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Dovahkiin en "the witcher" - Capítulo 27

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Capítulo 27: Capitulo 27

Jonar la estudió con paciencia. Ella joven, de una belleza pulcra, como la que todas las academias solían esculpir en sus estudiantes. Su cabello, un halo de rubio claro cortado con una precisión que ya empezaba a sucumbir al descuido del viaje, enmarcaba unos ojos azul grisáceos donde la determinación luchaba contra un miedo mal disimulado.

—No pensé que la Hermandad enviaría a alguien tan pronto —comentó él, y su voz tuvo el peso de una sentencia suave—. Veo que el camino hasta aquí no ha sido generoso contigo, Grace.

Ella asintió con una rigidez que rozaba lo espasmódico. Estaba desaliñada; ramitas secas se enredaban en su ropa y las manchas de barro daban fe de una “aventura” que claramente no había figurado en sus planes de estudio. Bajo la mirada dorada de Jonar, Grace parecía una criatura atrapada en un foco de luz, consciente de que cada uno de sus movimientos estaba siendo catalogado.

—¿Has desayunado? —preguntó él, rompiendo la tensión con una naturalidad que a ella le resultó hiriente—. Porque yo no.

—¿Eh? Sí… es decir, ya he desayunado, señor…

El aire fue cortado por un sonido traicionero. El rugido del estómago de Grace fue una protesta física contra su mentira, una debilidad que la disciplina de Tissaia no había logrado erradicar. Ella bajó la mirada, encogiéndose, mientras el calor de la vergüenza le subía por el cuello.

Jonar soltó una risita, un sonido breve que no contenía burla, sino una extraña clase de piedad.

—Ven, pasa. Compartiremos algo de comer. Sospecho que el día nos exigirá más de lo que el orgullo está dispuesto a admitir.

Él se retiró hacia la cocina, dejando la puerta abierta como una invitación que era, en realidad, un desafío. Grace se quedó un momento allí fuera, tragando saliva.

—Qué vergüenza— pensó, sintiendo el peso de su propia torpeza. —Es por la misión—, se dijo a sí misma, como si el mantra pudiera protegerla de la vulnerabilidad de su posición. Entró en la cabaña, y el espacio pareció cerrarse sobre ella, saturado por la presencia de aquel hombre.

El aroma de la carne y los huevos chisporroteando en la sartén era una neblina doméstica, un contraste violento con la ansiedad que le atenazaba la garganta. Jonar se movía con una gracia serena, dejando frente a ella un plato y pan aún tibio.

—Ehh, ah, gracias…

—Llámame Jonar. No hay necesidad de formalidades —dijo él, ocupando su lugar al otro lado de la mesa.

Grace se sentó, se aferró a los cubiertos como si fueran la única ancla en un mar tormentoso. El silencio no era pesado, pero para ella resultaba ensordecedor, cargado con el conocimiento de lo que él era capaz de hacer.

—Imagino que tienes preguntas para mí, ¿no? —Jonar la observaba, sus ojos dorados fijos en ella—. Tengo asuntos que atender el resto del día, pero puedes acompañarme si lo deseas. Responderé lo que quieras saber.

Grace tragó saliva, sintiendo una punzada de alivio mezclada con una sospecha profunda. Esperaba hostilidad, o la distancia gélida de un dios, pero se encontraba con una calma magnética. Esa invitación no se sentía como una infiltración exitosa, sino como si la estuvieran dejando entrar voluntariamente en el ojo de un huracán.

—¿Cómo puede estar tan tranquilo?—, se preguntó, mientras el recuerdo de la voz de Tissaia volvía a su mente: —Él sabe exactamente por qué estás ahí—.

Frente a la inmensidad de Jonar, Grace nunca se había sentido tan pequeña, ni tan hambrienta. Comenzó a comer, intentando organizarse mentalmene, recordando lo que su maestra le había dicho.

El recuerdo se desplegó en la mente de Grace con la nitidez de un grabado en plata. Estaba de vuelta en Aretuza, bajo la mirada gélida de Tissaia de Vries, en un despacho donde el tiempo parecía haberse detenido por decreto de su ocupante.

