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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 45

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45: Vida Extra 45: Vida Extra “¿Ahora cómo hago para no morir por la caída?”, pensé, mientras el suelo se abalanzaba hacia mí con una velocidad aterradora.

En ese último instante, ideé un plan que probablemente no iba a funcionar, ¿pero qué otra opción me quedaba?

“Si logro caer directo sobre la cara de ese bicho y clavo mi lanza en su ojo…

quizás eso amortigüe un poco el impacto”.

—Algo así como un colchón de agua…

¡Jajaja!

Soy un maldito genio —exclamé, hablando conmigo mismo en medio del vacío.

Apunté la lanza hacia abajo y comencé a girar sobre mi propio eje para ganar aún más impulso en la caída.

El viento silbaba y retumbaba en mis oídos con una violencia ensordecedora.

¡¡¡SSSHHHRRRAAAAGH!!!

La bestia abrió sus fauces y volvió a rugir, lista para devorarme otra vez.

O al menos eso creía ese estúpido.

—¡JAJAJAJAJA!

¡TE VOY A MATAR!

—grité con todas mis fuerzas cuando el impacto era inminente.

Me desvié lo que pude en el último microsegundo y, en un instante, clavé mi arma directamente en su ojo.

¡SHLUCK!

Atravesé el órgano y choqué contra la carne interna de la cuenca; aunque era blanda, la fuerza del golpe fue tal que sentí cómo mi brazo se quebraba, con el hueso asomando bajo la piel.

Mientras me ahogaba en el humor vítreo del monstruo, intenté afianzar la lanza de nuevo, pero el Leviatán se sacudió con una rapidez demencial y me expulsó de su cabeza.

Salí volando y caí a una distancia considerable, golpeando el suelo directamente con la nuca.

¡Crack!

Algo se había quebrado.

Solo esperaba que no fuera mi cuello.

—¡Ay, carajo!

—gruñí, intentando incorporarme usando únicamente mi brazo sano.

Sentía la cabeza a punto de explotar; cada músculo y cada hueso de mi cuerpo suplicaban clemencia.

[El usuario ha utilizado la Armadura de Escarabajo de Acero] [Efectividad del 80%] Logré ponerme de pie y me mantuve erguido a duras penas.

Sin embargo, en cuanto me dispuse a caminar, sentí cómo mi cabeza se vencía hacia un lado.

No cayó al suelo como aquella vez que me decapitaron; todavía se sostenía por la piel y los tendones, pero era evidente que mi columna había colapsado por el impacto.

[El usuario ha sufrido un traumatismo severo en el cuello] [Se recomienda buscar ayuda médica de inmediato] —¿Cómo es que sigo vivo?

—pregunté en un susurro, mientras los bordes de mi visión se tornaban negros y el mundo comenzaba a desvanecerse.

[El usuario ha despertado una nueva habilidad] [Regeneración del Rey de la Selva] [Esta habilidad surge de la combinación de: Voluntad de Shockpinfinder, Rey de la Selva y Resistencia de Shockpinfinder] [Efecto: Permite regenerar daños letales.

Nota: Esta habilidad es de un solo uso en la vida] —¿Es algo así como una vida extra?

—pregunté al aire, con la voz todavía distorsionada.

De pronto, mi cuello se movió por sí solo, impulsado por una fuerza interna que no podía controlar.

¡Crick, crack!

Los huesos restallaron mientras mi cabeza volvía a su sitio, encajando con una precisión quirúrgica y dolorosa.

“Esto se parece demasiado a esos poderes que se obtienen de manera conveniente en el último momento”, pensé con una mueca.

De todos modos, no iba a quejarme, aunque noté que mi brazo seguía igual: quebrado y colgando inútil a mi costado.

La regeneración solo se había ocupado de lo que me mantenía muerto.

—Igual tengo que seguir peleando con esa mierda —dije, señalando con el mentón al monstruo—.

Mi brazo es inútil ahora; tendré que pelear incluso con los dientes.

Voy a ser como el de One Piece.

Sin pensarlo dos veces, tomé mi lanza y la apreté con fuerza entre mis mandíbulas para mantener mi única mano libre.

Ya había herido a mi presa; ahora solo faltaba rematarla.

El problema era…

¿cómo demonios iba a lograrlo en este estado?

Podría intentar meterme por su ojo herido otra vez y llegar hasta el cerebro; su piel ahora es demasiado dura y esa es la única grieta disponible.

