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¡El Alfa Rechazado! - Capítulo 34

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34: CAPÍTULO 34 34: CAPÍTULO 34 Se presentó con un acento un tanto mexicano y arrastrando la «erre» al final de su nombre.

Nunca había oído pronunciar ese nombre así, pero me intrigó.

Sonreí.

Tenía el pelo castaño, que le caía ligeramente sobre la frente y estaba rapado por los lados.

Tenía los ojos castaños claros y una sonrisa agradable.

—Hola, soy Adriane.

Me encanta tu acento.

¿Supongo que eres de México?

—dije, intentando iniciar una conversación.

En esa fracción de segundo, sus ojos se iluminaron como un árbol de Navidad.

Esbozó una sonrisa de dientes blancos y giró bruscamente la cabeza hacia Mavis, que me miraba con la boca abierta.

¿Qué está pasando?

—¡Ja!

Te dije que alguien picaría.

Me debes veinte pavos —dijo Antonio entonces con un acento americano completamente normal y natural.

—No puedo creer que hayas caído en eso, Adriane, ¿en serio?

—Mavis me miró fijamente, con una sonrisa asomando en sus labios.

Sacudió la cabeza, decepcionada.

—Espera, ¿qué?

¿Cómo que no eres mexicano?

—dije, mirando fijamente a Antonio.

Sí, soy un poco lenta, no me juzguen.

—Nop —dijo, marcando bien la «p» y sonriéndome desde su altura.

—En realidad soy Daryl, totalmente americano, a tu servicio —volvió a tenderme la mano para que se la estrechara.

Se la cogí, sacudiéndola ligeramente y sintiéndome un poco tonta.

—En serio, Adriane, esa ha sido la peor imitación de un mexicano que he oído en mi vida.

¿Qué clase de mexicano dice «hola» y «Antonio» así?

Parecía un jodido robot —rio Mavis, y yo me uní a ella.

—Pues yo creo que mi imitación de mexicano ha estado clavada —se defendió Antonio, o bueno no, Daryl.

—Por favor, intentaste colármela la primera vez que me viste.

Hasta un niño de tres años sin cerebro se daría cuenta.

Sin ofender —dijo Mavis, girándose hacia mí al final de la frase.

—No me ofendo —sonreí.

Miré a Daryl una vez más.

—Oye, ¿sabes que te pareces mucho a…?

—estaba a punto de decir, pero me interrumpió.

—Sí, a Ian Somerhalder, me lo dicen mucho —resopló, pasándose una mano por el pelo, intentando parecer sexi, supongo.

Mavis bufó.

—Seguramente iba a decir que a Ryan, idiota —rio Mavis.

—En realidad, iba a decir que a Channing Tatum —dije.

—¿En serio?

—preguntó Daryl con una sonrisa, un poco sorprendido.

—No, más bien a Sheldon Cooper de Big Bang Theory —reí al ver la decepción en su cara.

—Haré como que no he oído eso.

Si te preguntabas por qué me parezco a Ryan, es porque soy su hermano pequeño más guapo —sonrió Daryl.

¿Ryan?

Ah, sí, el chico que conocí anoche.

Ahora que lo mencionan, la verdad es que sí se parecían mucho.

Salvo por las diferencias en el color y el corte de pelo, casi podrían pasar por gemelos.

—Lo conociste, ¿verdad?

—preguntó Daryl.

—Sí, supongo que era el chico sin camiseta que conocí anoche —respondí.

Mavis enarcó las cejas hacia mí mientras Daryl se reía.

—No te preocupes, es gay —explicó Daryl, riendo aún más.

¿Qué?

—¿Puedes dejar de decirle eso a todo el mundo?

—dijo Ryan, que acababa de entrar en la cocina.

Nos sonrió a Mavis y a mí.

—No soy gay —aclaró Ryan.

—Oye, no tienes por qué avergonzarte, hermano —le dijo Daryl a Ryan mientras le daba una palmada en el hombro.

