a Patrick en la cocina.

Casi cuarenta minutos después, lo hice; ambos estábamos vestidos y listos para el día.

—Pequeña prima, ¿mejoró tu noche?

—preguntó Patrick cuando entré en la cocina.

Encogí un hombro con despreocupación mientras intentaba, sin éxito, evitar que una sonrisa tonta se apoderara de mi cara.

—Dormí mejor de lo que esperaba.

—Mmm.

—¿Qué?

—pregunté.

—Nada, solo hago una observación.

Dejé de abrir el envase de yogur griego y me miré.

Después de haberme despertado sola, me había duchado y vestido.

A pesar de la aprobación de Nox sobre mi aroma postsexo, me había asegurado de eliminarlo.

Mis bailarinas asomaban por los bajos de mis vaqueros ajustados, elegantemente enrollados por encima de los tobillos, y mi blusa caía por debajo de la cintura.

Llevaba el pelo trenzado a un lado, reposando sobre mi hombro en una trenza de color ámbar, y mi maquillaje era escaso pero fresco.

Frunciendo los labios, volví a mirar a Patrick.

—¿Qué estás observando?

Sus mejillas se alzaron.

—A mi pequeña y hermosa prima…, feliz y, si te soy sincero, bastante saciada también.

Negué con la cabeza mientras retiraba la tapa del yogur.

—¿Llevo un cartel o hicimos demasiado ruido?

Se rio.

—Ninguna de las dos cosas.

Es que me gusta verte feliz.

De verdad feliz.

No estoy seguro de haberte visto brillar así nunca.

—Lo estoy —admití, encogiéndome de hombros y llevándome la cuchara a los labios—, no puedo explicarlo.

No es que me haya olvidado de Chelsea.

No lo he hecho.

No tengo ni idea de qué está pasando con ella.

Espero averiguarlo, pero, mientras tanto, hay algo en Nox que nunca antes había experimentado.

Me hace sentir… —Mi desayuno empezó a volverse borroso por las lágrimas que asomaban—.

…especial.

Patrick se bajó del taburete y rodeó la encimera, pasando su brazo por mi hombro.

Su colonia inundó mis sentidos, haciéndome sonreír.

—No llores.

Te mereces esto.

No importa cómo haya sucedido.

No pienses en ello.

Yo siento lo mismo por Cy.

Somos los afortunados.

Una punzada de culpa se apoderó de mí: no había estado pensando en Infidelidad.

En lugar de corregir sus suposiciones, dije: —¡Joder, Pat, qué bien hueles!

Me sorprende que Cy no guarde esa colonia bajo llave.

¡O sea, es divina!

Los ojos marrones de Patrick brillaron.

—Vuelve a casa esta noche.

Después del despertar que he oído esta mañana, no lamento que vayamos a tener el piso para nosotros solos.

—¿Me estás echando?

—¡Nunca!

Supuse que el señor Guaperas te querría en casa.

Era verdad, así era.

Pero me sentía refrescantemente juguetona.

—¿Entonces dices que te corto el rollo?

Pat dio un paso atrás y se pasó la mano por el pecho.

—¿Acaso parezco alguien a quien se le pueda cortar el rollo?

Me reí.

—No, en absoluto.

Pero tienes razón.

Vuelvo a nuestro piso esta noche.

Gracias por dejar que me quedara.

—Sabes que siempre eres bienvenida.

—¿Siempre?

¿Incluso cuando quieres tiempo a solas?

—arqueé las cejas.

Me besó en la frente.

—Siempre.

Después de desayunar, empaqué mis pocas cosas, llamé a Clayton y bajé mi maleta, mi mochila y mi bolso al vestíbulo.

Apenas salí por las puertas de cristal, mi chófer se detuvo junto a la acera.

—Después de que me deje en clase, ¿puede llevar mis cosas al apartamento del señor Demetri, por favor?

—Sí, señorita.

Esa fue toda nuestra conversación mientras zigzagueábamos por el tráfico matutino, yendo del Upper East al Upper West Side.

*****
Cuando la llave giró en la cerradura de la puerta de nuestro apartamento, mi pecho se oprimió con una malsana sensación de aprensión.

Habían pasado tres días desde que me había marchado de aquí.

Tres días desde que había leído la carta.

¿Sabía ahora algo más que aquella noche?

Sabía que Nox había insinuado que sentía cierta responsabilidad por la muerte de Jocelyn, pero nunca había dicho que la hubiera herido.

Mi corazón se negaba a permitir que esa posibilidad persistiera en mis pensamientos.

Respiré hondo.

Mi complicado hombre no estaba listo para contarme más y, por muy curiosa que estuviera, respetaba su privacidad como él había respetado la mía.

El aroma del paraíso en el horno me recibió al abrir la puerta.

