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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 17

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  3. Capítulo 17 - 17 Sangre Horror y Huesos
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17: Sangre, Horror y Huesos 17: Sangre, Horror y Huesos Abrí los ojos y todo era oscuro, a lo lejos se podía ver un poco de luz entrando a este lugar.

“¿Dónde mierda estoy?”, fue lo primero que pensé.

La presión de mi cabeza era tortuosa, estaba boca abajo.

“¿Qué pasó?

Solo recuerdo que me golpearon y…”.

Estaba desorientado, como con resaca.

Intenté moverme, pero no pude; algo me lo impedía.

Había una sustancia viscosa aprisionándome y noté un ligero olor a hierro; creo que es sangre.

El aroma comenzó a intensificarse lentamente, mientras se oía algo arrastrándose viniendo en mi dirección.

—¡Mierda!

—insulté tratando de salir de donde estaba sin éxito.

Lentamente lo que sea que venía estaba más cerca, hasta que sentí un aliento impactando en mi cara.

Era repugnante; de repente un fuego se encendió a unos metros dando un poco de luz.

Con eso pude visualizar lo que estaba pasando.

Enfrente de mí había una criatura de color negro con vetas verdes y ojos totalmente blancos, sus dientes eran amarillos y sobresalían de su boca.

Su sonrisa era tan asquerosa como su aliento, pude ver sus garras largas y sus cuernos que iban hacia abajo.

Se encontraba agachado mirándome fijamente como un animal.

¿Qué se supone que es esto?

¿Un secuestro?

¿Desde cuándo los animales hacen eso?

Bueno, Priya no deja de sorprenderme.

Volteé hacia un costado y había un desgraciado como yo.

Era de otra especie pero por la situación sabía que estábamos jodidos.

El bicho se acercó y hundió una de sus garras en el hombro del infeliz; solo escuché sus gritos mientras el acero orgánico se adentraba más y más.

El maldito lo disfrutaba.

La luz se intensificó y pude observar mejor mi alrededor: vísceras, extremidades, cuerpos a medio comer pudriéndose y litros de sangre por doquier.

El monstruo seguía con su carnicería.

Acercó las manos al pecho del otro y se lo abrió de un solo movimiento.

“¡Tengo que salir de aquí!”, gritaba mi mente mientras forcejeaba.

Logré desprender una de mis garras y comencé a rasgar la sustancia que me ataba.

—¡Apúrate, Samuel, te van a matar!

—susurré con ansiedad.

Sorprendentemente, mi atadura cedía con facilidad; sin darme cuenta ya tenía un brazo libre.

La bestia se daba un festín cuando, de pronto, volteó y miró lo que estaba haciendo.

Se puso de pie y lo observé mejor; tenía piernas largas y huesudas, medía como dos metros y algo brillaba en su vientre.

No se acercó rápidamente, se quedó mirando cómo me liberaba.

Logré zafarme, caí al suelo, me levanté con velocidad y me puse en guardia.

Cuando me incorporé, ya no lo veía en ningún lado ¿Desapareció?

No, supongo que querrá jugar con su presa.

Una gota de algo cayó en mi hombro, miré arriba y allí estaba; babeando con su cara de desquiciado.

No puedo pelear contra esto, salí corriendo y él empezó a seguirme.

No pude ni dar dos pasos antes de tropezar; caí de bruces encima de un montón de carne en descomposición.

La sensación blanda y el olor casi me hacen vomitar.

—¡Mierda!

¿Por qué me pasa esto?

—me puse de pie nuevamente, esta vez cogí un hueso largo que estaba en el suelo.

Al menos voy a pelear antes de morir.

Esa cosa volvió a desaparecer.

—¡Deja de jugar conmigo!

—grité lleno de ira.

Buscando cualquier movimiento en las sombras.

De pronto, sentí un ligero temblor bajo mis pies.

El suelo se abrió y de allí brotó la bestia.

Antes de que pudiera reaccionar, me estrujó el brazo con una fuerza inhumana y me estampó contra el suelo.

El impacto fue tan seco que casi pierdo la conciencia; mi visión se nubló por un segundo.

Es demasiado fuerte.

Intenté incorporarme, pero mis piernas flaquearon.

La frustración y el dolor me quemaban.

Pude ver a la bestia frente a mí; no me atacaba de nuevo, solo se quedaba ahí, emitiendo un sonido gutural que juraría que era una carcajada.

No me ve como una amenaza, no soy más que un juguete para él.

Se abalanzó de frente con furia.

“Yo ya estoy muerto” fue lo que pensé.

Justo en ese momento sentí mi adrenalina a tope.

—¡No será tan fácil maldito deforme!

—lo esperé con el hueso en la mano.

Cuando estaba a unos pasos me impulsé y clavé mi arma en su vientre, donde estaba la cosa que brillaba.

Él comenzó a gemir de dolor.

Me arañaba la espalda y hasta me clavó una garra en el ojo; ni me inmuté, solo veía cómo sus ojos se apagaban y moría lentamente.

—¡Carajo!

—me lancé al piso con el pecho agitado, me faltaba la respiración y sentía mi sangre correr por mi piel.

—¡No quiero morir de nuevo!

—de repente el suelo vibró nuevamente, esta vez con más intensidad.

A lo lejos se escuchaba algo como una manada corriendo hacia mi posición.

“¡¿Ahora qué?!

Debo esconderme” pensé desesperado, pero no había nada alrededor más que desolación.

Observé el cuerpo del bicho que recién había matado y lo único que se me ocurrió fue usarlo a él.

Con mis garras, rasgué lo que quedaba de su estómago y me metí dentro.

Es lo más asqueroso que he hecho en todas mis vidas, pero era necesario para sobrevivir.

Su interior se sentía como lava ardiendo.

La manada se acercó y pasó de largo, me asomé un poco y vi que eran un montón de este monstruo.

“¿Qué demonios es este lugar?” Cuando todo estuvo despejado salí del cuerpo de la criatura.

—¡Oye sistema!

—espeté al aire—.

¡Sé que estás observando!

¿Dónde estoy?

Y ¿Qué está pasando?

—Se podía ver a Samuel salir de la criatura y hablar solo como un demente.

¿Quizás ya se volvió loco?

—narró la voz del sistema con su tono burlón de siempre.

Se había hecho presente de nuevo; hace tres años que no tenía ninguna señal de él.

—Responde lo que te dije.

[No tienes acceso a esa información] —¡Nunca eres de ayuda!

—caí de rodillas, tosí y escupí algo de sangre—.

Tengo que salir de aquí.

No pude evitarlo más, me desmayé.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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