El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 424
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Capítulo 424: Trampa [3]
El Espejo.
Para solucionar mi condición, necesitaba usar El Espejo.
Aquel que estaba en posesión de Kiera.
Hacerme con el espejo debería haber sido mi prioridad. Lo sabía y, sin embargo, cuando Kiera apareció ante mí, me contuve y no se lo pedí.
Comprendía que no sería fácil que me lo diera.
Era algo precioso para ella, y sabía que aún no confiaba plenamente en mí. Pero no importaba. Tenía otra idea en mente.
Aunque no era una solución permanente, me ayudaría a ganar un tiempo valioso.
Era un poco arriesgado, pero ¿y si…?
«¿Y si uso el anillo en Julián?»
El Anillo de la Nada.
Como un artefacto ligado a mi alma. Uno que solo yo podía usar. Si alguien más intentara usarlo, sería sometido a la «Prueba de Mentes Olvidadas» que yo había superado en el pasado.
Una vez que alguien entraba, era casi imposible salir.
El único problema era si funcionaría en Julián, considerando que ambos compartíamos el mismo cuerpo.
También existía el riesgo muy real de que no funcionara, lo que provocaría que todo lo que había planeado fuera en vano.
Pero valía la pena intentarlo.
…Fue entonces cuando el plan tomó forma.
Permitir que Julián tomara el control del cuerpo. Usar a Búho-Poderoso para plantar una semilla de interés con respecto al anillo, así como una idea de lo que eran las «voluntades».
Recuperar el cuerpo cuando el objetivo estuviera listo para venir a por mí.
Atraer a propósito al objetivo a una de las tres zonas aisladas que Atlas había mencionado antes. Matar al objetivo y resultar herido en el proceso.
Incitar a Julián a que usara el anillo para curarse.
Y, por último…
—Bienvenido a la Prueba de Mentes Olvidadas.
Hacer que entrara en la «Prueba de Mentes Olvidadas».
—E-esto…
Los ojos de Julián temblaron mientras me miraba fijamente, pero en cuanto procesó la situación, se le inyectaron en sangre y se abalanzó sobre mí.
—¡Otra vez tú! ¡Maldito seas!
—… Aquí no.
Simplemente di un paso a un lado y esquivé su ataque.
¡!
El rostro de Julián se contrajo aún más. Apoyó el pie con fuerza, giró el torso y volvió a darme un puñetazo. Pero, como antes, lo esquivé.
¡Fiu, fiu!
Sus puñetazos eran fáciles de esquivar.
Eran predecibles y débiles.
Había luchado contra gente mucho más fuerte que él en el pasado. Además, era un mago, no un usuario de [Cuerpo]. Sus puñetazos eran extremadamente lentos.
—¡Arg! ¡Deja de esquivar!
Al ver que esquivaba cada uno de sus ataques, Julián se impacientó.
—¡Maldita rata! ¡Deja de moverte! ¡Te mataré!
Sus gritos reverberaron con fuerza en el mundo blanco.
Fiu, fiu, fiu—
Una escena patética.
Así es como podría describir la situación.
Era una escena patética.
¡Fiu!
—Haa… Haa… ¡Rata!
A pesar de sus maldiciones y puñetazos, no me molesté en contraatacar. Simplemente no valía la pena. Tras esquivar otro ataque con un rápido «fiu», extendí el dedo y le di un ligero toque en la frente.
¡Plaf!
Julián cayó al suelo.
—¡Urk! ¡Arg…!
La saliva se derramaba de su boca mientras se agarraba la garganta con ambas manos. Sus ojos temblaban con intensidad mientras su cuerpo se estremecía.
—¡A-ayuda!
Sentí un miedo tangible que emanaba de sus ojos.
…
Tenía sentido, considerando que no me contuve al tocarle la frente. Ni siquiera le concedí la cortesía de usar mi voz. Necesitaba sufrir.
Sin embargo, el hecho de que su cabeza no hubiera explotado era porque me contuve.
