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El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 491

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  3. Capítulo 491 - Capítulo 491: El anciano [1]
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Capítulo 491: El anciano [1]

«Morí».

…Al menos, en la visión.

Respiré hondo, me calmé y repasé en mi mente todo lo que había ocurrido.

«El anciano es un lunático al que no le gusta que le mientan».

Eso me quedó claro después de que me matara por algo como una mentira. ¿Quizá ni siquiera le importó que mintiera y solo quería matarme?

«No, no es eso…».

Al recordar esos últimos momentos y lo enfurecido que parecía tras pillarme en la mentira, me di cuenta de que de verdad no le gustaba que le mintieran.

No entendía por qué, pero anoté mentalmente esa información.

Había algo más importante de lo que debía tomar nota.

«…La melodía».

El anciano dijo algo sobre que la melodía mantenía a raya a las marionetas.

Repasé la melodía en mi mente.

No era complicada. De hecho, era bastante fácil, pero…

«¿María tenía un corderito?».

—¿Eh…?

Al pensar de nuevo en la melodía, sentí que mi expresión cambiaba. Antes me había parecido vagamente familiar, pero ahora me daba cuenta de que de verdad era «María tenía un corderito».

¿Por qué iba a…?

«Y lo que es más importante, ¿puede una melodía así mantener a raya a las marionetas?».

Miré a mi alrededor y fruncí el ceño.

De verdad que no entendía cómo una melodía así mantenía a raya a las marionetas, pero estaba claro que el anciano vivía sin ninguna preocupación en su sótano.

—Claro que también es fuerte. Quizá por eso no le afecta.

Pero si era lo bastante fuerte para haber sobrevivido hasta ahora, probablemente también lo era para escapar. Eso hacía que su afirmación me pareciera un poco más realista.

Por desgracia, no tenía nada con qué tocar la melodía.

De lo contrario, podría haberlo probado.

«¿Qué debería hacer?».

Me mordí el labio y miré mi reloj de bolsillo.

Tic, tic—.

Eran las 12:14 a. m.

Mi primer pensamiento fue recuperarme un poco y esperar hasta diez minutos antes del reinicio, para luego volver con el anciano. De esa forma, solo tendríamos que aguantar diez minutos más antes de que las marionetas se detuvieran y fueran forzadas a retroceder.

Incluso si algo salía mal, nuestras vidas no correrían demasiado peligro.

Al menos, no por las marionetas.

Quien de verdad me preocupaba era el anciano.

¿Quién sabía qué otras manías tenía? Si quisiera matarnos, podría hacerlo fácilmente.

Tenía que andarme con cuidado.

Mordisqueándome los labios de nuevo, miré a Guijarro y suspiré. Le habría dicho a Guijarro que buscara una salida, pero salir del palacio era la menor de mis preocupaciones. Lo que me preocupaba no era la gente de dentro del edificio, sino los de fuera, que eran más fuertes, más rápidos y más poderosos.

Incluso si consiguiéramos salir, tendríamos que preocuparnos por los de fuera.

A menos que a León y a los demás se les ocurriera una forma de resolver este problema.

«…Puede que el anciano sea de verdad la única forma de que salgamos de este lugar».

Suspiré ante ese pensamiento.

—Uf.

Respiré hondo, cerré los ojos y miré mi mano, donde apareció otro vial.

No quería hacer esto, pero…

«Solo necesito asegurarme de que el anciano esté de nuestro lado».

Tras pensarlo un poco, abrí la boca y Guijarro vertió el contenido del vial en ella.

Tic, tic—.

Eran las 12:17 a. m.

*

«¿P-por qué haces esto? Pensé que estábamos en el mismo bando… ¿Cómo has podido? ¿¡Cómo has podido…!?».

«¿Mismo bando? Ja…».

«Tú…».

