Destino equivocado - Capítulo 36
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36: capitulo 36:A casa 36: capitulo 36:A casa Quizás pasaron los últimos meses en la escuela intentando convencerla.
Intentando buscar la forma correcta.
La palabra exacta.
El momento preciso.
Pero todos los planes fracasaron.
Nunca pudieron decirle realmente a Violeta que uniera su sangre con la de Aisha y Adriel para abrir el portal y devolver a Josué al mundo humano.
Nunca se atrevieron.
Nunca arriesgaron lo suficiente.
Y ahora ya era tarde.
El último día había llegado.
El verano comenzaba, y con él, la separación.
Como cada año, los estudiantes no regresaban a casa caminando ni en carruajes comunes.
Cada familia enviaba su burbuja mágica, acorde a su rango, su linaje y su estatus.
El cielo del campus comenzó a llenarse de esferas flotantes, brillando bajo la luz del atardecer.
Leo se iría con Elizabeth en una burbuja amarilla, decorada con oro tanto por dentro como por fuera.
Era un rango respetable.
No todos podían permitirse ese lujo.
El amarillo representaba lealtad, una virtud muy valorada en la hechicería tradicional.
Estela partiría en una burbuja celeste, revestida en plata en su interior.
El celeste simbolizaba inteligencia, lo más común entre las familias de magos estudiosos y estrategas.
Isaac también viajaría en una burbuja celeste, destacándose por la misma cualidad: mente brillante, cálculo perfecto.
Pero la burbuja de Adriel y Aisha era distinta.
Reservada.
Exclusiva.
Color morado profundo, el tono reservado únicamente para las familias de dinastía eternamente poderosa.
Por dentro, llevaba oro y plata entrelazados, algo extremadamente difícil de conseguir en armonía mágica.
Oro representaba dominio.
Plata representaba sabiduría.
Juntas, solo pertenecían a linajes que no solo gobernaban… sino que perduraban.
Aisha observó su burbuja descender lentamente.
Y entonces recordó el problema que no tenía solución.
Josué.
No podía llevarlo a su casa.
Evidentemente no.
Un humano en el palacio de una de las familias más poderosas del mundo mágico no era un simple secreto… era un escándalo político.
Se volvió hacia Adriel, nerviosa.
—¿Qué vamos a hacer con Josué?
—susurró—.
¿Cómo les vamos a decir a nuestros padres que tenemos a un humano escondido?
Y peor aún… la nieta de la mujer que se enfrentó a mi madre está aquí y casi destruye el planeta.
No sé qué hacer.
Adriel guardó silencio unos segundos.
—Podríamos hacerlo invisible —propuso Aisha apresuradamente—.
Lo ocultamos hasta llegar al castillo… y allá le construimos una pequeña casa dentro del jardín interno.
Nadie entra ahí sin nuestro permiso.
Adriel suspiró.
—Es el mejor plan que tenemos.
Porque el mío… no existe.
Aisha asintió.
—Entonces será invisibilidad obligatoria.
No hay otra opción.
Corrieron hacia el lugar donde Josué estaba escondido.
Aisha llegó primero.
—Josué —dijo con suavidad—.
Es hora de que nos vayamos.
Él levantó la mirada.
—Como nunca lograron crear el portal… supongo que ya no voy a regresar a mi mundo, ¿verdad?
Adriel negó inmediatamente.
—Claro que sí.
Te vamos a regresar.
Vamos a crear el portal, pero en nuestras casas.
Aquí ya no era seguro intentarlo.
Josué frunció el ceño.
—¿En sus casas?
Aisha dudó un segundo.
—Vivimos en palacio.
Josué parpadeó.
—¿Tienen… palacio?
—Sí —respondió Adriel con naturalidad—.
Nuestra familia es una de las más ricas y poderosas del mundo mágico.
Vivimos como la realeza.
Bueno… casi como la realeza.
Aisha intentó restarle importancia.
—No es nada del otro mundo.
Josué los miró como si acabaran de decir la cosa más absurda del universo.
—Claro.
Nada del otro mundo.
Aisha respiró hondo.
—Escucha.
Tenemos que hacerte invisible.
No podemos arriesgarnos a que alguien te vea.
Cuando lleguemos, te construiremos una pequeña casa dentro del palacio.
Será temporal.
Josué los observó unos segundos.
Tenía miedo.
Pero confiaba en ellos.
—Está bien —dijo finalmente—.
Háganlo.
Aisha levantó la mano.
El aire vibró.
Un hilo de magia plateada envolvió a Josué lentamente, desvaneciéndolo hasta que solo quedó el sonido de su respiración.
Invisible.
Adriel miró el cielo.
Las burbujas comenzaban a elevarse.
El verano había comenzado.
Y con él, los secretos que podrían cambiarlo todo.
Aisha alzó la mano una vez más, concentrándose.
