Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

Dos ingenieros en otro mundo - Capítulo 57

  1. Inicio
  2. Dos ingenieros en otro mundo
  3. Capítulo 57 - Capítulo 57: El consejo de la familia caída
Anterior
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 57: El consejo de la familia caída

Finalizada otra reunión, Sorina se desplomó en la silla dejando escapar un largo suspiro. Después de unos momentos perdida en sus pensamientos, retomo la postura, se levantó y se acercó a la ventana. Desde su despacho apenas se veían los tejados de las casas. Rápidamente notó como al pasar los días, las columnas de humos se reducían en número. Fue en ese preciso instante, cuando por fin obtuvo un poco de paz, alguien llamó a la puerta. Eran Levi y Antón, que estaban preocupados por Hunt y Neo. Acabados los informes, Sorina los invitó a sentarse mientras ella misma le sirvió te a cada uno de ellos.

Su postura estaba clara, los conflictos entre los nobles y los dos chicos. La nueva misión de los caballeros consistía en alejar a Neo y Hunt de los nobles y los clérigos, al menos durante las semana del festival. Los dos asintieron y tras unas breves preguntas ambos abandonaron la sala con máximo respeto.

Nuevamente sola, volvió a la ventana para observar el horizonte, cuando volvieron a interrumpirla. Esta vez era la llamada a la cena. Anuncio que le agrado escuchar. Recogió sin prisa los documentos y fue directa al comedor, donde sus hijos la estaban esperando para comenzar a comer.

— Alistar — Madre, no somos dignos de comer en la misma mesa. —

— Amisair — No podemos seguir así. Ya no somos tus hijos somos esclavos. —

— Sorina — Seréis lo que yo decida que seáis. — Se sentó a la mesa e indicó a ambos que tomaran asiento. — Y he decidido que seguiréis siendo mis hijos. No quiero escuchar una palabra más sobre este asunto. —

Terminada la cena, Sorina les pidió que la acompañaran a su despacho. Sus tres hijos estaban desconcertados, no eran horas habituales para una reunión.

— Doina — ¿Qué sucede, madre? —

— Sorina — Antes de nada, ¿vosotros dos os estáis recuperando bien? —

— Alistar — Sí, madre, estamos bien. Aún tenemos moratones y, según la maestra del gremio de sanadores, las heridas más profundas solo dejarán cicatrices. —

— Sorina — Salvia, se llama Salvia. Espero que, desde hoy en adelante, empieces a llamar a las personas por su nombre. Sigues siendo mi hijo y no toleraré que actúes como antes. ¿Entendido? —

— Alistar — Sí, madre. —

— Sorina — ¿Y tú cómo estás? —

— Amisair — Aún me cuesta ver por el ojo derecho y no puedo mover del todo el brazo, pero estoy bien. —

— Sorina — Tú ya sé que estás bien. — Dijo mirando a Doina. — Vamos a lo que nos concierne Neo y Hunt. —

Intentando resumir las últimas semanas, desde que sus hijos partieron a la capital hasta el día anterior, Sorina y Doina tardaron alrededor de una hora y media en explicarles la situación de la ciudad y quiénes eran aquellos dos extranjeros.

— Sorina — ¿Por qué estáis tan callados? —

Los dos hermanos evitaron mirar a su madre. El silencio se alargó varios segundos, hasta que Alistar reunió el poco valor que parecía quedarle.

— Alistar — Madre… si me permitís hablar. —

— Sorina — Si vas a hablar, hazlo sin pedir permiso. O mejor no hables. — El tono bastó para encogerle los hombros.

— Alistar — Sí, madre. Hay algo que no entiendo. ¿Por qué Neo y Hunt nos salvaron? No nos debían nada. Nosotros… ni siquiera merecíamos clemencia. Yo atravesé a Neo con una espada, y Amisair… —

Sorina sostuvo su mirada hasta quebrar la poca firmeza que le quedaba.

— Sorina — Porque no son como nosotros. Es así de sencillo. Aquí la mayoría actúa por miedo, interés, costumbre o prestigio. Ellos también tendrán defectos, como todos, pero no están podridos por dentro. Actúan conforme a su ley. Una que cumplen incluso cuando les perjudica. —

— Doina — Hablan de Tolmas de una manera distinta… con más amor. — Murmuró en voz baja mientras Sorina negó despacio.

— Sorina — Ellos sirven a un Señor mejor que Tolmas. Uno que no exige crueldad, no abandona y no pide sangre para sentirse adorado. —

— Doina — ¿Será por eso que ayudan sin calcular ventajas? — Alistar frunció el ceño, confundido.

— Amisair — ¿Entonces creen en otro dios? —

— Sorina — No. Somos nosotros quienes creemos en uno falso. — La respiración de sus tres hijos se detuvo un instante, intentando procesar aquella afirmación.