—Pero ese bicho se ve inteligente; puede que no me lo deje fácil —me callé un momento antes de que el mantra regresara—.

Eso ya no importa…

no importa…

ya no importa…

Me encontraba a varios metros.

El Leviatán se retorcía y gemía de dolor; perder un ojo no es poca cosa.

Tenía que atacar en este momento de vulnerabilidad o me haría papilla en cuanto se recuperara.

Di unos pasos hacia atrás para tomar impulso y, de inmediato, eché a correr directo hacia él.

En pocos segundos ya estaba entre sus patas.

Apenas me vio, soltó un coletazo que logré esquivar por los pelos.

Pero no se detuvo ahí; siguió lanzando golpes y gritando como un demente.

¡¡¡SSSHHHRRRAAAAGH!!!

Gracias a que me había vuelto más fuerte, ahora podía ver puntos débiles que antes ni siquiera se me habrían ocurrido.

En medio de todo el caos, encontré una abertura: tenía que escabullirme por su pata, trepar hasta su cuello y, desde ahí, terminar el trabajo.

¡Pero este tipo era increíblemente rápido!

¡Whoosh…

BUM…

Whoosh…

BUM!

Los ataques no paraban y, de repente, de sus fauces comenzó a emanar un vapor denso que, la exhalación se transformó súbitamente en fuego líquido.

—¡¿Ahora también escupe fuego?!

¡Se supone que es un ser acuático!

No tiene el más mínimo sentido…

Dirigió la llamarada hacia mí, pero el estúpido no se dio cuenta de que, al hacerlo, me dio la apertura que necesitaba.

[El usuario ha utilizado la habilidad: Salto de Liebre] Salté desde mi posición directamente hacia su cabeza.

Aterricé justo en su nariz, donde el calor era insoportable y el aire hervía.

Corrí por ahí hasta alcanzar su ojo; solté la lanza de mi boca, la aferré con mi única mano sana y me preparé para hundirme en el abismo de su cuenca.

Antes de que pudiera saltar, el cabrón lanzó un manotazo violento hacia su propia cara, como quien intenta aplastar a un mosquito molesto.

Corrí con todo lo que me quedaba y logré evadir el impacto directo, pero fallé en un detalle crucial.

¡PUM!

¡SHLUCK!

El golpe de su palma colosal aterrizó justo cuando yo me sumergía en la cavidad ocular.

El brazo que tenía dañado no alcanzó a entrar a tiempo y fue arrancado de cuajo por la presión del impacto contra el hueso de su cráneo.

—¡AAAAAAAAAH!

—grité, un alarido que se ahogó en el humor vítreo mientras sentía un dolor inimaginable.

“¡ESO YA NO IMPORTA, YA NO IMPORTA, NO IMPORTA!”, rugió mi mente mientras me hundía en la viscosidad de su interior.

Al tocar fondo en la cavidad, aferré mi lanza con la mano que me quedaba y comencé a lanzar estocadas con una furia ciega.

¡¡Sshaasssaaaarc!!

“Gritar no te va a salvar, maldita bestia!”.

Me abrí paso hacia lo más profundo, desgarrando carne incluso con los dientes.

Todo a mi alrededor se tiñó de un rojo oscuro y denso; el aire era inexistente, reemplazado por un hedor asfixiante a hierro y muerte.

—¡MUÉRETE MALDITA SEA!

—grité, aunque mi voz se ahogaba en la sangre.

¡SHLUCK!

¡SHLUCK!

¡SHLUCK!

Una y otra vez, sin descanso, descargué todo mi odio y mi fuerza.

El Leviatán se retorcía en una agonía desesperada, pero ya era en vano.

Finalmente, alcancé un tejido blando y grisáceo donde la sangre ya no brotaba con tanta presión: el cerebro.

Allí, poseído por un hambre que no era humana, comencé a devorar.

No me importó el sabor, ni el dolor del brazo amputado, ni el mundo exterior.

Lentamente, los estertores de la criatura cesaron.

Los gemidos se apagaron y solo sentí cómo la mole de carne colapsaba contra la tierra.

¡¡BOOM!!

Estaba a punto de perder el conocimiento por la falta de oxígeno, así que, arrastrándome sobre la carnicería que yo mismo había provocado, emprendí el regreso por donde había entrado.

Tras unos minutos que parecieron horas, logré sacar la cabeza por la cuenca destrozada.

