Dulce Mamá, Papá Rico: 8 Hijos Adorables - Capítulo 186
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- Capítulo 186 - 186 La advertencia de Henry
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186: La advertencia de Henry 186: La advertencia de Henry El hombre se quedó atónito.
El niño levantó la cabeza y miró fijamente a Charlotte.
Charlotte tomó la mano del niño y entró con él en la tienda.
Dentro había dos salas.
Una planeaba usarla para la educación y la otra para la terapia.
Charlotte había decorado el lugar el día anterior.
Era cálido y acogedor por dentro, con una sensación hogareña.
…
Charlotte invitó al niño a sentarse en el sofá.
Inesperadamente, el niño rompió a llorar y comenzó a gemir.
Lo más probable era que hubiera bajado la guardia delante de Charlotte al confiar en ella después de oír lo que le había dicho a su padre momentos antes.
—Los otros niños del colegio me acosan a diario.
No solo me pegaron, sino que también me orinaron encima, y luego me obligaron a…
—dijo entre sollozos—.
Y-yo no me atrevía a defenderme porque me pegarían aún más fuerte.
Me pegaban con una barra de metal y no paraban ni cuando empezaba a sangrar.
Cada vez me dolía muchísimo.
Además, me amenazaron con matarme si me defendía.
Charlotte sintió lástima por el niño al escuchar su historia.
Había oído hablar del acoso escolar, pero nunca pensó que su primer cliente sería una víctima de ello.
Charlotte se levantó y dijo:
—Espérame aquí.
Voy a enseñarte algo.
Luego, salió de la sala.
El hombre miró a Charlotte con desconfianza y ladró:
—¿Está intentando estafarnos?
¡Viendo el estado de su tienda, apuesto a que no tiene ni la más remota idea sobre terapia infantil!
¡Debe de ser una estafadora!
Charlotte le lanzó al hombre otra mirada fulminante.
—¡Cállese!
—le gritó.
El hombre guardó silencio de inmediato.
Charlotte regresó al cabo de unos minutos con tres cosas en las manos.
Las dejó delante del niño.
Entonces, lanzó un huevo contra un bloque de tofu.
—¿Viste lo que pasó cuando hice eso?
—le preguntó al niño.
Asintiendo con la cabeza, el niño respondió:
—El tofu se deshizo.
A continuación, Charlotte lanzó un huevo contra un bloque de tofu congelado.
—¿Ves lo que ha pasado ahora?
—le preguntó al niño.
—El huevo se ha roto —respondió el niño.
—¿Lo entiendes ahora?
Los otros niños del colegio te acosan solo porque a sus ojos eres débil.
El tofu seguía siendo tofu, pero lo que cambió fue su estado.
Puedes aplicar esto a ti mismo.
Tienes que endurecerte y hacerte valer, así nadie se atreverá a acosarte más.
El niño pensó por un momento: *Ya he visto a muchos expertos antes.
Me contaron un montón de teorías que no hicieron más que confundirme.
Nunca pude recordar nada de lo que decían.
Pensé que esta señora iba a hacerme lo mismo.
Sin embargo, ¡no me esperaba que me aconsejara con solo tres objetos y una teoría tan simple!
Sorprendentemente, ¡entendí lo que quería decir de inmediato!
¡Tengo que hacerme valer y ser fuerte para detener el acoso!
¡Solo yo puedo lograr el cambio!* La respiración del niño
se volvió errática mientras pensaba en el cambio que estaba a punto de hacer.
De repente, había esperanza en sus ojos.
…
Mientras Charlotte atendía al niño, Nia y Lily buscaban algo con gran ahínco en el Gran Cañón de Kingshinton.
Lily seguía haciendo lo que le decían sin una sola queja.
Nia, por otro lado, se desahogaba con Lily azotándola, siempre que le apetecía.
Con cada latigazo, el sonido resonaba por todo el valle.
—¿Cómo es posible encontrar restos humanos en un lugar como este?
