El Advenimiento de las Tres Calamidades - Capítulo 536
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Capítulo 536: Retorno [1]
—Puedo ver las murallas de la ciudad a lo lejos.
Me detuve a contemplar las murallas lejanas, sus superficies oscuras y agrietadas parecían cicatrices de distintos tamaños. Tras ellas, imponentes chapiteles y edificios se alzaban hacia el firmamento, perforando el cielo ahora azul.
Era una vista que contrastaba drásticamente con la que vi cuando llegué por primera vez a la Kasha Oriental.
—Hasta aquí puedo llegar, humano.
La voz de Búho-Poderoso resonó en mis oídos, sus raíces se extendían profundamente bajo tierra, hundiéndose cada vez más.
—…Creo que no te pasaría nada si me siguieras.
Con razón, Búho-Poderoso era cauto para no llamar la atención de los jefes de las casas principales de la Kasha. Eso llevaría a malentendidos injustificados.
Por esa razón, no tenía más remedio que esperar fuera.
«Ahora que lo pienso, llevar a Búho-Poderoso de vuelta a la Academia también podría ser algo problemático».
Suspiré ante la idea.
Era imposible que Delilah o Atlas no se dieran cuenta.
Si Búho-Poderoso siguiera siendo una «Voluntad», las cosas habrían sido diferentes, pero ya no era el caso, así que tenía que pensar en una forma de sortear ese problema.
«Bah, ya me preocuparé de eso más tarde».
Había asuntos más urgentes entre manos.
Como…
—¿Perdieron o ganaron?
Tardé un tiempo en volver de la Dimensión del Espejo. Aunque me aseguraron que la zona estaba despejada y que nadie vendría a por mí, sabía que era mejor pecar de precavido.
Por esa razón, me moví con extrema cautela, viajando despacio y haciendo todo lo posible para asegurarme de que nadie me seguía o espiaba. Con mi nueva habilidad, sumada a la percepción agudizada de Búho-Poderoso, estaba casi seguro de que nadie me había seguido.
Con todo resuelto, desactivé [Lamento de Mentiras] y me dirigí hacia las murallas lejanas.
La distancia no era mucha, y tras caminar varios minutos, llegué ante las murallas rotas, oyendo a lo lejos los gritos de los trabajadores.
—¡Este lugar necesita reparaciones!
—¡Por aquí! ¡Daos prisa!
Parecía bastante animado ahí dentro.
Tanto que ni siquiera se percataron de mi presencia. Sin embargo, los guardias apostados en lo alto de las murallas sí lo hicieron. Me echaron un breve vistazo antes de dejarme pasar; estaba claro que aún recordaban mi cara.
Al entrar en la ciudad, mis pies se detuvieron un breve instante.
—¡Recojan su comida por aquí!
—…Solo se podrá repetir después de que todos hayan recibido su ración. Por favor, esperen pacientemente.
La escena era drásticamente distinta a la de la primera vez que estuve allí.
El aire de pesadumbre y desesperación se había desvanecido, sustituido por una sensación de esperanza. Aunque todos seguían dolorosamente delgados y desnutridos, sus ojos ya no tenían esa mirada hueca y vacía.
Se sentían vivos…
«En cierto modo, me recuerdan al anciano en sus últimos momentos».
Al pensar en el anciano, sentí una ligera punzada en el pecho mientras miraba hacia el cielo.
El cielo fue el comienzo del cambio: el símbolo de esperanza para este lugar.
Sin él, la Kasha habría seguido siendo el mismo lugar enfermizo y lúgubre que fue una vez.
«Es una pena que la gente de aquí no sepa quién los liberó».
Negando con la cabeza, reanudé la marcha en dirección a la Residencia Astrid. Se alzaba cerca del corazón de la ciudad, y su alta estructura dorada destacaba sobre el resto.
Por ahora, lo más importante era saber el resultado de la pelea.