¡JAAAA!

Tomé una bocanada de aire desesperada, sintiendo cómo el oxígeno quemaba mis pulmones.

Me impulsé hacia afuera con las fuerzas que me quedaban y me dejé caer pesadamente contra el suelo.

—Soy…

el…

mejor…

—alcancé a susurrar con un hilo de voz, esbozando una mueca de alegría maníaca.

Entonces, el mundo comenzó a colapsar.

Una red de grietas negras se extendió por mi visión, devorando la luz del bosque, hasta que me hundí definitivamente en la oscuridad.

Caí noqueado.

[NOTIFICACIONES DEL SISTEMA: PROCESAMIENTO COMPLETADO] [¡Misión Principal completada con éxito!] [Recompensas otorgadas:] [Habilidad única: Transfiguración.

Proceso evolutivo iniciado.] [ACTUALIZACIÓN DE ESTADÍSTICAS] [Fuerza: 60 > 120 (Rango: Destructor) | Salto: 60 > 120| Velocidad: 45 > 90 | Visión: 30 > 60 | Olfato: 27 > 40 | Maná: 5 > 8 | Percepción: 30 > 50 | Control de Espíritus: 1 > 2 | Control de Armas: 75 > 100 (Rango: Maestro) | Control de Herramientas: 90 > 110].

[NUEVAS HABILIDADES ADQUIRIDAS] [Transfiguración: El usuario puede moldear su cuerpo a la forma de sus envases anteriores].

[Piel de Leviatán: Añade una capa de protección biológica de alta densidad a la armadura actual].

[Voluntad de Leviatán (Pasiva/Activa): Permite proyectar un aura de presencia que refleja el poder real del usuario a voluntad.

Intimidación de rango épico].

[Aliento de Leviatán: Exhalación de fuego líquido.

(Restricción: Solo disponible en Modo Bestia)].

[MODO BESTIA: Capacidad de metamorfosis en entidades de clase Desastre Natural derrotadas.

Formas Disponibles: Leviatán y Shockpinfinder].

¡Tucun, tucun!

Sentía el retumbar pesado de los latidos de mi corazón contra mis costillas.

Un aroma penetrante a carne asada flotaba en el aire, mezclado con murmullos distantes que apenas lograba descifrar.

Moví un poco la mano y sentí una textura suave que me envolvía; en realidad, cubría todo mi cuerpo.

Era tela.

—Se está moviendo…

—escuché un susurro casi inaudible.

¡Chac!

Abrí los ojos y me incorporé de inmediato, con el instinto de combate todavía a flor de piel.

Al recuperar la conciencia, me topé con un niño demonio que me observaba fijamente, paralizado por el susto.

Tenía la piel rosada, idéntica a la de las gemelas, y unos pequeños colmillos que sobresalían de su boca.

Miré a mi alrededor; ya no estaba en el lago.

Me encontraba en una habitación de madera de construcción arcaica, y el olor a carne asada parecía provenir de algún lugar cercano.

El niño, al ver que me había despertado, dio media vuelta y salió corriendo a toda prisa.

Bajé la mirada para inspeccionar mi cuerpo: estaba envuelto en vendas por todos lados.

Mi pelaje púrpura seguía intacto, pero el brazo…

el brazo seguía sin estar ahí.

Todo permanecía igual que cuando perdí el conocimiento; lo único que había cambiado era que ya no apestaba a la inmundicia del lago.

—¿Dónde estoy?

—murmuré, observando el muñón de mi brazo—.

Yo…

yo había matado al Leviatán.

—¡Estás en Honoriria, pequeño Liva!

—exclamó un demonio adulto que entraba en la habitación, seguido por el niño de antes—.

Soy Sebastián, un gusto.

El recién llegado me ofreció la mano.

Tenía la piel verde, ojos azules y, al igual que el pequeño, unos colmillos que asomaban tras sus labios.

Al parecer, el destino me había arrastrado hasta Honoriria tras la batalla.

—Un gusto.

Soy Samuel —respondí, estrechando su mano con la única que me quedaba.

—Ese Leviatán te dejó muy herido; fue una suerte que mi hijo te encontrara —añadió Sebastián, señalando al pequeño con orgullo.

Así fue como, contra todo pronóstico, terminé en uno de los enclaves más importantes del reino demoníaco de Divon.

¿Aquí sabrán lo que pasó en la capital?

¿Qué va a pasar conmigo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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