El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 40
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
40: Buena Elección, Frido 40: Buena Elección, Frido [&D_5&:”4:~]$ restyore –core > MinTd: RESTORED > Soul: RECONNECTED > ReboPot: COMPLETE [&_5&:”4o:~]$ _ Inhalé una bocanada de aire; sentía cómo mis pulmones se recomponían.
Abrí los ojos y estaba en el suelo.
Algo frío me sostenía y presionaba contra mis mejillas.
No podía moverme; no sentía dolor ni nada en general.
Todo era extraño.
Estaba todo oscuro, y solo la leve iluminación de la luna dejaba ver algo.
De pronto, mi cabeza comenzó a flotar.
Mientras subía, vi un cuerpo de piel púrpura.
Quizás estoy olvidando algo.
Las manos de ese cadáver, al parecer, me estaban sosteniendo.
A mi alrededor observé cómo mis extremidades se movían solas y se buscaban; poco a poco, como si fuese un lego, se fue recomponiendo mi anatomía.
Al final, mi cabeza se selló al cuello.
Mi sangre comenzó a bombear, llenando de vida ese envase.
Unas letras aparecieron en mi campo de visión: [El usuario fue reiniciado] [Los fallos críticos fueron solucionados] [¿El usuario recuerda su nombre?] [Sí / No] [Elija una opción] “¿Recordar mi nombre?
¿Quién soy?
¿Qué hago aquí?
¿Qué soy?
¿Qué significa todo esto?
No sé qué estoy haciendo”.
$°=¢×&6 “Todo es demasiado confuso”.
Puse mis manos en mi cara y comencé a palpar todo.
Mis mejillas eran lampiñas, pero todo lo demás era pelaje.
Miré mis manos y eran como las de un primate.
“¿Yo no era un humano?”.
“Yo me llamaba…
¿Cómo me llamaba?
¿Olvidé mi nombre?
¿No tengo identidad?”.
Respiraba con fuerza mientras mi frente se calentaba; mi corazón latía muy rápido y mi visión se ponía borrosa.
—¿Quién soy?
—pregunté al viento.
Pronto, un dolor leve en mi nuca se hizo presente y un pitido sordo comenzó a retumbar en mis oídos.
Caí de rodillas sobre el césped y puse mis manos contra el suelo.
Tenía los ojos muy abiertos, empañados por algunas lágrimas; no pude evitar vomitar.
¡Buaaargh!
—Ja, jaja, jajaja…
¡jajajajajajajajajajajajajajajajajaja!
—comencé a reírme como un desquiciado.
!;-782;:@-( “¿Por qué me estoy riendo?”.
Un recuerdo aterrizó en mi mente; fue solo un parpadeo.
Estaba hablando con un musgo llamado Freddy y no podía moverme.
Al parecer, fui algo así como una roca.
Otro recuerdo aterrizó, y este me golpeó como si fuera un puñetazo: un animal con unos brazos parecidos a los míos me recogió del suelo, para luego morir en una inundación.
Otra vivencia retumbó en mi cabeza.
Esta vez me podía mover e hice un refugio, solo para terminar siendo devorado por lobos.
Otro más cayó: ahora era un bebé perseguido por un oso de siete metros.
Luego otro, y otro, y otro, y otro…
Mi cabeza dolía hasta que una frase lo sacudió todo: «Ahora serás conocido como Samuel, el creador de m…
n…
s…».
“Soy Samuel, eso es.
Pero también un tal Frido…
Ya lo recuerdo todo”.
Me puse de pie y elegí una opción.
Marqué que sí recordaba quién soy.
[¿El usuario recuerda su nombre?] [Sí / No] [El usuario ha elegido que sí] [Buena elección, Frido] Las letras se esfumaron, dejándome solo en aquel lugar desconocido.
Miré a mi alrededor y vi dos cadáveres: uno era enorme, de unos tres metros; el otro medía cerca de dos.
Me acerqué y descubrí que eran el viejo Siro y Janeth.
Estaban fríos y sin vida.
—Es cierto, yo también debería estar tirado aquí, decapitado —exclamé.
“Ese ataque fue devastador.
¿Qué habrá pasado con Anastasia y Petra?
