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Destino equivocado - Capítulo 35

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  3. Capítulo 35 - 35 capitulo 35Sangre que no perdona
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35: capitulo 35:Sangre que no perdona 35: capitulo 35:Sangre que no perdona Habían pasado algunas semanas.

Aisha y Adriel notaron la alianza.

Julieta.

Violeta.

Hades.

Demasiada cercanía.

Demasiado silencio compartido.

Pero no intervinieron.

No era su guerra.

Al menos, eso creían.

Aun así, vigilaban a Julieta.

Mientras tanto, el verdadero problema era otro.

Las pesadillas de Josué habían desaparecido.

Las visiones se habían detenido.

Y eso era peor.

—No es normal que todo se haya calmado de golpe —murmuró Aisha.

—Significa que algo ya empezó —respondió Adriel.

El grupo completo estaba reunido en la biblioteca prohibida.

Leo, Elizabeth, Isaac, Estela… y Josué.

Si querían entender qué estaba ocurriendo en el mundo humano, necesitaban abrir un portal.

Uno estable.

Uno real.

Uno que no repitiera el desastre de sus abuelos.

Estela llevaba días investigando libros antiguos cuando de pronto gritó: —¡Tengo uno!

¡Vengan rápido!

Aisha corrió.

Adriel detrás de ella.

Isaac y Elizabeth casi chocaron con una mesa.

Estela tenía un libro abierto, páginas ennegrecidas, símbolos ardiendo levemente —Encontré una fórmula mágica… pero la hackeé con magia moderna.

Podría funcionar.

—¿El problema?

—preguntó Adriel.

Estela tragó saliva.

—Es peligrosa.

Muy peligrosa.

Adriel sonrió apenas.

—A estas alturas, nada es imposible.

Estela negó lentamente.

—Necesita sangre.

Aisha suspiró.

—¿Sangre?

Eso es fácil.

—No cualquier sangre.

El silencio cayó como una piedra.

—Sangre de dos linajes —dijo Estela con voz baja—.

Extremadamente poderosos.

No importa que ahora no tengan el mismo nivel… pero en el pasado deben haber sido legendarios.

Sangre real.

Histórica.

Que haya marcado una era.

Elizabeth fue la primera en entender.

—Aquí tenemos a los Ravenwood.

Leo asintió.

—Pero la otra… Isaac habló, casi sin pensarlo: —Los Noctariel.

El aire se congeló.

Estela abrió los ojos.

—Isaac… ¿estás consciente de lo que acabas de decir?

Elizabeth intervino: —Violeta es enemiga directa de los Ravenwood.

—Sí —respondió Isaac—.

Pero su familia antiguamente fue una de las más poderosas.

Nobleza mágica.

Sangre pura.

Si la fórmula exige equivalencia histórica… ella es la única opción.

Aisha cruzó los brazos.

—El plan suena perfecto.

Ahora explíquenme cómo le pedimos a Violeta que nos dé su sangre.

Silencio incómodo.

—Hola, tenemos un humano con visiones y un villano que quiere gobernar ambos mundos.

¿Nos regalas sangre de tu dedo y un fragmento del corazón?

—ironizó Aisha.

Leo negó con la cabeza.

—Nos mataría antes de terminar la frase.

Josué, que había estado callado, habló por primera vez: —¿Y si no se lo pedimos?

Todos lo miraron.

Adriel frunció el ceño.

—Explícate.

Josué respiró hondo.

—Si la sangre debe ser entregada voluntariamente… no funcionará si la engañamos.

Pero si el ritual exige que ambas sangres se mezclen en el mismo círculo… tal vez no necesita que ella sepa para qué es.

Estela pasó las páginas rápido.

—Aquí dice… “La sangre debe caer bajo luna testigo.

No importa la intención, sino la unión”.

Aisha levantó la mirada lentamente.

—¿Unión forzada?

Adriel negó.

—No.

Eso repetiría la maldición.

