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El Archivo del Trauma - Capítulo 84

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Capítulo 84: Capítulo 21: La Sospecha del Gesto Amable

Finalmente, logramos terminar. Con un trozo de gasa limpia, le quité una mancha de sangre que aún le manchaba la mejilla. Su piel estaba fría, como si el calor que desprendió afuera hubiera sido un préstamo que ahora debía devolver con intereses, pero su corazón seguía latiendo. Un ritmo débil, pero constante.

—Bien, solo hay que dejarlo descansar ahora —dijo el chico, limpiándose el sudor de la frente.

—Está bien. Yo… haré de vigilante —respondí, sin apartar la vista de Elian.

—¿Vigilante? ¿Lo cuidarás? —preguntó él con una chispa de curiosidad en los ojos.

—No lo quería decir así.

No tenía otra opción, no confío en nadie en este lugar. Me senté en el suelo frío a su lado, apoyando la espalda contra la saliente de roca, esperando a que su mirada eléctrica rasgara finalmente mi vigilia.

—Está bien —cedió el chico—. Pero… seguimos teniendo un problema.

—¿Cuál?

—No hay alimentos. O al menos, no suficientes para todos.

—Ah… eso…

De pronto, uno de los hombres que había sobrevivido al Hollow se acercó rápidamente, rompiendo el silencio del Cubo.

—¡Oigan! ¡Sí hay comida! —exclamó con un entusiasmo que me resultó irritante.

—No hay necesidad de gritar. Elian está durmiendo… —lo corté.

—¿Cómo que hay comida? —intervino el chico que me ayudó.

—Bueno, cuando estábamos afuera, logramos saquear una despensa de suministros antes del ataque. Solo que cuando regresábamos… pasó lo que pasó. Nos olvidamos de las mochilas de carga por el pánico. Pero están aquí, a salvo.

—Ya veo —murmuró el chico.

Luego se giró para verme de nuevo. Sentí su mirada pesada, como si intentara escanear lo que había dentro de mí. No me gusta esa sensación, me hace sentir desmantelada.

—¿Cómo te llamas? —preguntó de repente.

—¿Debo decírtelo?

—Por supuesto. El mío es Alistair Knox. Pero dime Knox.

Dudé. En el Archivo, un nombre es información, y la información es poder. Pero en este refugio de moribundos, ocultarlo parecía un esfuerzo inútil.

—Dime Serenne.

—Está bien, Serenne. Entonces, ¿quieres comida?

—¿Qué?

Este tal Knox hablaba como si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos amigos compartiendo una ración en un mundo normal. Su familiaridad me molestaba, pero la lógica de mi propio cuerpo empezó a traicionarme.

—No… solo descansaré.

—¿Segura? —Knox ladeó la cabeza con una sonrisa de suficiencia—. Creo oír a tu estómago hablar por ti.

—¿De qué hablas?

En ese preciso instante, escuché mi estómago reclamar con un sonido hueco y persistente. Fue una humillación física que generó un nudo de vergüenza en mi garganta. Solo pude bajar la mirada, odiando la debilidad de mi envase humano.

—De eso —concluyó Knox—. Ya te traigo algo.

—Dije que no.

—No permito réplicas. También voy a dar de comer a mis compañeros, así que no te sientas especial. Dame un segundo.

Se alejó antes de que pudiera protestar de nuevo. Qué molesto. Le estoy diciendo directamente que no y sigue insistiendo con esa alegría absurda.

Miré a Elian. Él también necesitará nutrientes si alguna vez decide despertar. Por ahora, el silencio del Cubo solo era interrumpido por el crujido de las bolsas de raciones abriéndose y el susurro de los que creían haber sido salvados por un héroe.

Después de unos minutos que se sintieron eternos bajo el silencio del Cubo, Knox regresó cargando una bandeja metálica. El olor era fuerte, una mezcla de conservas y carbohidratos procesados que golpeó mis sentidos.

—Aquí tienes —dijo, extendiéndola hacia mí.

La tomé con desconfianza. Mis dedos rozaron el metal frío mientras mi mente analizaba las posibilidades: veneno, sedantes, una trampa biológica para incapacitarme. En el Archivo, la gratitud suele tener un precio oculto. Knox no esperó permiso, se sentó a mi lado con una familiaridad que me obligó a tensar la mandíbula.

—Listo. A comer —anunció él, empezando a devorar su propia ración con un entusiasmo genuino.

Lo observé de reojo. Disfrutaba de un plato simple como si fuera un banquete en el centro del cosmos. Miré mi bandeja, era una ración estándar, algo que en teoría no debería generar esa satisfacción sobrehumana que él mostraba.

A decir verdad, nunca he disfrutado de una comida. Para mí, alimentarme siempre fue una carga logística, una recarga de combustible para mantener la eficiencia del envase. ¿Qué significaba realmente una buena comida?

—¿Vas a comer? —preguntó Knox con la boca medio llena—. Si te sientes llena con solo mirarlo, podrías dejármelo a mí.

—No… comeré ahora.

Comencé a ingerir los alimentos de forma mecánica, pero mi mente estaba en otro lugar. Observé a Elian, pálido y vulnerable a pocos metros.

Él era el único que me había prometido encontrar a la “Serenne real”, pero también era quien me mantenía atada a este grupo de extraños. Una idea cruzó mi cabeza con la velocidad de un rayo: ¿Y si aprovecho esto y escapo?

Sería sumamente fácil. Solo tendría que desaparecer en la oscuridad del Archivo, dejar atrás a estos sujetos, a las promesas vacías de Elian y a las cadenas invisibles que me asfixiaban. Debería hacerlo…

—Oye, te pusiste muy seria de repente. Relájate un poco —la voz de Knox rompió mi hilo de pensamiento.

Lo miré de reojo. Era ruidoso, persistente y molesto. Comí con una irritación creciente, sintiendo su presencia como un estorbo. ¿Por qué se tomaba tantas molestias? ¿Qué ganaba con este acercamiento?

—Oye, oye… ¿Vas a comer bien? Pareces una bebé —se burló él.

—¿De qué hab—?

No terminé la frase. Antes de que pudiera reaccionar, Knox pasó su dedo por mi mejilla, peligrosamente cerca de mis labios. El contacto fue eléctrico, una invasión intolerable de mi espacio personal. Demasiado cerca. Sin permiso.

Actué por instinto: le atrapé el brazo y apreté con la fuerza suficiente para pulverizar el hueso de un humano normal.

—¡Ay! ¡¿Qué haces?! —gritó, retorciéndose.

—¿Por qué me tocas?

—¡Solo te quitaba un grano de arroz de la cara! —exclamó él, con los ojos muy abiertos por el dolor y la sorpresa.

—No vuelvas a hacerlo —lo solté con desprecio.

—¡Entendido!

Él se frotó el brazo, pero para mi sorpresa, la sonrisa no desapareció del todo de su rostro. Regresó a su comida como si nada hubiera pasado, aunque manteniendo una distancia prudencial.

¿Qué rayos le pasa? ¿Qué trata de conseguir? A partir de este momento, Knox se convirtió en una prioridad de vigilancia.

Su confianza no era normal, nadie en este mundo es tan imprudente sin una razón oculta. Algo no cuadra en su patrón de comportamiento, y en este mundo, lo que no cuadra suele ser lo que termina matándote.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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