¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 12
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12: CAPÍTULO 12 12: CAPÍTULO 12 —Ah, estás metida en un buen lío, pedazo de mierda.
—El guardia pelirrojo me había encontrado.
En un movimiento rápido, me levantó, me cargó sobre su hombro y me sacó de la cocina, probablemente de vuelta a las celdas, porque al poco rato empezó a bajar un tramo de escaleras.
—¡Bájame!
—grité.
Esto es denigrante, incluso para una prisionera.
Y tampoco me sentaba muy bien al estómago.
Estaba colgando boca abajo de su espalda mientras mi estómago se presionaba contra su hombro y la sangre se me agolpaba en la cabeza.
Sobra decir que estaba empezando a sentir náuseas.
Sorprendentemente, lo hizo.
Amablemente me empujó las piernas hacia arriba, me lanzó por completo sobre su hombro y caí al suelo.
Me levanté con un leve gruñido y estiré la espalda hasta hacérmela crujir.
No fue una caída agradable.
Le fruncí el ceño.
Él me devolvió el ceño fruncido.
Todavía no estábamos en las celdas, pero estábamos cerca.
—Dijiste que querías usar el baño, te dejé y luego intentas escapar, ¡¿estás intentando que me maten?!
—me ladró.
«¿Que lo maten?
Qué dramático».
—Eh, no, por supuesto que no, yo solo… —me interrumpió estampándome contra una pared y estrangulándome.
Sus manos estaban firmemente apretadas alrededor de mi cuello y mis pies colgaban en el aire.
Se me cortó la respiración; mi cara probablemente tenía el color de un camión de bomberos.
—La próxima vez que hagas una estupidez como esa, no habrá una próxima vez, ¿¡entendido!?
—dijo, apretando más fuerte.
Quería asentir o decir que sí, pero no podía.
Mis manos solo intentaban inútilmente aflojar su agarre, pero no cedía.
Soltó un gruñido, apretando aún más.
—¿¡Entendido!?
—bramó.
Este simio se negaba a entender que no podía hablar ni mover la cabeza, ¡por el amor de Dios!
Me estaba cortando todas las vías respiratorias.
Mi visión empezó a volverse borrosa por las lágrimas involuntarias que se acumulaban en mis ojos.
Soltó otro gruñido, más bajo, profundo y potente esta vez.
Pero sonó como si viniera de más lejos.
O quizá no, lo único que podía oír con claridad era el sonido de la sangre bombeando en mis oídos.
—Bájala.
Al.
Suelo.
En.
Este.
Instante.
—fue lo último que oí antes de que me dejaran caer al suelo, otra vez.
Tosía y me sujetaba el cuello dolorido.
Levanté la vista justo a tiempo para ver al Alfa Damon fulminar con la mirada al guardia.
—Alfa, la he pillado en la cocina intentando escapar —empezó a explicar el guardia por qué estábamos en esa situación.
Yo no intentaba escapar, pero en ese momento no tenía fuerzas para defenderme, así que, tras recuperar el aliento, intenté alejarme a gatas sin que me vieran.
Pero el Alfa no me lo permitió.
—Quédate donde estás —dijo, fulminándome con la mirada.
—Dan, déjanos —añadió, sin dejar de fulminarme con la mirada.
El guardia, Dan, asintió rápidamente con un «Alfa» y se fue.
—Ponte de pie —ordenó el Alfa Damon.
Me puse en pie temblando.
Sus ojos recorrieron rápidamente mi cuerpo antes de volver a encontrarse con los míos.
Intenté por todos los medios evitar el contacto visual con él.
—¿Qué haces fuera de tu celda?
—preguntó él.
—Necesitaba usar el baño —respondí.
—¿Y qué hacías en la cocina?
—exigió.
Permanecí en silencio.
«No lo sé».
«¿Qué estaba haciendo en la cocina?».
«Supongo que seguir el olor de la comida.
Comida que ni siquiera llegué a probar».
«Ahora que lo pienso, si de verdad era una oportunidad para escapar, ¿la he desperdiciado buscando comida?
Estaba más ocupada en llenarme el estómago que en buscar una salida a este lío».
«Pero si la razón por la que todos seguimos vivos es, en efecto, por mí, escapar pondría la vida de todos en peligro».
«Así que optaré por la opción más honorable de decir que si hubiera intentado escapar, todos habrían muerto, en lugar de parecer una tonta que solo piensa con el estómago».
Se me había olvidado por completo que me había hecho una pregunta.
En cuestión de segundos, estaba delante de mí, me agarró la barbilla, la inclinó hacia arriba y me obligó a mirarlo.
—He dicho: ¿qué hacías en la cocina de arriba cuando se suponía que debías usar el baño de aquí abajo?
—gruñó—.
¿Intentabas escapar?
