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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 44

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44: Ya no Importa 44: Ya no Importa Me senté encima del lodo con las piernas pegadas a mi pecho; sentía la piel pegajosa y seca.

Mi pelaje púrpura ahora se veía de un rojo denso.

Apoyé las manos en las rodillas y me quedé mirando a la nada.

Tenía la mente en blanco; no sentía tristeza, alegría ni amargura.

Ni siquiera me importaban los insectos que comenzaban a caminar sobre mí.

Parecía un muerto viviente.

Me mantuve quieto como una estatua.

Sentía cómo el viento del bosque me refrescaba terminando de secar la costra de sangre que tenía encima.

La luna y el sol se intercambiaban de lugar tan rápido que ni lo notaba, el trance era más fuerte.

—¿Cómo llegaste a este punto…?

—en un momento recobré la conciencia y susurré esas palabras.

La piel de mis labios se partió por la resequedad; hacía días que no probaba una gota de agua.

Si seguía así, moriría antes de que mi plazo de tiempo se agotara.

Para ser sincero, si algo apareciera en ese instante y tuviera la fuerza suficiente para matarme, no me quejaría.

Me había convertido en un monstruo.

De forma pausada miré hacia todos lados buscando algo, pero no sé qué era.

Necesitaba algo que no recordaba pero lo echaba de menos.

La carnicería desenfrenada de antes me había freído el cerebro, tanto que no sabía qué quería hacer.

Todo sería tan increíble si supiera lo que quiero.

—Debo volver al bosque de Honoriria e ir al lago; es momento de matar al Leviatán —pronuncié, recordando la misión impuesta por el sistema—.

Eso es, debo terminar esa maldita misión.

Me puse de pie y recogí mi lanza y el cuchillo que yacían cerca para dirigirme al río; necesitaba saciar mi sed y limpiar mi cuerpo.

La carne que había dejado atrás ya desprendía un olor nauseabundo.

Sin darme cuenta, debí pasar una semana entera allí sentado, sin un solo pensamiento o palabra.

Supongo que aquello fue una especie de meditación…

o simplemente que mi raciocinio se desvanecía.

Una vez llegué al río, me despojé de todo y me sumergí lentamente en el agua fría.

Al instante, todo a mi alrededor se tiñó de un rojo intenso; parecía como si alguien hubiera vertido galones de colorante donde yo estaba.

A los pocos segundos, un pez subió a la superficie, con el vientre pálido hacia el sol, asfixiado por mi propia podredumbre.

—¡Jajaja!

Estaba realmente asqueroso —reí, mientras me restregaba los brazos para arrancar toda la suciedad.

No quiero ni imaginar el olor que desprendía ese lugar en aquel momento.

Pasó un rato.

Tras beber hasta saciarme y asearme por completo, me sentía como nuevo.

Definitivamente, mi esposa me habría dejado si hubiese llegado a casa así de sucio; lo bueno es que ella está en otro mundo, viviendo su vida.

La extraño.

A ella…

y a Jesús.

—Eso no importa…

ya no importa…

no importa…

—repetí varias veces, como un mantra vacío y sin motivo.

Tomé mis pertenencias y me alisté para iniciar la marcha hacia mi nueva presa.

Estaba a unos tres días de camino; “este será un viaje muy largo”, pensé.

¡Tup…!

¡Tup…!

¡Tup…!

Empecé a caminar.

Recordaba el trayecto a la perfección; era cerca de donde me decapitaron y donde enterré a Janeth y a Siro.

Ya han pasado tres meses desde aquello.

Todavía me sigo preguntando quién nos atacó y qué era esa sombra que lo corrompió todo.

La tarde ya se estaba yendo cuando llegué a aquella cabaña derruida.

La última vez que pasé por aquí, la estructura aún se mantenía en pie; en esta ocasión, solo quedaban escombros.

Al menos, el cuerpo que encontré ya descansa en paz.

¿Qué habrá sido de la gente que dejó a esa anciana pudriéndose en este sitio?

Espero que hayan muerto entre los peores sufrimientos.

Tras observar el desastre, simplemente suspiré y seguí mi camino.

Aunque la noche ya se cernía sobre el valle, no me detuve a acampar.

Cuando muera descansaré; ahora solo quiero matar a ese bicho.

Ya no era por la misión principal ni por el mandato de Diva; en ese momento, se trataba de puro orgullo y ambición.

La última vez que lo vi, parecía más fuerte y grande que un Shockpinfinder.

