Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 CAPÍTULO 1 Punto de inflexión
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1: CAPÍTULO 1 Punto de inflexión 1: CAPÍTULO 1 Punto de inflexión Bella
—Eras una puta, Bella, y sigues siéndolo.
Joder, ¿en qué estaba pensando?
—estalla Dean furioso mientras lanza fotos mías por la habitación.
Nunca había visto a Dean tan enfadado, y el miedo me revuelve el estómago.
—Te lo juro, Dean.
Todo esto es una mentira, una conspiración —gimo, de rodillas, mientras le ruego que me escuche solo por esta vez.
—¡Cállate de una puta vez, Bella!
Estoy harto de escucharte —brama—.
Mi madre siempre tuvo razón, una cerda siempre será una cerda —escupe las palabras, como veneno, sin filtro.
Me duele el corazón al oír esas duras palabras de su boca.
Las lágrimas corren por mis mejillas mientras sollozo, pero ya no conmueven a Dean.
Mi marido, que antes era tan cariñoso, el que se había mantenido firme en que yo era su alma gemela, con quien quería pasar el resto de su vida, en contra de su familia.
No le importaba la opinión que tuvieran de mí.
Una estríper, una bailarina exótica, pero nada de eso le importó a Dean.
Me amaba y se casó conmigo contra viento y marea.
—Todavía anhelas esa vida, ¿verdad?
—bufa, abalanzándose sobre mí, con los ojos inyectados en sangre.
—Bella la estrella, un cuerpazo, el sueño de todo hombre.
Dejaste esa vida atrás solo porque me casé contigo, no porque de verdad quisieras hacerlo, ¿verdad?
—escupe.
Niego con la cabeza con vehemencia.
—No, Dean.
Lo dejé porque te amaba —digo entre sollozos.
—Tú no sabes nada del amor, Bella —dice, con la voz cargada de emoción—.
Si me amaras, no me traicionarías así.
No te habrías acostado por ahí, ni con uno, ni con dos, ni con tres putos tíos, Bella.
Eres una cerda —me grita, por primerísima vez.
¿Dónde está el Dean dulce con el que me casé?
—Por favor, Dean.
Escúchame.
Nunca te haría eso.
Te amo, por favor, créeme —grito desesperada.
Suelta una risa maníaca.
—Si alguien me hubiera dicho que me harías daño de esta manera…
Después de todo lo que sacrifiqué para estar contigo —dice y hace una pausa.
—¡¿No era bueno en la cama?!
¡¿No te mimé lo suficiente?!
¡¿Qué coño te dieron esos cabrones que yo no pudiera darte?!
—me agarra de la mano, y cuando lo miro a los ojos, veo cuánto le duele, cuánto se cree todas esas mentiras y lo poco dispuesto que está a escuchar.
Niego con la cabeza, llorando.
—Nadie me ha tocado desde que te conocí, Dean.
Es la verdad.
Él suelta una risita amarga y burlona.
—¿Eres una mentirosa patética y, peor aún, una farsante?
¿Te atreves a quedarte ahí y seguir mintiéndome en la cara?
—escupe, enfurecido.
Si no conociera bien a Dean, tendría miedo de que me pegara.
Pero Dean no es así en absoluto, y me rompe el corazón que después de dos años de matrimonio todavía no confíe en mí lo suficiente.
Pero, por otro lado, al ver estas fotos…, me quedo sin palabras.
Hay algo más en todo esto, algo que ni Dean ni yo sabemos.
Estoy tan sorprendida como él…
¿Cómo demonios aparecieron estas fotos?
Dean me suelta la mano y camina hacia el cajón, mientras yo me estremezco por la fuerza de su agarre.
Vuelve enseguida con un recipiente, y mis ojos se desvían hacia él.
Me lo lanza.
—Nunca quisiste quedarte embarazada, no querías arruinar tu cuerpo perfecto, nunca quisiste llevar un hijo mío —dice, con la voz cubierta por una gruesa capa de dolor.
Recojo el recipiente, con los ojos como platos.
Píldoras anticonceptivas.
¿Cómo demonios ha llegado esto a esta habitación?
—Mira…
Mira, Dean —tartamudeo—.
No sé cómo ha llegado esto aquí, te lo juro.
Por supuesto que quiero tener un hijo tuyo.
Me mira con incredulidad.
—¡Mentirosa!
—grita—.
Eres una mentirosa patética, Bella.
¿En qué estaba pensando?
¿Sacarte de ese puto agujero con la esperanza de que te redimieras?
—resopla—.
Fui un estúpido al enamorarme de alguien como tú.
Tu lugar está en la calle, Bella, y ahí es donde siempre estarás —se ríe con sorna.
Apenas puedo respirar, siento como si me estuvieran desgarrando el corazón.
Mi matrimonio, que antes era perfecto, se ha convertido en una pesadilla en un abrir y cerrar de ojos.
¿A quién he ofendido?
Dean se pasa la mano por el pelo con frustración mientras camina de un lado a otro, y yo lloro a lágrima viva.
Me deja llorar, algo que nunca antes ha hecho.
Nunca he tenido que derramar una lágrima desde que conocí a Dean.
Si existe algo parecido a la perfección, ese sería Dean.
El hombre que conocí y gracias al cual mi vida cambió para mejor.
Ashley siempre decía que me había conseguido un trofeo y deseaba tener un hombre como él.
Y es que Dean es un trofeo, un trofeo hecho hombre.
Y ahora toda esa dulzura está a punto de irse por el desagüe.
Dean me dedica una mirada fugaz, más bien una mirada asesina, y se dirige a nuestro armario.
Empieza a sacar mi ropa y a tirarla.
Entro en pánico.
Dios, estoy acabada.
—Dea…
Dean, ¿qué estás haciendo?
—tartamudeo, acercándome, hecha un mar de lágrimas.
Se da la vuelta y me clava una mirada aterradora.
—Igual que si fueras basura, Bella, te echo a la calle.
Se acabó.
Sabes que esto para mí es inaceptable.
No puedo ni mirarte, me das asco —escupe mientras sigue tirando mi ropa.
—No, Dean.
Hablemos.
No puedes hacer esto, ¿adónde voy a ir?
Se gira de nuevo, con una sonrisa burlona en el rostro.
—Oh, sabes perfectamente adónde ir.
Una zorra como tú no se queda tirada.
Solo sácale unos cuantos pavos a esos negratas y deja que te follen.
Es lo que mejor se te da, al fin y al cabo.
—¡Basta, Dean!
—exhalo, y otra oleada de lágrimas inunda mis mejillas—.
Prometiste que nunca usarías mi pasado en mi contra.
—¡Y nunca lo he hecho!
—grita de vuelta—.
Pero acabas de demostrarme quién eres en realidad.
Una puta zorra, y una de las sucias.
—Por favor, Dean —suplico de nuevo, cansada.
—Vuelve a la calle, es a donde perteneces —bufa—.
Lárgate de mi vida y no vuelvas jamás.
Se acabó.
Me arrastro hasta él y me abrazo a sus piernas.
—Por favor, Dean.
No tires por la borda la vida tan hermosa que teníamos.
Él aparta la pierna con brusquedad y yo caigo al suelo.
—No quiero volver y encontrarte aquí —escupe, con los ojos llenos de asco.
—Mi abogado te enviará los papeles del divorcio.
No montes un escándalo, fírmalos por tu propio bien —escupe.
Y dicho esto, coge las llaves de su coche y sale de la casa hecho una furia.
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