DxD: Sistema para Salvar el Multiverso - Capítulo 273
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Capítulo 273: Evitar un conflicto
Capitulo 274: Evitar un conflicto
Dentro de un lujoso despacho decorado con cuadros de los antiguos reyes y generales famosos.
La reina Mylene está actualmente dirigiendo una reunión de emergencia con los generales que residen en la capital real.
Ruidos de explosiones y gritos de los soldados resuenan más allá de los cómodos muros del castillo.
La reina se mostró impaciente ya que ninguna de las estrategias parece factible.
Simplemente no tienen suficientes recursos o naves para poder cambiar la situación.
En medio del caos, una voz en su cabeza sobresaltó a Mylene, se trata de la voz de Arthur por lo que la reconoció casi al instante.
“Lo siento, sé que debe ser repentino pero estoy en primera línea ahora mismo… A dónde envío a los civiles?”
Una vez más su voz resonó en la mente de la reina quién rápidamente captó la situación.
“Es una magia rara? En cualquier caso… Ayúdame a llevarlos dentro del palacio o a la academia, los muros allí deberían ser capaces de soportar un bombardeo prolongado pero… Tenemos otros problemas”
Mylene entonces le explicó a Arthur la situación, antes de iniciar el asalto, unos cuantos nobles del reino se declararon leales al principado y ocuparon algunos sitios importantes de la capital.
Los puertos y varias estaciones militares fueron tomadas en sólo unos instantes debido al ejército combinado de los nobles rebeldes.
Actualmente las áreas marginales son zonas de guerra dónde los pocos soldados que escaparon del cerco se están disputando el control con los rebeldes.
Palacio también está bajo ataque pero los encantamientos y magos de la corte mantienen los daños a raya.
Pero por ahora es imposible escapar de la capital en una aeronave.
“Bien… Llevar a los civiles a un lugar seguro y detener a los invasores… Todo está bajo control”
Su voz confiada le trajo algo de consuelo a la reina quién había estado dirigiendo todo sola porque Roland se desapareció al inicio del incidente.
“Gracias y cuídate mucho por favor…”
Su última advertencia fué pronunciada con bastante cariño.
Del otro lado.
Arthur cortó la comunicación con la reina y decidió comenzar a moverse.
“Nero, quiero que dispares a las naves más grandes y desactives sus armas… Igris, Chiron y Okita por favor háganse cargo de las personas y llevénlas a la academia”
Mientras daba órdenes a todos sus asistentes, se elevó por los aires para tener una mejor línea de visión y un terreno más favorable.
“Ok… No es momento de contenerme por estar practicando”
Arthur desató la totalidad de su poder mágico y cubrió la capital entera con sus sentidos aumentados.
Grandes cantidades de información fluyeron hacia su cerebro en un instante pero gracias al físico robusto que ha estado construyendo, pudo soportar la tensión mental.
Cada persona que vive y respira dentro de la isla flotante fué revelada ante él.
“Veamos… [Llama sagrada]”
Decidió utilizar una habilidad que tiene baja o casi nula potencia de ataque siempre y cuándo no sea utilizada contra un ser maligno.
Su corazón de dragón rugió feliz al ser utilizado al 100% de su capacidad después de mucho tiempo.
El eter que fluye por su venas fué vertido hacia su circuito mágico y pronto un inmenso tornado de llamas doradas se formó con Arthur como su centro.
Cientos de miles de personas se detuvieron al instante para observar aquel fuego sagrado cubriendo cada rincón de la ciudad.
Algunos cayeron de rodillas suplicando misericordia al dios en el que creen.
Otros intentaron correr del ataque pensando que serían quemados hasta los huesos.
También hubieron quiénes quedaron paralizados por la imágen tan aterradora o simplemente se desmayaron en el acto.
El fuego sagrado pronto llenó cada rincón de la isla, cubriendo hombres, mujeres y niños con sus llamas.
Pero lejos de hacerles daño, el 90% de las personas vieron sus heridas sanadas y enfermedades o dolencias desaparecidas al instante.
Los monstruos por otro lado, chillaron violentamente mientras sus cuerpos son consumidos por un calor tan poderoso que sus cuerpos son desintegrados hasta el punto de no dejar cenizas.
Aquella vista fué tan espectacular que incluso las personas sobre los barcos que pelean en los cielos, se detuvieron para ser testigos del milagro.
Sacerdotes y religiosos llamaron a este suceso un descenso divino.
Los no creyentes por otro lado comenzaron a tener miedo del ser capaz de lograr algo así.
Sólo unas pocas personas saben exactamente quién es el responsable de semejante suceso.
