El Ascenso de Xueyue - Capítulo 212
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212: ¿Cómo te atreves?
212: ¿Cómo te atreves?
Li Xueyue se quedó atónita, pero no sorprendida.
Su corazón estaba completamente destrozado por sus palabras, pero ¿qué esperaba?
Ella le había roto el suyo.
Lo menos que él podía hacer era lo mismo.
Pero ¿por qué dolía tanto?
Era como si mil agujitas le pincharan el pecho, escociéndole.
Le ardían los ojos y se le hizo un nudo en la garganta.
—Y-ya veo.
—Odio todo de ti —bramó Yu Zhen, acercándose un paso más a ella.
Li Xueyue retrocedió un paso.
Él dio otro y el ciclo continuó.
Él era amenazante y retorcido.
Sus ojos la quemaban más de lo que cualquier fuego podría hacerlo.
La miraba como si hubiera asesinado a su familia.
Al final, Li Xueyue quedó acorralada contra la cama.
No se dio cuenta hasta que sus pantorrillas tocaron el borde de la cama y sus piernas se doblaron.
Él no dejó de avanzar hacia ella.
La empujó sobre la cama, y su espalda se hundió en el material blando.
Li Xueyue apretó los párpados con fuerza cuando él golpeó la cama con las manos a cada lado de su cabeza.
No la tocó.
Abrió los ojos con esfuerzo, sorprendida de verlo tan de cerca.
Era impresionantemente guapo.
Nada en este mundo podría rivalizar con su apariencia.
Nunca olvidaría ese rostro, ni aunque lo intentara.
Sería el rostro que la atormentaría en el futuro: el rostro del hombre al que tuvo que dejar ir.
Y dentro de décadas, seguiría pensando en él.
Cuando otro hombre la tocara, pensaría en él.
Cuando otro hombre la abrazara, desearía que fueran sus brazos.
Yu Zhen atormentaba sus pensamientos sin piedad.
Su rostro, su apariencia, su cuerpo, su tacto, sus manos, todo.
Nada podría reemplazarlo jamás.
Y no se veía capaz de encontrar a otro hombre.
—¿Cómo te atreves?
—exhaló Yu Zhen—.
¿Cómo coño te atreves?
Li Xueyue estaba perpleja.
¿De qué estaba hablando?
Cuando sus miradas se encontraron, su corazón dio un vuelco.
Nunca había visto nada tan despiadado y aterrador.
Sus ojos parecían una noche sin estrellas: tenues y desesperanzados, no había nada acogedor en él.
Su aura era abrumadora y la asfixiaba.
Si miraba de cerca, podía ver las puertas de la muerte cerniéndose tras él.
—¿Qué te dio el derecho a torturarme?
Li Xueyue parpadeó.
¿De qué estaba hablando?
—¿Por qué atormentas mis pensamientos?
¿Por qué mi corazón sigue latiendo por ti?
¡¿Por qué mi mundo entero sigue girando a tu alrededor?!
Los ojos de Li Xueyue se abrieron de par en par.
—¿Por qué me haces esto?
—bramó.
Ella no lo sabía.
—¿Por qué… todavía me importas?
—Su voz se quebró en absoluta derrota.
Li Xueyue nunca había visto a un hombre tan enfadado y, a la vez, tan destrozado.
La angustia brilló en sus ojos, fundiéndose en el oscuro abismo desprovisto de esperanza y luz.
¿Le había hecho ella esto?
¿Qué había sido del destello y los brillantes tonos de ópalo volcánico?
Su afilada mandíbula estaba tensa y se contraía mientras apretaba los dientes.
No sabía qué hacer con ella.
Todavía se sentía atraído por ella, su corazón anhelando esa tímida sonrisa.
Había tanto que quería decir, pero no lo hizo.
—Lo siento —susurró ella.
Era lo único que podía decir.
—¿Lo siento?
—repitió Yu Zhen, y la irritación reemplazó a su dolor—.
¿De qué sirve un «lo siento»?
¿Puede hacer retroceder el tiempo?
—No, pero puede reparar un corazón roto.
—Mi corazón no está roto —escupió él—.
Para empezar, nunca lo tuviste.
—Entonces, ¿por qué haces esto?
—preguntó Li Xueyue, alzando la mano para tocarle el rostro.
Se preguntó si él se daría cuenta de que se había inclinado al instante hacia su mano.
Yu Zhen se dijo a sí mismo que debería haber apartado la mirada.
Era mejor marcharse de este lugar para siempre.
Cuanto más tiempo se quedaba en Wuyi, más la quería para él.
—Eres la mujer más egoísta que conozco.
Li Xueyue ladeó la cabeza.
De repente se dio cuenta de algo.
Él estaba intentando herirla intencionadamente.
No podía hacerlo físicamente, así que recurrió a otras armas.
¿Era así como lidiaba con el dolor?
¿Consolándose a sí mismo con estos insultos?
¿Intentaba convencerse a sí mismo o intentaba convencerla a ella?
—Todo en ti me cabrea.
—Entonces, ¿por qué estás así?
—Li Xueyue señaló la íntima postura en la que se encontraban.
Él la tenía inmovilizada, sin dejarle escapatoria.
Sus dedos se aferraron a las mantas, amenazando con rasgar la piel.
—Deja de hacerme preguntas estúpidas.
—Tus acciones contradicen tus palabras.
—Li Xueyue, si no cierras la boca…
—Te hice daño, ¿verdad?
Yu Zhen se tensó.
—No era mi intención —susurró Li Xueyue—.
Pensé que si te apartaba, seguirías adelante.
No somos buenos el uno para el otro.
—No lo somos —convino él.
—Aun así, sigo sintiéndome atraída por ti —dijo Li Xueyue.
Yu Zhen no pudo soportar mirarla más tiempo.
Esos ojos suyos brillaban como las estrellas que había visto de camino a la capital de Wuyi.
Altas en el cielo, llenas de esperanza y luz, pero tan lejanas e inalcanzables.
Era un cliché que pensara en tales ideas, pero no podía evitarlo.
—Vas a dejar de hacer lo que sea que me estés haciendo —dijo Yu Zhen.
—¿Qué?
—Saldrás de mi vida.
No volverás nunca.
Y nuestros caminos no volverán a cruzarse jamás.
Li Xueyue dejó caer las manos y se las apretó contra el pecho, deseando que eso aplacara el dolor.
Esto era precisamente lo que ella quería.
Pero sus días de separación le decían lo contrario.
La depresión que había sentido, la melancolía que la ahogaba… no quería volver a experimentar el mismo dolor nunca más.
Quería mantener sus emociones reprimidas.
Y si el frasco amenazaba con romperse, deseaba que nunca fuera en su presencia.
Nunca quiso que él la viera en su peor momento.
Li Xueyue debería haber escuchado su instinto.
La mejor opción era quitárselo de encima y exigir volver a casa.
Todo el mundo debía de estar preocupado por ella.
—No puedo —admitió ella por una vez.
De inmediato, sintió los hombros más ligeros, como si le hubieran quitado una presión insoportable de encima.
—Xueyue, no puedes ser tan cruel.
—Lo seré.
—Tú…
—Vuelve conmigo —susurró Li Xueyue, alzando las manos para sujetarle el cuello.
Él la había perseguido durante toda esta relación; era hora de que supiera que lo había conseguido.
—No me llames Xueyue, llámame por ese estúpido apodo.
Luz del Sol, Pequeño Hámster, no me importa.
Llámame cualquier cosa menos Xueyue.
Yu Zhen rechinó los dientes.
Un recuerdo apareció ante sus ojos.
Durante un encuentro en el pasado, ella le había exigido que la llamara por su nombre.
Pero para él era demasiado formal hacerlo.
Los apodos eran más íntimos.
Significaba que había una relación entre ellos, un vínculo que permitiría tales bromas.
Yu Zhen ya había sido herido por ella una vez.
Se negaba a volver a experimentarlo.
—No.
Sus ojos se abrieron de par en par.
La había pillado con la guardia baja.
Los rasgos de Yu Zhen se endurecieron.
Se levantó de encima de ella y salió furioso de la tienda.
Li Xueyue se quedó sentada, desconcertada por sus palabras.
Finalmente, comprendió el poderoso impacto de una sola palabra.
Y su mundo se hizo añicos.
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