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Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 2

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2: Capítulo 1 2: Capítulo 1 Por un largo rato, el pelinegro se quedó observando a su amigo, que parecía que nada en su mente le perturbaba al momento de dormir, como si no se hubiera enfrentado a la diosa Kaguya y a todo el problema que se fue arrastrando durante siglos.

Naruto Uzumaki era el tarado más resiliente y eso Sasuke no podía discutirlo, incluso esbozó una tenue sonrisa cuando lo vio suspirar en sueños y susurrar su nombre.

¿Por qué continuaba obsesionado Naruto con él?

Sasuke ya no tenía forma de huir de la aldea y mucho menos de seguir con su venganza porque comprendió que no tenía sentido, además, el cabeza hueca le había prometido interceder para que no lo refundieran en prisión por sus crímenes.

Pensó en despertarlo para que se fuera a descansar a su casa cuando anocheció, pero si lo hacía, ambos quedarían completamente solos y últimamente, aunque no lo reconociera abiertamente, a Sasuke le estaba sentando bien la presencia de Naruto.

Le echó un último vistazo al rubio antes de quedarse dormido también.

Horas después, justo antes del amanecer, despertó de mal humor a causa de las voces de las enfermeras y equipo médico que se paseaban de un lado a otro en el pasillo de la habitación.

Su mirada se deslizó hacia la silla en donde Naruto se encontraba aún dormido, en una posición ridículamente incómoda.

Y antes de poder despertarlo de una patada, la puerta de la habitación se abrió y entraron varios ninjas médicos a inspeccionarlo, pero no esperaban ver a Naruto dormido en la silla.

—¡Naruto Uzumaki!

El recién mencionado se levantó de un salto, todavía dormido y se golpeó la cabeza con la pared, despertándose al instante.

—¡Lo siento!

—se quejó, agarrándose la frente ante la enorme protuberancia del golpe.

—¿Qué haces aquí?

—le riñó el doctor.

—Yo… eh… —balbuceó, adormilado y con la cabeza dándole vueltas.

—Le pedí que se quedara a dormir conmigo—respondió Sasuke con severidad—.

Necesitaba ayuda para moverme al baño y él me ayudó.

—En ese caso, debiste llamarnos con ese botón que tienes junto a tu cama—replicó el doctor y enseguida el resto de enfermeras comenzaron a checar su suero y la cicatriz de su brazo izquierdo para corroborar que seguía listo para la implantación de la prótesis.

Naruto ladeó la cabeza, pensativo y de pronto sus ojos azules se encontraron con los negros de Sasuke durante unos segundos.

—Debo irme ya.

Nos vemos después, Sasuke.

Como esa noche se quedó a dormir en la habitación del hospital de su amigo, no descansó en lo absoluto.

Le dolía la espalda y las extremidades, pero valía completamente la pena si así Sasuke volvía a confiar en él como cuando eran niños y compañeros de equipo.

El sol comenzó a aparecer en el horizonte y se estiró perezosamente antes de saltar por una ventana del hospital, caminar al borde de varios tejados y finalmente aterrizar sobre tierra firme.

La aldea apenas estaba despertando y algunas luces nocturnas iban apagándose a medida que la luz solar bañaba las casas por completo.

—¡Hermano Naruto!

El chico de ojos azules volvió el rostro con una sonrisa cansada a Konohamaru, su pequeño aprendiz y rival.

—Hola, Konohamaru, ¿qué tal?

¿no es muy temprano para que estés vagando por la aldea?

—le revolvió el cabello y el niño sonrió de oreja a oreja.

—Ebisu-sensei nos convocó a Udon, Moegi y a mí para terminar la misión que no terminamos ayer—respondió, ruborizado.

—No me digas que no lograron atrapar a ese felino salvaje.

—¡Es muy fuerte, hermano Naruto!

—apretó los puños—.

Intenté usar el rasengan, pero Ebisu-sensei dijo que no podía usarlo en animales inocentes, aunque ese felino estúpido ha estado haciendo desastres en el mercado.

