Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 27
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Capítulo 27: ¡Son demasiado molestos!
El piso doce los recibió con un cambio inmediato.
Las paredes rocosas eran de un azul oscuro profundo, húmedas al tacto, con vetas brillantes que reflejaban la luz como si estuvieran siempre mojadas. Pequeñas corrientes de agua recorrían las esquinas del pasillo, deslizándose entre grietas naturales y reuniéndose en charcos poco profundos.
—Confirmado —dijo Áugust mientras avanzaban—. Ya empezó.
El pasillo se abría más adelante hacia una zona amplia. Un ambiente rocoso abierto, con columnas naturales y una corriente de agua clara que recorría el costado derecho como un arroyo constante.
Áugust levantó el puño.
—Un poco más a la izquierda.
El grupo giró apenas cuando el sensor de amenazas reaccionó.
—Contacto —avisó Yui.
Desde el agua comenzaron a formarse siluetas gelatinosas. Slimes. Sus cuerpos traslúcidos reflejaban el entorno, haciendo difícil distinguirlos hasta que se movían.
—Formación básica —ordenó Arnold.
Arnold avanzó al frente y apoyó el escudo contra el suelo. Aura comenzó a expandirse desde el centro, envolviendo el borde del escudo y haciéndolo crecer ligeramente, como una extensión sólida de energía.
—Vienen en grupo —dijo Sofía.
—Perfecto —respondió Arnold—. Mejor así.
Los primeros slimes embistieron.
El impacto fue pesado, como recibir sacos de agua lanzados a toda velocidad. El escudo resistió sin problemas, pero la baba se desparramó hacia los costados.
— ¡Qué asco! —se quejó Sofía, dando un paso atrás mientras uno casi le rozaba la bota.
—No los dejen rodear —dijo Áugust, avanzando con espada firme.
Yui levantó la mano y comenzó a formar esferas de aura elemental. Pequeñas, compactas, flotando a su alrededor.
—Voy a mantenerlos a distancia.
Las esferas salieron disparadas una tras otra, explotando en ráfagas de viento controladas. No destruían a los slimes de inmediato, pero los empujaban, rompiendo su formación y obligándolos a reagruparse.
—Buen control —comentó Valerian desde atrás.
La maga alzó el bastón y entonó un hechizo breve. Un brillo tenue envolvió al grupo.
—Refuerzo de movilidad —anunció.
Misa hizo lo mismo, colocando una mano sobre el suelo.
—Resistencia leve. No se confíen.
Arnold aprovechó la apertura.
Desde el centro de su escudo, concentró aura y lanzó una bola de fuego directo contra el grupo más denso de slimes. El impacto fue inmediato: vapor, explosión… y baba caliente salpicando en todas direcciones.
— ¡ARGH! —Gritó Sofía cuando algo viscoso le cayó en el hombro—. ¡Eso estaba tibio!
— ¡Seguimos! —ordenó Áugust, ya cortando a otro slime que se deshacía como gelatina mal armada.
Los slimes restantes intentaron rodearlos desde la corriente de agua. En ese momento, el suelo vibró.
—Sapuls —dijo Yui.
Tres figuras grandes emergieron desde una zona húmeda, sus cuerpos anfibios brillando bajo la luz. Inflaron el pecho.
— ¡Dispersión! —gritó Áugust.
Bombas de agua salieron disparadas. Arnold giró el escudo, bloqueando una, pero otra explotó cerca de Sofía, empapándola de pies a cabeza.
— ¡Esto ya es personal! —rugió ella.
Saltó hacia adelante y atacó con fuerza directa. No usó técnicas, solo golpes precisos. Los sapuls retrocedieron croando.
Uno intentó usar la lengua como látigo, pero una esfera de viento de Yui la desvió en el aire.
—Predecible—murmuró.
Yui concentro una gran esfera de aura y disparó a quema ropa. Calculado. El sapul fue alcanzado de lleno y cayó con un sonido húmedo… explotando en una nube de baba verde azulada.
Silencio.
Luego, una gota cayó del techo.
Plop.
Sofía se miró.
Estaba cubierta.
Arnold también.
Áugust tenía baba en el cabello.
Yui parpadeó cuando algo viscoso le resbaló por la mejilla.
—… —miró al grupo—. ¿Estoy en lo correcto si digo que esto cuenta como una derrota?
Misa estalló en risa.
— ¡Mírenlos! Parecen estatuas mal hechas.
Valerian se limpió el rostro con la manga.
—Al menos los slimes ya no están.
Arnold observó su escudo, completamente cubierto.
—Definitivamente… —suspiró—. Necesito un baño.
Sofía levantó una mano llena de baba.
—Definitivamente esto no es una victoria.
Yui rió, genuinamente.
El combate había terminado.
No fue difícil.
Pero definitivamente fue… pegajoso.
El grupo avanzó sin apuro, repitiendo la formación, ajustando posiciones y resolviendo encuentros menores sin mayores sobresaltos.
Cuando el último slime cayó, deshaciéndose en un charco viscoso que ya no representaba peligro alguno, Misa dio un paso al frente.
—Déjenmelo a mí.
Extendió ambas manos y el agua acumulada comenzó a elevarse, formando corrientes limpias que recorrieron armaduras, ropa y piel. La baba desapareció como si nunca hubiera estado ahí.
—Eso… fue maravilloso —dijo Sofía, moviendo los hombros con alivio.
Yui levantó una mano y dejó que una brisa suave recorriera al grupo, secando lo que quedaba de humedad.
—Listo —dijo—. Como nuevos.
Antes de avanzar, Áugust levantó la voz.
—Pausa breve. ¿Alguien cansado? ¿Pócimas?
Todos se miraron entre sí.
—Óptima —respondió Valerian.
—Sin heridas —añadió Misa.
Arnold golpeó el escudo con el puño.
—Podemos seguir.
Áugust asintió y se giró hacia la siguiente puerta.
—Piso trece. Atención.
El ambiente cambió apenas cruzaron.
El aire era más denso. Las paredes seguían siendo azules, pero ahora había zonas donde el agua caía desde arriba como una lluvia constante. Pequeñas sombras se movían en lo alto.
—Primero —dijo Áugust—: criaturas voladoras. Parecen slimes pequeños, pero no atacan directamente. Su función es explotar al contacto.
—Genial —murmuró Sofía—. Bombas vivientes.
—Segundo —continuó—: sapuls. Más grandes, más resistentes y más agresivos que los anteriores.
Hizo una breve pausa.
—Y el objetivo… cristalmenta. Slime cromático. Cambia de color y adopta un elemento. No aparece seguido.
Yui asintió en silencio.
—Formación igual que antes. Avanzamos.
No tardaron en aparecer.
Desde el techo descendieron pequeñas masas gelatinosas con alas membranosas, vibrando de forma inestable.
— ¡Arriba! —avisó Yui.
Varias esferas de aura elemental salieron disparadas. No impactó directamente: explotaron cerca, creando ondas de viento que desviaron a las criaturas antes de que pudieran acercarse.
Una explotó en el aire, salpicando baba luminosa.
— ¡No dejen que se acerquen! —ordenó Áugust.
Entonces el suelo tembló.
Sapuls.
Más de los que habían enfrentado antes.
Emergieron desde charcos y grietas, inflando el pecho al unísono. Bombas de agua comenzaron a llover.
Arnold avanzó, expandiendo el escudo con aura.
— ¡Atrás mío!
El impacto fue constante. El escudo resistía, pero cada explosión empujaba con más fuerza.
—Refuerzos ahora —dijo Valerian.
Abrió su grimorio y se tornó amarillo. Las páginas comenzaron a iluminarse.
—Velocidad y resistencia.
Un pulso recorrió al grupo justo cuando uno de los sapuls saltó por encima del escudo.
— ¡Yui! —gritó Sofía.
Yui reaccionó al instante. Formó un escudo de aire frente a ella. El impacto fue brutal, pero el viento absorbió la mayor parte de la fuerza.
—Ahora —murmuró.
Las esferas de aura giraron con más velocidad. Lanzó varias en secuencia, creando una zona de presión constante que empujaba a los sapuls, rompiendo su coordinación.
