Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 30
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Capítulo 30: Capítulo 29
Poco a poco fue oscureciendo y Gaara se sentía un poco mejor después de haber descansado, comido y haberle comentado lo que lo estaba matando por dentro a Sai, uno de los amigos más cercanos de Naruto.
Sin embargo, no estaba seguro si sería de gran ayuda porque ese chico pálido apenas estaba comenzando a entender las emociones humanas después de haberlas suprimido al pertenecer a ANBU, pero le bastaba con sentirse aliviado de no estar atormentándose él solo con sus sentimientos.
—Es hora de irnos, Lord Kazekage—. Le informó el Capitán Yamato con una leve sonrisa.
El resto de shinobi solamente estaban esperando la señal para continuar.
Tanto Gaara y Sai se levantaron con rapidez para comenzar a movilizarse entre los árboles y la poca luz que quedaba del sol.
—¿Quiere que le llevemos su equipaje? —se ofreció uno de los shinobi.
—No, gracias. Estoy bien—. Se negó con amabilidad.
Sai, por su parte, se mantuvo cerca de él cuando empezaron a avanzar. Su silencio era reconfortante, pero su mirada curiosa le inquietó.
Volteó a verlo con una sonrisa tensa, que obviamente el chico pálido no captó y se la devolvió genuinamente.
No obstante, cuando ya habían avanzado unos cuantos metros, en el horizonte, alcanzaron a ver un destello gigantesco, como una explosión silenciosa y muy brillante, que casi los cegó por completo, seguido de unas fuertes ráfagas de aire que los empujó hasta el suelo con demasiada fuerza.
Gaara usó su arena para amortiguar la caída de todos y no se hicieran daño.
—¡¿Qué demonios está pasando ahí?! —gritó el Capitán Yamato, desconcertado.
El pelirrojo frunció el ceño y percibió un chakra descomunal en aquella dirección. Era muy ardiente y colosal, pero al mismo tiempo… delicado y muy familiar.
—¿Sienten ese chakra? —inquirió el Capitán, perplejo.
—Sí, es muy intenso y al mismo tiempo, lo reconozco de alguna parte… —terció Sai, aturdido.
—¡Es de Naruto! —gritó Gaara, elevándose con su arena hasta lo más alto de los árboles.
—¡Kazekage! —gritó el Capitán Yamato cuando lo vio moverse hacia la dirección de aquel chakra.
—¡Estoy seguro que es él! ¡Debemos ayudarlo! ¡Él no haría uso del poder del nueve colas a menos que estuviera en peligro! —fue lo último que escucharon de Gaara antes de que este apresurara el paso por encima de ellos.
Sai miró al Capitán en espera de su orden.
—Envía un mensaje a Konoha con una de tus bestias de tinta, Sai—. Ordenó el Capitán con severidad—. Iremos a apoyar a Naruto. Diles de manera resumida lo que ha ocurrido, por favor y síguenos en cuanto termines.
—¡Entendido! —Sai se despojó de sus cosas y se sentó sobre la hierba, y dos shinobi le brindaron luz con sus jutsus de fuego porque ya casi no quedaba rastro de la luz del sol.
—Ustedes quédense con él mientras hace el mensaje y después vienen—. Añadió el Capitán hacia esos dos shinobi antes de echarse a correr detrás de Gaara.
Mientras tanto, Gaara iba más rápido de lo que alguna vez intentó ir sobre su arena. La luz estaba haciéndose más grande y como estaba a nada de caer la noche sobre ellos, se miraba incluso el doble de aterradora.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Naruto estaba ahí, si se suponía que la aldea estaba del lado contrario? ¿Acaso estaba peleando contra el Uchiha?
No. No era posible porque no sentía ese chakra maldito ondeando el ambiente.
En cuanto el sol se ocultó por completo, se le erizó la piel al sentir como la luna iba tomando posesión del cielo con aire egoísta. Incluso percibió que no había ninguna nube que le impidiera lanzar sus rayos plateados encima de todo ser vivo que pudiera alcanzarlo.
Volteó a ver hacia donde yacía la aldea lunar y se alegró de no estar tan cerca para ser afectado.
A cada metro que se acercaba, no podía evitar sentir mucho temor en lo que estaba ocurriendo. Iba a ciegas, pero por Naruto, sería capaz de enfrentarse a cualquier tipo de enemigo que quisiera hacerle daño.
Aunque ya no poseía al Shukaku, la arena que lo protegía, gracias a su madre, lo hacía ser muy fuerte, y su defensa más.