—gritó Nia enfadada.
—Srta.
Adams, ¿por qué no regresamos?
—preguntó Lily con mucho cuidado.
*No tengo la menor intención de quedarme ni un minuto más en un sitio como este.*
…
Nia le lanzó una mirada fulminante a Lily.
—¿Regresar?
¿Cómo conseguiré la poción mágica si volvemos?
—preguntó.
Lily bajó la mirada y guardó silencio.
*¿De qué poción mágica está hablando?
¡Nunca he oído hablar de algo así!
¡Esto debe ser una de las mentiras de Charlotte!*
—Srta.
Adams, estoy segura de que Charlotte le mintió —dijo Lily.
Nia resopló.
—No muchos saben en qué anda metido James.
Si Charlotte lo sabía, debe de estar diciendo la verdad.
¡Estoy segura de que fue el chamán quien se lo dijo!
—Justo después de terminar su frase, volvió a azotar a Lily.
Lily dio un respingo de dolor.
Con los ojos húmedos, preguntó:
—¿Por qué tiene que hacerme esto, Srta.
Adams?
—Porque eres la mejor amiga de Charlotte —dijo Nia con frialdad.
—¡No soy su mejor amiga!
¡Ni siquiera la conozco!
¡No tenemos ninguna relación, Srta.
Adams!
—exclamó Lily entre lágrimas.
*¡Qué mujer más descarada!
¿Cómo se atreve a llamarme su mejor amiga?
Somos dos personas con personalidades completamente diferentes.
¡No merece tenerme como su mejor amiga, ni siquiera como mentira!*
Nia no creyó ni una palabra de lo que dijo Lily.
La azotó de nuevo y dijo:
—Me enfado cada vez que te veo.
¡Ustedes dos son idénticas!
En ese instante, a Lily la abrumó el arrepentimiento.
*¿Qué pecado habré cometido en mi vida pasada?
Me transformé a propósito para parecerme a Charlotte.
Sin embargo, no solo no me gané el corazón de Henry, ¡sino que ofendí a Nia en el proceso!
¿Por qué mi vida ha sido tan dura?*
Intentó quitarse la máscara hiperrealista de la cara.
Sin embargo, no lo consiguió.
*¡Argh!
¿Por qué está tan ajustada?
¿Cómo es que no puedo quitármela?*
Lily tenía unas ganas terribles de llorar, pero no le salían las lágrimas.
En ese momento apareció un grupo de hombres.
Se presentaron como subordinados de Henry y les comunicaron a Nia y a Lily el motivo de su presencia, que era llevarlas de vuelta con Henry.
Los ojos de Lily se iluminaron en un instante.
*¿Qué?
¿Quiere que me lleven de vuelta?
¿Se ha dado cuenta por fin de que me ama?
¡Sí, debe de ser eso!
¡Debe de haberse enterado de cómo me está torturando Nia!
Por eso quiere que Nia también vuelva.
¡Quiere castigarla por mí!*
Los ojos de Lily volvieron a enrojecer ante ese pensamiento.
*¡Lo sabía!
Me he ganado el corazón de Henry.
Aunque siempre me trataba como si no le importara, se enamoró de mí hace mucho tiempo.*
El rostro de Nia se ensombreció.
*¿Qué quieren decir?
¿No saben quién soy?
¿Cómo se atreven a decirme que me van a llevar de vuelta con Henry sin siquiera pedirme permiso, como si fuera una prisionera?*
—Soy la hija del fundador de la Corporación Anderson.
¿Creen que pueden hacerme lo que quieran sin pedirme permiso primero?
—dijo Nia con frialdad.
Los subordinados de Henry intercambiaron miradas.
*Es verdad.
No deberíamos ofender a alguien como ella.
Será mejor que llamemos al Sr.
Stevens.* Marcaron el número de Henry y le pasaron el teléfono a Nia.
—¿Por qué no habla usted misma con el Sr.
Stevens?