«Toren, hay cosas que veo…, cosas tan fuera de tu alcance que destrozarían tu alma si pudieras vislumbrarlas. Me persiguen, implacablemente, en mis sueños, se filtran en mis ensoñaciones y me atormentan cada vez que tienen la oportunidad».

«Pero…».

«Estas visiones, estas verdades… Nunca las pedí, pero me ha tocado sobrellevarlas, arrastrándome al abismo quiera o no mirar. Estoy maldito a ver lo que otros ni siquiera pueden imaginar, y es una maldición que se desangra en cada momento de mi existencia».

«…T-tú, ¡te has vuelto loco, Emmet! ¡Te has vuelto loco!».

«Mmm, puede que sí. No, probablemente sí».

«¡Uh…!».

«Pero en mi locura, estoy lo bastante cuerdo como para saber… para saber que todos debéis morir».

*

Tic, tic—.

Eran las 12:21 a. m.

Dan, da~

Una melodía familiar sonaba en el aire.

—Jaa… Jaa…

Sujetándome el pecho, miré hacia delante y me di la vuelta para ver al anciano de pie detrás de mí.

—Has… llegado más rápido de lo que… esperaba.

Las mismas frases y palabras que antes.

—¿Y tus dos amigos? ¿Los has abandonado?

—Sí.

Esta vez no mentí.

—Los abandoné.

Porque sabía que no le gustaban los mentirosos.

—Mmm.

El anciano entrecerró los ojos y una poderosa presión envolvió todo mi cuerpo, paralizándome en el sitio y dejándome con una sensación de asfixia.

—…Eres bastante honesto.

Por suerte, la presión no duró mucho. Tras una rápida mirada en mi dirección, la presión se alivió.

—Me gusta la gente honesta.

Suspiré aliviado al oír sus palabras.

¡Pum! ¡Pum!

Sin embargo, ese alivio solo duró un breve instante antes de que oyera el sonido ahogado de unos pasos que venían de arriba.

«Ya vienen».

—Hum.

Con un gruñido sordo, el anciano se giró en dirección contraria a las marionetas y se dirigió hacia la gran caja de la esquina de la habitación. Lo miré sorprendido, pero antes de que pudiera preguntarle qué estaba haciendo, sus grandes manos agarraron la caja y la empujaron a un lado, revelando otra trampilla.

¡Clanc!

Tras levantar la trampilla, el anciano me miró.

—…Entra.

—Sí.

Asintiendo con la cabeza, miré la hora.

Eran las 12:23 a. m.

Al pasar por la trampilla, un pequeño tramo de escaleras descendía ante mí. Cuando me di la vuelta, vi que el anciano me seguía, cerrando la trampilla tras de sí y sumergiéndonos en una oscuridad total.

La oscuridad no duró mucho, ya que el anciano sacó una pequeña luz y la usó para iluminar los alrededores.

Mientras lo hacía, volvió a mirar hacia la trampilla y agitó la mano.

¡Crac!

«¿Telequinesis?».

…Eso parecía, pues oí cómo la caja de arriba se movía justo encima de la trampilla.

—Sígueme…

Pasando a mi lado, el anciano me guio escaleras abajo y hacia otra puerta.

Al detenerme ante la puerta, pude oír el sonido del piano aún más fuerte que antes.

Da, dan~

«Es justo como pensaba. La melodía es la misma».

Tosca, pero agradable al oído. Era, sin duda, «María tenía un corderito».

¡Clanc—!

—Entra.

Cuando el anciano abrió la puerta, me recibió la visión de una pequeña habitación. Una vieja cama de madera estaba apoyada en una pared, un pequeño armario se alzaba cerca y un piano descansaba en la esquina. El espacio tenía un aire tosco, inacabado, como si el tiempo se hubiera olvidado de este lugar.

Había telarañas en las esquinas y el polvo llenaba el espacio.

Al mirar a mi alrededor, también me fijé en una pequeña caja.

Da, dan~

«Ah, así que eso es lo que hace el sonido».

