El Ascenso de Xueyue - Capítulo 43
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43: Completamente diferente 43: Completamente diferente Bai Tianai miraba con curiosidad a la mujer hermosa, y extrañamente familiar, que acababa de ganar la competición de tiro con arco.
Antes de que el Eunuco anunciara el nombre de la mujer, Bai Tianai estaba pensando en introducirla en su círculo social y hacerse su amiga.
Todos habían visto la forma en que los infames gemelos Li protegían a esta diminuta mujer.
Adorada por el Ministro Li Chenyang y protegida por el General Li Wenmin, toda joven sentía una envidia increíble de la misteriosa chica.
Bai Tianai se clavó los dedos en la palma de la mano.
«Ni siquiera era tan guapa, ¿por qué estaban tan prendados de ella?
¡¿Qué hacía tan especial a esa chica de cara normal?!
¿Qué tenía ella que no tuvieran las demás?».
Había aquí varias mujeres emperifolladas hasta la más absoluta perfección, muchas de las cuales se creían más guapas que la misteriosa joven.
Sin embargo, ninguna de ellas recibía tanta atención como ella.
Fruncieron el ceño al ver lo mucho que Li Chenyang la mimaba.
Estaba claro que le preocupaba el estado de ella, pero la joven parecía demasiado aturdida como para siquiera registrar sus palabras.
Un puñado de mujeres no entendía por qué su tez parecía tan pálida.
Quizá era porque por fin se había dado cuenta de los ojos que vigilaban cada uno de sus movimientos.
O quizá solo quería que Li Chenyang se preocupara y la mimara aún más.
Por otro lado, los hombres no compartían los mismos pensamientos que aquellas mujeres celosas.
Verla rehuir a la multitud y la atención la hacía parecer adorable.
Sin embargo, les pareció demasiado fiera para su gusto cuando la vieron antes disparar las flechas.
Pensaron que era demasiado letal para ser una mujer.
Sería difícil de domar.
Una esposa incontrolable.
El ego de muchos de ellos resultó herido al ver lo buena que era en el tiro con arco.
¿Qué pasaría con su reputación si su propia esposa los superaba en un deporte apto para hombres?
Pero esa es una pérdida para ellos, no para Xueyue.
Ya le habían cortado una vez sus alas de gorrión; nunca permitiría que volviera a ocurrir.
Su corazón estaba preparado para no amar jamás a un hombre que se atreviera a atarle las alas y a impedirle desplegarlas de nuevo.
—¿Acaba de decir Xueyue el Eunuco?
—intervino el vizconde Bai Sheng, con los ojos escrutando a la joven que tenía delante.
Aparte de la similitud en los nombres, no veía ningún parecido.
Esta Xueyue que tenía delante era hermosa y no se parecía en nada a la mocosa inútil de hacía dos años.
¿Sería una simple coincidencia?
Entrecerró los ojos.
Si recordaba bien, la pequeña mocosa también era buena en el tiro con arco…
—Debes de estar equivocado —susurró su esposa, la vizcondesa Mu Yihua—.
Nuestra Xueyue…
—Tu Xueyue.
No la mía —gruñó él con desagrado.
La vizcondesa Mu Yihua parpadeó mientras su sonrisa se volvía forzada.
Miró sus dedos y murmuró: —Esta Li Xueyue es muy diferente de nuestra Bai Xueyue.
A-además, murió por esa paliza, ¿recuerdas?
Ligeramente escéptico, el vizconde Bai Sheng echó otro vistazo a la joven que estaba en el campo de tiro con arco.
En lugar de tener las mejillas hundidas, los ojos sin vida y un aspecto enfermizo, esta chica tenía las mejillas llenas, unos brillantes ojos color avellana y un aura luminosa que emanaba de ella.
—Ciertamente, esposa mía, tienes razón… —dijo el vizconde Bai Sheng, dejando la frase en el aire.
Li Xueyue vestía una túnica bien entallada, evidentemente confeccionada con bordados a mano y diseños únicos en el mundo.
Por su postura y su aura, todo el mundo podía deducir que había tenido una vida protegida y llena de amor.
En efecto, esta Li Xueyue no era Bai Xueyue.
Además, ¡sería imposible volver a ver a esa mocosa, ya que había muerto hacía dos años!
La vizcondesa Mu Yihua tenía una expresión serena en el rostro, pero no pudo evitar hacer una mueca de dolor por dentro.
Era la madre de Bai Xueyue.
Aunque no quisiera a la niña tanto como a Bai Tianai, Xueyue seguía siendo su hija.
La mera mención de la muerte de su hija no hacía más que provocar culpa y remordimiento en la vizcondesa.
Bai Tianai sintió que se le secaba la garganta al ver a Li Xueyue.
Habían pasado dos largos años y puede que Xueyue hubiera madurado, pero ella sabía que esta Li Xueyue era la misma Bai Xueyue, la misma hermana molesta que intentaba eclipsarla.
Zheng Leiyu se percató de la intensa mirada de Bai Tianai.
—¿Cariño, qué estás mirando?
—preguntó con curiosidad.
Alzando los ojos, parpadeó sus largas pestañas hacia él.
—Estaba admirando el caballo de esa chica, es precioso —mintió con fluidez.
Zheng Leiyu enarcó una ceja ante sus palabras.
Como estaba tan distraído con el hermano pequeño de Tianai, Bai Yihao, no había oído el anuncio del Eunuco con el nombre de la mujer.
Justo cuando dirigió su atención hacia Xueyue, Bai Tianai le agarró la mano y apoyó la cabeza en su hombro.
Sorprendido por su repentino contacto, Zheng Leiyu la miró.
Su mirada se suavizó al ver la expresión de cansancio en el rostro de ella.
Bai Tianai levantó la cabeza bruscamente, con los ojos muy abiertos.
—Lo siento, sé que no te gusta que en público yo…
—No, está bien.
Cierra los ojos y duerme apoyada en mí, pero solo por hoy —dijo Zheng Leiyu en voz baja, acariciándole suavemente las mejillas.
No le gustaban las muestras públicas de afecto o intimidad.
A sus ojos, hacía que los hombres parecieran débiles por estar tan embelesados con una mujer.
Sin embargo, por alguna razón, hoy estaba de buen humor.
Por eso, decidió rodearle los hombros con un brazo e incluso la acercó más a él.
Al ver que él le dedicaba toda su atención, Bai Tianai ocultó su sonrisa.
Mientras él no centrara su atención en Li Xueyue, ella estaba satisfecha.
Cuando Bai Tianai no miraba, Zheng Leiyu lanzó una mirada furtiva a la joven.
Un temblor sacudió el alma de Zheng Leiyu cuando por fin posó los ojos en la mujer del campo de tiro con arco.
¿Por qué se parecía tanto a la niña que conoció?
¡¿Por qué se parecía tanto a Bai Xueyue?!
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