¿Estarán bien?”.
Aunque ya le había tomado un poco de cariño a Janeth, por alguna razón no lloré; no salió ni un alarido de mi ser.
“Ella solo quería recuperar su reino y liberar a Zoran…
y así es como terminó.
Esto se parece más a la Tierra de lo que creía”.
“¿Dónde está Uuk?
¿Habrá escapado con las gemelas?
¿O quizás fueron secuestrados?
Dudo mucho que el enemigo pudiera con ese bicho”.
Antes de irme a ver qué estaría ocurriendo, tomé un montón de piedras y tapé los cuerpos de los que en algún momento fueron mis compañeros.
Hice una plegaria para que pudieran descansar en paz.
La noche ya se estaba esfumando cuando terminé.
Los rayos de luz invitaban al alba.
Todo se veía extrañamente bello para ser verdad.
Bigue estaba hacia el norte; para allá debo dirigirme.
Quizás me tome una eternidad a pie, pero es lo que toca.
Comencé a caminar hacia la aldea costera; tal vez los tipos que nos atacaron se dirigían hacia allí.
Puede ser que cuando llegue todo esté en ruinas, ¡Qué más da!
Tampoco es que me importe demasiado esta gente, ni siquiera sé por qué quieren que siga vivo.
Si antes morí y no pasó nada, ¿por qué esta vez fue diferente?
El sistema se corrompió por completo.
Puede que esa silueta de sombra tenga algo que ver.
Pasó un buen rato; anduve en línea recta como por dos horas.
La verdad, no sé si iba por el camino correcto, ya veremos después.
Mi estómago comenzó a rugir; debía comer, pero no creo que haya alimento en las inmediaciones.
Este lugar, aunque tenga pasto por doquier, no tiene muchos árboles, y los que me encuentro están vacíos.
Podría cazar algún animal, pero no tengo paciencia para eso en este momento.
¡Estar vivo es complicado!
Tampoco tengo agua; esto es un viaje suicida.
Tan solo si tuviera el carruaje o los kaplas que dejamos en el bosque…
A veces quisiera ser un animal sin conciencia; ellos solo existen y se mueven por sus instintos.
No tienen preocupaciones mundanas como pagar el alquiler o caminar en un valle kilométrico desolado sin alimento ni agua; solo se preocupan por no morir y hacer que su especie siga adelante.
Al final, lo que todo ser vivo quiere es que sus genes sigan: nacer, crecer, reproducirse y morir.
Esa es la ley de la vida; solo existimos para seguir con un linaje de gente que hará estupideces o será superinfluyente; solo es cuestión de suerte ver en qué te terminas convirtiendo.
Yo terminé convertido en un liva demoníaco en medio de un mundo superhostil donde solo me ven como una mascota; he pasado por calvarios que nadie quiere pasar.
Hasta me crucificaron una vez…
eso fue horrible.
A veces es bueno tener distracciones; cuando estás solo con tus pensamientos, terminas divagando sobre cosas sin importancia o superimportantes.
¿Por qué simplemente no morí de cáncer?
Ya me veía descansando y sin responsabilidades.
Tenía una esposa hermosa; su sola presencia eclipsaba cualquier recuerdo amargo.
Tenía esa luz que te hace creer que el mundo no es una mierda.
Ella encarnaba todo lo que podría hacer feliz a una persona: era servicial, atenta, cariñosa, trabajadora y sabía valerse por sí misma.
Yo, en cambio, era un tipo bastante patético; desde pequeños, ella siempre estuvo ahí.
No sé qué me vio de bueno.
Yo solo quería morir, soy un maldito.
[&D_5&:”4:~] Sin darme cuenta, llegué hasta una pequeña cabaña alejada de todo; estaba caminando sin rumbo.
¿Esto es cosa del destino o vine de forma consciente?
Se veía un poco descuidada, como si en mucho tiempo nadie pasara por aquí.
Tal vez, en algún momento, este fue el hogar de una familia amorosa con una granja.
Ahora solo es madera agrietada y mohosa.
La puerta se cayó y las ventanas están tapadas; solo queda una pequeña valla en pie y el techo que se sostiene porque el mundo a veces actúa de formas misteriosas.