Este combate será difícil porque el Leviatán vive en el agua; tendré que obligarlo a salir a la superficie.

¿Acaso puede ese ser siquiera respirar fuera del agua?

Ya lo averiguaré.

De forma abrupta, la noche se convirtió en día y luego en noche otra vez.

Sin darme cuenta, llegué hasta la entrada al Bosque de Honoriria; aquí nací y puede que aquí mismo muera.

Los Kaplas que liberamos ya no estaban; solo yacía el carruaje, abandonado y reclamado por la naturaleza.

Las enredaderas brotaban de sus ventanas; la humedad y el moho habían podrido y derruido la madera hasta convertirla en un esqueleto vegetal.

Este no es un lugar para débiles; el mundo, en general, funciona así.

Un ligero olor a carne asada me invadió de repente; no parecía estar cerca.

Ahora mi olfato era mucho más sensible y, gracias a mi percepción, pude calcular la distancia exacta.

Estaba a unos dos kilómetros, campo adentro de la arboleda, justo en la dirección contraria al lago.

Esos seres se salvaron por esta ocasión.

Puede que el olor provenga de Honoriria; se dice que esa aldea permanece oculta para todos los demás, y que solo se llega si ellos lo permiten o si alguien te guía.

Según lo que escuché, así es cómo funciona su protección.

—Eso ya no importa…

ya no importa…

no importa…

—repetí una vez más en un susurro casi inaudible.

¡Chac!

Un chasquido seco y directo retumbó en mis oídos; el paisaje dio un vuelco ante mis ojos.

De repente, estaba frente al lago.

—¿Qué mierda acaba de pasar?

Yo estaba en la entrada…

—pregunté, totalmente desorientado.

Mis pies pulsaban de dolor por el cansancio acumulado de andar durante días.

Creo que perdí el conocimiento y mi cuerpo, movido por un instinto ciego, simplemente siguió el camino.

Ahora hasta mi mente se desconectaba de la realidad.

Supongo que es normal; llevo demasiado tiempo sin dormir.

Estoy en mi límite.

—¡Jaja…

Jajaja!

¡YA ESTOY AQUÍ!

—grité con todas mis fuerzas, desafiando al silencio del lago—.

¡¿ME ESTÁS MIRANDO, DIVA?!

¡VOY A CUMPLIR TU MALDITA VOLUNTAD!

Una extraña alegría me recorrió de forma explosiva; mi pulso se aceleró y sentí cómo la sangre me hervía bajo la piel.

El cansancio de los días de marcha desapareció, reemplazado por una excitación violenta.

Apreté con fuerza el mango de mi lanza, flexioné las piernas y me preparé para lanzarme al agua.

¡PUM!

De un segundo a otro, desaparecí.

El suelo bajo mis pies se agrietó y estalló por la presión del impulso.

En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba en el aire, a unos cincuenta metros de altura, dominando el paisaje.

—¡JAJAJA!

¡WUJU!

—bramé, mientras la gravedad me reclamaba y caía con una velocidad asombrosa.

Apunté mi lanza hacia abajo para aprovechar el impulso de la caída.

La rapidez con la que arremetí contra la superficie fue tal que, al impactar, el lago pareció partirse en dos bajo la violencia de mi entrada.

Me hundí a una profundidad considerable, pero no lo suficiente para tocar el fondo.

El agua que mi impacto había desplazado regresó con una fuerza brutal, arrastrándome aún más hacia el abismo.

De pronto, dos ojos rojos se iluminaron justo debajo de mi posición y comenzaron a ascender a una velocidad aterradora.

“¡Ven!

¡Cómeme!”, pensé con una sonrisa maníaca mientras la sombra se aproximaba.

La bestia abrió las fauces y sus dientes parecieron brillar con un destello letal bajo la poca luz que se filtraba.

¡Chac!

Escuché otro chasquido seco en mi mente y, en un parpadeo, el bicho ya estaba sobre mí.

Sin dudarlo, afiancé mi lanza y me impulsé directamente hacia su interior.

Su boca era tan inmensa que me tragó de un solo bocado, sumergiéndome en una oscuridad absoluta y viscosa.

Mientras caía por su garganta, saqué mi cuchillo con un movimiento fluido y lo clavé con fuerza en las paredes carnosas.

El impacto me sacudió los hombros, pero logré frenar mi descenso, quedando suspendido en lo que supuse era su esófago.

No podía permitirme llegar al estómago; el ácido me mataría en segundos.

