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¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 33

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33: CAPÍTULO 33 33: CAPÍTULO 33 —No puedo creer que hayan pasado tantas cosas en estos últimos días —dijo Mavis mientras negaba ligeramente con la cabeza.

Estábamos en la cocina de la casa de las parejas de la manada, donde se estaba preparando un montón de comida.

Por cierto, la casa es mucho más grande y bonita que la casa de la manada en la que me tengo que quedar yo.

Mavis me había arrastrado hasta aquí inmediatamente después de la sesión de entrenamiento, que para las chicas duró una hora; los chicos tuvieron que quedarse una hora más.

Así que Mavis me trajo aquí, nos pusimos a hablar y se lo conté todo.

Debo felicitarme por no haber llorado, no derramé ni una sola lágrima.

Bueno, quizá solo una, únicamente cuando le conté que Damon no negó que me odia anoche.

No tengo ni idea de por qué se me escapó esa lágrima.

Casi le da un aneurisma cuando le dije que le había pedido a Damon que me rechazara.

De nuevo, no tenía ni idea de por qué.

A estas alturas, parece muy razonable.

Desde estar inconsciente durante casi dos días, a ver a Damon y a Cassandra besuqueándose en el sofá, a yo destrozando mi habitación y supuestamente «matando» a Cassandra, a mi exilio y luego a mi huida, que condujo al ataque de los renegados del que él me salvó.

Vaya, ha sido una semana ajetreada para mí, ¿no?

—¿Cómo te encuentras?

—me preguntó Mavis, mirándome fijamente a los ojos.

¿Cómo me encontraba?

No tenía ni idea.

¿Enfadada?

Ya no.

¿Feliz?

Ni de lejos.

¿Confundida?

Mucho.

¿Triste?

Quizá un poco.

Pero, por encima de todo, me sentía rota.

Rota.

Es como si algo se hubiera roto dentro de mí ayer y, por primera vez, puedo sentir de verdad que mi loba está herida.

¿Hay alguna forma de no sentir su dolor y todas sus emociones caóticas?

Sinceramente, me están complicando la vida.

Puede que no me haya rechazado de palabra, pero lo ha hecho en su corazón.

Mi loba gimió en mi interior.

Sí, Damon parece frío, pero me está gustando cada día más y ni siquiera entiendo por qué.

Y duele.

Me siento herida.

Y no me gusta.

—Estoy bien —mentí.

Mavis se me quedó mirando con una expresión que decía «sé que mientes» y estaba a punto de decir algo cuando me di cuenta de una cosa.

Mis ojos se abrieron de par en par.

Pareció confundida por un momento antes de seguir mi mirada.

Me incliné hacia delante y le aparté la camisa azul marino a un lado para dejar al descubierto más parte de su cuello y hombro.

Y allí estaba: una marca.

—¿Mavis?

—pregunté, completamente atónita.

Su cara se puso carmesí al instante y bajó la mirada.

Oh, Dios mío.

—¿Cuándo ha pasado esto?

—pregunté, inspeccionando más de cerca su mordedura, con cuidado de no tocarla; parecía algo reciente.

Estaba a punto de responder cuando una mujer, que me dijo que se llamaba Bernice, la cocinera, entró en la cocina para comprobar la comida.

La removió, la probó, añadió un par de cosas y luego nos dedicó una sonrisa educada y se fue.

Le devolví la sonrisa, miré a Mavis y enarqueé una ceja, animándola a continuar.

—Hace un día —masculló, jugando con los dedos y manteniendo la cabeza gacha.

Oh, así que ahora es tímida.

¿Hace un día?

Sabía que esto acabaría pasando, pero ¿tan pronto?

Vaya, ella y James.

Y ahora él la ha marcado.

Realmente no ha perdido el tiempo.

—¿Cómo pasó?

Y así, damas y caballeros, es como conseguí que Mavis se lanzara a una detallada descripción de una hora sobre cómo ella y James «se lo montaron».

Me reí durante su pequeño discurso, sobre todo en la parte en la que dijo que flipó al ver al, bueno, gran amigo de James.

