Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. El Alma que la Muerte Rechazó
  3. Capítulo 5 - 5 Supervivencia Básica
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Supervivencia Básica 5: Supervivencia Básica Luego de aquel intento fallido de caza, me levanté y me limpié el lodo de la cara.

El hambre me estaba matando y la frustración me carcomía; quería atrapar a ese animal como fuera.

Decidí calmar mi instinto salvaje y obligarme a pensar con lógica humana.

Si aún no me acostumbraba a mis nuevas capacidades físicas, mi mente todavía tenía opciones.

Lo más lógico era fabricar una trampa rudimentaria usando estas manos que, aunque no tenían los mejores pulgares del mundo, debían servir para algo.

En mis tiempos libres, cuando era humano, veía videos en Lootube de canales como Trinity Technology y documentales sobre la prehistoria.

Recordé específicamente un episodio donde enseñaban a fabricar trampas antiguas, así que me puse manos a la obra para construir una de caída.

Empecé a buscar ramas, palos y cualquier tipo de cuerda natural.

Vi unas lianas bajo un árbol y me acerqué; agarré una pequeña e intenté hacer un nudo, pero era complicadísimo.

Mis manos no cooperaban, el maldito nudo siempre se soltaba.

¿O es que ya no sabía cómo hacerlos?

Definitivamente, tengo que acostumbrarme a este cuerpo.

Cerca encontré una piedra plana de unos 50 centímetros de largo por 50 de ancho.

Volví al árbol y tiré de la liana más grande; me sorprendió su longitud, estaba algo enterrada y, cuando me di cuenta, tenía unos siete metros de cuerda natural en mis manos.

La puse a un lado y usé varias de estas fibras vegetales pequeñas para rodear la piedra por debajo y crear un soporte.

Me costó lo suyo, pues la roca pesaba lo suficiente como para hacerme sudar.

Ahora venía el verdadero reto: los nudos.

Mi plan era pasar varias lianas bajo la roca y amarrarlas firmemente en el centro superior.

Menos mal que mi mamá me obligó a ir a aquel campamento de niño; allí aprendí a hacer nudos.

De solo recordarlo, me invadió la nostalgia.

Trabajé rápido y, para cuando me di cuenta, ya estaba terminando.

Los nudos quedaron firmes, o al menos eso creía.

Amarré la liana larga al anclaje de la piedra y la lancé sobre la rama de un árbol, improvisando una polea rudimentaria.

Les explico cómo funciona una trampa de caída: el truco es suspender un peso en el aire mediante una cuerda que pasa por una rama y baja hasta un gatillo sensible en el suelo.

Justo debajo se coloca el cebo.

Cuando el animal tira de la comida, libera el mecanismo y…

¡PUM!, el peso cae de golpe, terminando con la presa al instante.

Antes de izar el peso, preparé el gatillo.

Luego, tiré de la cuerda con todas mis fuerzas.

Hacía mucho que no usaba mis músculos de esta forma; me costó un mundo, pero logré engancharla.

La trampa estaba lista.

Coloqué las hojas con olor a menta como cebo —apostando a que a esos roedores les gustaría— y me puse a esperar.

Pasó lo que me pareció una eternidad hasta que el animal escurridizo apareció.

Debía estar famélico, porque en cuanto vio las hojas, se abalanzó sobre ellas.

¡CLIC-TRAC!

¡THUMP!

¡La trampa se activó!

Pero mientras la piedra bajaba, me di cuenta de que mis dotes de boy scout estaban oxidadas.

La piedra se soltó a medio camino y no aplastó al animal; solo logró atraparle una oreja.

El roedor intentó escapar, pero mis ansias de comer y la adrenalina estallaron.

Corrí desesperado.

Justo cuando iba a atraparlo, se soltó y empezó una persecución frenética.

Lo agarré de la cola y aquello terminó en una pelea “legendaria”, digna de los dioses: el bicho, una bola de pelo, dientes y garras, se retorcía con una fuerza asombrosa.

Me arañaba las manos, abriendo surcos finos que escocían como el fuego.

Rodeé su torso con mis manos, pero el maldito se giró y me hundió los dientes en la base del pulgar.

—¡Ah, maldito seas!—, rugí, ignorando el dolor.

Finalmente, lo sujeté por el cuello y se lo troné.

El sonido fue satisfactorio.

Me quedé allí, jadeando, con el cadáver del roedor entre las manos.

Era la primera vez en mis tres vidas que cazaba algo por mi cuenta.

Una sensación de euforia eléctrica me recorrió la columna.

—¿Ves, maldito animal estúpido?

—dije, señalando los restos de mi trampa con un gesto triunfal—.

Los humanos ganamos siempre…

bueno, los Viktors siempre ganamos.

¡Y que sepas que no fallé, fue un movimiento táctico para distraerte!

—exclamé, riendo como un desquiciado por la pura euforia del momento.

Se me hacía agua la boca.

El estómago me rugía con una intensidad renovada y, tras horas de trabajo y lucha, este era mi glorioso premio.

Me senté en el suelo y empecé a comer.

No hubo nada de elegancia en el acto; no había cubiertos, ni fuego, ni especias.

Solo mis dientes y mis manos desgarrando la carne caliente.

No tuve piedad ni asco.

La carne cruda, que en mi otra vida me habría provocado arcadas, ahora sabía a gloria bendita.

Estaba extasiado, devorando cada fibra, sintiendo cómo la energía volvía a mi cuerpo.

—¿Ves, estúpida voz?

¡Puedo sobrevivir solo!

—le espeté al aire, desafiante.

Tras el banquete, me miré las manos.

Estaban cubiertas de sangre, al igual que mi boca y parte del pecho.

Debía parecer un loco esquizofrénico salido de una pesadilla.

Caminé hasta la quebrada para limpiar la carnicería de mi piel y tomé largos tragos de agua fresca.

El sabor metálico de la sangre desapareció, reemplazado por la pureza del manantial.

Volví al árbol donde había pasado la noche anterior.

Subí con una agilidad que antes no tenía y me acomodé en mi rama, sintiéndome, por primera vez, el dueño de mi destino.

Satisfecho y con el estómago lleno, mis párpados empezaron a pesar.

Justo antes de que el sueño me reclamara, las letras aparecieron en mi campo de visión: [Requisitos para la evolución (1/2)] [Supervivencia básica: Caza para sobrevivir (Completado)] [Supervivencia avanzada: Crea un refugio decente (Pendiente)] Cerré los ojos con una sonrisa burlona.

“Un refugio, ¿eh?

Eso será pan comido comparado con ese maldito roedor”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo