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Dos Sombras y Un Sol -Fanfic SasuNaru - Capítulo 29

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29: Capítulo 28 29: Capítulo 28 El crepúsculo artificial se quebró otro poco.

Ahora ya no era un velo.

Eran fragmentos.

Naruto dio un paso al frente.

—Oye, oye… ¡¿qué demonios estás haciendo?!

—miró a Sasuke con enojo—.

¡Vas a romper todo!

Sasuke lo miró de reojo.

Sereno.

Peligroso.

—Esto ya estaba roto.

Solo era cuestión de tiempo.

Nadie puede detener a la naturaleza con rituales baratos, Naruto.

Y en ese instante la luz lunar atravesó por completo una sección de la aldea.

El impacto no fue explosivo.

Fue… silencioso.

Demasiado.

Las sombras tocaron el suelo… y se movieron.

No como sombras.

Como algo vivo.

Naruto retrocedió medio paso.

—Esto no es no es normal.

—Está entrando… —Akane jadeó.

Enma avanzó por primera vez.

Un solo paso.

Y el suelo tembló.

—Te irás… —su voz ahora era más pesada—.

O te obligaré a hacerlo.

Sasuke entrecerró los ojos.

—Inténtalo.

Pero de pronto, el símbolo central estalló en una luz descontrolada.

Akane cayó de rodillas.

Enma soltó un gruñido bajo.

Y la luna… finalmente… tocó la aldea.

El crepúsculo murió.

El rojo desapareció.

Y el mundo quedó bañado en una luz blanca… antinatural.

Fría.

Vacía.

Naruto sintió cómo su piel se erizaba.

—La noche… no era el problema… —susurró.

Miró alrededor.

Las casas.

Las calles.

Las sombras… ya no estaban donde deberían.

Algunas… ni siquiera pertenecían a nadie.

Y lo entendió.

—…era esto.

Silencio absoluto.

Y en medio de todo Sasuke Uchiha dio un paso adelante.

Como si finalmente… el verdadero escenario hubiera comenzado.

La oscuridad en el interior del pelinegro lejos de haberse marchado, se había profundizado y aumentado lo suficiente como para atreverse a desafiar al líder de la aldea.

La luz lunar cayó sobre la aldea como una sentencia.

No hubo explosión.

No hubo ruido.

Solo… contacto.

Y eso fue suficiente.

Una mujer, a unos metros de Naruto, alzó la vista sin comprender lo que estaba ocurriendo.

Sus ojos dorados, que momentos antes brillaban con el calor del crepúsculo, se apagaron lentamente al ser tocados por esa luz pálida.

—No… —susurró Akane, con un hilo de voz.

Naruto lo observó todo con histeria e impotencia.

La piel de la mujer comenzó a perder color, como si algo invisible le drenara la vida.

Sus manos temblaron, y su sombra… su sombra no la siguió.

Se quedó atrás.

Se separó.

—¿¡Qué demonios—?!

Antes de que pudiera reaccionar, la sombra se retorció sobre el suelo como si despertara de un sueño demasiado largo.

Se alargó, se deformó… y entonces se levantó.

No era una copia exacta.

Era algo… vacío.

La mujer cayó de rodillas, respirando con dificultad, mientras esa cosa—esa sombra—giraba lentamente hacia ella.

—Está… siendo rechazada… —murmuró Akane, con horror contenido—.

La luna está reclamando lo que no le pertenece… —¡¿Cómo se detiene eso?!

—Naruto apretó los puños.

No hubo respuesta rápida, puesto que en ese momento, una presión aplastante descendió sobre todos.

Enma se movió.

Un paso.

Y el suelo se agrietó bajo su pie.

Su cuerpo ardía, literalmente.

No en llamas visibles, sino en una intensidad que deformaba el aire a su alrededor.

El símbolo en su pecho brillaba de forma inestable, como si estuviera luchando por volver a encender el mundo entero por sí solo.

—Retírense —ordenó, su voz resonando como un golpe seco.

Pero nadie podía moverse.

Porque la luna seguía ahí.

Y Sasuke también.

Sasuke Uchiha permanecía de pie, con el pañuelo inútil en su bolsillo, pero su presencia… su chakra… era como una grieta abierta en el mecanismo.

—¡Sasuke, haz algo!

¡Esto se está saliendo de control!

—Naruto lo miró, frustrado— ¡Ponte el maldito pañuelo!

Sasuke no respondió.

Sus manos temblaron apenas.

No por miedo.

Por contención.

—No tiene caso.

Ya no funciona—dijo finalmente, con la voz baja, tensa—.

Pero puedo sentirlo… —Su respiración se volvió más pesada—.

La luna… está respondiendo a mí y yo a ella.

Naruto maldijo entre dientes.

—Pues deja de responderle, ¡idiota!

Pero Sasuke dio un paso al frente, sacando el pañuelo para ponérselo para intentar al menos hacerle caso a Naruto y se lo colocó otra vez alrededor de sus ojos.

Y ese fue el error.

El aire se rasgó.

Literalmente.

Como si dos fuerzas opuestas chocaran en un mismo punto.

Enma alzó la mirada.

Y por primera vez… su expresión cambió.

—Suficiente.

No gritó.

No hizo sellos.

Solo extendió la mano hacia Sasuke.

El impacto fue inmediato.

