El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 6
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6: El Cristal Negro 6: El Cristal Negro Cuando desperté, me puse a pensar en lo que había visto en mis sueños.
Quizás me estaba volviendo loco por la soledad, ¿quién en su sano juicio se imaginaría unas letras así?
Al principio dudé de mi cordura, pero recordé que esas letras ya habían aparecido antes.
Esto no era un delirio; era real.
La idea de construir algo no era mala, pero miré mi cuerpo, era bastante débil y poco atlético, tampoco es que tenga experiencia de mi vida anterior.
Solo era un programador que pasaba sentado todo el día.
Pensé en eso de la evolución ¿Qué significa exactamente?
¿Mi cuerpo va a cambiar?
¿O simplemente me darán habilidades?
No lo sé, supongo que debo cumplir la misión para comprobarlo.
—Muy bien, estúpida voz—, desafié al aire.
—Si quieres ponerme a prueba, lo haré tan bien que tendrás que darme cinco evoluciones de un solo golpe.
Me puse manos a la obra.
Mi primera idea fue construir algo arriba, en el árbol, pero la descarté enseguida.
Sin clavos, sin martillo y sin forma de picar la madera, era imposible.
Así que cambié de plan: haría un refugio de palos y paja en el suelo, con una puerta y una fogata para combatir el frío nocturno, que aquí es un poco fuerte.
Pensé en buscar una cueva, pero sabrá Dios qué tipo de monstruos viven en las cuevas de este mundo.
Me decidí por la choza de madera y follaje.
Rápidamente busqué a mi alrededor algunos materiales.
Tenía lianas que me sobraron de la trampa, además la tormenta dejo un montón de ramas tiradas por doquier.
Debería mejorar la trampa para que no me pase lo de la vez anterior.
Bueno eso lo haría después, cazar es difícil, voy a explorar un poco a ver si encuentro frutas u otra cosa para comer.
Y en cualquier caso podría comer insectos aunque me dieran asco.
Me dirigí a la quebrada, desde allí podría buscar comida, a los árboles les gusta el agua, así que supuse que cerca de allí habría algunos con fruta.
Cuando llegué ví a los alrededores y había árboles, pero vacíos, solo eran hojas.
Esto será un poco complicado.
No me rendí y subí siguiendo el agua, caminé unos 10 minutos y, allí estaba, un arbusto con bayas, era justo lo que buscaba.
Una hermosa fuente de alimento, era pequeño de más o menos mi metro de altura.
Las bayas eran azules como los arándanos.
Me acerqué y las agarré, luego las metí en mi bolsa, esta cosa es muy útil.
Cogí lo suficiente para un día, así que no me preocuparé hasta mañana.
Cuando comí la primera mi paladar explotó, era muy dulce y rica, pensé que iba a ser ácida por su aspecto pero ya veo que no.
Eran increíbles la única desventaja es que me manché todo de azul, las manos y la boca las tenía de color pitufo, también se manchó el interior de mi bolsa, bueno da igual, ya tengo comida.
Volví a mi árbol y comencé a recoger las ramas, palos y hojas que encontraba.
Cuando menos me dí cuenta ya tenía un montón en la base del árbol, tenía los materiales.
Ahora la cosa es como armar el refugio.
Me dí cuenta de que necesitaba herramientas.
Los humanos de la prehistoria utilizaban obsidiana, pero no sabía si aquí existía algo así.
Este planeta se parece mucho a la Tierra, pero estoy un ochenta por ciento seguro de que no lo es.
Recordé que los humanos arcaicos golpeaban piedras entre sí para crear filos, así que me incliné por esa opción.
Caminé devuelta a la quebrada, allí ví un montón de piedras, quizás una sirva.
Me puse a ver los minerales, algunos eran muy pesados, muy grandes o muy duros, no encontraba la ideal.
Seguí caminando cerca y divisé un brillo, ¿Quizás es lo que busco?
Estaba entre la maleza, alejado del agua.
Me acerqué y lo ví, encontré el santo grial.
No sé si era obsidiana, pero se le parecía mucho: un cristal negro, brillante y hermoso.
Sin querer, creo que me estoy volviendo un aficionado a las piedras preciosas.
Me agaché y la agarré era bastante densa pero era un cristal, así que sería fácil de romper.
La golpeé con otra roca cercana, fué un impacto seco y, ¡zas!, se fragmentó dejando un borde afilado.
Era precioso y solo con mirarlo sabía que podría cortar hasta un pelo con esto.
—¡BINGO!
¡ME GANÉ EL PREMIO GORDO!—, grité de emoción y dí un pequeño salto.
Ya con este pequeño cuchillo sentía que podía hacer lo que fuera, hasta comerme el mundo.
—”En este momento, Samuel tenía los ojos como un demonio; estaba echando chispas”.
Otra vez esa maldita voz.
De verdad quisiera saber qué es.
Si está narrando mi historia, ¿significa que alguien más me está mirando?
Eso sería interesante.
Bueno, dejaré esas preguntas existenciales para otra ocasión.
Ahora mismo, lo que necesito es sobrevivir.
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