— Sorina — Ellos no son del tipo de hombres sin principios que se compra con unas monedas de oro o un par de amenazas. Tienen principios, y eso los vuelve muy peligrosos. —

— Alistar — Madre… ¿creéis en otro dios que no es Tolmas? —

— Sorina — Sí. Pero eso lo discutiremos otro día, y solo entre estas paredes. Por ahora dejaré las cosas como están… aunque no volveré al templo. —

Los tres se sorprendieron al escuchar aquello dicho por su madre, una mujer que jamás faltaba a las celebraciones semanales.

— Sorina — Por otro lado, Neo y Hunt os salvaron porque vieron personas donde otros… solo veíamos criminales. Recordadlo antes de volver a hablar con ellos. —

Los dos bajaron la vista un instante, momento que Doina aprovechó para cambiar de tema.

— Doina — Madre, ellos conocen a Neo y Hunt de nombre… pero no saben lo que han hecho estas semanas. ― Sorina miró a sus hijos.

— Sorina — Cierto… — Guardó silencio durante un minuto. — Alistar, Amisair habéis sido derrotados y eso puede sernos útil. — Alistar alzó apenas la cabeza.

— Doina — ¿Útil? —

— Sorina — Nadie teme a un hombre humillado. Nadie vigila de cerca a un esclavo. Los necios solo observan a los fuertes. —

— Amisair — ¿Quieres que aparentemos debilidad? —

— Sorina — Quiero que lo seáis mientras convenga. Y que las demás familias no sepan medirnos. —

— Amisair — ¿Qué sucede con la nobleza de Anita? —

— Doina — Las demás familias nobles están peor de lo que aparentan. Sin los cabezas de familia y con los herederos desacreditados, muchas viudas se han visto obligadas a tomar el control. Varias casas están desorientadas. Y ahora que vosotros habéis vuelto como esclavos… todo empeorará. —

— Sorina — Y lo peor aún no ha empezado. Mañana seguirán llegando visitantes para el festival nobles, comerciantes, agentes y curiosos. Todos sonrientes y listos para atacar. —

— Alistar — O sea… — Dijo tensando la mandíbula.

— Amisair — Los hijos de otras casas nos odian, buscarán venganza. —

— Sorina — Algunos sí. Pero también se odiarán entre ellos. Te siguieron y te ayudaron a matar luego os golpearon a vosotros… y ahora deben sentarse a cenar con sus madres, en el mejor de los casos, como si nada hubiese pasado. La vergüenza hace cosas peores que el odio. — Alistar observó a su hermano menor.

— Doina — Se está complicando todo. —

— Sorina — Mañana pasaré el día reunida con nobles recién llegados, viudas y hombres convencidos de que saben ocultar sus intenciones. Necesito descansar antes de soportarlos. — Recogió algunos papeles, que Doina había estado revisando, y se dirigió hacia la puerta.

— Sorina — Vosotros tres haréis lo propio, descansar, observar y pensar. No quiero ver orgullo herido, deseos de venganza ni estupideces. — Los tres asintieron con un leve movimiento de cabeza y Sorina abrió la puerta y se detuvo un instante.

— Sorina — Esta familia ya cayó una vez. No volverá a ocurrir. —

Ya en su dormitorio, se cambió y apago las velas antes de entrar a la cama. Permaneció despierta mirando la oscuridad, recordando los días, cuando lloraba creyendo que lo había perdido todo. Ahora, con sus hijos vivos bajo el mismo techo, volvió a llorar. Pero esta vez no de angustia. Con el rostro apenas húmedo, dio gracias en silencio a aquel que la había escuchado cuando nadie más lo hizo.

El día siguiente transcurrió como se esperaba. Desde la primera hora retomó las reuniones con los nobles de Anita y sus familiares recién llegados de otras ciudades. Todos buscaban algo, favores, matrimonios o Información. Acceso a cargos o ventajas futuras. Y casi todos, tarde o temprano, acababan preguntando por lo mismo, la imprenta.

Sorina respondió igual a todos con la misma cortesía vacía. Antes incluso de que ella ordenara discreción, los gremios ya habían ocultado sus máquinas de las miradas ajenas. Aquello le confirmó algo importante. Por primera vez en años, la ciudad empezaba a moverse al unísono.

Al mediodía se vio obligada a comer en su despacho. Pidió una comida abundante en carne, más por curiosidad que por apetito tras las conversaciones recientes. Las cocineras, creyendo proteger su salud, llenaron la mesa de verduras y dejaron la carne como acompañamiento. Sorina observó el plato durante varios segundos antes de comer decepcionada.