Las luces plateadas y doradas se hicieron más deslumbrantes, y las ráfagas de aire lo empujaron hacia atrás, pero no flaqueó.
Fue como ir en contra del viento en medio de un tornado.
—¡Lord Kazekage!
—¡Gaara!
Gaara volvió el rostro hacia atrás y vislumbró a Sai y al Capitán Yamato montados en su bestia de tinta, con el resto de shinobi en más de sus bestias para ir más rápido.
—Tengan mucho cuidado, no tengo la menor idea de lo que…
De repente, el grito feroz del Kyūbi alertó a todos y alcanzaron a divisar al Zorro de Nueve Colas sobresalir de entre las montañas, pero no parecía pelear con nadie en particular, sino contra algo invisible que intentaba someterlo.
Pero Gaara en vez de detenerse, incrementó la velocidad y detrás lo siguieron todos.
Aunque él se acercó lo suficiente, una barrera de fuerza le impidió acercarse más y lo hizo rebotar hacia atrás.
—Voy a lanzar papel explosivo, ¡Todos detrás! —gritó el Capitán.
Retrocedieron un poco y los lanzó.
Las bombas apenas y provocaron una leve vibración en el campo de fuerza.
—Esto es malo—. Masculló Gaara, mirando con desesperación el panorama—. Debemos entrar y sacar de ahí a Naruto.
—¿Qué clase de misión fue la que le ordenó el Hokage? —carraspeó el Capitán Yamato, limpiándose el sudor—. Jamás pensé que habría peligro por este sitio desértico.
Gaara no respondió e intentó volver a traspasar esa barrera, pero antes de arremeter contra ella, alcanzó a ver otra aldea y muchas personas debajo de Naruto y entre ellas, Sasuke Uchiha, quien miraba con ansiedad lo que estaba ocurriendo.
El Kazekage no comprendía contra lo que estaba luchando Naruto, puesto que no era contra Sasuke Uchiha y de pronto miró hacia arriba.
La luna brillaba muchísimo más.
Gaara sintió vértigo.
—¿Contra qué está peleando el Kyūbi? —preguntó Sai, nervioso.
—Hay personas debajo de Naruto—. Informó Gaara y luego señaló el cielo—. Está luchando contra la luna.
—¡¿Qué?! —Tanto Sai como el Capitán entornaron los ojos.
El pelirrojo volvió a echar un vistazo a la aldea y notó que las personas tenían diferente apariencia, muy distinta a los de la aldea lunar, como si fueran sus opuestos.
—No ataquen o podrían herir a Naruto, mejor intenten meterse a la aldea por debajo, yo veré si hay algún punto débil en esta barrera—. Ordenó Gaara sabiamente, aunque en el fondo habría querido hacer pedazos esa barrera sin importarle nada, pero había gente inocente abajo.
—Yo me quedo contigo—. Acotó Sai, mientras el resto, siendo liderado por Yamato, se metían entre los árboles para tratar de acceder por debajo.
—Rodea al Kyūbi y lanza bestias pequeñas de tinta para ver hasta qué punto está la barrera, debe haber un punto débil—. Le indicó Gaara a Sai.
Sai se movilizó rápidamente mientras que el pelirrojo miraba con angustia al Kyūbi y alcanzó a ver a Naruto en su interior, con una mueca de dolor y desesperación.
Y de pronto, se le ocurrió una arriesgada idea.
Si Naruto estaba luchando contra la luz de la luna, tal vez si conseguía hacerle sombra, podría ayudarlo de alguna manera. Solo debía intentarlo.
Se alzó por encima del Kyūbi y usó toda la arena que poseía para crear una especie de paraguas que cubrió por completo el terreno de aquella aldea oculta entre las montañas, provocando que la luz lunar no tocara ni un milímetro del interior.
Poco a poco fue viendo que Naruto dejó de luchar y volteó a verlo en el interior del poder del Nueve Colas, impresionado, y cuando se dio cuenta de que era Gaara, se ruborizó, pero en el instante que intentó alcanzar al pelirrojo con la mano del Kyūbi, su poder se esfumó abruptamente, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera hacia el suelo sin ningún tipo de protección.
El Kazekage gritó, alarmado, porque si usaba su arena para ayudarlo, la luz lunar entraría nuevamente a ese lugar y todo por lo que había aguantado Naruto se iría a la mierda.
Pero en medio de la ansiedad, Gaara percibió una silueta oscura fugaz que atrapó a Naruto justo a tiempo.
Sasuke Uchiha.
