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Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 151

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151: CAPÍTULO 151 Plan de organización 151: CAPÍTULO 151 Plan de organización Ivy
—Quiero un bebé —digo de la nada, haciendo que Tracy, mi mejor amiga, se atragante con su bebida.

Sí, has oído bien.

Quiero un bebé al que amar y que me ame, y punto.

Le lanzo una mirada a Tracy mientras observo su reacción.

Sí, me lo esperaba y, bueno…, incluso más.

Tracy me mira como si me hubiera vuelto loca.

—¿Qué quieres qué?

—pregunta en estado de shock, sin apartar sus ojos de los míos.

Sé que me ha oído, pero no me importa repetirlo.

—Quiero un bebé, Tra…

—Te oí la primera vez —me interrumpe bruscamente, con la mirada fija en mí—.

Lo que no entiendo es por qué, cómo…

¿por qué ahora?

¿Por qué necesitas un bebé ahora?

Estás literalmente en la cima de tu carrera, ¿estás segura?

Doy un sorbo rápido a mi copa y asiento.

—Nunca he estado tan segura de algo en toda mi vida, quiero esto, más que nada.

Tracy suspira y me dedica una mirada pensativa.

—Mira, Ivy.

Tener un bebé requiere mucho, y…

—se interrumpe de nuevo—.

¿Cómo piensas hacerlo?

Apenas le dedicas un minuto a ningún hombre, así que…

Me encojo de hombros, como si no fuera gran cosa.

—Tendré a mi bebé, por la vía natural —digo con cara de póker, confundiendo aún más a Tracy.

Tracy se cruza de brazos y responde: —Bueno, no es como si tuvieras una polla guardada en algún sitio para hacerlo, Ivy.

Eso me arranca una ligera risa.

Tracy pone los ojos en blanco.

—Lo digo en serio, Ivy.

Me enderezo en el asiento.

—No tengo una, y por eso pretendo usar una de las pollas errantes que hay por ahí —digo con firmeza.

Tracy niega con la cabeza y suelta una risa hueca.

—¿No lo dices en serio, verdad?

—pregunta, escrutando mis ojos, y cuando se da cuenta de que hablaba completamente en serio, su sonrisa se desvanece.

—No puedes hablar en serio, Ivy.

No puedes simplemente conseguir que un desconocido sea el padre de tu hijo, eso es absurdo.

Chasqueo los dedos en el aire y una sonrisa aparece en mi rostro.

—¡Bingo!

Esa es la cuestión, un desconocido que nunca se entere.

Tendré a mi bebé para mí sola y ya está —digo sin que me importe nada en el mundo—.

Y créeme, no hay nada absurdo en esto.

La verdad es que no lo hay.

He terminado con los hombres y no hay vuelta atrás, lo único que hacen es mentir, malditos perros.

Primero, fue Michael, que me engañó la noche de nuestro compromiso.

Luego, Vincent, ese cabrón estaba conmigo por mi dinero; por error, vi el mensaje que se enviaba con su mejor amigo, me estaba tomando el pelo, lo eché.

¿Y Collins?

Me robó mi proyecto, era un puto espía en mi empresa.

Confié en él, pero resultó ser un capullo, como todos los demás.

Justo cuando estaba recogiendo los pedazos que quedaban de mí, apareció Anthony.

Al principio dudé, actuaba como si fuera diferente, pero al final, descubrí que era el prometido de mi exsecretaria; ambos planearon sacarme dinero.

Supongo que se podría decir que era lista para los negocios y el trabajo, pero tonta de corazón.

Pero eso se acabó con Anthony.

Después de mi mierda de experiencia, juré no volver a darle acceso a ningún cabrón, no dejar que jugaran con mis emociones, nunca más.

Maté hasta el último ápice de emoción, cerré mi corazón con llave y la tiré a lo más profundo del océano.

Y ahora, veo a los hombres como perros.

Soy la puta última persona a la que le importarán un bledo los hombres y sus chanchullos.

Por mí, que se quemen en el pozo más profundo del infierno.

Tracy me coge la mano.

—Sé que no puedo disuadirte, pero si alguna vez cambias de…

—Me temo que no lo haré, mi decisión está tomada —digo con un tono de finalidad.

Tracy aparta la vista un momento y luego se vuelve a mirarme.

—Está bien, tú ganas.

No puedo detenerte aunque quiera —dice con un suspiro, relajando la espalda en la silla—.

Tienes mi apoyo, siempre.

Estaré ahí para ti, en cada paso del camino.

—Una pequeña sonrisa se abre paso en su rostro.

Asiento, agradecida por su apoyo.

—Gracias, Tracy.

Me iré por un tiempo, necesito un hombre que esté lo más lejos posible.

Me aprieta las manos, todavía con la sonrisa en su rostro.

—¿Dónde tienes pensado ir?

—pregunta Tracy, enarcando las cejas.

—Nueva York —digo casi de inmediato.

Lo he pensado a fondo.

—Mmm…

Sí, he hecho mis averiguaciones.

Hice que Olivia buscara algunos de los mejores clubs privados de Nueva York y, en apenas un día, ya teníamos una lista.

Todo lo que tengo que hacer es entrar en uno de ellos, sentarme guapamente y ¡voilà!

Pan comido.

Tengo un encanto irresistible, ni siquiera tengo que esforzarme, nunca he tenido que hacerlo.

Una sonrisa de suficiencia cruza mi rostro mientras le doy vueltas a la idea.

Sí, Ivy.

Entra ahí, consíguete un buen donante de esperma, porque necesito que esos genes sean fuertes, acuéstate con el capullo y desaparece con la esperanza de quedarte embarazada.

Miro fijamente el nombre que tengo delante: La Dolce Vita.

Es el mejor de la lista, y tengo un buen presentimiento sobre este.

Una sonrisa de suficiencia aparece en mi rostro mientras empiezo a caminar hacia el interior del club, con un aspecto increíblemente suntuoso.

—Un vaso de Belvedere, por favor.

—Le sonrío al camarero, que me mira fijamente como si estuviera hipnotizado.

Lo entiendo, soy una cosita bastante irresistible.

—Claro —dice el camarero con una sonrisa torcida mientras se da la vuelta para obedecer.

Me acomodo en el taburete, mis ojos barriendo toda la sala.

Suspiro, nadie despierta mi interés, solo un puñado de capullos aburridos.

A ver, me voy a acostar con uno de ellos, pero si voy a hacerlo, entonces debería valer la pena, de alguna manera.

—Aquí tiene.

—La voz del camarero me saca de mis pensamientos y me giro para encontrarlo desnudándome con la mirada.

Gilipollas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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