Sin dudarlo, dejé la mochila junto a la entrada, eché los cerrojos, introduje mi código en el teclado numérico y me dirigí a la cocina.

La mesa junto a los grandes ventanales estaba puesta para dos, con velas apagadas incluidas.

La forma en que la cera goteaba por los altos candelabros hizo que se me revolviera el estómago y se me contrajeran los músculos inferiores; después de nuestra noche en Del Mar, nunca volvería a ver la cera de las velas de la misma manera.

Las copas de vino esperaban su contenido mientras los platos aguardaban nuestra comida.

Una botella de aceite reposaba cerca de las velas y junto a una cesta de pan, de corteza crujiente y miga decadentemente blanda.

Sobre la encimera encontré una nota de Lana y sonreí al leer lo que había escrito:
Señorita Collins/Señor Demetri,
Confío en que esta no será otra comida que acabe tirando a la basura.

Espero que la disfruten.

Es el menú que solicitaron.

Que aproveche,
Lana
Yo no lo había solicitado.

Eso significaba que Nox sí.

El rugido de mi estómago me dijo que no tenía ninguna intención de dejar que esta comida se uniera a las otras que, al parecer, habían sido desechadas.

Abrí con cuidado la puerta del horno.

El aire caliente me golpeó la cara, calentando la cadena de mi nuevo collar mientras una breve sensación de ardor me rodeaba el cuello.

Alargando la mano hacia la jaula de platino que sujetaba la perla, inhalé el suculento aroma.

Los quesos burbujeaban con salsa roja en la fuente de lasaña.

Tenía la clara sensación de que Lana no usaría albóndigas congeladas si tuviera que hacer espaguetis.

Revisé el móvil para ver si había recibido un mensaje de Nox.

En el poco tiempo que llevábamos viviendo juntos, se le daba bastante bien avisarme si iba a llegar tarde.

Solo había un mensaje.

Era del teléfono de Jane, pero supe antes de leerlo que no era de ella.

Madre: «LAMENTO QUE NO QUIERAS VOLVER A CASA NI HABLAR.

ESTO NO TIENE QUE VER CON LO QUE PASÓ O CON TU NEGATIVA A VOLVER.

HAY TANTAS COSAS QUE DEBERÍA HABERTE CONTADO.

EL TIEMPO SE ESTABA ACABANDO.

PERO DESDE ENTONCES HE DESCUBIERTO MÁS COSAS.

TENGO QUE CONTÁRTELO.

SÉ QUE SI LO HAGO, SABRÁS QUÉ HACER.

ALEXANDRIA, ERES TAN INTELIGENTE.

TAN INDEPENDIENTE.

TAN PARECIDA A TU PADRE.

POR FAVOR, ACEPTA VERME.

ME REUNIRÉ CONTIGO EN NUEVA YORK.

ALTON SE VA LA SEMANA QUE VIENE.

LLAMA A ESTE TELÉFONO Y HABLA CON JANE.

DILE CUÁL SERÍA EL MEJOR MOMENTO.

NO INTENTO INTERRUMPIR TUS ESTUDIOS, PERO ESTA NUEVA INFORMACIÓN ES VITAL PARA NUESTRO FUTURO.

POR FAVOR, POR FAVOR, RESPONDE.

CON AMOR, TU MAMÁ»
Me quedé mirando la pantalla y deseé que todo desapareciera.

Deseé que nunca hubiera sucedido, que ella nunca se hubiera casado con Alton, que mi padre nunca hubiera muerto.

Deseé una vida de felicidad y seguridad.

Poco a poco, la habitación a mi alrededor volvió a enfocarse, así como la mesa puesta y la hora incierta de la llegada de mi novio.

De repente, incluso esa incertidumbre me hizo sonreír.

En Savannah, la cena era siempre a las siete.

Había pocas excepciones a esa regla.

El señor Lennox Demetri y su afinidad por las reglas no incluían cosas mundanas como la hora de la cena, y como la mayoría de las otras cosas de Nox, eso me gustaba.

Había encontrado lo que siempre había buscado: una vida real, feliz y segura con la dosis justa de espontaneidad.

Mientras sopesaba la respuesta que le daría a mi madre, puse el horno en modo de mantener caliente, volví a mi despacho con la mochila y, con aprensión, alcancé el interruptor de la luz.

Había hablado tanto con Deloris como con Clayton y me habían asegurado que el apartamento era seguro, pero cada habitación me producía una ligera inquietud.

Al encender la luz, solté un suspiro al ver el orden de mi escritorio.

La nota que había iniciado esta cadena de acontecimientos había desaparecido.

Todo estaba como antes.

Recordando la sorpresa que le tenía preparada a Nox aquella fatídica noche, me dirigí a nuestro dormitorio.

La cama estaba hecha, con las almohadas cubriendo el cabecero.

Pero mi atención se centró en el centro de la cama, el lugar donde había dejado mi vibrador.