― Sorina ― Decirme qué habéis pensado sobre la situación actual de Anita. ―

― Alistar ― Lo más importante, y en lo que deberíamos centrarnos, es el festival. Según los informes de Corlen, (jefe de la caballería de Anita), este año han llegado muchos fieles para adorar la estatua dorada de Tolmas. Además, según un contacto del templo, planean realizar al menos cinco sacrificios al día, sin contar el especial dedicado a la estatua. ―

― Sorina ― Neo y Hunt aborrecen los sacrificios. Hay algún motivo que todavía no vemos, pero estoy segura de que no es bueno permitir que continúen. ―

― Doina ― No podemos cambiar los ritos religiosos sin más. El duque, o incluso el rey, podrían condenarnos. ―

― Amisair ― Pero sí podríamos debilitar al templo usando a la gente de la ciudad. Si menos personas acuden a las ceremonias del día ocho, el templo caerá por sí solo. ―

― Alistar ― El asunto del templo es muy complicado. Aún tenemos que pensar en otras soluciones. ―

― Sorina ― Cuando no estás borracho y no hay mujerzuelas cerca, hablas como un verdadero hijo de marqués. ―

― Alistar ― Siguiendo con los informes, en cuanto a la nobleza sabemos que está debilitada. Gracias a los contactos entre los sirvientes del palacio, sabemos que muchas madres tratan a sus hijos como esclavos. Sin embargo, un grupo reducido todavía los trata como hijos. Seguramente esas casas nos interesen más. ―

― Amisair ― Son esas mismas casas las que no me golpearon por presión social. Recuerdo sus caras de miedo al patearme. ―

― Alistar ― No los recuerdo a todos, pero, si no me equivoco, la mayoría eran hijos de vizcondes o condes. ―

― Doina ― Seguramente son los mismos que se unieron a Amisair por miedo a nuestra casa. ―

― Sorina ― Si aún nos guardan algo de respeto, y no solo miedo, puede que nos sean útiles. Al fin y al cabo, son quienes están en contacto con los plebeyos. ―

― Alistar ― Hablando de plebeyos, según los informes de Levi, los hijos de los artesanos de la compañía de Orlan son más que capaces de desempeñar tareas administrativas. La mayoría ya sabe leer y escribir. Además, no solo conocen las tablas de multiplicar, sino que también saben dividir con varias cifras e incluso usar decimales. ―

― Amisair ― Lo sabía. Neo y Hunt son únicos. En pocas semanas han educado a un grupo de plebeyos. ¿Qué tanto podrían lograr en la universidad? Doina, ¿cómo fue la competencia de matemáticas? ―

― Doina ― Humillante. Tanto ellos dos como Pudiente resolvieron todos los ejercicios en muy poco tiempo. Y, sobre todo, resolvieron incluso los que no tenían solución. ―

Doina se levantó, rebuscó entre los documentos de su escritorio y añadió:

― Si no me equivoco, debo tenerlos por aquí. ―

Se acercó a Alistar con un cuaderno de matemáticas y entregó a Amisair una copia de las resoluciones del concurso.

― Sorina ― No sabía que tenías una copia de los ejercicios. ―

― Doina ― Ser el enlace entre la universidad y el marquesado tiene sus ventajas. ―

― Alistar ― Este libro… ¿quién más lo posee? ―

― Sorina ― Tenemos todas las copias, pero algunas familias nobles y varios maestros de gremio pudieron ojearlo. ―

― Amisair ― Imposible… ¿Cómo es posible calcular esto? ―

― Alistar ― Madre, tenemos que limitar el uso de la imprenta. No podemos dejar circular esta información. ―

― Sorina ― Cada gremio tiene dos imprentas. Además, no se imprime nada sin mi visto bueno. ―

― Alistar ― La imprenta es muy peligrosa. El rey querrá una en cuanto se entere de que existen, si no lo ha hecho ya. ―

― Sorina ― Le mandaré la nuestra y pediré a Neo y Hunt que creen una mejor. ―

― Doina ― Yo también lo he notado. Neo y Hunt no parecen acostumbrados a usarla, como si en su lugar de origen emplearan algo distinto. ―

― Amisair ― Seguramente están creando versiones primitivas de las herramientas que conocen para no perder su ventaja. ―

― Sorina ― Tienes razón. Yo haría lo mismo. ―

― Alistar ― Siguiendo con la petición de esos dos… te han exigido, cosa que no es aceptable, que aumentes la producción agrícola. ―

― Sorina ― Tendré que regañarlos por las formas, pero sus motivos están justificados. Según nos han contado, una alimentación basada solo en carne o solo en verduras es perjudicial para la salud. ―

― Alistar ― Pero la ciudad no puede alimentarse solo de grano. Las parcelas de cultivo podrían ampliarse, aunque también aumentarían las muertes de campesinos por ataques de monstruos. ―

― Amisair ― Tendremos que pensar en algo. ―

― Doina ― O preguntarles a ellos. ―

― Sorina ― Nos están presentando inventos muy extraños. Seguramente intentan guiarnos hacia una dirección concreta. ―