No es que fuera a morir…
—T-tú…
A pesar de su miedo, Julián continuó mirándome con odio desde el suelo.
—… P-para.
Extendió la mano y se agarró a mi tobillo.
Bajé la vista para encontrarme con sus ojos inyectados en sangre y enloquecidos. Me devolvió la mirada con un odio intenso. Uno lo bastante fuerte como para hacerme comprender cuánto deseaba matarme. Pero, al mismo tiempo, pude ver algo más en su mirada.
Algo como:
«Impotencia».
Sí, parecía indefenso.
—Yo…
Desde su voz frágil hasta su mirada temblorosa.
—M-mi cuerpo… Hic. Devuélvemelo. E-es mío…
La fuerza con la que me agarraba el tobillo aumentó.
—Yo… yo… q-quiero recuperarlo.
…
Por primera vez desde que conocí a Julián, vi indicios de desesperación e impotencia en sus ojos. De verdad quería recuperar su cuerpo.
Probablemente ya no soportaba seguir atrapado a solas consigo mismo.
Comprendía su dolor, pero…
—Lo siento.
Me solté el tobillo de su agarre.
—… Perdiste el derecho a tu cuerpo en el momento en que me apoderé de él. Tengo algo que hacer y necesito este cuerpo para ello. Puedes odiarme, pero tú mismo te lo has buscado.
Julián no era un buen tipo.
Había visto de primera mano lo desquiciado que podía llegar a ser. Por eso no sentía compasión por él. Al mismo tiempo, sabía que todo era una actuación.
Pero aunque fuera real, no pensaba devolverle este cuerpo.
Ni ahora, ni nunca.
***
Bajo la suave brisa del día, dos figuras de ojos grises estaban sentadas en silencio en uno de los bancos de la Academia.
El ambiente entre los dos contenía una tensión sutil, pues ninguno hablaba.
León estaba sentado en silencio en el banco con el ceño fruncido mientras le lanzaba miradas furtivas a Amell. Este se sentaba a su lado con aire torpe, rascándose la mejilla y pensando en cómo romper el hielo.
Abría la boca de vez en cuando, pero la cerraba de inmediato.
León se percató de todo esto y se sintió desconcertado.
«¿Qué intenta hacer?»
¿Acaso intentaba desafiarlo de nuevo después de lo ocurrido en el torneo?
¿Le daba demasiada vergüenza pedir la revancha?
León se rascó la nuca.
«Qué situación más problemática…»
Sin embargo, si ese era realmente el caso, León no pensaba rechazar la petición de plano. Amell era fuerte, y tener un compañero de entrenamiento como él podría ser una valiosa oportunidad.
Sobre todo, uno tan competente como él.
«Claro, si quiero ser más fuerte que Julián, tengo que hacer esto».
Apretó el puño.
Al pensar de repente en Julián, León apretó el puño con fuerza. Recordar las humillaciones más recientes que había sufrido a manos de Julián le hizo sentir la necesidad de volverse más fuerte rápidamente.
No podía permitir que Julián lo pisoteara de esa manera.
«Cierto, tengo que aprovechar esta oportunidad».
Tras respirar hondo, León giró la cabeza para dirigirse a Amell.
—¿Quieres…? ¿Eh?
Pero justo cuando León giró la cabeza, se sorprendió al descubrir que Amell ya no estaba sentado a su lado. Había desaparecido sin hacer ruido.
«¿Qué? ¿Adónde se…?»
León giró la cabeza en todas direcciones para buscar a Amell, pero ya no estaba.
Se desvaneció tan velozmente como había llegado, como la suave brisa que persistía en el aire.
—Eso…
León parpadeó, totalmente confundido por lo que había sucedido. Por desgracia, antes de que pudiera comprenderlo del todo, oyó el débil sonido de un aleteo y un Búho apareció a su lado.
…
Lo miró fijamente en silencio, sosteniendo un orbe redondo en el pico.
—¿Un dispositivo de grabación?
