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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 423

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Capítulo 423: Trampa [2]

El creciente ímpetu de Julián comenzó a infundir un miedo natural en la mente de Johan mientras hacía circular su maná apresuradamente, extrayendo hasta la última gota de poder de su cuerpo.

¡Pop!

Los músculos de Johan tronaron y crujieron, su camisa se hizo pedazos y sus ojos se inyectaron en sangre. El vacío que lo rodeaba se encogió exponencialmente, envolviendo su brazo con fuerza.

Entonces, lanzó un puñetazo, uno que absorbió el vacío a su alrededor y dejó al descubierto de nuevo el mundo exterior.

Johan estaba muy seguro de que nadie por debajo del Nivel 5 podría defenderse y recibir su puñetazo.

Si su oponente recibía el puñetazo de frente, todo el poder de este se le devolvería directamente, haciéndole añicos cada centímetro de sus huesos, o incluso algo peor.

«¡Sí, ven!»

Su emoción no hizo más que aumentar cuando se dio cuenta de que Julián se preparaba para enfrentarse a su puño.

¡Bum!

El puño de Julián chocó directamente con el de Johan.

¡Crac! ¡Crac!

Acompañando al sonido explosivo se escuchó un crujido mientras el otro brazo de Julián se hacía añicos.

La sangre brotó de su boca mientras su mano retrocedía por el impacto. En un enfrentamiento físico, Julián salió perdiendo.

Pero no importaba.

Porque…

Para empezar, él nunca estuvo allí.

—¿Eh?

Los ojos de Johan se abrieron de par en par por la conmoción al ver cómo el cuerpo de Julián se transformaba en lo que parecía ser un gran trozo de pavimento que explotó en miles de fragmentos, destrozado por el puro impacto de su puño.

El pánico inundó los ojos de Johan.

¡Fiu!

Con los labios entreabiertos, se dio la vuelta para ver la figura de Julián aparecer justo detrás de él.

Johan apretó los dientes y abrió la palma de la mano, lanzándola en dirección a Julián.

¡Fiu!

Una llamarada brotó, disparada directamente hacia Julián.

Para conmoción y agradable sorpresa de Johan, Julián no lo esquivó. El fuego envolvió por completo el cuerpo de Julián, mostrando solo débiles rastros de su silueta en llamas.

«¡Lo tengo…!»

De repente, el corazón de Johan dio un vuelco.

Al sentir una débil presencia detrás de él, no dudó en darse la vuelta una vez más y lanzar su mano en la dirección opuesta.

«¡Era otra ilusión!»

Apretó los dientes.

Justo cuando se giró y desató las llamas en la dirección opuesta, su corazón se encogió de horror. Un par de ojos estaban fijos en él: fríos, profundos e indiferentes, como si no fuera más que una mota insignificante.

Pero lo más importante.

Parecían pertenecer a un gato.

Antes de que Johan pudiera comprender lo que estaba ocurriendo, un par de manos quemadas surgieron por detrás de él, agarrándole la boca y el cuello.

—Haa…

Un aliento caliente recorrió el cuello de Johan mientras los labios de Julián se entreabrían.

—Tristeza.

—¡…!

Johan sintió de repente cómo una tensión abrumadora se acumulaba en su pecho, intensificándose con cada segundo que pasaba, volviéndose más pesada y sofocante.

«¡P-para…! ¡Para! ¡Pa-ra!»

Cuanto más aumentaba la sensación, más sentía Johan que le palpitaba la cabeza.

¡Bam, bam!

Era como si alguien le estuviera martilleando la mente con un mazo, aumentando la potencia con cada golpe.

¡Bam, bam—!

Le quitó el aliento, impidiendo que saliera palabra alguna de su boca. Solo podía gritar en su mente que Julián se detuviera.

«¡P-para! ¡Para!»

Pero Julián no podía oír sus pensamientos.

¿Cómo podría?

….Justo en ese mismo momento, las lágrimas corrían por su rostro ligeramente quemado mientras su mano temblaba al sentir leves temblores de dolor recorrer su cuerpo.

El dolor era intenso, y fue ese dolor lo que le impidió regular sus poderes.

Simplemente continuó vertiendo sus emociones en Johan, que empezó a temblar.

«¡Para! ¡H-haz que pare!»

Sus ojos empezaron a ponerse en blanco.

El dolor en su mente alcanzó niveles en los que dejó de pensar.

Todo su cuerpo empezó a tener espasmos, agitándose y retorciéndose en los brazos de Julián. Estaba claro que algo le pasaba, pero Julián no se dio cuenta.

