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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 16

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16: A La Décima Potencia 16: A La Décima Potencia Llegamos al hogar de Uuk, él se acostó al instante.

Ahora que lo veo, duerme demasiado; tanto que a veces pasa días sin despertar ¡Es un vago!

Yo quisiera tener una vida así.

Lo envidio la verdad.

Seguí su ejemplo y me dormí también, ya era tarde y me da flojera ir a mi casa a esta hora.

Me acomodé en una cama de hojas que hice allí, esa noche tuve un sueño muy extraño.

Estaba en un vacío negro y desolado, no podía mover mi cuerpo y sentía el frío metal de unas cadenas recorriendo mi piel.

Quería gritar pero no tenía boca, a lo lejos había dos ojos rojos mirándome fijamente.

De repente una voz susurró: “ve a ver a tus padres y no confíes”.

Todo se esfumó y desperté de un brinco, sentía la piel ardiendo como la lava, la humedad de mi pelaje por el sudor y mi corazón estaba a mil por hora.

Vomité.

Me incorporé como pude y miré a mi alrededor, era de mañana.

Uuk no estaba acostado ¿A dónde habrá ido?

Tengo miedo.

¿Qué fue ese sueño?

¿Qué significa?

Mi cabeza dolía por la confusión.

¿No puedo confiar en nadie?

¿Qué hay de mis padres?

Debo relajarme.

Inhalé un buen sorbo de aire y luego lo solté; repetí varias veces y todo se calmó.

¿Debería prestarle atención a esto?

¿Quizás solo es un sueño tonto?

Pero me levanté vomitando; eso no es normal.

Debo ir adonde mis padres; se preocupan si no estoy.

Fui corriendo para allá, cada paso que daba se sentía más pesado.

Me imaginaba lo peor ¿Se los comieron los perros?

¿Les pasará algo?

No podía con la ansiedad.

Al llegar subí al árbol con rapidez, ellos estaban tranquilos sentados y comiendo; caí al suelo del alivio.

—¡No me asusten así!

—di un golpe al suelo.

Pero…

la voz dijo que no confiara.

¿Qué estaba pasando?

Mi madre se acercó y me dio un abrazo.

Al principio sentí alivio pero, de golpe, la realidad me golpeó: así no se comunican los Liva.

Para mostrar afecto, nosotros juntamos las frentes.

Me alejé de ella de un salto y me puse en guardia.

No hubo palabras, solo violencia.

De inmediato se lanzaron al ataque; la cosa que parecía mi madre cargó de frente mientras el otro me flanqueaba con una velocidad inhumana.

Como pude, esquivé los primeros zarpazos, pero vi con horror cómo la mano de mi padre se deformaba, creciendo hasta un tamaño grotesco.

En un parpadeo, ese puño masivo impactó directamente en mi mandíbula.

El mundo se apagó.

Caí noqueado instantáneamente.

—F…

R…

I…

D…

O ¿Estás allí…..?—percibía un ligero susurro casi imperceptible.

—¿Qué pasó?

—pregunté sumido en una confusión total.

—Estás en casa bebé, soy tu ma…..

La voz se me hacía demasiado conocida.

Comencé a parpadear lentamente, tratando de comprender mi realidad.

Todo se veía opaco y el mundo me daba vueltas; cuando volví en mí, lo único que veía era una bombilla encendida.

—Despierta, corazón, debes ir a clases.

¡Ya lo recuerdo!

¡Es la voz de mi madre humana!

¿Pero por qué?

¿Por qué la escucho?

¿Esto es un recuerdo?

Me senté en lo que parecía un colchón; estaba aturdido y algo torpe.

Moví mi brazo y se sentía…

diferente.

Observé con detenimiento y no podía creerlo: era una mano humana pero pequeña, como la de un chico que entra a la pubertad.

—Levántate rápido o te voy a buscar a la cama —la voz de mi mamá resonó otra vez.

—Enseguida voy, tranquila —respondí sin pensar, casi en automático.

Me puse de pie, salí de la habitación y bajé las escaleras.