—Él sabrá exactamente por qué estás allí, Grace. No trates de ocultarlo tras una máscara de engaño; sería un insulto a su percepción —la voz de Tissaia era un hilo de seda, suave pero irrompible—. Pero esa honestidad es nuestra mayor ventaja. No podrá expulsarte, ni se atreverá a dañarte; no mientras el peso de la Hermandad repose sobre tus hombros. La enemistad con nosotros es un precio que incluso alguien como él dudaría en pagar. No temas, no te hará nada.

Grace no respondió de inmediato. Sus pies trazaban surcos invisibles en el suelo de piedra, un movimiento errático, de ida y vuelta, que delataba la tormenta que arreciaba bajo su superficie. Tissaia la observaba con esa paciencia quirúrgica suya, viendo cómo su alumna ya empezaba a diseccionar la misión, organizando pasos, planificando contingencias, construyendo un orden mental para contener el caos del miedo.

—Pero, ¿por qué yo? ¿Por qué enviarme como una espía? —preguntó Grace, deteniéndose bruscamente—. Si su existencia es una anomalía, un sujeto de otro mundo… ¿No sería lo ideal aclarar su situación frente a la Hermandad de forma directa?

—Esa es, precisamente, la razón por la que te enviamos a ti —Tissaia se levantó, su silueta recortada contra la luz mortecina de la ventana—. Una de las videntes de nuestro Capítulo ha tenido visiones sobre él. Jonar no es simplemente un hombre poderoso; es un epicentro. No lo medimos solo en términos de amenaza, sino por las ondas que su sola presencia podría llegar a provocar. No buscamos generar rispidez, Grace, pero la libertad absoluta es un lujo que no podemos permitirle a una fuerza que no comprendemos. Tu presencia a su lado es el primer paso para domesticar esa incertidumbre.

—Entiendo —murmuró Grace, aunque el peso en su pecho decía lo contrario.

—Aun así… —Tissaia se acercó, sosteniendo una pequeña caja de madera oscura entre sus manos de porcelana—. Esto te será útil.

De la caja extrajo un anillo de plata, sencillo en apariencia, pero que emitía una vibración sutil que Grace sintió en los dientes.

—Está encantado —susurró la joven al tomarlo. El metal estaba frío, imbuido de una urgencia latente.

—Exacto. Un mecanismo de salida —sentenció Tissaia—. Si en algún momento la sombra de la amenaza se vuelve demasiado densa, si la situación escapa a tu control, solo debes activarlo con una señal mínima de tu voluntad. Un portal se abrirá y te traerá de vuelta aquí, a este despacho. Directamente a mí.

Grace asintió, cerrando el puño sobre el anillo. La joya era un recordatorio de que, a pesar de las palabras de consuelo de su maestra, el peligro era una posibilidad tangible.

—¿Solo debo observarlo? —insistió.

—Preséntate como lo que eres: un testigo. Una observadora enviada por la Hermandad para dar fe de sus actos.

—¿Y si se niega a que lo acompañe?

—Mientras no haya una amenaza explícita hacia tu vida, persiste. Observa desde la distancia si es necesario, sé la sombra que él no pueda sacudirse. Pero si intenta alzarse contra ti… vuelve.

Tissaia se volvió hacia su escritorio y tomó un fajo de documentos, pergaminos que crujieron con un sonido seco, como huesos viejos.

—Escucha con atención, Grace. No partimos de cero. Hemos recolectado fragmentos de su paso por este mundo, ecos de lo que es capaz. Esto es lo que los informantes han logrado rescatar de las sombras.

Tissaia le relató lo que habían recolectado, características físicas, de carácter mostradas hasta el momento. Acciones realizadas. La conclusión de Grace, como la de cualquiera que escuchara aquella información, era que el sujeto “Jonar”, no parecía una mala persona. Lo más llamativo era la “fluidez” con la que mostraba al manipular la magia, no había encantamientos, o hechizos verbales. Lo que delataba su habilidad mágica.

Una conclusión parecida podría sacarse de su perfil, la serenidad y calma con la cual, aparentemente, se comportaba, hablaba de alguien razonable, meticuloso y capaz. Le sorprendió la hélice saber que había estado combatiendo monstruos con un brujo, así como el haber sanado a personas sin pedir nada a cambio. Aun así, debía permanecer alerta. Nunca se sabía si tales comportamientos eran parte de una fachada

.

.

.

Tras desayunar Joan se dirigió a la casa del jefe del pueblo. Grace lo siguió, aun comportándose de manera nerviosa, cosa que le causaba cierta gracia. La chica parecía genuinamente nerviosa e incómoda, tenía sentido que la enviaran a ella, si lo que buscaban era no generar un rechazo en el.