—No soy gay —repitió Ryan, apretando ligeramente los dientes.

—Pero ¿y esa noche en la que casi…?

—lo interrumpió Ryan, que se estaba poniendo un poco colorado.

—¡Estaba borracho!

—gritó.

Daryl levantó las manos como si se rindiera.

—Claro, vale, vale, lo que tú digas, grandullón —dijo Daryl con una sonrisa de suficiencia.

Ryan puso los ojos en blanco.

—Bueno, Adriane, no te he visto desde la sesión de entrenamiento de evaluación en la que te rompiste el brazo, ¿dónde has estado?

—me preguntó Daryl, inclinando ligeramente la cabeza.

No sabía que me había vuelto lo bastante popular como para que la gente notara mi ausencia.

—Bueno, estuve en la casa del Alfa recuperándome de la herida mientras un médico me atendía —les dije, sin querer profundizar en el tema.

—Pareció un chasquido bastante doloroso —dijo Ryan.

—Pues debió de ser cincuenta veces más doloroso de lo que pareció.

Esa zorra tiene unos brazos muy fuertes —dije con una risita, y rápidamente me tapé la boca al darme cuenta de que podría haber insultado a su «Luna».

—No te preocupes, a nosotros tampoco nos cae bien —dijo Ryan, y Daryl asintió, dándole la razón.

Después de eso, hubo silencio.

Y aproveché la oportunidad para ver cuánto tenían en común.

Sí, de cerca y juntos, la verdad es que se parecen mucho.

Además, acabo de darme cuenta de que no llevan nada más que unos pantalones cortos de gimnasia y van sin camiseta.

No voy ni a sentir la tentación de quedarme mirando.

Así que, en lugar de eso, me pongo a jugar con los dedos.

Después de un minuto, de repente empezó a oírse mucho ruido desde el salón.

—Se acabó el entrenamiento, los chicos están aquí para el desayuno —masculló Ryan, probablemente al notar mi expresión.

Asentí levemente y miré a Mavis, que sonreía ligeramente.

—Espera, si el entrenamiento acaba de terminar, ¿qué hacíais vosotros aquí tan temprano?

—les preguntó Mavis.

—Bueno… —empezó Daryl, frotándose la nuca.

—Tenemos una rutina.

Una vez al mes, el Beta Marcus termina el entrenamiento con un simulacro de emboscada, en el que tenemos que arrastrarnos literalmente a través de setos y zarzas, y a mí, personalmente, no me gusta tener que estar sacándome espinas de la piel después de un entrenamiento —explicó Ryan.

—A mí tampoco —intervino Daryl.

Ryan simplemente puso los ojos en blanco y continuó.

—Así que ideamos un plan: cada vez que toca, Daryl sale corriendo del campo fingiendo que va a vomitar, y al rato le sigo con la excusa de ver cómo está.

Y hoy era uno de esos días —me sonrió Ryan.

—Y los tontos pican cada vez.

Aunque, bueno, solo lo hemos hecho dos veces hasta ahora —concluyó Daryl con aire orgulloso.

—Lo tendré en cuenta la próxima vez —dijo una voz junto a la puerta, y Mavis empezó a sonreír de inmediato.

Pronto entendí por qué, cuando vi a James entrar en la cocina, también sin camiseta pero con una toalla colgada del cuello.

Se acercó a Mavis y le plantó un beso antes de volverse hacia mí.

Sus ojos se abrieron un poco.

—Adriane, ¿el Alfa Damon ya te ha dejado salir?

—preguntó James, empezando a sonreír ligeramente.

Le devolví la sonrisa y asentí.

Bernice entró en la cocina y sacó la enorme olla de comida con la ayuda de otra mujer.

—¿Dejarla salir de dónde?

—preguntó Daryl, frunciendo el ceño después de que las mujeres hubieran salido de la cocina con la comida.

Mierda.

No sabía qué decir, ya que no quería que nadie supiera que estaba exiliada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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