― Alistar ― Tendremos que preguntarles directamente. No podemos permitir que dos extranjeros nos controlen. ―

― Doina ― De hecho, han comprado el registro de ciudadanía de la ciudad. ―

― Sorina ― Entonces ya son casi ciudadanos. Su unión formal con Selene y Dalia los convertiría en ciudadanos de pleno derecho. ―

― Alistar ― También tendremos que gestionar eso. Tenemos mucho en qué pensar, pero es indispensable reunirnos con ellos y tomar una decisión. ―

― Sorina ― Concuerdo. No podemos dejarlos escapar, si su tecnología, sus conocimientos o su forma de pensar caen en manos de otra ciudad o en las del rey, dentro de diez años nos arrepentiremos por algo que tenemos a nuestro alcance. ―

― Doina ― Entonces debemos ofrecerles algo para que no nos quieran abandonar. Pero de lo contrario si intentamos atarlos por la fuerza, se marcharán… o se volverán contra nosotros. ―

― Alistar ― O peor. Que aparenten obedecer mientras fortalecen a otra familia o incluso nación. ―

― Amisair ― Yo haría eso. Sonreír, asentir… y vender por detrás. ―

― Sorina ― Por eso me alegra que te parasemos a tiempo. ― Tomó una hoja en blanco y la extendió sobre la mesa. ― Primero decidiremos qué desean realmente. Hasta ahora han pedido pocas cosas para sí mismos y eso me preocupa, incluso más que los nobles que exigen imposibles. ―

― Doina ― Han comprado ciudadanía, herramientas, materiales de trabajo… y han asegurado sus matrimonios. ―

― Alistar ― También posen un taller, estudiantes y tienen contacto con gremios. ―

― Sorina ― No quieren lujos… se están intentando establecer. ― Doina asintió lentamente. ― Y ya tienen una base desde donde empezar a crecer. ―

― Amisair ― O desde la que escapar cuando les convenga. ― Sorina miró a sus hijos uno por uno. ― Son fuertes si los encadenamos o los hacemos presos se escaparán. Entonces si irán contra nosotros. ―

― Sorina ― Atarlos a la ciudad pero que no lo parezca. ― Doina sonrió apenas.

― Alistar ― ¿Doina qué propondrías? ―

― Doina ― El matrimonio, un cargo y una gran deuda. ―

― Sorina ― Exacto… Sus uniones con Selene y Dalia les darán un hogar. Un puesto en la universidad les dará prestigio público. Y financiación para sus proyectos creará obligaciones mutuas. Solo así se verán necesitados y permanecerán en la ciudad. ―

― Amisair ― Siguen pudiendo marcharse. ―

― Sorina ― Lo importante no es que puedan o no puedan, lo importante es que no quieran. ― El silencio volvió unos segundos.

― Alistar ― ¿Y si piden más de lo debido? ―

― Sorina ― Entonces les daremos menos de lo pedido y más de lo esperado. ― Doina tomó nota sin disimulo. ― En cuanto a la universidad… si les damos libertad total, desplazarán a los maestros inútiles en unos meses. ―

― Doina ― Los mediocres mantienen sus puestos porque no tienen competencia. Pero no humillaremos a los viejos maestros de frente. Crearemos nuevas cátedras. ―

― Alistar ― ¿Y quién ocupará esas plazas? ―

― Sorina ― Ellos elegirán ayudantes. Nosotros elegiremos quién puede convertirse en ayudante. ―

― Amisair ― Ahora sí suena a control. ―

― Sorina ― Aprende a diferenciar el control y la organización. ―

― Doina ― Queda el festival. Si actuamos contra el templo y al mismo tiempo favorecemos a esos dos extranjeros, algunos dirán que traicionamos a Tolmas. ―

― Sorina ― No actuaremos contra el templo, sino que a favor de la ciudad. ―

― Alistar ― Eso es lo mismo con mejores palabras. ―

― Sorina ― Gobernar suele consistir en eso. ― Amisair rio por la nariz.

― Doina ― Entonces, ¿qué hacemos? ―

― Alistar ― Podríamos vaciar las calles cercanas al templo sin prohibir nada. ―

― Sorina ― Eso es una buena idea. ―

― Alistar ― Aunque enfurecerá a los sacerdotes. ―

― Sorina ― Los furiosos se equivocan más rápido. ― Amisair sonrió por primera vez con sinceridad.

― Amisair ― Madre… hoy das miedo. ―

― Sorina ― Citad a Neo y Hunt mañana después del inicio del festival sobre el mediodía. Quiero hablar con ellos antes de que inventen otro problema… o otra solución descontrolada. ―

― Doina ― ¿Y si rechazan venir? ― Sorina caminó hacia la puerta.

― Sorina ― Entonces iré yo.―

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo