Dulce Mamá, Papá Rico: 8 Hijos Adorables - Capítulo 187
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- Capítulo 187 - 187 Una pobre niña gordita
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187: Una pobre niña gordita 187: Una pobre niña gordita Lily se dio cuenta de que las cosas no iban a terminar bien para ella, así que empezó a hacerle la pelota a Nia, sabiendo que era una persona de élite muy conocida.
—Respetada Srta.
Adams, ¿qué deberíamos hacer ahora?
¡Estoy segura de que Henry se vengará de Charlotte!
Yo me hice pasar por ella mientras usted la intimidaba.
¡Por eso nos persigue ahora!
Charlotte es una mujer muy astuta y malvada.
¡Seguro que nos ha delatado!
¡Lo ha embrujado y lo tiene comiendo de la palma de su mano!
—dijo Lily con exageración.
Sus palabras irritaron a Nia.
«¡No puedo creer que Henry esté actuando así por esa mujer!
¡La odio!».
Empezó a dudar al notar lo ansiosa que estaba Lily y cómo continuamente hablaba mal de Charlotte.
—¿De verdad no eres la mejor amiga de Charlotte?
—preguntó.
Lily parecía que estaba a punto de llorar.
—Srta.
Adams, ¡le juro que no lo soy!
Nia sintió que le subía la presión.
«Antes no la creía, pero ahora…
Ahora que lo pienso, Henry incluso me capturó porque ella se hizo pasar por Charlotte.
Cuando la golpeé, la gente de Henry tampoco hizo nada.
Supongo que de verdad no es la mejor amiga de Charlotte.
¡Charlotte, esa mujer malvada!
¡Me ha engañado!».
Nia apretó los puños con fuerza.
Lo que más odiaba era que la engañaran.
En ese momento, no deseaba otra cosa que teletransportarse a la Ciudad Imperial y azotar a Charlotte hasta la muerte.
Dos horas después, Nia se calmó gradualmente y descartó su idea.
Henry protegía a Charlotte, y además él también estaba en la Ciudad Imperial.
No podría hacer nada.
Además, no quería ponerse en contra de Henry.
Aunque él había sido grosero con ella, todavía le gustaba mucho.
Decidió usar su ingenio en lugar de ir por las malas.
Nia miró a Lily, pensativa.
Antes, había pensado que Lily se hacía pasar por Charlotte para ganarse el amor y la atención de Henry.
Aunque Charlotte la engañó después, la idea inicial de Nia demostró ser correcta.
—Lily, ¿cómo descubrió Henry que no eres Charlotte?
—preguntó Nia de repente.
Las lágrimas empezaron a asomar en los ojos de Lily mientras le relataba los acontecimientos a Nia.
Aunque tenía la misma cara que Charlotte, mostró una personalidad totalmente diferente.
Pensó que eso la haría más atractiva, pero se equivocó.
Mientras Nia la escuchaba, se le ocurrió una idea.
Se acercó un poco más a Lily.
—Ya que tienes la cara y el físico de Charlotte, ¿por qué no la reemplazas por completo?
—sugirió.
Lily se quedó sorprendida por sus palabras.
Al encontrarse con la mirada penetrante de Nia, sus ojos se abrieron de par en par al caer en la cuenta.
«¡Tiene razón!
No solo tengo el mismo cuerpo y la misma cara que Charlotte, sino que también crecí con ella.
¡Podría imitar muy bien sus costumbres, sus gestos e incluso su voz!
¿Por qué no la reemplazo y ya?».
Lily tragó saliva y dijo: —Pero Charlotte está en la Ciudad Imperial.
Cuando lleguemos allí con los hombres de Henry, podrá distinguirnos a las dos inmediatamente.
Nia resopló y miró a Lily con desdén.
—Me has subestimado.
¡Con mi ayuda, a partir de ahora te convertirás en Charlotte!
…
—¡Y la verdadera Charlotte desaparecerá de este mundo para siempre!
—afirmó Nia.
El corazón de Lily empezó a latir con fuerza por la emoción al darse cuenta de que Nia tenía un plan.
Empezó a expresar su gratitud a Nia: —Srta.
Adams, ¡gracias!
Usted es mi salvadora.
¡Se lo pagaré, se lo aseguro!
Una mirada taimada apareció en el rostro de Nia.
«No existen los enemigos permanentes en este mundo.
Como Lily y yo tenemos la misma enemiga, ahora somos amigas.
¡Charlotte es demasiado astuta y calculadora!
Probablemente me mintió sobre que Lily era su mejor amiga.
¡Iba a encargarme de ella ese día, pero me puso en contra de Lily con solo unas pocas palabras!
Espera…
¿Significa eso que la poción también era mentira?
Es muy posible.
Es demasiado difícil encontrar los restos humanos que mencionó.
¡Llevo días buscándolos en vano!
A este ritmo, tardaré décadas.
No tengo tiempo que perder ahora.
¡Henry ya me persigue por su culpa!».
Nia adoptó una expresión asesina mientras su mirada se intensificaba.
…
Mientras tanto, en la Ciudad Imperial, Charlotte estaba decorando su tienda, sin tener ni idea del desastre que se avecinaba.
Aunque la tienda estaba destartalada y apartada, se esforzaba al máximo para que pareciera lo más cálida y acogedora posible.
Mientras colgaba en la pared cuadros hechos por ella misma, una chica rellenita de unos quince años abrió la puerta y entró en la tienda.
Parecía muy ansiosa e insegura.
Su cara empezó a sonrojarse de timidez cuando vio a Charlotte.
—Disculpe, señorita.
¿U-usted es Charlotte?
—preguntó nerviosa, como si hubiera reunido todo el valor que tenía para hablar.
—Sí, soy yo —sonrió Charlotte, feliz.
«¡Caray, qué bien!
Debería ser una “señora”, ya que he dado a luz a ocho hijos, ¡pero todo el mundo me llama “señorita”!
¿Qué le voy a hacer?
¡Soy una belleza natural!».
—J-Jude me recomendó que viniera.
Lo c-conozco.
Dijo q-que usted es amable —tartamudeó la chica rellenita mientras jugueteaba con su ropa—.
Yo…
quiero hablar con usted.
Jude era el chico al que acosaban en el colegio.
—P-pero somos pobres, así que s-solo tengo esto.
—La chica extendió los brazos y le mostró a Charlotte los pocos billetes arrugados de un dólar que tenía en las manos.
—P-por favor, no me odie —dijo la chica con desánimo, bajando la cabeza.
Charlotte le dedicó una sonrisa sincera.
Dijo: —¡Hoy tengo un evento por la gran inauguración!
El primero que entre recibe asesoramiento gratuito.
—¿En serio?
—la chica levantó la cabeza y preguntó con incredulidad.
—¡Sí!
La chica se emocionó al oír su afirmación y le dio las gracias a Charlotte varias veces.
Charlotte la guio hasta el sofá de la sala y comenzaron su sesión.
Desde que era pequeña, a la chica siempre la habían acosado por su físico.
Sus compañeros de clase la llamaban «gorda» y le decían que era fea.
A las chicas, en especial, les encantaba ponerse a su lado.
Le decían con aire de suficiencia que su belleza resaltaría al lado de una chica gorda como ella.
La chica rellenita se echó a llorar mientras relataba sus experiencias.
Como estaba enferma, tenía que tomar medicamentos constantemente.
El precio que pagaba por la medicación era la incapacidad para perder peso.
En los días de desesperación, incluso pensó en acabar con su vida.
Pero no podía hacerlo, porque sus padres se pondrían tristes.
Además, eran muy pobres.
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