Cambiamos de tema y empezamos a hablar de cómo estaban empezando a integrarse en la manada.

—Después de la ceremonia de iniciación, algunas cosas dentro de nosotros cambiaron automáticamente.

Mucho cambió —dijo Mavis, mirándose las palmas de las manos.

Yo me había perdido ese evento porque estaba herida, así que Mavis me estaba poniendo al día.

Cambiar de manada no debe de ser fácil, sobre todo cuando en realidad no tuvimos elección.

Nuestra antigua manada ya ni siquiera existía.

No de verdad.

—Cuando lo pensé por primera vez, la verdad es que no quería hacerlo.

No podía simplemente abandonar a mi familia.

Así es como lo sentía.

Cambiar de manada era como dejarlo todo atrás.

Levantó la vista hacia mí.

—Pero James, y sé que acabo de conocerlo, me hizo sentir segura.

Puede que sea el vínculo de compañeros, pero siento como si lo conociera de toda la vida —rio entre dientes.

—Y me hizo entender que siempre estarán conmigo, sin importar dónde esté.

Ya lo sabía, por supuesto, pero él me ayudó a que fuera más fácil aceptarlo de verdad.

—Así que decidí que iba a unirme por él, por nosotros.

Y después de hacerlo sentí el cambio, el cambio en mi loba, el cambio de lealtad.

Y es difícil de aceptar, para todos nosotros, pero ahora tenemos un nuevo Alfa.

Así que estamos intentando hacernos a la idea.

Me puso al tanto de la postura de la mayoría de los miembros de nuestra antigua manada con respecto a este asunto de la nueva manada.

Los lobos son criaturas sociales.

Y en un entorno así, tiene que haber una cierta fuente de liderazgo; de lo contrario, solo sería una lucha de poder constante.

Eso lo entendía.

Lo que no entendía era cómo los lobos podían someterse a cualquier alfa con tanta facilidad y cómo sus sentimientos y emociones afectaban tanto a nuestro lado humano.

No te controlamos, estamos conectadas.

Todo lo que somos, lo eres tú.

Mavis siguió hablando de James y de cómo las cosas se pusieron candentes justo después de la ceremonia, y volvió a entrar en su estado de ensoñación.

Tenía esa sonrisa soñadora en los labios y no pude evitar sentirme feliz por ella, genuinamente feliz.

Mientras seguía hablando, se detuvo de repente y me miró con cara de culpabilidad.

—Oh, Adriane, espero no haberte incomodado.

Lo siento —murmuró, cogiéndome la mano.

Le dediqué una media sonrisa y negué con la cabeza.

—No pasa nada, estoy bien.

Oye, ¿dónde están las demás chicas?

—le pregunté, dándome cuenta de la falta de gente en esta casa tan grande.

Sí, los chicos seguían entrenando, pero las chicas habían terminado hacía casi una hora.

—Bueno, las chicas de esta casa probablemente estén esperando a que sus parejas terminen —respondió.

Sonreí y puse los ojos en blanco.

Probablemente estén todos acaramelados.

—En realidad, yo también habría estado esperando a James, es solo que quería hablar contigo en privado.

Mavis me sonrió.

Debería haberlo sabido.

Negué con la cabeza, sonriendo ligeramente.

Justo en ese momento, un chico entró bruscamente por la puerta principal.

La puerta de la cocina estaba abierta, así que podíamos ver la entrada desde allí.

El chico, que solo llevaba unos pantalones cortos de gimnasia, se precipitó a la cocina y fue directo a la nevera.

La abrió, sacó una botella y se la bebió entera en cuestión de segundos.

Cuando terminó de beber, tiró la botella al cubo de la basura que estaba en el otro extremo de la cocina.

Se dio la vuelta y puso una cara de asombro, como si acabara de darse cuenta de nuestra presencia.

Le echó un vistazo a Mavis y luego me miró a mí.

Caminó directamente hacia mí y me tendió la mano.

Me guiñó un ojo.

—Hola, soy Antonio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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