—¿Que tienes planeado hacer, si se puede saber, claro— Murmuro Grace con nerviosismo.

—El pueblo tiene problemas con sus cosechas, veré en que puedo ayudar—. Respondió mientras llegaba a la casa del jefe.

.

.

.

Jonar, Grace y el jefe Altder se encontraban frente a un campo de cultivo, el mas grande del pueblo. Los acompañaba un campesino, que miraba a jonar con respeto.Jonar, Grace y el jefe Altder se detenían frente al campo de cultivo más extenso del pueblo. Junto a ellos, un campesino observaba a Jonar con una mezcla de temor y devoción.

—Gracias por sanar a mi hijo, gran señor —murmuró el hombre en cuanto sus miradas se cruzaron.

—Como verá, Maese Jonar, el campo ha sufrido los estragos del pantano —explicó Altder, señalando la tierra baldía con amargura—. Las plantas enferman y las semillas no prosperan. Siempre ha sido difícil cultivar aquí, pero este año, con tantos recién nacidos en el pueblo, la tierra parece haber cobrado un rencor particular. Si no logramos cosechar… muchas familias perderán su sustento.

Jonar asintió, su mirada dorada recorriendo la extensión del terreno como si buscara algo oculto bajo la superficie. —Tráeme las semillas que pretenden sembrar —ordenó con una calma que no admitía réplicas.

El campesino asintió con presteza y corrió hacia el granero. Regresó instantes después con una bolsa de lino gastada, de la cual extrajo un puñado de granos de trigo para ofrecérselos a Jonar. A simple vista, las semillas parecían sanas, pero al extender su percepción más allá de lo físico, la realidad era distinta.

—No pensé que llegaría tan lejos— Murmuró para sí con las semillas en las manos.

Se giró hacia el señor y el campesino y preguntó: ¿Es este un problema habitual? ¿Mueren antes de brotar o tras florecer?

—La mayoría llega a florecer, Maese —respondió el campesino, esperanzado por el interés del extranjero—, pero a las pocas semanas se marchitan. No llegan a madurar.

—Entiendo, estas semillas están enfermas. Pero hay una solución: limpiaré la enfermedad de estos granos. Para ello, necesitaremos un brebaje de purificación y regar la tierra con agua tratada. Traigan la cubeta más grande que tengan; hoy mismo sembraremos este campo.

El campesino, con el rostro iluminado por una sonrisa súbita, salió disparado nuevamente hacia el granero. Jonar se volvió hacia el jefe de la aldea. —Altder, busca a Flora, la joven muda. Dile que venga; su ayuda será esencial para preparar la poción.

Altder vaciló un instante, procesando la orden, pero asintió y se encaminó a paso rápido hacia el pueblo. Grace, que había permanecido en un silencio observador, se acercó a Jonar.

—¿Una pócima para los granos? —preguntó en voz baja, con cautela—. ¿Estás seguro de que no tendrá efectos secundarios en los aldeanos?

—Mira estas semillas, Grace. ¿Qué ves en ellas? —Jonar le extendió el puñado de trigo. La joven tomó los granos en su palma. No vio nada extraño, solo semillas comunes. —Usa tu sentido mágico —instó él.

Grace entrecerró los ojos y concentró su energía. Al principio fue un leve cosquilleo, pero pronto lo sintió: una mancha minúscula, casi imperceptible, anidaba en el corazón de cada grano. Era una vibración disonante que evocaba enfermedad y putrefacción. —Lo sientes, ¿verdad? —Jonar la observó con fijeza—. Esta infección no es un capricho de la naturaleza. Ahora, expande tu sentido.

—¿Hacia dónde? —Hacia todo —respondió él, extendiendo los brazos.

Grace respiró hondo, dejando que su magia fluyera hacia afuera como una marea silenciosa. Evitó la presencia de Jonar —que se sentía como un sol controlado y abrasador— y se enfocó en el entorno. El impacto la hizo tambalearse. Bajo sus pies, en las raíces, en el agua que filtraba la tierra y en cada brizna de hierba, la magia estaba allí. Eran manchas oscuras, como tinta vertida en un estanque sagrado. Todo el valle estaba

marcado.

—Por los dioses— fue lo único que pudo pensar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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