Había desaparecido.

Se me formaron nudos en el estómago vacío al imaginar que Bryce o incluso Jerrod lo veían.

Quizá había sido Deloris.

Me flaquearon las rodillas mientras me dejaba caer en el borde del enorme colchón tamaño king y me esforzaba por combatir mi vergüenza.

No era como si no supieran lo que Nox y yo hacíamos, que teníamos sexo, pero eso no significaba que quisiera que vieran la prueba de ello.

Y entonces recordé a Jane encontrando mi vibrador en Savannah.

Me recosté en la cama y saqué el móvil.

En lugar de enviar un mensaje, pulsé el botón de llamada y miré el reloj.

Eran casi las siete.

Esperaba que Alton y Madre estuvieran cenando o tomando cócteles antes de la cena.

En cualquier caso, pensé que podría ser un buen momento para que Jane hablara.

Contestó al segundo tono.

—¡Niña, has llamado!

Todo mi cuerpo se calentó al oír el sonido robusto de su voz a través del teléfono.

—Sí, Jane, lo he hecho.

Quería hablar.

—Bueno, ya sabes qué hora es.

Sabes que tu mamá se está preparando para la cena.

Asentí, aunque no pudiera verme.

—Sí, sé que las cosas nunca cambian en Savannah.

Quería hablar contigo.

—¿Conmigo?

—preguntó ella.

—Sí.

Como las cosas nunca cambian en Savannah ni con mi mamá, pensé que quizá si hablaba contigo…

El tono de Jane se ralentizó, como hacía cuando quería que la escuchara.

—Las cosas sí cambian.

Algunas…

bueno, es un poco lento.

Pero sucede.

No seas tan dura con tu mamá.

Ha hecho lo que ha podido.

—Un matiz de emoción apareció en su voz—.

Y, bueno, algunos de los cambios son buenos.

Levanté la cabeza, apoyándome en los codos.

—Cuéntame.

—No me corresponde a mí contarlo.

Pero tu mamá, ella quiere hablar contigo.

—¿Qué?

Has dicho que son buenos.

Así que no está enferma, ¿verdad?

—Recordé que Bryce me dijo que no se encontraba bien hacía un mes en California.

—No, nada de eso —dijo Jane—.

Cambios.

Este viejo lugar no ha visto cambios en, bueno, en mucho tiempo.

Negué con la cabeza.

—Dile… —respiré hondo—, …dile que puedo hablar con ella.

—Niña, lo haré.

Probablemente te devuelva la llamada desde mi teléfono.

—De acuerdo.

Estaré esperando.

Pero…

—¿Qué pasa?

—Me quedo aquí.

Estoy trabajando duro y quiero cumplir mi sueño.

—Alex, cariño, eso es todo lo que cualquiera quiere, su sueño.

Todo el mundo los tiene.

Tu mamá también lo quería.

Me mordí el labio inferior.

—¿Lo consiguió alguna vez?

—No es demasiado tarde; nunca es demasiado tarde, no hasta que el buen Dios nos llame a su lado.

Le diré que has llamado.

Su respuesta me dio un poco de esperanza y, al mismo tiempo, llenó mi mente de nuevas preguntas.

¿Por qué nunca había pensado que mi madre tuviera sus propios sueños?

¿O podían sus sueños haber sido para mí?

¿Qué había sacrificado por esos sueños?

¿Tenía razón Jane?

¿Aún había tiempo?

—Gracias, Jane.

—¿Te acuerdas?

—preguntó ella.

Mis mejillas se alzaron, igual que lo habían hecho desde que tenía uso de razón.

—Sí, me acuerdo.

—Eres más bonita por dentro, eso es lo que eres.

Y por fuera, eres preciosa.

—Te quiero.

—Sabes que te quiero —respondió Jane, antes de que la línea se cortara.

Mis pulmones se llenaron de aire justo antes de que me desplomara de nuevo en la cama con una exhalación.

La búsqueda de mi vibrador perdido quedó en el olvido mientras mi breve conversación con Jane se repetía en mi mente.

Sin que yo me diera cuenta, las lágrimas se escaparon de las comisuras de mis ojos, emociones que nunca había tenido la intención de derramar.

Odiaba Savannah, pero había partes, como Jane e incluso mi madre, que seguían llamándome, atrayéndome de vuelta.

Eran pedazos de quien yo había sido, o quizá eran parte de quien era hoy.

¿Alexandria?

¿Alex?

¿O Charli…?

Quizá hacían falta las tres —la niña asustada, la joven independiente y la mujer dispuesta a confiar y amar— para completarme.

Si eso era cierto, entonces no podía dejar ninguna parte atrás.

Necesitaba enfrentarme al pasado y al presente y reconocer que no lo había hecho sola.

Había tenido ayuda todo el tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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