León parpadeó y extendió la mano.
El Búho dejó caer el orbe en la mano de León.
—Esta es una grabación que será útil más adelante. Julián me pidió que te la diera. Le ha pasado algo, y probablemente lo interrogarán cuando se despierte. Cuando llegue el momento, puedes entregar esto. Resolverá toda la situación. Es una grabación del objetivo moviéndose en una dirección diferente.
—¿Eh?
León miró confundido el dispositivo de grabación.
No, antes de eso.
—¿Le ha pasado algo a Julián?
—Sí.
Búho-Poderoso respondió con voz monótona, y León frunció el ceño.
—¿Qué ha pasado?
—Lo han atacado.
—¡¿…?!
—Y ganó.
—¿Ganó?
—Sí, pero está herido.
—…
León respiró hondo.
—¿Y su oponente?
—Muerto.
***
Al mismo tiempo, en el despacho de Atlas.
—Capitán de la Guardia.
Atlas respondió al comunicador. Al oír el contenido de la llamada, su expresión se tornó más seria.
Mientras sujetaba el comunicador con más fuerza, su voz se hizo más grave.
—¿Ha sido asaltado?
Atlas fingió sorpresa. Sin embargo, todo esto estaba dentro de sus expectativas. «Así que de verdad se ha encargado de la situación».
Justo cuando Atlas se sentía orgulloso, la voz continuó:
—Correcto. Su estado es bastante malo. Parece que está en coma.
—¿En coma?
¡Crac!
Unas tenues y minúsculas grietas se formaron en el comunicador.
Aunque por fuera permanecía igual, el ambiente a su alrededor cambió drásticamente.
—Todavía no hemos identificado a su oponente. Le han volado toda la cabeza. Tardaremos un tiempo en determinar por completo su identidad.
—¿Algo más?
—Hm, sí. Parece que el oponente al que se enfrentó Julián era capaz de crear un dominio completo. Me temo que era del Quinto Nivel.
Los alrededores temblaron de repente. Más grietas aparecieron en el comunicador mientras Atlas cerraba los ojos.
—¿Quinto Nivel? ¿Estás seguro?
—Sí. Los rastros de maná que quedan en el lugar sugieren que así es.
—Ya veo.
Atlas asintió con suavidad y relajó el agarre del comunicador. Intercambió unas cuantas palabras más con el Capitán de la Guardia antes de terminar la conversación y caminar hacia la puerta.
Aunque las ventanas estaban cerradas, los papeles de su escritorio se desparramaron y la lámpara de araña se balanceó.
—De verdad que lo querías muerto, ¿eh?
Atlas se rio entre dientes. Podía entender más o menos lo que había ocurrido. Aunque su información era correcta, había algunas cosas en las que había omitido pensar. Como lo amenazado que se sentía Génesis por la presencia de Julián.
En efecto, aunque toda la organización pertenecía a la misma persona, no es que su relación fuera armoniosa.
Había competencia entre las cuatro organizaciones.
Todos querían ser mejores que los demás para llamar su atención.
Estaba claro que la presencia de Julián había hecho que Génesis se sintiera amenazado. Quería deshacerse de él antes de que se convirtiera en alguien lo bastante fuerte como para alterar el equilibrio entre los puestos.
…Por eso había llegado al extremo de dar a su subordinado una píldora especial que aumentaba su fuerza de forma significativa, aunque fuera a costa de acortar su esperanza de vida.
«Es la única explicación de por qué su fuerza era muy superior a la que yo había calculado».
Y también por eso Julián fue capaz de matarlo.
Aunque su oponente estaba en el Quinto Nivel en cuanto a densidad y cantidad de maná, no estaba del todo en el Quinto Nivel. Le faltaba muy poco.
Ese pequeño margen fue probablemente lo que hizo posible que Julián lo matara.
—O quizá no.
Julián le había dado muchas sorpresas en el pasado.
Quizá…
Realmente podía derrotar a un usuario de Nivel 5.
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