—Espero que no hayan perdido… —mascullé, acelerando el paso sin darme cuenta.
***
Residencia Astrid.
En una espaciosa habitación, todos los cadetes de Refugio estaban reunidos, sus cuerpos bañados por la suave luz del sol que se filtraba por las ventanas.
El ambiente era agradable, y varios de ellos lucían amables sonrisas.
—Je, je, je.
Riéndose para sí, Kiera se echó hacia atrás, y su risa se hizo más fuerte mientras continuaba.
Sentadas a su lado, Aoife y Evelyn la miraron con extrañeza antes de mirarse la una a la otra y negar con la cabeza.
—Ha perdido la cabeza.
—…Sí.
—Callaos, perdedores.
Kiera levantó la cabeza, mirándolas a las dos antes de recorrer la habitación con la vista. Sus labios se curvaron en una sonrisa de superioridad mientras inclinaba la cabeza ligeramente hacia arriba, haciendo que pareciera que le crecía la nariz.
Luego se señaló a sí misma.
—Imbéciles, todos deberíais llamarme la Mesías. Sin mí, no habríais ganado todo esto. Vuestra servidora es la única y verdadera salvado… —
—Se te está subiendo mucho a la cabeza.
Aoife la interrumpió a media frase mientras ponía los ojos en blanco.
—Entiendo que consiguieras vencer al último miembro, pero ¿quieres que te recuerde que todos hicimos lo mismo?
Por si no fuera ya obvio, habían logrado salir victoriosos contra los mejores talentos de la Kasha. No fue un conflicto fácil, ya que los de la Kasha eran extremadamente fuertes.
Por desgracia para ellos, había varios monstruos en su equipo.
Y no solo León… Caius, Amell y Kaelion eran fenómenos de la naturaleza; individuos tan poderosos que incluso los de la Kasha tenían dificultades para competir con ellos.
Esto era especialmente cierto en el caso de Caius, que parecía haberse vuelto aún más fuerte que antes.
Los cuatro lograron noquear a sus respectivos oponentes, y derribaron a los siguientes también antes de retirarse finalmente, agotados por el cansancio.
Como la pelea seguía un formato de «Rey del Ring», el equipo con la última persona en pie en su esquina se alzaría con la victoria. Los de la Kasha sí que sacaron a varios monstruos, algunos lo bastante fuertes como para obligar a esos cuatro a retirarse.
Sin embargo, al final, aun así lograron salir victoriosos.
Fue una simple desgracia que Kiera tuviera que ser la última en pie en el ring.
Con el último oponente cansado, todo lo que tuvo que hacer fue lanzar un hechizo para ganar.
—Kajajajaja.
Su victoria no hizo más que alimentar su ya inflado ego.
—Deberían empezar a construir una iglesia solo para mí. La iglesia de Kiera~
Aoife hizo una mueca, al igual que Evelyn y varias otras personas. Antes de que las cosas pudieran ir a más, un cierto sonido de llamada captó la atención de todos.
Cuando todos los ojos se volvieron, se posaron en la pequeña figura encorvada en la esquina, con sus ojos inyectados en sangre fijos en el diminuto dispositivo que tenía delante, y su dedo golpeando repetidamente la pantalla.
—No… funciona —murmuró la pequeña para sí, llevándose el pulgar a la boca y mordiéndose las uñas con nerviosismo.
—¿Cómo puede ser…?
Al mismo tiempo, se rascaba el lado del cuello.
Esto…
La expresión de Aoife cambió mientras fruncía los labios.
«Esto se está yendo de las manos».
—Tienes que hacer algo al respecto —dijo Evelyn, con la mirada puesta en la niña encorvada. No se diferenciaba en nada de una adicta luchando contra sus propios demonios.
—¿Crees que no lo sé?
El estado actual de Teresa era preocupante.
Sin las transmisiones del «Hombre Justicia», Teresa cayó en una espiral oscura. Ahora parecía un gato salvaje, lista para abalanzarse sobre cualquiera que se atreviera a acercarse demasiado.