Angie y Livia fueron advertidas de antemano, la reina también y sorprendentemente el protagonista Leon también supo que Arthur estaba detrás de todo.
Mientras tanto, tras varios minutos de silencio, los millones de monstruos que asolaban la capital cómo una calamidad fueron totalmente reducidos a la nada.
“Jutsu: Clon de sombras”
Arthur creó varios duplicados de sí mismo que se dispersaron por todos lados para apoyar con las labores de contención.
Él tuvo que dirigirse en persona a un sitio más importante.
Usando azúl se movió dentro de la nave más grande del principado.
Lo primero que vió fué a una chica arrodillada en el suelo con una expresión llena de dolor, todo su cuerpo aparenta estar demasiado debilitado.
Arthur pudo ver sangre escurriendo por las comisuras de sus labios.
“Princesa Hertrauda supongo…”
Se acercó a la chica cuya fuerza vital desaparece a velocidades imposibles, como si su contenedor hubiera sido roto.
“Y tú debes ser el tal Arthur… Eres quién engañó a mi hermana con sus falsas promesas…”
La segunda princesa tuvo que sentarse en el suelo debido a que sus extremidades se están quedando sin fuerzas.
“Tienes razón, soy Arthur”
Él se puso de cuclillas para poder hablar mejor con la chica.
“Lo supuse al ver aquel despliegue absurdo de poder… Pero has llegado tarde… Usé ambas flautas para convocar a los guardianes…”
Con cada palabra, el aliento de la princesa parece cada vez más cerca de llegar a su fin.
“Quién dice que es tarde?”
Arthur le dedicó una sonrisa brillante que hizo a la princesa chasquear la lengua.
“Los guardianes sagrados son seres extremadamente poderosos… Ni siquiera tú serías capaz de vencer a criaturas así… Además he dado mi vida como sacrificio así que no obtendrás lo que quieres…”
Cerca de la última oración, una gran cantidad de sangre subió por la garganta de Hertrauda ensuciando el suelo.
“Qué te parece si hacemos una apuesta…?”
Viendo la enorme determinación en los ojos de la princesa, Arthur supo que razonar con ella sería mucho más difícil que hacerlo con su hermana.
“Apuesta dices…? Eres demasiado gracioso… Incluso en una situación así puedes mantener la calma…”
La princesa sintió curiosidad por la razón detrás de la serenidad de Arthur.
“Sí estás tan segura de tú plan entonces no tendrás ningún problema en aceptar mi oferta”
Aquel apuesto rostro y su sonrisa santurrona hicieron que la princesa Hertrude quisiera darle un golpe.
“Bien… Acepto… Qué propones?”
Arthur entonces extendió su mano hacia ella.
“Sí logro derrotar a los dos guardianes antes de que mueras entonces harás lo que te diga… De lo contrario pues entonces moriré y toda la ciudad será arrasada”
Hertrauda aceptó su apretón de manos aunque sin quererlo formalizó un contrato mágico.
“Bien… Será divertido verte pelear…”
Arthur le pidió a un caballero de sombra que cargue a la princesa y la lleve junto con ellos.
Después se teletransportó hacia los cielos fuera de la capital.
Allí pudieron ver a dos monstruos gigantescos emergiendo desde el lago debajo de la capital real.
“Son menos impresionantes de lo que pensaba”
Viendo su aspecto simplón, Arthur se sintió un poco decepcionado ya que son sólo un par de orbes gigantes.
“Son dioses… No importa su aspecto…”
Hertrauda intentó defender a sus deidades guardias pero sus palabras hicieron que Arthur se diera cuenta de algo.
“Dioses… Es gracioso, no sabías que uno de mis títulos es asesino de dioses?”
Mientras ellos conversan, los monstruos continúan con su despertar.
“Asesino de dioses? Por favor, no seas tan presuntuoso”
La princesa negó de inmediato sus palabras.
“Cree lo que quieras pero me gané ese título matando a algo más impresionante que estos muchachos”
Arthur finalmente dejó los juegos, al igual que antes decidió ponerse serio para evitar cometer algún error por sus descuidos.
Cambió su modo de visión usando los ojos ardientes y analizó la composición de los supuestos guardianes sagrados.
Sus cuerpos están hechos de pura energía… Son cómo espíritus pero tienen algo raro… Una pseudo inmortalidad.
Sí se les mata sin destruir o purificar el alma entonces se regenerarán infinitamente.
Necesitaré una espada, no creo poder hacerlo solo con la voluntad sin forma.
Pero la Excalibur todavía está en reparación y Ryujin Jakka es demasiado volátil.