—El rasengan es para defender a tus amigos de enemigos, Konohamaru, jamás lo utilices en animales que solamente actúan como lo que son—dijo y volvió a revolverle el cabello.

Konohamaru le regaló una enorme sonrisa de emoción.

—¡Muy bien!

Prometo esforzarme, hermano Naruto.

—Claro que sí, te veo luego, ¿está bien?

El niño asintió, muy motivado y comenzó a correr en dirección opuesta a él.

Naruto lo observó hasta perderlo de vista y sonrió levemente al ver la larga bufanda azul de Konohamaru moverse con el aire mientras corría.

Ahogó un bostezo y se apresuró a llegar a casa para dormir un poco más.

Decidió evitar las calles e ir por los techos para que las personas no lo detuvieran para saludarlo, ya que, después de que él y Sasuke detuvieron la cuarta guerra ninja, la aldea entera comenzó a apreciarlo más y a tratarlo como siempre había deseado, pero en ese instante solamente quería llegar a su cama.

No obstante, cuando por fin llegó a su casa, se encontró con Shikamaru Nara.

Su amigo estaba recargado en la puerta principal, esperándolo con los brazos cruzados y su expresión típica de fastidio.

—He estado aquí desde hace veinte minutos, Naruto, ¿dónde estabas?

¿en serio te levantaste tan temprano?

—le preguntó, con una sonrisa torcida.

—No, me quedé durmiendo en el hospital—se frotó el ojo derecho con cansancio y sacó las llaves de la puerta.

Shikamaru se hizo a un lado.

—Me quedé con Sasuke y desperté gracias a los médicos del hospital—continuó diciendo y abrió.

Ambos entraron y se quitaron los zapatos.

—No entiendo por qué sigues visitándolo todos los días hasta su recuperación, que quizá tarde más porque todavía siguen haciendo su prótesis.

Pero Naruto no respondió.

Se hallaba ocupado quitándose la ropa y buscando su pijama bajo el escrutinio de Shikamaru.

—Oye, Naruto—insistió su amigo con desdén—.

Se supone que has intervenido y van a hacer lo posible por otorgarle la amnistía a Sasuke, ¿qué te preocupa?

—No lo sé.

Creo que quedé un poco traumado por lo que pasó y temo que en cualquier momento Sasuke decida irse otra vez y yo no me entere hasta cuando esté muy lejos—.

Bufó, recostándose en su cama con aire despistado.

Shikamaru bostezó y sacó un cigarrillo del bolsillo, lo colocó entre sus labios, pero no lo encendió.

—Deja de pensar en el pasado, Naruto, o no podrás vivir bien en el presente y tu futuro dependerá de Sasuke—le aconsejó—.

Él es inestable y no voy a tolerar que te arrastre a su infierno otra vez.

—Ya, Shikamaru—sonrió Naruto, pero su amigo advirtió que no era una sonrisa genuina—.

No te preocupes, ¿de acuerdo?

Mejor dime el motivo de tu visita, porque estoy seguro que no viniste solamente a hablar de Sasuke.

Poniendo los ojos en blanco, Shikamaru asintió.

—El sexto Hokage requiere de tu presencia en su oficina al mediodía—le informó—.

Quiere hablar contigo personalmente sobre algo importante.

No me dio ningún detalle, únicamente me pidió que te avisara.

—Muchas gracias, Shikamaru.

—No olvides ir.

Pon tu fastidiosa alarma para que no vayas tarde.

Naruto asintió y esta vez sonrió genuinamente, porque le gustaba ser más cercano a sus amigos y tener esa confianza que siempre anhelo desde que eran niños.

Shikamaru fue de los pocos compañeros que no fue tan duro con él cuando eran pequeños y le tenía alta estima, especialmente porque ya había dicho que cuando se convierta en Hokage, él sería su consejero por su gran inteligencia.