Valerian levantó el grimorio.
—Descarga.
Un rayo débil, pero preciso, cayó sobre uno de los sapuls empapados. El cuerpo convulsionó y cayó pesadamente.
— ¡Funciona! —gritó Misa.
Sofía y Áugust aprovecharon. Avanzaron sin técnicas, solo fuerza y precisión. Cada caída abría espacio.
Las criaturas voladoras intentaron lanzarse en masa.
— ¡Cúbranme! —dijo Yui.
Concentró aura. El viento se arremolinó a su alrededor. Las esferas se expandieron y explotaron en cadena, formando una barrera ofensiva que detonó a las criaturas antes de que tocaran al grupo.
Explosiones pequeñas. Baba por todos lados.
Silencio.
El último sapul cayó con un croar ahogado.
Respiraciones agitadas.
—Eso… fue más molesto —dijo Arnold.
Yui miró alrededor, buscando una silueta distinta.
Nada.
—El slime cromado no apareció —dijo con calma.
Sofía suspiró.
—Era esperable.
Áugust asintió.
—Seguimos avanzando. El piso trece todavía no terminó.
El camino se abrió frente a ellos.
El avance continuó con cautela.
El terreno comenzó a elevarse levemente, formando una rampa natural que conducía hacia la salida del piso. El sonido del agua se hacía más distante, pero el aire seguía cargado de humedad.
Yui fue la primera en sentirlo.
—Alto.
El grupo se detuvo de inmediato.
Desde el techo, una vibración irregular comenzó a multiplicarse. No era una sola presencia, sino muchas… demasiadas.
—Vienen en manada —dijo Valerian
Decenas de slimes pequeños de los que explotaban se desprendieron de las rocas, descendiendo como una nube caótica, brillando con colores apagados.
— ¡Formación cerrada! —ordenó Áugust.
Arnold avanzó un paso y expandió el escudo con aura, haciéndolo más ancho y alto, cubriendo casi por completo al grupo.
Yui se colocó a su lado.
Extendió ambas manos y el viento respondió de inmediato. Un escudo de aire se formó sobre el de Arnold, superpuesto, girando con fuerza constante.
—No dejen huecos —dijo con voz firme.
Los primeros impactos llegaron.
Explosiones secas, una tras otra. El escudo vibraba, el aire se comprimía, la presión empujaba hacia atrás, pero la barrera se mantenía.
— ¡Refuerzos activos! —gritó Misa.
Valerian canalizó magia sin atacar. Estabilidad, concentración, resistencia.
Las explosiones continuaron.
Una criatura logró colarse por un costado.
Sofía la partió en dos antes de que tocara el suelo.
— ¡Sigan viniendo! —gruñó Arnold, plantando el escudo con más fuerza.
Yui ajustó el flujo de aire, desviando la trayectoria de los slimes para que impactaran siempre en el centro.
La última explosión fue la más fuerte.
Luego… silencio.
La baba cayó lentamente, escurriendo por el escudo y las paredes.
Arnold bajó el brazo.
—Resistimos.
Yui dejó disipar el viento. Respiró hondo.
—Buen trabajo —dijo Áugust—. Era el último grupo.
El pasillo final se abrió frente a ellos.
Y allí, esperándolos.
Un sapul solitario.
Más grande que los anteriores, inflando el pecho con lentitud, observándolos como si fuera su territorio.
—Quédense atrás —dijo Áugust, desenfundando su arma.
Avanzó sin apuro.
El sapul lanzó una bomba de agua.
Áugust giró el cuerpo, dejó que pasara rozando y continuó caminando.
Cuando la lengua salió disparada, la atrapó con un giro de muñeca, tiró del cuerpo del monstruo hacia adelante y, en el mismo movimiento, cortó limpiamente el cuello.
El sapul cayó sin siquiera comprender qué había pasado y dejó su núcleo.
Áugust limpió la hoja con calma.
—Listo.
El grupo lo observó en silencio.
—Elegante —dijo Sofía.
—Eficiente —añadió Arnold.
Yui sonrió apenas.
—Así se ve un líder.
La salida del piso trece los esperaba.
El descenso continuaba.
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