Antes había supuesto que alguien estaba tocando el piano, pero me equivocaba. No había nadie más aquí.

La caja era la responsable de crear el ruido.

—…¿Qué es eso?

—Es un viejo juguete mío.

Respondió el anciano, dejando la lámpara y sentándose en la cama.

—Mantiene a raya a las marionetas.

—Ah.

En efecto, ya me lo había dicho antes.

Pero…

«Si de verdad las mantiene a raya, ¿cómo es que él sigue aquí? ¿Cómo es que…?».

Como si se diera cuenta de mi duda, el anciano se acercó a la caja y la cogió.

—Hay un límite de cuántas puede mantener a raya a la vez. Si estuviéramos en un campo abierto, solo mantendría a raya a unas pocas docenas antes de dejar de funcionar. La única razón por la que este lugar es seguro es porque no pueden venir más de una docena de marionetas a la vez, dado lo estrecho que es el sitio.

—Ah.

De repente, todo encajó en mi mente.

Aun así, de repente me hizo cuestionarme algo.

—¿Por qué esta melodía detiene a las marionetas?

—…No lo sé.

Respondió el anciano mientras giraba la cabeza y cogía un libro viejo.

—No lo recuerdo muy bien.

Se frotó la cabeza.

—¡…!

Fue justo cuando levantó la cabeza que por fin me di cuenta. Quizá era porque fuera estaba oscuro, pero ahora que estaba de pie frente a él, los vi.

«Hilos».

La abrumadora cantidad de hilos que estaban atados al anciano. Uno, dos, tres, cuatro…, veinte, treinta…

¿Cuántos había…?

—Ah, te has dado cuenta.

El anciano bajó la mano para mostrarme los hilos que tenía en ella. Había muchísimos.

—Con cada día que pasas aquí, se te ata un hilo. La caja y la música no ayudan… mucho en lo que respecta a los hilos. Todos aparecen a la misma hora, cada día. Justo antes de que todo se reinicie.

—Entonces…

—…No tienes que preocuparte.

El anciano señaló la caja.

—Mientras la caja siga sonando, los hilos no te obligarán a moverte. Pero…

Con una sonrisa amarga, el anciano miró la caja.

—A la caja no le queda mucho tiempo. Pronto se quedará sin energía, y cuando llegue el momento…

El anciano cerró los ojos, el significado de sus palabras era claro para mí.

—Yo… yo…

Poniendo una mueca, el anciano se frotó la nuca.

—…He perdido la cuenta de cuánto tiempo llevo aquí. Creo que ha pasado un mes. ¿Quizá dos? No lo sé. He perdido la noción.

«Esto parece coincidir con lo que sé».

Por lo que yo sabía, todo esto empezó hace aproximadamente un mes.

—¿Cómo se llegó a esta situación?

—Fue, eh…, la boda del primer hijo. Estaba a punto de casarse con su prometida. Se suponía que era su boda cuando todo esto ocurrió. No recuerdo mucho. ¿Por qué no puedo recordar?

Frotándose la cabeza de nuevo, el anciano frunció el ceño.

—Ah, a la mierda.

Agitando la mano, el anciano pareció renunciar a pensar. Volviéndose para mirarme, se cruzó de brazos y se recostó en la cama. Toda su personalidad cambió a una más jovial.

—En fin, me estaba sintiendo bastante solo. Es bueno que haya venido alguien de una edad parecida a la mía. Jur, jur.

Con una risa, el anciano se dio una palmada en el muslo.

Sin embargo, yo no me reí.

¿Edad parecida?

…Eso, ¿acaso no podía ver a través de mi disfraz?

—En realidad…

Estaba a punto de quitarme la máscara cuando el anciano se rio de nuevo.

—¿Cuántos años tienes? Yo tengo… veintiocho.

Mi mano se quedó helada a medio movimiento.

¿Qué?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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