Una onda de calor puro atravesó la aldea, empujando la luz lunar hacia atrás por un segundo.

Naruto tuvo que cubrirse el rostro, sintiendo cómo su piel vibraba con esa energía.

—¡¿Qué está haciendo?!

—gritó.

—Forzando el equilibrio —respondió Enma, sin apartar la vista—.

O lo someto… o esto se convierte en un desastre irreversible.

—¡Padre, no!

¡Si lo haces así, lo vas a…!

—Akane se puso de pie de golpe.

Demasiado tarde.

Sasuke reaccionó.

Incluso con el pañuelo, su poder respondió por instinto.

El chakra brotó de él como una descarga violenta, haciendo que la tela en sus ojos se tensara, marcada por un brillo interno imposible de ocultar.

—No… me… sometas —siseó.

Naruto se movió.

Se interpuso entre ambos.

—¡YA BASTA!

—rugió.

El choque de energías se detuvo en seco alrededor de él, como si su presencia hubiera cortado la escena en dos.

Respiraba agitado.

Miró a Enma.

Luego a Sasuke.

—No voy a dejar que esto siga así —dijo, firme—.

Ni tú lo vas a destruir… —miró a Sasuke—.

Ni tú lo vas a aplastar.

Silencio.

Pesado.

Insoportable.

Naruto cerró los ojos un segundo.

Pensó.

Sintió.

Y lo comprendió en su ignorancia.

—No es pelear… —murmuró—.

Es sincronizar—.

Abrió los ojos—.

El sol… y la luna no se anulan… se equilibran.

Akane lo miró, sorprendida.

Enma no dijo nada.

Sasuke… tampoco.

Pero su chakra dejó de escalar.

Apenas.

—Sasuke —dijo Naruto, más bajo—.

Confía en mí.

Un segundo.

Dos.

Sasuke dejó de resistirse.

No se rindió.

Pero dejó de empujar.

El cambio fue sutil.

Pero suficiente.

La presión disminuyó.

Las sombras dejaron de moverse con violencia.

La mujer en el suelo dejó de convulsionar.

Y el cielo… titubeó.

Entre rojo… y blanco.

Entre sol… y luna.

Naruto exhaló.

—Eso es… —susurró.

Pero Enma no bajó la guardia.

—Esto no ha terminado.

Y tenía razón.

Porque en ese punto exacto… el equilibrio no era estable.

Era frágil.

Peligrosamente frágil.

Como si cometiera el más mínimo error… fuera suficiente para romperlo todo otra vez.

Pero no era suficiente.

—¡Kurama, ayúdame!

—vociferó Naruto, desesperado y sus ojos se tornaron intensos, dorados.

—Kurama—.

Repitió.

Un silencio breve… y luego, una risa grave resonó en su mente.

Por fin lo notas, Naruto.

El chakra comenzó a brotar.

Primero como una llama… luego como un incendio.

El suelo tembló.

Akane giró el cabeza justo a tiempo para verlo transformarse: la silueta de Naruto creció, se expandió, se volvió colosal.

Una figura imponente, bañada en una luz dorada incandescente que contrastaba violentamente con el brillo frío de la luna.

La bestia de nueve colas emergió.

No como destrucción.

Sino como un sol viviente.

El calor llenó la aldea en un instante.

Las sombras retrocedieron.

La luz lunar, que antes se filtraba con dominio absoluto, comenzó a romperse contra ese resplandor ardiente que emanaba de Kurama.

—¡Akane!

—exclamó uno de los aldeanos, recuperando el aliento—.

¡La presión… se está yendo!

Naruto, ahora fusionado con Kurama, alzó la mirada hacia el cielo.

—No voy a dejar que esta cosa los consuma—prometió, su voz resonando como un eco antiguo—.

No mientras yo esté aquí.

Las colas se desplegaron detrás de él como llamas danzantes.

Cada movimiento liberaba oleadas de chakra cálido que envolvían a los aldeanos, protegiéndolos, devolviéndoles la energía que la luna intentaba arrebatarles.

Akane cayó de rodillas… pero no por debilidad.

Por asombro.

—Esto… esto es… el sol, es decir, una copia de nuestro sol—murmuró.

A lo lejos, el líder de la aldea gritaba órdenes desesperadas mientras intentaban reparar el mecanismo.

—¡Ahora!

¡Reacomoden todo!

¡Tenemos una ventana!

Pero la luna no cedía.

El cielo pareció oscurecerse aún más, como si respondiera al desafío.

Sasuke apretó los puños.

Bajo el pañuelo, su chakra vibraba de forma inestable, reaccionando a ambas fuerzas: la luna… y el sol.

—Naruto… —dijo en voz baja.

Y Naruto sonrió, apenas, dentro de esa forma titánica.

—Tranquilo, Sasuke —respondió con esa confianza tan suya—.

Hoy no le toca ganar a la luna y tampoco a ti, de veras.

El choque de luces continuó… dorado contra plateado… vida contra absorción.

Y en medio de todo, la aldea resistía.

Apenas.

Pero resistía.

Y a pesar del esfuerzo del rubio, el mecanismo… aún no estaba completamente reparado y si Naruto y Kurama flaqueaban, la luz de la luna entraría sin miramientos para someter a los aldeanos solares hasta drenarlos de absolutamente todo su chakra y proclamarlos como suyos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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