—¡Ja!
¿Qué hace esto aquí en medio de la nada?
¿Será que este maldito sistema lo puso en mi camino?
¿O ya estaba desde antes esperando mi llegada?
Voy a entrar, puede que haya comida.
Pasé por la entrada y todo estaba oscuro; un rayo de luz atravesaba el techo dejando ver algo.
El suelo se sentía húmedo y chirriaba con cada paso.
¡Crec!
¡Crec!
Al fondo había lo que parecía ser una cocina; se veía bastante antigua, derruida por completo.
Varios utensilios de cerámica rota adornaban el mesón, que estaba partido por la mitad, custodiado por una silla de madera que apenas se sostenía.
Mirando a la derecha, una puerta negra llena de barro y más moho me miraba; no tenía pestillo, aun así la empujé.
No tuve que hacer mucha fuerza: cayó enseguida y se rompió por la mitad.
De allí salieron un montón de insectos; di un salto por el susto.
Me metí y, de inmediato, un olor nauseabundo me invadió las fosas nasales; olía a cloaca y putrefacción.
Al fondo había una cama con sábanas encima; me acerqué y las moví.
Debajo estaba el cuerpo momificado de un demonio.
Era muy grande y con facciones de alguien mayor.
A su lado no había nada más; me imagino que sus parientes dejaron a esta persona a la deriva y terminó muriendo.
—Los demonios se parecen demasiado a los humanos —susurré mientras tapaba el cuerpo otra vez.
Salí de vuelta a la sala; pasando la cocina se encontraban más puertas.
“No quiero ni imaginar qué hay ahí.
Mejor me voy”.
Me alejé de esa cabaña; quizás en el futuro alguien más la encuentre y la examine mejor.
Yo no tengo tiempo.
Seguí mi rumbo sin pensar en nada más.
Luego de unas cuantas horas, el sol se puso potente y abrasivo; sin agua ni comida, esto ya parecía una tortura.
Súbitamente, el sonido de una corriente me sacó de mi trance de sufrimiento.
Había agua cerca; corrí hacia el sonido y llegué hasta un acantilado.
Miré al fondo y allí estaba: un río brillante y majestuoso.
Debía bajar para poder saciar mi sed.
Miré a todos lados buscando una forma de descender y me di cuenta de que, si seguía caminando en la dirección en la que iba, llegaría hasta allí.
Rápidamente fui y me lancé; mi pelaje se mojó y bebí agua como si no lo hubiera hecho desde hace una eternidad.
—¡Esto es maravilloso!
—chapoteaba y jugaba con el agua.
Al cabo de un rato, toda la euforia se escapó; solo quedó el eco del hambre en mis entrañas y el recordatorio de que debo llegar a Bigue.
Queda en la costa; si sigo el río, puede que termine en el mar.
Voy a hacer eso; además, el agua atrae alimento.
Es un premio doble.
Mientras estaba sumergido, un pez se me acercó.
Rápidamente lo cogí con las manos; casi se me resbala, pero por puro impulso le mordí la cabeza.
Se la arranqué de cuajo, matándolo al instante.
¡Ya tenía comida!
Como un animal salvaje, lo devoré allí mismo; mi estómago lo agradeció.
Ya con el hambre saciada, salí del agua y me senté en el suelo.
Mirando al vacío, comencé a divagar otra vez.
“¿Por qué debería ir a Bigue?
No es como si esas personas fuesen mis amigos.
Los demonios, desde el principio, no me trataron bien.
Primero, los Moria mataron a mis padres y casi acaban conmigo; luego, Zoran me desafió a un duelo porque supuestamente yo quería el trono, y casi muero otra vez.
Después, ese Augusto atacó y Karlota me hizo trizas.
No tengo nada que ver en esa guerra; yo vivía tranquilo en el bosque, preparándome para matar a un maldito leviatán.
Las únicas que sí me preocupaban eran las gemelas, aunque si están con el dragón, no les pasará nada”.
Mejor me quedo en este río a vivir el año que me queda de vida.
No es como si un dios inmaduro me quiera muerto, ¿verdad?
¡Mierda!
Se me olvidaba ese pequeño detalle.
No sé qué hacer; estoy cansado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com