Pensó que todavía se estaba resistiendo.

Así que le inyectó más.

Y más.

Y…

¡Bang—!

Julián sintió una cálida salpicadura de líquido en la cara. No se dio cuenta de lo que había ocurrido hasta que el cuerpo que acunaba se le escapó de las manos y cayó con un golpe sordo al suelo.

¡Plaf!

—…

Julián bajó la cabeza para mirar sus brazos, que estaban cubiertos de sangre.

Debajo de él apareció un cadáver sin cabeza, del que todavía manaba sangre.

—Ah.

Fue entonces cuando fue consciente de todo y dio un paso atrás, con los músculos flaqueando por el agotamiento. Hizo todo lo posible por resistirse, pero aun así, su cuerpo le falló.

Plaf.

Julián cayó de culo al suelo.

—…

Estaba agotado y, sin embargo, respiraba con normalidad.

Tenía la mente tan entumecida que apenas podía procesar lo que había sucedido. Lo único que sabía era que toda la pelea no había durado más de medio minuto, como mucho.

Fue increíblemente rápido.

Pero…

Había matado a un Nivel 5.

Alguien que había desarrollado un dominio.

—…

Mirando sin expresión el cadáver decapitado que tenía delante, a Julián le temblaron los labios.

«¿Yo hice eso…?»

¿La Magia Emotiva hizo eso?

¿Cómo?

¿Cómo pudo…?

—¡Uekrh!

Julián sintió una punzada repentina en la cabeza. Le golpeó directamente la mente, casi como si un pesado martillo la hubiera machacado.

El dolor era insoportable.

Julián se estremeció y desvió apresuradamente su atención hacia la mano donde descansaba su anillo.

—P-píldoras…

Murmuró, canalizando el poco maná que le quedaba.

—P-píldoras…

Volvió a murmurar, mientras su consciencia se desvanecía.

«Ah, no».

No podía dejar que su consciencia se desvaneciera. Todavía no. Si lo hacía, estaría en un gran aprieto.

No podía.

Él…

¡Plaf!

Julián se desplomó en el suelo, su consciencia se desvanecía, siendo reemplazada lentamente por otra.

Arañó el suelo, en una lucha desesperada, pero fue inútil.

Él…

Perdió lentamente la consciencia, dejando espacio para otra.

—…

Un silencio sepulcral envolvió el lugar mientras Julián yacía inmóvil en el suelo durante varios minutos.

Poco a poco, sus párpados comenzaron a temblar.

Tic. Tic.

En el momento en que los ojos de Julián se abrieron, su expresión cambió.

—¡Qué demo—aj!

Incorporándose bruscamente, hizo una mueca de dolor.

—Arj.

El grito de Julián reverberó en el aire mientras se rascaba apresuradamente la cara y los brazos, lo que solo conseguía que el dolor aumentara aún más.

—¡J-joder, haz que pare! ¡H-haz que pare!

Julián rodó por el suelo, retorciéndose de agonía con cada vuelta. Cada movimiento solo intensificaba el dolor, enviando agudas sacudidas por todo su cuerpo.

—Kh.

Mordió con fuerza su camisa, ahogando los gritos que amenazaban con desgarrarle la garganta.

«¡Para, haz que pare! ¿¡Qué ha hecho ese cabrón!?»

…Solo había perdido el control por un instante antes de recuperarlo. Y, sin embargo, para cuando lo recuperó, todo lo que encontró fue dolor.

—¡Argh!

El dolor era insoportable y lo dejaba sin aliento, con el pecho oprimiéndole como si se estuviera asfixiando.

Cada segundo se alargaba, amplificando la agonía hasta que se volvía insoportable.

—P-para, haz q—

—¿Por qué no usas las píldoras?

Una voz interrumpió de repente sus gritos. En medio de su agonía, Julián consiguió girar la cabeza para ver una silueta que le miraba.

«¿Un gato?»

Sus ojos eran profundos y, de pie no muy lejos de él, le miraba con expresión preocupada.

—Si tomas las píldoras, deberías ponerte bien.

«¿Píldoras? ¿Qué píldoras?»

…Píldoras aparte, ¿qué era este gato? ¿Era igual que el Búho? ¿Otra de las mascotas del parásito?

No, eso no importaba ahora mismo.

—¿D-dónde?

Lo único en lo que podía pensar era en hacer que el dolor parara.

—¿P-píldoras? ¿D-dónde…?

