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El Alma que la Muerte Rechazó - Capítulo 8

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8: El Trauma 8: El Trauma ¡¡¡Grrrrrr!!!

El gruñido de esas bestias era lo único que escuchaba, el olor a sangre se notaba en el ambiente.

Solo podía ver varios ojos color rojo brillando en la oscuridad por el resplandor de la fogata.

Mi cuerpo se ponía caliente, mi cabeza palpitaba y mi mano se movía sola.

Estaba asustado.

Me levanté de un salto, mi ser instintivamente se puso en modo pelea, mi pelaje se erizó y me encorvé pareciendo más grande.

Mi corazón estaba a mil por hora, pero igual me puse analizar la situación ¿Cómo demonios salgo de esto?

Enfoqué más la vista y reconocí unos 5 perros, sabía que habían más, estaba perdido.

Mi cuchillo estaba lejos, me descuidé y lo puse en otra parte.

Tenía dos opciones: correr o hacerme el valiente y luchar.

Se me ocurrió que quizás el fuego los haga huir despavoridos.

Trepar al árbol se me hacía muy difícil porque mi refugio estorbaba y los animales se acercaban poco a poco.

“¿Qué mierda hago?” Me pregunté, instintivamente quería irme corriendo, pero dentro de mi ya sabía que estaba muerto.

Si iba a morir otra vez al menos iba a luchar.

Con una valentía que jamás había sentido, acerqué mi mano a la fogata, agarré una de las ramas encendidas y empecé a agitarla como un loco.

Algunos de los perros retrocedieron asustados, así que vi mi oportunidad y eché a correr con todas mis fuerzas.

Por primera vez, sentí que las piernas de este animal eran increíblemente flexibles.

Corrí como un guerrero, sorteando obstáculos para distraerlos…

o eso creía yo.

—”Samuel está exagerando la situación.

Solo dio dos pasos y se cayó de cara contra el suelo.

Samuel es tonto”.

¡Cállate, maldita voz!

Pero, aunque me duela admitirlo, tenía razón.

Lo que en mi mente era una huida heroica, en realidad fue algo patético.

Me desplomé justo frente a la manada.

Tirado en el suelo, invadido por una impotencia amarga, solo pude sentir cómo esos malditos perros se lanzaban sobre mí.

El primero me agarró el brazo con sus mandíbulas y comenzó a tironear, otro me atenazó la cabeza.

Luego siguieron más dentelladas en las piernas, en el torso, en todas partes.

Grité hasta desgarrar mi garganta mientras escuchaba el crujir de mis propios huesos y sentía el calor de mi sangre empapando la tierra.

El dolor era insoportable, el peor que había sentido en mis dos vidas.

Los demás se amontonaron sobre mí, comiendo y desgarrando mi carne en un frenesí de hambre.

Me dieron la vuelta y, en medio de aquel infierno, alcancé a ver el cielo.

Estaba despejado; las estrellas brillaban con una paz indiferente, una estrella fugaz cruzó el firmamento.

Qué ironía, el mundo sigue mientras yo estoy muriendo, somos tan pequeños.

Poco a poco, el frío y la oscuridad me fueron envolviendo.

Al menos, en el último segundo, dejé de sentir.

[Requisitos para la evolución fallidos.

Evolución retrasada.

No pudiste sobrevivir] [Calculando la penalización.

Penalización pospuesta] [Buscando una nueva encarnación…] Abrí los ojos y estaba en un lugar de oscuridad.

Sentía que flotaba y era muy liviano, me sorprendí.

¿Por qué no estoy muerto?

¿Este es el lugar antes de ir al más allá?

Esas malditas letras estaban frente a mí brillando.

¿Qué significa eso de nueva encarnación?

¿Voy a volver?

No tuve tiempo de analizar la situación, sin darme cuenta mis párpados se cayeron y caí en un sueño profundo.

[Encarnación encontrada] Desperté con un destello de luz, lo primero que ví fueron dos seres de mi especie, dos “Viktors”.

Me miraban con una ternura infinita, como se mira a tu hijo recién nacido.

En ese instante comprendí que había vuelto a nacer; esta vez tenía padres, levanté mi mano y la visualicé, era pequeñita, pálida, debil y tenía garras muy chicas y blandas.

Mi madre me llevó adentro de su bolsa abdominal, extrañamente era muy cómoda y caliente, la abracé allí dentro.

Aún sentía el eco del dolor, como si mis huesos siguieran siendo triturados por aquellos colmillos; me puse a llorar, un llanto de bebé que mi madre calmó con un ronroneo suave.

Mientras me quedaba dormido nuevamente de repente sentí que salía de mi cuerpo, estaba en mi proyección astral.

Cuando era piedra podía hacer esto, pero no sabía cómo activarlo.

Pude ver a mi madre, estaba acostada boca arriba y acicalándose.

Medía un poco más de un metro, se miraba más grande que yo antes de morir.

Mi proyección astral regresó a mi cuerpo, así que no pude ver mucho más.

Lentamente caí en un letargo.

Desperté y volví a la realidad, aunque al menos no estaba siendo comido, tenía mucha hambre.

Miré dentro de mi bolsa y lo único que tenía a mano eran las mamas de mi madre, así que, como cualquier bebé hambriento, empecé a comer.

No había espacio para el orgullo humano cuando el estómago mandaba.

Aún no podía moverme muy bien y podía sentir que era diminuto, con mis pocas fuerzas pude asomar la cabeza por el hueco de la bolsa.

Podía ver hacia afuera, lo primero que divisé fue el resplandor del sol.

También el refugio de mis padres, estaba hecho de muchos palitos y hojas, no parecía una casa, era más similar a un nido de aves, además estaba encima de un árbol.

Durante dos semanas, el nido fue mi universo.

Mi madre era mi fortaleza de calor y mi padre el proveedor que desafiaba al bosque.

Al verlo llegar con comida, no pude evitar pensar: “Hasta en este mundo el macho es el que provee”.

Aunque mis fuerzas crecían, el pánico de asomarme más allá de la bolsa me mantenía prisionero.

Los recuerdos de mi muerte anterior volvían cada vez que cerraba los ojos, recordándome que, fuera de este árbol, el bosque seguía hambriento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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