Y entonces lo entendieron.

No era solo sangre.

Era reconciliación.

Era romper lo que los abuelos habían sellado con odio.

Si abrían el portal sin resolver el conflicto… podrían despertar algo peor.

Algo que ni Sonia ni Ada imaginaron.

El libro comenzó a vibrar.

Las letras se movieron.

Una frase apareció sola: “Cuando las sangres enemigas se unan sin rencor… el puente será estable.” Estela susurró: —No es solo un ritual… es una prueba.

Aisha miró a Adriel.

—Entonces no necesitamos robar sangre.

Necesitaban convencer a Violeta.

Y eso… Era mucho más difícil que cualquier hechizo El silencio en la biblioteca era denso.

Leo fue el primero en romperlo.

—Claro… suena facilísimo —dijo con sarcasmo—.

¿Olvidan que su abuela murió cerrando un portal?

¿Y que la tuya, Aisha, casi la mata y terminó quedándose con todo?

El aire se volvió más frío.

Aisha apretó la mandíbula.

—No estoy diciendo que vaya a darnos su sangre con una sonrisa.

—No —continuó Leo—.

Estoy diciendo que jamás lo hará.

Es más… dudo que siquiera nos escuche.

Josué levantó las manos, nervioso.

—Perdón, pero… ¿podemos parar un segundo?

Yo soy humano.

No entiendo la mitad de esto.

Portales, linajes, abuelas que casi se matan… Por mí, mejor lo dejamos así.

Adriel lo miró fijo.

—Precisamente porque eres humano tienes que ir.

—¿Ir a dónde?

—preguntó Josué.

—Al mundo humano —respondió Adriel—.

Necesitamos saber qué está pasando allá.

Si Erevan ya dominó algo.

Si está moviendo piezas.

Tus pesadillas no desaparecieron por casualidad.

Isaac asintió.

—Exacto.

Algo cambió.

Y no fue para bien.

Estela cerró el libro lentamente.

—El problema es el tiempo.

El año casi termina.

Pronto todos volveremos a nuestras casas.

Si no hacemos el ritual ahora… tendremos que hacerlo separados.

Elizabeth habló en voz baja.

—Eso nos debilita.

Aisha respiró hondo.

—¿Y si trabajamos desde nuestras familias?

Tal vez encontremos otra opción.

Isaac negó.

—No hay otra familia de linaje puro equivalente a los Ravenwood y los Noctariel.

Otra vez ese apellido.

Noctariel.

El apellido que había sido nobleza.

El apellido que había sido poder absoluto.

El apellido que cayó… pero no desapareció.

Estela levantó la mirada.

—Y lo que más me preocupa… es que Violeta no ha hecho nada.

—Exacto —murmuró Asriel—.

Eso es lo raro.

—Ella nunca se queda quieta —añadió Elizabeth—.

Si sabe algo, ya está planeando algo.

Aisha sintió un escalofrío.

—¿Y si también quiere abrir el portal?

Todos la miraron.

Leo frunció el ceño.

—¿Para qué?

—Para terminar lo que empezaron nuestras abuelas.

El libro sobre la mesa vibró apenas.

Una sombra cruzó la página.

Y por primera vez, Josué habló con una voz distinta.

—¿Y si el portal no es el problema?

Silencio.

—¿A qué te refieres?

—preguntó Isaac.

Josué tragó saliva.

—¿Y si alguien ya abrió uno pequeño… y nosotros estamos intentando abrir el grande demasiado tarde?

La biblioteca crujió.

Una vela se apagó sola.

Estela abrió el libro otra vez y susurró: —El ritual no solo abre portales… —¿Entonces qué hace?

—preguntó Aisha.

—Revela la verdad sobre la sangre.

El grupo se quedó inmóvil.

Adriel habló por fin.

—Entonces no es solo un viaje al mundo humano.

Estela negó lentamente.

—Es una revelación.

Y si la verdad sale a la luz… Puede destruir a más de uno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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