Ya que dedicado su tiempo al entrenamiento de energía, no ha tenido oportunidad de practicar su control sobre la espada.
“Tal vez funcione…”
Arthur se concentró para hacer algo que ha estado planeando desde hace un tiempo.
Su éter viajó por todos los circuitos del cuerpo, despertando sus células y transmitiendo una orden hacia una habilidad en específico.
Un par de guanteletes se formó sobre sus brazos y botas sobre sus piernas.
El equipamiento del dios del rayo se manifestó siguiendo su comando pero al instante siguiente su forma comenzó a cambiar.
Las placas de metal se retorcieron y en medio de una aterradora descarga de electricidad comenzaron a fundirse.
Poco a poco los guantes blindados desaparecieron.
Detrás quedaron los brazos de Arthur oscurecidos por una especie de mancha negra con patrones dorados en forma de circuitos.
La oscuridad se extendió hasta sus codos.
Arthur entonces enfocó ahora sí su poder para preparar el siguiente ataque.
[Antimagia + Energía del asesino de dioses + Destructor de almas + Separación del dominio + Mandala + Power charge + Afilar + Autoridad de Solderet + Gungnir + Voluntad sin forma + Haki]
Díez habilidades trabajando en conjunto se manifestaron sobre la hoja de una espada hecha con puros relámpagos.
El nivel de poder del ataque alcanzó una orden tan alta que los demás simplemente dejaron de sentirlo.
Pero eso sólo lo volvió aún más aterrador, por segunda vez aquel día los pobres ciudadanos promedio levantaron la cabeza al cielo sólo para ver una columna de luz desgarrando el espacio.
Sus sentidos les dicen que ahí no hay nada pero sus ojos y almas fueron claramente capaces de ver el ataque.
Ahí por dónde la hoja trazó su camino el espacio fué perturbo.
En cuanto a los guardianes, fueron diseccionados sin ninguna resistencia y unos momentos después desaparecieron sin dejar ningún rastro.
Las flautas mágicas que sirven para invocarlos también fueron destruídas.
“Cómo… Tú… Qué eres…?”
Hertrauda que fué testigo en primera línea se quedó sin palabras ante un despliegue de poder tan inmenso que su cerebro es simplemente incapaz de procesarlo.
“Ya te lo dije, soy un asesino de dioses”
Arthur simplemente se encogió de hombros ya que aquel ataque, aunque visualmente impresionante, la verdad no fué tan poderoso.
Diría que 7 u 8★ como mucho…
Es un nivel en el que muchos personajes de DxD saldrían ligeramente ilesos y un oscuro apenas lo sentiría.
Iba a decir otra broma pero entonces el cuerpo de la princesa tembló de repente y una gran cantidad de sangre cayó de su boca.
“Parece que… Mi hora también ha llegado… Admito que fué divertido verte luchar… Pero por favor cuida de mi hermana…”
Los ojos de la princesa se cerraron mientras ella se resigna y espera el instante de su propia muerte.
“De qué hablas? Obviamente no te voy a dejar morir, gané la apuesta y además se lo prometí a tu hermana”
Arthur posó su mano sobre la cabeza de Hertrauda y activó el fuego de la vida junto con dos grandes magias de sanación distintas.
Una corriente atravesó el cuerpo de la princesa, tan cálida y reconfortante que no quiso abrir los ojos de inmediato.
Y lo primero que vió Hertrauda al abrir los ojos fué la sonrisa arrogante de Arthur, aunque a diferencia de antes, esta vez no sintió deseos de golpearlo.
“… Supongo que te debo las gracias… Y cómo lo prometí, a partir de ahora mi cuerpo te pertenece…”
El rostro de la princesa se sonrojó ligeramente y su expresión se volvió algo tímida.
Pero Arthur sólo se rió.
“Bien, ahora que eres mía, mi primera orden hacia tí es que sonrías un poco, el ceño fruncido hace que tu lindura no destaque lo suficiente”
Sus palabras hicieron que la princesa se pusiera incluso más roja que antes.
“Ehem!!! Supongo que si es una orden no puedo negarme…”
Para sorpresa de Arthur, parece que ambas hermanas actúan ligeramente tsunderes cuando se sienten avergonzadas.
Es bastante lindo.
“Bien, vámonos, todavía tenemos un montón de cosas por hacer…”
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Palabras del autor.
Con ésto más o menos estaría terminando la trama que pensaba cubrir respecto a Mobuseka por ahora, agreguen un capítulo extra de transición y regresamos a DxD con la trama de Kyoto y después tengo pensado empezar con Mato Seihei… Qué les parece?
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