Mi armadura de escarabajo era resistente, pero no invencible.

—A ver…

¿esta cosa no medía cinco metros?

—comencé a divagar, colgado en la penumbra pegajosa—.

¿La última vez vi mal?

No me digas que ha crecido tanto en solo tres años…

Mi voz sonaba extraña, apagada por las paredes de carne que se contraían rítmicamente a mi alrededor.

Si el bicho era así de grande por dentro, matarlo no sería tan fácil como pinchar un órgano y ya.

Sin embargo, podía convertirme en su parásito; comer su carne desde dentro hasta provocarle una necrosis total.

—¡ESE ES UN BUEN PLAN!

¡ERES MUY INTELIGENTE, SAMUEL!

—exclamé, riendo ante la oscuridad.

Sin dudarlo, encajé mi mandíbula en la pared del esófago y mordí con una fuerza inhumana.

Desgarré un gran trozo de carne fibrosa que mastiqué y tragué casi sin respirar.

—Esto sabe horrible…

—mascullé, escupiendo un rastro de sangre negra—.

Aunque si inyecto mi veneno, puede que el proceso se acelere.

Clavé mi lanza a la altura de mis pies para liberar la otra mano y asegurar mi posición.

Con las garras de fuera, arrancaba pedazos de carne para devorarlos y, en el proceso, inyectaba todas las toxinas que mi cuerpo podía generar.

[El usuario ha obtenido una nueva habilidad: Piel de Leviatán] [Nota: Debido a que el usuario aún no ha cazado a la bestia, no puede utilizar las habilidades obtenidas de esta] —¿Así que si no lo mato no puedo usarlas?

—me quedé en silencio un segundo—.

Tranquilo, pronto morirá —me respondí a mí mismo.

¡SHLUCK!

¡SHLUCK!

El sonido de mis estocadas y mordiscos era cada vez más asqueroso.

Me extrañaba que el Leviatán no se hubiera quejado; ¿acaso no sentía que lo estaba devorando?

Quizás para él esto era como un dolor leve al que no le das importancia.

—Eso ya no importa…

ya no importa…

no importa…

—repetí, como un mantra.

Pasó un buen rato.

Mi estómago ya no admitía más comida; había devorado tanto que logré excavar un agujero lo suficientemente grande como para acostarme dentro.

El bicho llevaba tiempo sin moverse; quizás se había quedado dormido…

o el veneno estaba haciendo su trabajo.

—Ya me duelen los brazos —dije, agotado—.

No sabía que esta pelea iba a ser así.

Es demasiado fácil.

Como si mis palabras fueran una profecía, de pronto todo empezó a vibrar con una intensidad sísmica.

—¡Este maldito se despertó!

—exclamé, sosteniéndome de las paredes de carne como pude.

El monstruo comenzó a sacudirse de un lado a otro mientras nadaba a toda velocidad; entonces, desde lo alto del conducto, vi cómo entraba la luz.

Esa mierda había salido a la superficie.

¿Qué demonios planeaba?

Desde el fondo se generó un vacío repentino, seguido por una corriente de aire tan violenta que mis piernas salieron volando hacia arriba.

Si no fuera porque me aferré a la lanza con todas mis fuerzas, me habría barrido en un instante.

¡¡¡SSSHHHRRRAAAAGH!!!

El rugido sónico y la presión del aire fueron tan potentes que arrancaron mi arma de la pared y me lanzaron hacia el exterior.

¡Shush!

Sin transición alguna, estaba fuera del monstruo; el imbécil me había expulsado.

Miré hacia abajo y no podía creer lo que veía: yacía a unos doscientos metros de altura y la gravedad ya empezaba a reclamarme.

“¿Ahora qué se supone que haga?”, pensé, mientras el viento me golpeaba la cara.

Desde esa posición privilegiada pude observarlo con claridad.

No era, para nada, el animal que recordaba.

Ahora medía lo mismo o incluso más que Uuk, y su forma había cambiado: ya no era una serpiente, ahora tenía patas robustas y la cabeza como un reptil.

Sus escamas grises se veían duras y macizas.

Este era un oponente digno.

—¡Jajaja!

Ahora sí que estoy jodido; no creo que algo venga a salvarme —reí a carcajadas mientras caía hacia un destino incierto.

Mi yo del pasado habría estado suplicando ayuda o hundido en una crisis nerviosa, pero mi yo de ahora se sentía extasiado.

Estaba feliz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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