—Al menos sabes hacer algo bien—. Le dijo Gaara con desprecio.
Y entonces Sasuke volteó a verlo y el pelirrojo se sorprendió de no verlo usar ninguno de sus ojos pese a su irritación.
—Naruto es mío y voy a cuidarlo de quien sea—. Le espetó Sasuke.
Tenía a Naruto en sus brazos, pero el rubio parecía inconsciente por haber usado demasiado chakra para mantener vivos a todos.
—¡No pierdas los estribos, Uchiha! —le gritó un hombre extremadamente musculoso y Gaara frunció el ceño—. O de lo contrario, harás que el esfuerzo del pelirrojo sea en vano. Él nos ayudó más de lo que tú en todo este tiempo.
—¡Ponte el maldito pañuelo! —le gritó una chica muy atractiva, pero con aspecto cansado—. No puedes estar sin él, recuérdalo.
Y justo cuando Gaara quiso acercarse a Naruto, el hombre musculoso y la chica voltearon a verlo.
—¿Cuánto tiempo puedes sostener esa barrera de arena sobre nosotros? —le preguntó.
—El tiempo que yo desee, ¿por qué? —respondió Gaara.
—¡Lord Kazekage!
La voz del Capitán Yamato sorprendió a todos y Sai venía con ellos, ya que, al parecer, no logró encontrar un punto débil.
—¿Eres el Kazekage? —quiso saber el hombre musculoso con sorpresa.
—Así es. Me llamo Gaara, Kazekage de la aldea de la arena—. Se presentó con modestia, cruzándose de brazos.
—¡Eres muy joven y guapo! —inquirió la chica, sonrojada, pero Gaara la ignoró. Su mirada estaba en Naruto.
—¿Nos pueden explicar qué ocurre aquí? ¿Cómo es que no teníamos registro de esta aldea? Apenas hace poco descubrí la Aldea de la Sombra de la Luna y ahora descubro de la peor manera de que existe otra—. Espetó Gaara y arrastró las palabras de manera oscura como cuando estaba lleno de odio, aunque en aquel instante, solamente pensaba en la manera de hacer pedazos al culpable que había sometido a Naruto—. Y les exijo respuestas. ¿Quién demonios son ustedes y por qué Naruto estaba siendo sometido por la maldita luna? Ustedes no se parecen en nada a los habitantes de la aldea lunar y si no quieren que empiece una guerra contra la aldea de la arena, hablen de una buena vez.
Sus palabras hicieron sonreír al hombre musculoso y Gaara deseó matarlo.
—Mi nombre es Enma Taiyō y soy el líder de La Aldea del Crepúsculo Ardiente y me temo que tu amenaza no me interesa en lo absoluto. Este joven rubio entró a nuestra aldea por decisión propia y nos ayudó por su cuenta, nosotros no le hicimos daño.
—Y yo soy Akane Taiyō. Hija de Enma Taiyō—. Se presentó la chica con voz dulce—. Pero para ser el Kazekage de la arena, eres muy joven y aunque siento hostilidad de tu parte, no tienes oscuridad en tu alma, como Sasuke Uchiha.
—Yo fui el jinchuriki de la bestia de una cola y toda oscuridad se fue de mi alma cuando Naruto Uzumaki—señaló al rubio inconsciente con la barbilla—, me hizo entrar en razón, es por eso que yo daría la vida por él.
—¿Estás enamorado de Naruto o solamente es tu mejor amigo? —preguntó Akane, ruborizada.
—¡Akane, basta! —la reprendió su padre.
Pero para ese entonces, la atención de todos, incluyendo al Capitán Yamato, Sai y los shinobi de Konoha, miraban con atención a Gaara, excepto Sasuke.
El Uchiha solamente estaba controlándose porque tenía a Naruto en sus brazos y porque no quería ocasionar más problemas en esa aldea, puesto que, gracias al estúpido Kazekage, Naruto había salido ileso de eso porque no habría podido soportar más tiempo pelear contra la luna, era ilógico.
Pero su reacción iba a depender de la respuesta que daría Gaara a esa pregunta íntima, aunque ya lo sabía, pero esperaba que, por la vergüenza, no lo dijera, y si lo hacía, él también lo haría y no solo ahí, sino también en Konoha para que todos supieran de sus sentimientos y se alejaran de Naruto.
—Admitir esto en voz alta es difícil, pero dadas las circunstancias… —murmuró Gaara, abatido. Sus brazos cruzados flaquearon, pero mantuvo la compostura—. Sí. Estoy enamorado de Naruto Uzumaki.
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