Lo escuchó salir de la casa y se relajó.

Cerró los ojos y se abandonó a la inconsciencia, pero no sin antes poner la alarma para despertar a tiempo.

Horas después, se hallaba degustando el delicioso ramen instantáneo, pensando en lo que Kakashi-sensei quería decirle.

Si era tan importante, ¿por qué no decidió llamarlo a primera hora y no a mediodía?

Y quince minutos antes de las doce del día, salió en dirección a la oficina del Hokage, que gracias a cortar camino por los techos, logró llegar cinco minutos antes.

Saludó a algunos guardias shinobi y llegó hasta la puerta.

La golpeó brevemente y escuchó la voz de su sensei.

—Adelante.

Naruto abrió la puerta y se estremeció.

Echaba de menos a la abuela Tsunade y su vigorosa energía fuerte y deliberada, pero ella había decidido desistir del puesto hacía un mes porque quería continuar ejerciendo su jutsu médico con la aldea y Kakashi tomó el mando que le correspondía.

La oficina del Hokage todavía olía a madera nueva.

No porque el edificio fuera reciente (la torre del Hokage llevaba décadas en pie) sino porque muchas cosas habían sido reparadas después de la guerra.

En el centro de la habitación, sentado detrás del escritorio, Kakashi Hatake pasaba lentamente una página de su libro.

Frente a él estaba una persona que claramente preferiría estar en cualquier otro lugar.

—No entiendo por qué estoy aquí—dijo Sasuke Uchiha con tono seco cuando vio entrar a Naruto con su energía habitual.

—¡Kakashi-sensei!

Aún llevaba vendas en el hombro donde pronto sería colocado su nuevo brazo.

—Lady Tsunade dijo que debía presentarme para evaluaciones médicas.

No para escuchar misiones.

—Ah… —respondió Kakashi con tranquilidad—sí, sobre eso.

—¡Me dijeron que querías verme!

—añadió Naruto.

Sasuke cerró los ojos con resignación.

—Claro —dijo Kakashi, cerrando su libro—.

Ahora que ambos están aquí, puedo explicarles.

Naruto inclinó la cabeza.

—¿Explicar qué?

Kakashi apoyó los codos sobre el escritorio.

—Una misión.

Los ojos de Naruto brillaron inmediatamente.

—¡Genial!

Sasuke no se movió.

—No voy a ir.

—No he terminado—continuó Kakashi con calma.

Sacó un pergamino y lo desplegó sobre el escritorio.

En él había un mapa con una región marcada—.

Hace unos meses, durante una expedición del País del Viento, Gaara descubrió algo inesperado.

Naruto se inclinó sobre el escritorio.

—¿Un tesoro?

—Una aldea—le corrigió Kakashi.

Naruto parpadeó.

Sasuke entrecerró ligeramente los ojos.

Kakashi señaló el mapa.

—Se llama Tsukikage no Sato.

La Aldea de la Sombra de la Luna.

—Nunca había oído de ella—dijo Naruto.

—Nadie lo había hecho—respondió Kakashi—.

Durante décadas esta región estuvo cubierta por tormentas de chakra residual de antiguas guerras.

Era imposible atravesarla, pero después de la Cuarta Guerra Ninja esas tormentas desaparecieron.

Sasuke observó el mapa con más atención.

—¿Y ahí encontraron una aldea?

—Exacto, Sasuke—.

Kakashi continuó—.

Una civilización aislada que ha vivido oculta durante generaciones.

Naruto se cruzó de brazos.

—Entonces… ¿Qué tiene que ver eso con nosotros?

—La aldea no confía en los shinobi —explicó Kakashi—.

Durante siglos evitaron cualquier contacto con las grandes naciones, aunque ahora permiten visitantes.

Naruto sonrió.

—¡Entonces solo tenemos que ir a saludar!

—No es tan simple.

Kakashi levantó un dedo.

—Los extranjeros deben seguir reglas muy estrictas.