El corazón de Nia latía con fuerza.
No podía creer que pronto estaría hablando con Henry por teléfono.
Alguien descolgó al cabo de unos segundos.
—Hola, Sr.
Stevens.
Soy Nia —dijo de una manera muy coqueta.
…
A Lily se le empezó a poner la piel de gallina por todo el cuerpo.
*¡Ja!
Qué mujer más descarada.
Se hace la dura delante de mí, pero le habla a Henry con mucha delicadeza.
¿Cree que Henry va a caer en su trampa?
¡Sigue soñando!
A él ya le gusto yo.*
Henry no tenía tiempo que perder en una conversación telefónica inútil con Nia.
La interrumpió y dijo enfadado:
—Nia Adams.
¡Lárgate y regresa a la Ciudad Imperial con Lily, o si no…!
Nia se quedó helada.
No podía creer que las primeras palabras de Henry hacia ella fueran «lárgate» y que regresara a la Ciudad Imperial.
Aunque Nia admiraba profundamente a Henry, no podía soportar la humillación.
Alzó la voz y dijo:
—Henry, ¿tienes idea de quién soy?
Soy de la fami…
Antes de que pudiera terminar la frase, Henry la interrumpió una vez más.
—No me importa quién seas.
Lily se hizo pasar por Charlotte y ahora estás con ella.
Así que las dos tienen que volver juntas.
¡O atente a las consecuencias!
—Henry se burló y colgó el teléfono.
Nia se sintió mareada de la rabia.
Sacó su látigo y apuntó a los subordinados de Henry.
—¡Fuera!
¡Salgan todos de aquí ahora mismo!
Los subordinados se hicieron a un lado.
Decidieron esperar a que Nia se calmara para llevarla después a la Ciudad Imperial.
Lily sonrió triunfante mientras observaba a Nia.
*¿Oh?
¿Por qué está tan enfadada de repente?
¿La habrá regañado Henry por teléfono?
Eso es.
¡Estoy segura de que lo hizo!
¡Henry me defendió!*
Al pensar que contaba con el apoyo de Henry, Lily empezó a sentirse intrépida.
—¡Eh, tú!
¿Quién es la arrogante ahora, eh?
Cuando volvamos, ¡me las pagarás por haberme hecho tanto daño!
—se burló.
Nia miró a Lily con incredulidad.
Lily continuó con aire de suficiencia:
—Henry acaba de regañarte por maltratarme, ¿verdad?
¡Ja, ja!
Ya verás lo que te va a pasar por eso.
Los ojos de Nia empezaron a brillar con furia.
*¡Esta estúpida!
¿En qué está pensando?*
Nia levantó la mano y azotó a Lily con todas sus fuerzas.
El látigo rasgó la ropa de Lily y le desgarró la carne.
—¡Ahhh!
—gritó Lily de dolor.
—¿Qué están haciendo?
¡Deténganla!
—gritó mientras pataleaba.
—¡Soy la mujer a la que Henry ama!
¡Cómo se atreve a tratarme así!
¡Tienen que castigarla!
¡Ay, auch!
¡Rápido, agárrenla!
Los subordinados de Henry miraron a Lily con absoluta confusión.
*¿Está loca esta mujer?
¿De qué está hablando?*
Nia siguió azotando a Lily.
—¡Idiota!
¿Crees que Henry se enamoró de ti?
Ingenua.
¡Es porque te hiciste pasar por Charlotte con una máscara!
Por tu culpa me tienen que llevar a la Ciudad Imperial.
¡Idiota!
—gritó furiosa y le estampó el látigo contra la boca.
Los labios de Lily se hincharon de inmediato como un panecillo.
…
Cuatro horas después, sentada en el avión rumbo a la Ciudad Imperial, Lily por fin comprendió que Henry no había enviado a sus subordinados a buscarla por su propio bien.
*¡Se acabó!
Estoy condenada.
Seguro que ha descubierto mi farsa.*
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