Dios de los Embusteros - Capítulo 618
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Capítulo 618: Pequeña Discusión
La tensión aumentó cuando Lorenzo miró a Teo, apoyando su postura.
—¿Me estás llamando incompetente? ¿Crees que eres más fuerte que yo? —Zhilov entrecerró los ojos mientras daba un paso al frente, planeando confrontar a Teo.
—No necesito andarme con rodeos. No eres mi jefe ni nada por el estilo. ¿Me faltas el respeto y te ofendes cuando hago lo mismo? ¿Te falta un tornillo? —Teo no le tenía miedo a Zhilov, ni siquiera con sus antecedentes.
—En ese caso, ¿no deberíamos obtener una explicación de la líder de este grupo? —Lorenzo miró a Ana.
Ni siquiera Ana esperaba que Lorenzo protegiera abiertamente a Teo. No tenía idea de que Lorenzo tuviera una relación cercana con él.
Por eso se sintió ofendido cuando Zhilov soltó todas esas palabras. Declaró con un tono firme: —No me importa si detenemos la cooperación ahora mismo. Obviamente, mi Familia del Dios de la Guerra se lo llevará todo.
—No olvides que eres tú quien nos necesita, no al revés. —Lorenzo colocó su mano izquierda en la empuñadura y movió la hoja, preparándose para desenvainarla si era necesario.
—Ya es suficiente. —Ana suspiró y fulminó con la mirada a Zhilov—. Si planeas avergonzarte a ti mismo, puedes hacerlo solo. Si vas a continuar con esta declaración sin sentido, no tendré más opción que expulsarte.
—A quien tienes que enfrentar no es a mí ni a nadie en este lugar, sino a tu propia familia en casa. Tendrás que dar explicaciones por tu propia estupidez.
—Qué di… —Zhilov apretó los puños.
—¿Qué? Ni siquiera puedes derrotar a Alea… ¿Piensas desafiarme a mí? —El tono de Ana se volvió cada vez más frío—. Tu familia me ha otorgado el pleno derecho de expulsarte. Si no puedes obedecerme, lárgate.
Zhilov apretó los dientes y se dio la vuelta, resoplando.
Después de eso, Ana levantó la mano y un báculo de color plateado apareció en ella. Luego, agitó los dedos hacia arriba mientras la nieve se apartaba y comenzaban a aparecer bloques de hielo, formando gradualmente un iglú.
—Espero que esto sea suficiente como disculpa.
Lorenzo se detuvo un momento y miró a Teo.
Al ver que ya se había echado atrás, Lorenzo envainó su espada hasta que un chasquido resonó en sus oídos.
Dejó de insistir en el asunto.
—Supongo que es hora de que discutamos cómo vamos a lidiar con esto. —Ana suspiró y volvió a agitar la mano, formando otro iglú—. Podemos hablar ahí dentro. El resto puede ir a su respectivo iglú para resguardarse de la nieve.
—De acuerdo. —Lorenzo asintió—. Teo, conmigo.
—Entendido. —Entonces Teo miró a Agata y dijo—: Encárgate del resto por mí.
Agata asintió y retrocedió. Ava también saltó del hombro de Teo a la palma de Agata mientras esta la metía dentro.
Los ojos de Alea estaban fijos en Agata y Ava, ya que nunca las había visto en Thersland. Dejando a un lado a Ava, nunca pensó que Teo estaría acompañado por una mujer.
Por cómo se comportaba, no parecían tener una relación. Aun así, era raro que Teo se interesara por las mujeres, especialmente por una mujer cualquiera.
Por desgracia, no podía preguntar nada por el momento.
—Alea. —Ana enarcó las cejas como si le pidiera que se acercara.
Ella asintió sin dudar, ya que era el momento en que podía alejarse de los demás.
Los cuatro entraron en el tercer iglú, que no tenía nada dentro. Teo y Lorenzo dejaron su bolsa y colocaron una manta cálida en el suelo para que se sentaran.
—Espera, no vas a darnos algo… —preguntó Ana con tono burlón—. Solo somos unas pobres mujeres que…
Antes de que terminara sus palabras, Teo ya había sacado otra manta, pero se la dio a Alea, no a Ana, ya que no la conocía.
—Gracias. —Alea esbozó una pequeña sonrisa y aceptó la amabilidad de Teo.
Ana miró a Lorenzo como pidiendo el mismo trato que Alea. Sin embargo, Lorenzo se mantuvo firme y la ignoró.
—Tsk. Qué frío eres con una mujer. —Ana chasqueó la lengua y se sentó directamente sobre el hielo mientras se quejaba—: Como sea. No es que me afecte esto.
Como si no le gustara el trato de Lorenzo, no pudo evitar decir: —Lorenzo, ¿estás obsesionado conmigo? Quién diría que elegirías a una mujer con afinidad por el hielo como tu asistente.
—En absoluto. Ella es diferente a ti. —Lorenzo se encogió de hombros—. Deberías arreglar tu carácter de mierda o no conseguirás marido.
—Hmph. Soy yo la que elige, no ellos. —Ana agitó la mano como si le dijera que no le importaba porque podía elegir a quien quisiera.
—Como sea. Realmente no me importa tu vida. ¿No estamos aquí para discutir el problema?
—Aun así, ¿no es más interesante ver el reencuentro? —sonrió con aire de suficiencia y miró a Alea y Teo.
—¿Qué hay que discutir? —Alea negó con la cabeza—. Con solo un vistazo, sé que ha llevado una buena vida en Italia. Además, hablar de cosas sin importancia en una situación tan seria como esta será inútil, ¿verdad?
—De acuerdo. —Teo no dudó en admitirlo y dijo—: Aunque, nunca esperé que nos volviéramos a encontrar en esta situación.
—Sí. Simplemente sucedió así… Gracias a ti, por cierto.
Teo cerró los ojos, atando cabos. Pronto comprendió que fue Nina quien introdujo a Alea en la esfera de influencia de Ana. No, sus padres también podrían estar involucrados.
De cualquier manera, ya no parecía estar controlada por la Familia Griffith, puesto que ahora estaba bajo las órdenes de la emperatriz.
Ana y Lorenzo no sabían qué decir sobre sus conversaciones. Ambos parecían cercanos pero distantes al mismo tiempo.
Lorenzo suspiró y dijo: —En fin, nuestro plan tiene tres fases. Primero, voy a teletransportarnos. Estoy seguro de que saben que este lugar está rodeado de monstruos, ¿verdad? Los eliminaremos hasta que pueda usar mi teletransportación de nuevo.
—Continuaremos haciendo esto hasta que lleguemos a nuestro primer punto de control, desde donde solo podremos ir a pie. Esto va a ser problemático porque necesitamos luchar contra monstruos en el camino…
—Normalmente, los arrastraríamos fuera del rango de detección del Rey Veneno antes de matarlos, pero este año, vamos a rodearlos.
—¿Rodearlos? —Ana frunció el ceño.
—Haremos que Teo nos guíe. Su conejo puede localizar a los monstruos de los alrededores, así que deberíamos estar bastante seguros. Después de eso, tomaremos la fruta y huiremos de la escena.
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