Sasuke ya parecía sospechar hacia dónde iba esto.

—¿Qué tipo de reglas?

Kakashi pasó la página del informe.

—La principal es esta—.

Hizo una pausa deliberada que le irritó a Sasuke—.

Los visitantes deben viajar en familia… o como pareja oficialmente reconocida.

—…¿Eh?

—Naruto tardó un segundo en procesarlo.

Sasuke permaneció completamente inmóvil.

Kakashi continuó hablando con total serenidad.

—Según el consejo de ancianos de la aldea, los espías suelen viajar solos o en grupos militares.

Las parejas son más fáciles de vigilar.

Naruto levantó una mano.

—Espera… ¿Estás diciendo…?

Kakashi cerró el pergamino.

—Necesito que ustedes dos vayan a La Aldea de la Sombra de la Luna en una misión secreta.

Naruto sonrió.

—¡Eso suena fácil!

Kakashi asintió.

—Y para poder entrar a la aldea deberán registrarse como… —.

Hizo otra pausa, mirándolos a ambos con una sonrisa que estaba oculta debajo de su máscara—.

Esposos.

El silencio que siguió fue absoluto.

Naruto se quedó congelado.

Sasuke abrió lentamente un ojo.

—No.

—Demasiado tarde —dijo Kakashi.

—No iré.

—No es opcional.

Sasuke frunció ligeramente el ceño.

—No trabajo para Konoha.

Kakashi inclinó la cabeza.

—Tal vez no—.

Luego añadió con calma: —Pero Tsunade sí tiene autoridad sobre tu tratamiento médico.

Sasuke se quedó en silencio.

Naruto miró entre los dos.

—Espera… ¿Qué tiene que ver eso?

Kakashi sonrió ligeramente.

—Tu nuevo brazo con células de Hashirama aún no está listo.

Sasuke lo fulminó con la mirada.

—Y Tsunade me pidió recordarte—continuó Kakashi—que no abandonarás la aldea hasta que ella lo diga.

Naruto intentaba no reír.

—Entonces… ¿Tenemos que fingir ser pareja?

Kakashi asintió.

—Durante toda la misión.

Naruto se rascó la nuca.

—Eso será raro.

¿Puedo usar mi jutsu sexy y hacerme pasar por una chica?

—No.

Ellos se darían cuenta rápido—.

Negó Kakashi.

Sasuke se levantó de la silla.

—No.

Naruto lo miró.

—¿No qué?

—No será raro.

Sasuke caminó hacia la puerta.

—Porque no sucederá.

Kakashi habló sin levantar la voz.

—Por cierto.

Sasuke se detuvo.

—Gaara fue quien descubrió la aldea.

Naruto parpadeó.

—¿Gaara?

Kakashi asintió.

—Y recomendó específicamente que Naruto fuera enviado.

Naruto sonrió.

—¡Genial!

Gaara siempre confía en mí.

—De hecho, Gaara había propuesto acompañarte para protegerte de cualquiera que pudiera hacerte daño, pero decidí que tal vez es mejor que vayan shinobi de Konoha y no de dos naciones para no levantar sospechas.

Sasuke permaneció de espaldas unos segundos, sintiendo una extraña sensación de molestia.

Luego suspiró.

—¿Cuándo partimos?

—siseó.

Naruto se iluminó.

—¡Entonces aceptas!

Sasuke no respondió.

Kakashi abrió nuevamente su libro.

—Bien.

Tienen tres días para prepararse.

Pasó la página con tranquilidad.

—Ah, y Naruto… —¿Sí?

—Empieza a practicar.

Naruto inclinó la cabeza.

—¿Practicar qué?

Kakashi levantó la vista del libro.

—Actuar como un esposo convincente.

Naruto se puso rojo.

Sasuke salió de la oficina a toda velocidad, pero desde el pasillo se escuchó claramente su voz.

—Usuratonkachi.

Naruto sonrió.

—Creo que ya vamos bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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