La silueta de Josué ya se desvanecía frente a ellos.
—Escucha con atención —dijo mientras el hechizo terminaba de sellarse—.
Mientras seas invisible, solo nosotros podremos oírte.
Si hablas, nadie más te escuchará.
Para el resto del mundo… no existes.
Hubo un breve silencio.
Y luego, la voz de Josué flotó en el aire.
—Está bien.
Adriel asintió.
—Entonces vámonos.
Y camina con cuidado.
Aunque seas invisible, aún puedes rozar a alguien… y eso levantaría sospechas.
Los tres avanzaron hacia el jardín central, donde los maestros y el director esperaban para activar las burbujas familiares.
El cielo estaba lleno de magia suspendida.
Esferas brillantes descendían lentamente, alineándose según apellido y rango.
Estela se acercó apresuradamente a ellos.
Tenía los ojos ligeramente húmedos.
—Ay, chicos… los voy a extrañar mucho —dijo con una sonrisa triste—.
Recuerden, si tienen algún problema… pueden enviarme una carta a través de mis sueños.
Ya saben que puedo recibirlas.
Aisha la abrazó con fuerza.
Adriel también.
—Nos vemos, Estela —dijo él con sinceridad—.
Estoy seguro de que te vamos a necesitar.
Estela sonrió, intentando mostrarse fuerte, y caminó hacia su burbuja celeste revestida en plata.
Cuando subió, la esfera comenzó a elevarse suavemente hasta perderse entre las nubes.
Aisha observó el cielo y luego miró a Adriel.
—¿Dónde está Leo?
¿Ya te despediste de Elizabeth?
Adriel negó con la cabeza.
—No.
Le prometí que la vería antes de irme.
Pero su burbuja aún no desciende.
Como si el destino los escuchara, dos figuras aparecieron caminando hacia ellos.
Leo y Elizabeth.
Se acercaron con una mezcla extraña de alivio y agotamiento.
Leo habló primero.
—Ha sido un año increíble… y aterrador.
Y espero que nunca me vuelva a pasar algo así en la vida.
Aisha soltó una pequeña risa.
Leo añadió con sarcasmo: —Si tienen problemas este verano, no cuenten conmigo.
Ya me dejaron bastante traumatizado.
Adriel rio.
—Está bien.
Aunque te llamemos igual.
Se abrazaron.
Elizabeth se acercó a Adriel y lo abrazó con más calma, más lento.
Había algo no dicho en ese gesto.
Aisha también la abrazó.
—Cuídate —susurró.
—Ustedes también.
Finalmente, ambos subieron a su burbuja amarilla con oro brillante.
La esfera ascendió con elegancia, reflejando la luz del sol como si fuera fuego líquido.
El jardín comenzaba a vaciarse.
Aisha y Adriel sabían que ahora era su turno.
Empezaron a caminar hacia su burbuja morada, imponente, con oro y plata entrelazados en su interior.
Entonces una voz los detuvo.
—Ravenwoods.
Ambos se giraron lentamente.
Violeta.
A su lado estaban Julieta y Hades.
Adriel frunció el ceño.
Aisha sostuvo la mirada sin miedo.
—Dime, Violeta.
Violeta sonrió, pero no era una sonrisa amable.
—Espero que te vaya muy mal este verano.
Que los espíritus te coman viva.
El aire se tensó.
—Esa es mi esperanza —continuó—.
Ya verás cómo mi venganza se cumple poco a poco.
Cuida muy bien a tu familia… algo malo podría pasar.
Adriel dio un paso al frente.
—¿Qué estás insinuando?
Dilo de una vez.
Julieta intervino con tono burlón.
—Ay, Adriel… siempre tan impaciente.
Es más divertido cuando esperas que cuando te lo dicen todo.
Hades permanecía en silencio, observando.
Las burbujas de ellos descendieron detrás: La de Julieta, rosa brillante, símbolo de talento mágico… y carácter problemático.
La de Hades, negra absoluta, señal de temor y poder oscuro.
Y la de Violeta, gris con plata, fría y elegante, representando un apellido que alguna vez fue grande… y ahora estaba marcado por el olvido.
Violeta sostuvo la mirada de Aisha unos segundos más.
—Nos vemos.
Subieron a sus burbujas.
Y desaparecieron en el cielo.
El silencio que quedó fue más inquietante que la amenaza.
Aisha y Adriel intercambiaron una mirada.
No dijeron nada.
Pero entendieron lo mismo.
El verano no sería tranquilo.
Subieron a su burbuja morada junto a Josué, invisible entre ellos.
Se despidieron de los maestros.
Las puertas de la esfera se cerraron con un sonido suave.
Y cuando el suelo quedó atrás y comenzaron a flotar hacia el horizonte… Aisha sintió algo extraño.
Como si este verano no fuera el inicio del descanso.
Sino el inicio de la guerra.
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