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Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 193

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Capítulo 193: CAPÍTULO 193 ¿He estado equivocado?

Rihanna

Me removí, abriendo los ojos lentamente, y me incorporé de un tirón. Mis ojos encontraron mi reloj en un instante.

Me quedé helada al darme cuenta de que había estado durmiendo durante tres horas, ¡tres largas horas!

Justo entonces, la vi: una manta. Estaba sobre mi cuerpo. Espera, ¿acaso Edith me había encontrado profundamente dormida y se había ofrecido a taparme?

Tenía que ser ella. A Calvin no le habría importado si me estuviera muriendo de frío.

Me puse de pie de un salto y estiré el cuerpo, doblando rápidamente la manta para Edith. Luego, entrecerré los ojos y me pasé los dedos por el pelo, esperando estimular mi proceso de pensamiento.

Recuerdo que Calvin se fue a atender una llamada y… han pasado tres horas, ¿acaso me dejó dormir cuando el trabajo no estaba terminado?

Mi pregunta obtiene respuesta cuando él entra de repente con paso tranquilo, sus ojos clavándose en los míos.

Se me secó la boca y su rostro permaneció indescifrable mientras sus ojos me recorrían lentamente de arriba abajo.

Me di cuenta de dos cosas: no iba a regañarme por holgazanear y llevaba dos recipientes de comida para llevar en las manos.

Vi que abría la boca para decir algo, pero yo fui mucho más rápida. —Lo siento…, no sé en qué momento me quedé dormida —mascullé, evitando el contacto visual.

Esperaba una o dos palabrotas, pero pasó un segundo y no llegaron.

Lentamente, lo miré y tenía una expresión vacía en el rostro. —La cena —es todo lo que dice, levantando el envase de comida—. Supuse que no habías comido nada, y no estoy para que nadie se desmaye en mi casa, eso sería una carga —añade antes de caminar hacia la mesa del comedor.

¿Una carga? Vaya.

—Estoy bien, señor. Ya me voy a casa —dije con los dientes apretados. Yo, por mi parte, no quiero ser una carga para nadie, y mucho menos para mi jefe.

Me lanza una mirada cortante y veo cómo abre la boca y la vuelve a cerrar de golpe. —Bien, entonces Joel te llevará a casa.

—Llamaré a un taxi, señor —interrumpí con firmeza, sacando el móvil para hacerlo. No tengo por qué estar de acuerdo con todo lo que dice.

¿Y por qué de repente me altero porque me ha llamado una carga? Este hombre me insulta todo el día, ya debería estar acostumbrada. Exhalé.

Quizá no se trataba de lo que dijo o dejó de decir; estaba cansada hasta los huesos y necesitaba un buen descanso.

Por suerte, conseguir un taxi no me llevó más que unos segundos.

Podía sentir su mirada sobre mí mientras lo hacía, pero no me atreví a mirar en su dirección. Se ha estado comportando de forma extraña; en un momento es de una manera y al siguiente de otra. Me está dando dolor de cabeza.

Rápidamente, recogí mi bolso, dándome cuenta sutilmente de que los archivos esparcidos por la mesa ahora estaban ordenadamente apilados en una esquina.

No veo a Edith por ninguna parte. Tendré que darle las gracias mañana por todo esto.

—Mi taxi está aquí —solté sin dedicarle una mirada, prácticamente saliendo disparada de la habitación.

Al día siguiente, me di una pequeña charla motivacional para no volver a quedarme dormida en el trabajo.

De pie en mi cocina, apuré la última gota de café de mi taza, la enjuagué y salí corriendo.

La casa de Calvin está un poco lejos de mi apartamento en comparación con Cleins. Tengo que irme ya o me arriesgo a que me tachen de tardona.

Pero nada más salir de mi apartamento, me sorprendo al ver a Joel, esperándome para llevarme, otra vez. Podía entenderlo la primera vez, no conocía bien la dirección del jefe, pero ¿ahora?

Observo a Joel con atención, teniendo en cuenta que solo hacía su trabajo. —No tienes que venir a recogerme, sé cómo llegar —le digo de todos modos.

Me dedica una pequeña sonrisa, sin duda al notar mi ceño fruncido. —Son órdenes del jefe. ¿Nos vamos? —Asiento, a mi pesar.

Sigo sin entender por qué es amable solo para acabar insultándome. ¿Llegaré a entender a este hombre alguna vez?

Cuando llego a la puerta de su casa, me doy cuenta de que no está cerrada con llave. Todo lo que tenía que hacer era empujar la puerta y entrar.

Dudé y llamé al timbre, pero como al cabo de un rato no hubo respuesta, entré sin más y me dirigí al mismo lugar donde había estado ayer, a esperar.

—Rihanna —oigo que me llama Edith en cuanto entra. Me di cuenta de que acababa de llegar. ¿No era interna?

Aparto ese pensamiento mientras una cálida sonrisa se extiende por mi rostro. —Buenos días, Edith —la saludé.

Me devuelve el saludo con un gesto educado. —¿Té, café? —me dice radiante.

—No, gracias, estoy bien —respondí, y ella asintió, lista para desaparecer en la cocina, cuando mis siguientes palabras la detuvieron en seco.

—Gracias por lo de ayer —dije.

Se gira para mirarme con expresión confusa. —¿Por qué?

Mi sonrisa se ensancha aún más. —Oh, por taparme y ayudarme con los archivos que estaban esparcidos por ahí —digo y la veo poner los ojos en blanco.

Ella niega con la cabeza y replica: —Yo no lo hice, no fui yo. —Mi sonrisa se desvaneció. Al notar la confusión en mis ojos, ella continuó—: Recibí una llamada urgente de casa y el señor Calvin me pidió que fuera a atenderla; por eso no estaba aquí cuando te fuiste —explicó amablemente.

Apenas resistí el impulso de poner los ojos en blanco. Entonces, todo encajó.

Y al levantar la vista hacia Edith, capto un sutil tic en su boca y entonces baja la voz. —Debió de hacerlo el señor Calvin, deberías darle las gracias a él, no a mí —dice, y con eso se marcha.

Entrecierro los ojos. Realmente no fue Edith, fue Calvin.

¿Por qué se molestaría siquiera, si le importaban tan poco los sentimientos y las necesidades de los demás?

Es decir, lo había catalogado como un bastardo frío y despiadado al que no me atrevería a tocar ni con un palo de tres metros.

¿Me he equivocado?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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