—Mi… tesoro.
—¿?
En cualquier caso…
—¿Qué crees que pasará ahora que hemos ganado? —preguntó Aoife de repente, dirigiendo su atención hacia León, que había estado mirando en silencio por la ventana todo el tiempo.
—¿Mmm?
Como si se diera cuenta de que le hablaba a él, parpadeó antes de responder:
—No lo sé. Probablemente nos lo dirán más tarde.
—Ya han pasado varias horas desde las peleas.
Aoife miró la hora.
Tres horas exactas.
—Ni idea, para serte sincero.
León se encogió de hombros.
—Yo diría que probablemente lo están discutiendo entre ellos ahora mismo. Lo sabremos pronto.
—Supongo que es justo.
Teniendo en cuenta lo mucho que se había alargado la última reunión, esto tenía cierto sentido. Fuera como fuese, habían demostrado su fuerza. Ahora, dependía de ellos cumplir su promesa.
Ya había enviado un mensaje a la Academia. Vendrían a recogerlos pronto.
Por esa razón no estaba demasiado preocupada por su seguridad.
¡Toc, toc!
De repente, un golpe resonó en la habitación, y todos los ojos se volvieron hacia la puerta.
—¿Ya están aquí?
Mientras todos se tensaban y se preparaban para moverse, la puerta se abrió de golpe, revelando un par de ojos avellana.
Atónitos, nadie dijo una palabra, quedándose paralizados, incapaces de reaccionar a su repentina aparición. Había algo en él que se sentía diferente al pasado.
Era fuerte, todo el mundo lo sabía.
De hecho, probablemente era el más fuerte de toda la habitación. Sin embargo, su yo actual se sentía diferente al del pasado. Su sola presencia resultaba casi sofocante.
«¿Qué ha pasado?».
«…¿Se ha vuelto más fuerte otra vez?».
Ese pensamiento hizo que la expresión de algunos cambiara.
—Mmm.
Sin ser consciente de sus pensamientos, Julián recorrió la habitación con la mirada, posándola primero en León y luego en el resto.
Todos lo miraban con la misma expresión de asombro y confusión.
Se rascó la nuca.
—Supongo que habéis perdido todos.
Julián cerró los ojos y negó con la cabeza.
—…Es decepcionante, la verdad.
Sus palabras solo acentuaron el silencio, dejando a los ya atónitos cadetes completamente sin palabras.
—Por otro lado, también es culpa mía por habérmelo perdido.
No se podía evitar. A los problemas les encantaba encontrarlo.
Tomando asiento junto a León, Julián lo miró y negó con la cabeza.
—Sinceramente, el que más me ha decepcionado eres tú.
Un signo de interrogación apareció sobre la cabeza de León mientras su cara cambiaba de una forma que parecía decir: «¿Pero qué he hecho yo?».
Entonces lo entendió, y su rostro se descompuso.
—A ver si adivino, ¿he perdido valor de mercado? Estás decepcionado porque perder significaría que pierdo valor de mercado, ¿verdad?
—…
Julián echó la cabeza hacia atrás, sorprendido.
Estaba a punto de volver a hablar cuando León lo interrumpió.
—¿Que cómo lo sé?
Una vez más, Julián pareció sorprendido.
León le estaba leyendo la mente por completo.
—Es porque eres predecible. Lo único que haces es reciclar tus viejos chistes e insultos. Eres poco original y ya cansan.
—…
La habitación se quedó en silencio entonces, y todos los ojos se posaron en Julián, que parpadeó.
Sintiendo la mirada de todos, Julián frunció los labios y desvió la vista, con cara de indiferencia.
Parecía no inmutarse en absoluto por las palabras de León.
Lástima que no pudieran ver su visión.
∎| Nvl 4. [Tristeza] EXP + 0.2%
…O el sutil temblor de su labio inferior.
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