—No —dije, gimoteando porque su agarre se hacía cada vez más fuerte.
No me gustó cómo soné.
—Entonces, ¿qué hacías allí?
Me quedé en silencio, rezando para que me soltara.
—Por Dios, Adriane, no quiero tener que volver a preguntártelo —espetó.
Estaba tan perdida en ese momento que ni siquiera tuve fuerzas para preguntarme cómo sabía mi nombre—.
¡¿Qué hacías allí?!
—Yo… yo tenía hambre —susurré, bajando la mirada.
Casi de inmediato, su agarre en mi barbilla se aflojó.
Levanté la vista y vi que sus ojos se suavizaban por un breve segundo antes de que su fría actitud regresara.
Me soltó la barbilla por completo y dio un paso atrás.
—¡Chris!
—gritó.
Pronto un hombre alto y de pelo oscuro empezó a correr hacia nosotros.
—¿Alfa?
—preguntó.
—Llévala de vuelta a su celda y reúnete conmigo arriba —ordenó antes de darse la vuelta y subir la escalera.
—¡¿Dónde te habías metido?!
—susurró Mavis a gritos, con cara de enfado pero a la vez de alivio, en cuanto me devolvieron a nuestra celda.
—Tenía que usar el baño —dije.
—¿Y?
—preguntó ella, sabiendo que había más en la historia.
—Y subí a buscar comida, pero el guardia me pilló y me trajo de vuelta.
—No mentía exactamente, era la verdad, solo que omití la parte de Damon.
—Vale… —dijo, aunque su mirada me hizo pensar que no se creía mi historia, sino que simplemente me seguía la corriente.
Pocos minutos después, el guardia, Chris, llegó con una bandeja que me pasó por el espacio bajo los barrotes.
Miré el objeto con recelo.
Mavis se limitó a mirar la bandeja.
Supongo que ella también podía oler el aroma de la comida bajo la tapa.
Destapé el plato.
Mis ojos se abrieron de par en par por la sorpresa y se me hizo la boca agua por el hambre ante lo que tenía delante: cinco filetes a la parrilla con puré de patatas y salsa.
Miré a Chris con los ojos como platos.
—Órdenes del Alfa.
—Y se fue.
Mavis se quedó mirando la comida.
—Guau —dijo ella.
No pude evitar que un sonrojo me subiera a las mejillas.
«Me había traído comida».
Casi sonreí al pensarlo.
—¿Puedo?
—Mavis me miró con sus ojos de cachorrito.
Me reí, cogí la tapa y puse un filete para ella con un poco de puré y salsa.
Ella sonrió agradecida.
Cogí el plato y puse dos filetes en él para Rose y Richard.
El que quedaba lo dejé en la bandeja.
—Rose, Rose —la llamé.
Estaba dormida.
—¡Rose!
—susurré a gritos.
—¿Sí?
—dijo ella adormilada por haberse acabado de despertar.
Empujé el plato con mucha fuerza desde mi celda hasta la suya.
Llegó justo a la entrada de su celda, pero consiguió cogerlo.
—¿Qué es esto?
—preguntó Rose, mirando la carne.
—Filete, para ti y para Richard —le dije.
—¿Ha dicho alguien filete?
—dijo Richard, levantándose.
—¿De parte de quién?
—volvió a preguntar Rose.
—Del Alfa —dijo Mavis con la boca llena.
—No me importa de quién sea, solo pásame uno —gruñó Richard.
Rose cogió el suyo del plato y se lo pasó a Richard.
Una vez que terminamos de devorar nuestros filetes, me devolvieron el plato y tapé el que quedaba para comérmelo más tarde.
—Ah, gracias, Luna —dijo Richard.
Casi me atraganto con mi propia saliva.
Otra vez.
—Sí, ahora que lo menciona, dime qué pasó exactamente cuando estuviste ahí fuera —Mavis enarcó una ceja.
Ya no tenía sentido seguir ocultándolo, así que les conté lo que pasó.
Todo.
—¿En serio?
—preguntó Rose.
Yo solo asentí.
—Entonces, ¿ya aceptas el hecho de que es tu pareja?
—me preguntó Mavis.
—Lo sé, pero me da miedo.
—Bueno, no hay nada que puedas hacer al respecto.
Tu pareja es tu pareja —afirmó ella con naturalidad.
—Es fácil para ti decirlo, tu pareja no resultó ser un psicópata asesino —me mofé.
Ella sonrió, en su estado de ensoñación, obviamente pensando en James.
—Es perfecto —suspiró.
—Claro que lo es.
—Aunque, eso sí, trabaja para un psicópata asesino, por si te sirve de consuelo —sonrió.
Yo solo puse los ojos en blanco y sonreí.
—Voy a dormir ya, mañana nos espera un día muy largo.
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