—¿Eh? ¿No se supone que deberías saberlo?

—…

Julián apretó los dientes y fulminó con la mirada al gato, que frunció sutilmente el ceño. Luego, girando la cabeza, miró directamente a la mano de Julián. Siguiendo su mirada, Julián vio el anillo negro en su dedo.

«¿Eso, otra vez?»

Ya se había fijado en él cuando el Búho lo miró. No le prestó mucha atención por precaución, pero ahora no tenía tiempo para andarse con cuidado.

…Fulminando con la mirada al Búho, Julián apretó los dientes para reprimir su dolor antes de desviar toda su atención hacia el anillo, donde rápidamente canalizó su maná.

No estaba del todo seguro de para qué servía, pero a juzgar por su aspecto, parecía algo que podría ayudarle a conseguir las píldoras que necesitaba.

«Una reliquia, debe de ser una reliquia».

Cerrando los ojos, canalizó su maná hacia el anillo.

—¡…!

En el instante en que lo activó, una poderosa fuerza de succión brotó del anillo, arrancando su consciencia de su cuerpo.

Ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir cómo su consciencia era arrebatada.

—…

Una suave brisa barrió los terrenos de la Academia, trayendo consigo el sonido lejano de unos pasos que se acercaban, cada vez más fuertes con cada segundo que pasaba.

Lamiéndose una pata, Guijarro se dio la vuelta y se metió entre los arbustos, desapareciendo por completo en uno de tantos.

Fss~

«Mi trabajo está hecho».

Poco después, resonaron unas cuantas voces.

—¡Por aquí!

—¡… Hay alguien aquí!

—¡Rápido!

***

El mundo era blanco.

En un momento, Julián se encontraba sufriendo un dolor insoportable y, al siguiente, se encontraba dentro de este extraño mundo blanco.

—…

Al mirar hacia abajo, pudo ver su propio reflejo.

Parecía completamente ileso.

—¿No estoy herido?

No sentía nada del dolor que había sentido antes.

De hecho, ¡se sentía increíble!

Sin embargo, el éxtasis no duró mucho.

Frunciendo el ceño, Julián miró a su alrededor. Todo lo que podía ver era blanco, una extensión infinita de blancura.

—¿Dónde estoy? ¿Dónde están las píldoras? ¿Cómo salgo de aquí?

Había un silencio sepulcral a su alrededor.

Todo lo que Julián podía oír era el débil eco de su propia voz.

—¡Eh!

Gritó a pleno pulmón, mientras su ira empezaba a acumularse.

—¿Qué se supone que debo hacer? ¡¿Hay alguien?!

Los ojos de Julián se movían de un lado a otro, con el ceño cada vez más fruncido. Los recuerdos del último año volvieron a su mente, oprimiéndole el pecho con inquietud.

Se sintió atrapado de nuevo.

No, otra vez no…

Justo cuando estaba a punto de hablar, el suelo bajo sus pies se onduló de forma antinatural, provocándole un escalofrío.

—¡…!

Antes de que pudiera reaccionar, Julián sintió que sus pies se hundían en el suelo, creando ondas que se expandían hacia fuera.

—¡¡Qué demo…!!

Julián se retorció e intentó liberar las piernas, pero fue inútil.

—¡Ah!

Todo lo que hacía solo conseguía que se hundiera más rápido.

—¡Urjg! ¡Aj!

Golpeando el suelo con la mano, Julián envió más ondas que se expandieron hacia el exterior. Se extendieron sin fin por el mundo blanco, deteniéndose solo cuando apareció otra onda.

Tak—

El débil eco de una pisada reverberó, deteniendo a Julián por un momento mientras una sombra se proyectaba sobre su cuerpo.

Al levantar la cabeza, sus ojos se abrieron como platos ante la visión que lo recibió.

—Tú—

—La verdad es que ha sido bastante difícil de preparar.

Una voz débil resonó antes de que pudiera terminar de hablar.

—Hubo algunos contratiempos aquí y allá, pero todo salió como lo planeé. Puede que esto no lo arregle todo, pero estoy seguro de que podré resolver la mayoría de mis problemas por ahora.

Era Emmet, que bajó la cabeza para mirar más de cerca a Julián, cuyo cuerpo se hundía cada vez más en el suelo.

Su expresión de asombro era digna de ver.

—Puede que no estés familiarizado con este lugar, pero es un sitio muy querido para mí.

Emmet extendió las manos, contemplando el mundo de blancura que los rodeaba.

—Bienvenido a las pruebas de las mentes olvidadas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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