El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 10
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10: Confusión 10: Confusión En la mañana desperté desorientado, como si tuviera resaca.
¿Por qué me desmayé así?
Solo pregunté si eran dioses ¿Podría ser que no tengo el poder suficiente?
Mi cabeza se calienta de tanto pensar, necesito respuestas.
Y eso de perder el control va a ser complicado, supongo que una vez al día o cada cierto tiempo pasará.
Me preguntó cómo será.
No tuve tiempo de imaginarlo, un insecto estaba caminando cerca de mi.
Apenas lo vi mis manos se movieron solas, lo atrapé y al instante lo llevé a mi boca.
Cuando me dí cuenta de la situación ya estaba masticando al bicho.
El crujir de su caparazón inundó mis oídos, seguido por un sabor amargo y una viscosidad que me revolvió las entrañas, vomité enseguida.
Me llevé la mano a la cara justo después de hacerlo.
—A esto se refería esa maldita voz —susurré.
Esto es una locura, no tiene sentido.
¿Cómo es posible que mi cuerpo actúe por su cuenta?
¿Qué haré si pierdo el control en una situación crítica?.
Empecé a hiperventilar, sintiendo cómo la realidad se me escapaba.
Me solté un buen golpe en la cara para calmarme.
Aunque tenga la penalización, sigo al mando…
¿verdad?
Poco después, mis padres despertaron.
Mi papá apenas me vio se acercó y me agarró por la nuca con los dientes, luego procedió a bajar del árbol.
Se me pusieron los nervios a flor de piel; no estaba preparado, tenía la mente hecha un caos y el miedo a ser devorado seguía ahí, latente.
Nuevamente, el instinto tomó las riendas: empecé a golpear a mi padre en el pecho, estaba desesperado.
Él, sorprendido, me soltó y me lanzó en el nido, se veía molesto.
Al fin y al cabo, es un animal; si le muestras quién manda, te deja en paz.
Mi madre también se levantó, me acerqué para que me diera cariño y acicalara como siempre.
Ella se dió la vuelta y se fue, me rechazó.
No sé si es porque soy pequeña o estoy muy sensible pero, sentí un nudo en la garganta y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Mis progenitores me estaban tratando mal, ¿Será que ya no les caigo bien y me van a abandonar?
¿O ya estoy en la edad de salir del nido?…..
Caí en cuenta de la situación.
Por eso mi padre me quería llevar con él, quizás debería haber ido.
Me siento muy tonto.
Mañana salgo con el.
Mi mamá huyó también, Supongo que ya es libre de mi.
En la naturaleza todo es tan rápido, aún me siento como un niño y me quieren sacar del hogar.
Me hace recordar cuando me echaron de la casa por vago, yo estaba llegando de una fiesta y mis cosas ya estaban fuera, mi hermano desde la ventana se burlaba.
Me senté en el suelo a esperarlos.
—Ahora sí voy a irme para aprender a cazar y quizás me enseñen sus técnicas —, espeté con entusiasmo.
Pasaron muchas horas y no regresaban, tenía hambre.
—Esos cabrones se fueron sin alimentarme —estaba enojado así que me acosté mirando al cielo.
—Que fácil es que te traigan la comida sin hacer nada, los extraño —puse una mano en mi cara.
—Me abandonaron otra vez —sentí que me faltaba el aire, caí en llanto.
Me llegaron los recuerdos de cuando mi novia de la secundaria me engañó con el chico popular.
Es normal que lo hiciera, yo era un gordo antisocial y friki y el, un deportista atractivo.
—Eso pasó en mi vida anterior —me senté, mi mirada se puso firme.
—Ya morí dos veces, ¿Qué importa?
El abandono es parte de la vida, además eso me ayudó a ir al gimnasio y ponerme fuerte.
Así conocí a mi esposa —me levanté con ánimos.
—Si no me van a traer comida, voy a buscarla.
Me acerqué al borde del nido y al instante se fue toda la valentía, el trauma de ser comido vivo se hizo presente.
—¡Mierda!
¡Mierda!
¡¡MIERDA!!, ¿POR QUÉ SOY ASÍ?
—frustrado me recosté nuevamente a esperar.
—Quizás si me traigan alimento, eso espero.
Pasó más y la noche empezó a caer, mi estómago rugía y no había rastro de ellos.
¿Por qué no volvían?
¿Qué habrá pasado?
¿De verdad me dejaron atrás?
Tengo que dejar de ser tan pesimista, tal vez solo se les hizo tarde, ¿No?……
¿No?
La luna ya se veía en el cielo y todo se veía igual, ya me estaba preocupando.
Estaba mareado por la falta de nutrientes.
Debo bajar, este maldito malestar me va a matar de hambre.
Debo comer.
Volví al borde del refugio y posé una pata en el vacío.
Comencé a temblar y las náuseas subieron.
No les presté atención, fuí colocando un pie después del otro, descendiendo por el tronco.
Mi mente me gritaba que volviera, pero el hambre podía más.
Seguí y seguí, callando las voces, así llegué a la tierra.
Apenas la toqué todo se puso en silencio.
Sentí tranquilidad.
Caminé unos metros, me costó porque hace tiempo que no lo hacía.
Seguí, me ocultaba entre los arbustos y hojas para no ser visto, sería catastrófico si un depredador me viera.
De repente escuché pasos acercándose a mi dirección, estaba metido entre las hojas, me asomé un poquito.
Logré divisar a uno de esos malditos perros demonio.
Se aproximaba a mucha velocidad.
Mi organismo empezó a palpitar y aquella sensación volvió, regurgité lo poco que tenía en el estómago por los nervios.
¿Me va a devorar?
Ya estaba casi al frente, estoy muerto.
Cerré los ojos y esperé el impacto, pero no llego nada.
El sonido de los pasos se alejaba, abrí los ojos y todo estaba bien, la bestia siguió de largo.
¿Qué diablos estaba pasando?
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