Todo era igual a como lo recordaba; hasta el sticker de marciano que pegué en el marco de la puerta estaba en su lugar.

Esta era la casa de mi infancia.

Paré antes de llegar a la cocina, un ligero temblor en mi pierna se hizo presente.

No estaba preparado para verla otra vez, no después de su espantosa muerte.

El olor a hotcakes recién hechos invadió mi nariz, controlé el temblor y entré.

Allí estaba, tan radiante como siempre.

Haciendo el mejor desayuno del mundo.

No pude evitar el nudo en mi garganta.

—Ya estoy aquí mamá —se me fue un poco la voz.

—¿Por qué estás llorando, cielo?

—preguntó ella tan dulce como siempre.

Sin saberlo mis ojos estaban llenos de lágrimas.

Ella se acercó.

—Ven, abraza a tu mamá.

Lo que sea que te esté pasando acabará.

No pude aguantar las ganas, corrí hacia sus brazos y apreté con fuerza.

—Te amo mamá —puse mi cara en su mandil y dejé salir todo mi llanto—.

Todo es muy difícil últimamente, te extraño ¿Por qué te tuviste que ir?

—Pero si no me he ido, estoy aquí contigo.

Limpia esas lágrimas y arréglate para ir a la escuela —dijo eso mientras me acariciaba la cabeza—.

Sigues siendo mi bebé llorón.

—Lo siento mamá, de verdad, no quería hacerlo —dije sollozando.

—¿De qué hablas?

¿Ya te volviste loquito?

Eres un pequeño demente.

Vamos come y nunca olvides que te amo a la décima potencia.

Me senté y de inmediato puso el plato de comida en la mesa, tomé un bocado y me lo comí.

Sabía delicioso, no pude parar hasta terminar.

—Ya me voy a alistar —creo que estoy olvidando algo, da igual.

Corrí a mi habitación y en un santiamén ya estaba listo para una nueva aventura en la escuela.

Subí en el auto y salimos, al llegar ella se despidió de mí y fue a su trabajo.

Siempre trabajó mucho, éramos ella y yo; nadie más, nunca hubo nadie más.

Me aproximé al plantel estudiantil, mientras iba por los pasillos sentía los cuchicheos de los demás.

—¿Ya viste cómo mira?

Dicen que por eso su papá no está.

—¿Será verdad que es un asesino?

—Tiene cara de traumado.

—Quizás es tonto.

—Escuché que mató a un perro hace tiempo.

En medio de tanto ruido de fondo escuché la voz de mi segunda persona favorita: Mika, la chica más linda del universo.

—Hola Mika —le dirigí la palabra a la que sería mi futura esposa.

—Hola Frido ¿Cómo estás?

—preguntó ella con amabilidad.

—Igual que siempre, la gente habla mucho de mí pero estoy bien porque estás aquí.

El ruido de fondo tomaba más volumen.

—Vamos Frido —ella agarró mi mano y me sacó de allí.

Ya afuera empezó a darme un sermón—.

Debes darte a respetar, necesito que mi futuro esposo sea de confianza —se dio cuenta de sus palabras y se puso como un tomate.

—Prometo que seré el mejor esposo para ti —la miré con una sonrisa y con el pulgar arriba.

De golpe la imagen frente a mí cambió.

Estaba de noche y llovía con fuerza, vi ese maldito auto volteado a un lado de la carretera.

Corrí rápidamente y revisé dentro.

Ella estaba allí con su hermosa sonrisa.

—¡Vete Frido, corre!

Esto va a explotar.

—¿Ya no me quieres, mamá?

—pregunté, mis manos está repletas de sangre por apollarme en los cristales del piso.

—Nunca diría eso hijo, te amo con todo mi ser.

Ya mi tiempo acabó, pero tú puedes seguir.

Huye por favor, no olvides que te amo a la décima potencia —respondió sonriendo con un amor que derrite.

En eso la parte del motor explotó y yo salí volando lejos.

Perdí el conocimiento.

Volví a mi realidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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