El Ascenso de Xueyue - Capítulo 211
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211: Hacerle daño 211: Hacerle daño Yu Zhen le apartó el brazo de un tirón.
—No me toques —espetó.
Escuchó cómo se le rompía el corazón antes de presenciarlo.
La dejó allí, sin dirigirle ni una sola mirada.
Li Xueyue cayó de rodillas.
No iba a llorar.
Se dijo a sí misma que las lágrimas eran para los débiles; que ya no le quedaban fuerzas para seguir llorando.
Entonces, ¿por qué le resbalaban lágrimas por los ojos?
¿Por qué se le oprimía el pecho y se le formaba un nudo en la garganta?
La congoja era indescriptible.
Lloró y lloró por el hombre que había perdido y por el orgullo que había desechado.
Pero no eran lamentos ni súplicas a viva voz.
Eso no era propio de ella.
Lloró en silencio, porque para eso la habían entrenado.
Derramó lágrimas silenciosas que nadie presenció, pero que una persona conocía.
«Li Xueyue, maldita necia…»
– – – – –
Lu Tianbi estaba de pie en el linde del bosque en el que se había adentrado Yu Zhen.
Soltó un suspiro, mirando al cielo y preguntándose por qué estaba haciendo todo aquello solo para ver a la Princesa.
—No lo entiendo —murmuró Hu Dengxiao, pateando una piedrecita—.
Está haciendo tanto por ella, pero ni siquiera le dice nada.
—Pobrecilla —dijo Lu Tianbi y negó con la cabeza—.
No debería haberse ganado su antipatía.
—No creo que le caiga mal —dijo Hu Dengxiao—.
Si así fuera, lo sabríamos.
—Créeme, el Comandante la desprecia —dijo Lu Tianbi—.
Si no fuera así, ¿por qué se habría ido de la tienda?
Vi que estaba a punto de llorar.
Apuesto a que ni siquiera la consoló.
—Si odiara a esa Princesa, no habría castigado al Teniente ni nos habría dicho que nos marcháramos.
Podría haberla avergonzado delante de todos nosotros, pero no lo hizo —señaló Hu Dengxiao.
—¿Qué crees que pasó entre ellos?
—preguntó Lu Tianbi—.
Me pregunto qué habrá hecho para enfadarlo de esa manera.
Hu Dengxiao se encogió de hombros.
—Ojalá lo supiera.
Lu Tianbi volvió a negar con la cabeza.
—Sabes, cuando reunió a todos los soldados, pensé que iba a llevarnos de vuelta a Hanjian.
¿No te has enterado de la carta que el Eunuco envió con urgencia?
—Claro que sé lo de la carta.
El Segundo Príncipe estaba en casa de ella ese día cuando enviamos a un Eunuco para que fuera a buscarlo a toda prisa.
Han pasado casi dos semanas y media desde ese incidente.
Lu Tianbi frunció el ceño.
—No me vengas con esas.
—No lo hago —replicó Hu Dengxiao con un puchero.
Lu Tianbi puso los ojos en blanco ante aquel hombre-niño.
—Deberíamos darnos prisa en volver a Hanjian en lugar de merodear por el bosque de Wuyi.
La presencia del Segundo Príncipe se necesita con urgencia en Hanjian.
Es su mejor oportunidad para hacerse con el trono.
—¿Y si nuestro Príncipe no quiere convertirse en el Emperador?
¿Has pensado en eso alguna vez?
—murmuró Hu Dengxiao—.
Quizá le gustaría tener una vida tranquila fuera de Palacio y vivir felizmente con su Wangfei [1].
—Nuestro Segundo Príncipe nunca podrá vivir felizmente —dijo Lu Tianbi con voz monocorde.
Hu Dengxiao tragó saliva.
—Lo sé.
Es solo que ojalá pudiera.
Lu Tianbi abrió la boca para hablar, pero la cerró al ver a su Comandante.
Se irguió y le entregó la toalla.
—Gracias —masculló, tomándola y limpiándose el sudor del rostro.
—¿Dónde estabas?
—bufó Hu Dengxiao—.
Los prisioneros se han despertado.
—¿Habéis asegurado la zona?
—preguntó Yu Zhen.
—Por supuesto —dijo Lu Tianbi—.
De todas formas, nadie podría oírnos en kilómetros a la redonda.
No vive nadie por aquí, estamos demasiado adentrados en el bosque como para que se oigan sus gritos.
—Bien —dijo Yu Zhen—.
Vamos a divertirnos un poco.
– – – – –
Li Xueyue no se dio cuenta de que se había quedado dormida de tanto llorar hasta que se encontró de nuevo en la cama.
¿Dónde se había quedado dormida?
¿Junto a la entrada de la tienda?
Qué vergüenza.
Se incorporó en la cama y se dio cuenta de que el dolor de cabeza había desaparecido.
Al tocarse la cabeza, sintió el tacto familiar de una venda.
Vio algo moverse por el rabillo del ojo.
Li Xueyue se movió para mirar en esa dirección.
Él le daba la espalda y parecía completamente absorto en algo.
¿O simplemente la estaba ignorando?
Li Xueyue se dio cuenta de que la suave tela sobre la que se había despertado era una manta de piel.
Gruesa y suntuosa, pasó la mano sobre ella.
Li Xueyue se preguntó si él sabía que estaba despierta.
Seguro que sí.
Su ropa había crujido.
Bajó la vista y se dio cuenta de que estaba ensuciando la cama de él.
Su túnica estaba manchada de marrón por el contacto con la tierra cuando la arrancaron del caballo.
Apartó la mano de la manta de piel, nerviosa.
¿No le importaba que le estuviera manchando la cama?
¿Por qué la había cubierto con ella?
Debía de tener un aspecto lamentable.
—Puedes seguir acariciándola.
Li Xueyue dio un respingo, sobresaltada por su voz.
Aunque le hablaba, seguía de espaldas a ella.
Se preguntó qué estaría haciendo.
Li Xueyue inclinó el cuerpo, buscando un mejor ángulo para ver.
Finalmente, lo percibió: el intenso hedor a sangre.
Palideció y se le erizó la piel.
Yu Zhen fingió que sus cuchillos manchados eran más importantes que ella.
Siguió limpiándolos, aunque sabía que solo estaba restregando la sangre y que sería mejor lavarlos con agua.
Yu Zhen quería estar cerca de ella.
Lo necesitaba.
No podía evitar velar su sueño.
Yu Zhen se maldijo mil veces por no haberla dejado en el suelo cuando se quedó dormida.
Debería haberla dejado dormir allí.
Cuando el viento soplara entre las cortinas de la tienda, todos podrían haber visto su estúpido cuerpo inconsciente.
Yu Zhen podría haberla dejado en ridículo, pero no lo hizo.
Jamás podría hacerle algo así.
A pesar de lo que ella le había hecho, Yu Zhen no era capaz de hacerle daño.
Yu Zhen se tensó cuando ella le agarró del brazo.
Antes de que él pudiera hablar, ella abrió la boca y preguntó: —¿Estás herido?
¿Qué?
Ni siquiera pudo procesar la pregunta.
Los ojos de Li Xueyue se posaron en las dagas ensangrentadas antes de que su mirada se clavara de golpe en él.
Se quedó sin aliento al verlo; tenía el rostro salpicado de sangre, pero a él no parecía importarle.
Li Xueyue no se dio cuenta de que estaba temblando hasta que acercó la mano al rostro de él.
¿De dónde venía la sangre?
¿Era suya?
Le ahuecó la cara entre las manos y se la giró para examinarla en busca de heridas.
El cuerpo de Yu Zhen se tensó.
Debería haberla apartado.
En lugar de eso, se descubrió inclinándose para que ella no tuviera que estar de puntillas mucho tiempo.
Dejó que lo tocara, algo que estaba prohibido en Hanjian.
Ella había roto todas las reglas que él había establecido.
Todas y cada una de ellas.
—¿Te duele en alguna parte?
—preguntó Li Xueyue con voz temblorosa, mientras buscaba un pañuelo en su bolsillo.
Yu Zhen se quedó inmóvil.
¿Por qué no le asustaba la sangre?
Él sabía que tenía sangre en la cara.
Quería deliberadamente que lo viera en ese estado.
Esperaba asustarla.
Esperaba que se aterrorizara tanto de él que saliera corriendo de la tienda y exigiera volver a casa.
Yu Zhen no podía enviarla de vuelta por voluntad propia.
Necesitaba que ella le dijera que quería volver a casa.
Necesitaba que le gritara, que lo llamara monstruo y de todo.
Necesitaba que lo ahuyentara, porque él era incapaz de apartarse de ella.
—¿Es tu sangre?
Yu Zhen estaba demasiado atónito para responder.
Se quedó mirándola, estupefacto por la reacción de ella y por la suya propia.
—No veo ninguna herida… —añadió.
Li Xueyue se preguntó qué demonios estaba haciendo.
¡Debería alejarse de él, no tocarlo!
Pero no pudo evitarlo.
La sola visión de la sangre bastó para que su corazón diera un vuelco.
La aterrorizaba la idea de que estuviera herido.
El miedo la había impulsado a salir de la cama a toda prisa y a agarrarlo.
¿En qué estaba pensando?
¡Era obvio que no estaba pensando!
Al notar su mirada sombría, bajó las manos y dio un paso atrás.
—No era mi intención agarrarte.
Li Xueyue no supo qué hacer con los dedos.
Ahora los tenía cubiertos de sangre.
Solo pudo quedarse allí, incómoda, mientras él seguía mirándola embobado.
Esbozó una sonrisa nerviosa, preguntándose si eso lo animaría a decir algo, cualquier cosa.
Y lo hizo, pero no fue lo que ella esperaba.
—Li Xueyue, te aborrezco.
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